Bleach:detective - Capítulo 47
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- Capítulo 47 - 47 Capítulo 47 La Voluntad de Hierro y el Último Bount
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47: Capítulo 47: La Voluntad de Hierro y el Último Bount 47: Capítulo 47: La Voluntad de Hierro y el Último Bount Capítulo 48: La Voluntad de Hierro y el Último Bount La revelación fue silenciosa, como la mayoría de las verdades importantes en la vida de León.
Ocurrió mientras limpiaba sus Colt Fullbring tras el caos del ataque de los Espada, puliendo el niquelado que reflejaba su rostro cansado pero lúcido.
No fue una voz, ni un destello de luz.
Fue una certeza que emergió de la lógica más fría.
Sus armas no eran un alma separada, como la Zanpakutō de un Shinigami.
No conversaban, ni tenían nombres ocultos que revelar.
Eran extensión pura de su voluntad.
El Colt Ámbar (Suspensión/Juicio) y el Colt Óxido (Disolución/Verdad) respondían a la claridad y determinación de su mente.
Si vacilaba, su poder se atenuaba.
Si su propósito era firme, si la lógica de su acción era incuestionable para sí mismo, las armas resonaban con una potencia que doblaba la realidad espiritual a su alrededor.
No es magia.
No es un pacto con un espíritu.
Es física aplicada a un plano no material, pensó, alineando el cañón del Colt Ámbar con un punto invisible en la pared.
Mi Reiryoku es el combustible.
Mi intelecto es el motor.
Mi voluntad es el gatillo.
Cuanto más precisa sea mi intención, más devastador será el efecto.
Hizo una prueba simple.
Concentró toda su voluntad en un solo concepto: “Detener”.
No disparó.
Solo apuntó a un vaso de agua sobre la mesa.
El Colt Ámbró emitió un tenue resplandor dorado.
El agua dentro del vaso dejó de moverse, las moléculas suspendidas en una fracción de tiempo infinitesimal.
Durante dos segundos, el agua se comportó como un sólido.
Luego, el efecto cesó y el agua volvió a su estado líquido con un pequeño chapoteo.
Confirmado, anotó mentalmente.
La potencia no es arbitraria.
Es proporcional a la claridad y fuerza de mi intención.
Esta comprensión redefinió su entrenamiento.
Ya no se trataba solo de acumular energía espiritual (su densidad estaba ahora en un sólido 23%).
Se trataba de forjar su voluntad como se forja un acero: eliminando impurezas de duda, martillando la determinación con la disciplina del pensamiento lógico.
Sus sesiones de meditación se volvieron ejercicios de focalización extrema, imaginando escenarios, resolviendo problemas hipotéticos con una frialdad absoluta, decretando resultados en su mente antes de manifestarlos con sus Colt.
— Mientras León refinaba su nueva comprensión, el mundo a su alrededor se movía.
Ichigo Kurosaki, impulsado por la desesperación y la culpa, entrenaba con una furia sombría.
Logró estabilizar el uso de su máscara Hollow, extendiendo su duración a once segundos de poder explosivo y control bestial, un tiempo límite mortal que podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
La noticia de la Soul Society llegó a través de los canales cifrados de Urahara, confirmando lo que León ya había deducido: el Cuartel Central, en su paranoia y burocracia, había declarado a Orihime Inoue traidora por “haber cruzado voluntariamente al enemigo”.
Era una estupidez estratégica, pero un movimiento político predecible.
La respuesta de Ichigo fue igual de predecible, y por lo tanto, calculable.
Junto a Chad y Uryū Ishida, se preparaba para asaltar Hueco Mundo.
Dos horas después de su partida, y tal como León había anticipado, Rukia y Renji, incapaces de quedarse de brazos cruzados, seguían su ejemplo con la ayuda logística discreta de Kisuke Urahara.
Karakura se quedaba temporalmente sin sus protectores más poderosos.
Para León, no era una debilidad.
Era una oportunidad de limpieza.
— Había un último cabo suelto en su lista de amenazas locales.
Un patrón residual de energía espiritual vieja, corrupta, que no coincidía con Hollow, Shinigami o Quincy.
Un patrón que había rastreado hasta los bordes de la ciudad, cerca de las ruinas industriales.
Era la firma de Jin Kariya, el líder de los Bount, el único que había logrado escapar de su trampa en el cementerio.
Kariya no era una amenaza para la escala de los Espada.
Pero era una variable incontrolable, un superviviente astuto con un rencor profundo y el poder de manipular el viento a nivel espiritual.
Dejarlo libre era un riesgo de seguridad para sus operaciones.
Era, en el lenguaje de León, un dato corrupto que debía ser eliminado del conjunto.
Lo encontró al anochecer, en lo alto de una torre de refrigeración oxidada, mirando la ciudad con ojos vacíos.
Kariya, demacrado pero aún peligroso, se volvió lentamente.
“Otro cazador”, dijo con una voz ronca por el desuso.
“¿Eres del Verdugo?
¿De los Shinigami?” “Soy quien cerrará este archivo”, respondió León, su voz neutra.
No había necesidad de teatro.
La batalla fue unilateral desde el primer segundo.
Kariya lanzó su ataque característico, cuchillas de viento espiritual que cortaban el metal como papel.
León no se movió de donde estaba.
Levantó el Colt Ámbar y concentró su voluntad: “Anular trayectoria”.
Disparó.
No fue un destello de energía, sino una burbuja de silencio y quietud que se expandió desde la boca del cañón.
Las cuchillas de viento, al entrar en contacto con el campo, perdieron toda cohesión y se disiparon como humo.
Kariya se sorprendió, pero reaccionó rápidamente.
Creó un tornado a su alrededor, un escudo ofensivo de viento cortante.
“¡Doll, Friedrich!” gritó, invocando a su muñeca espiritual, un gigante de aire y rabia.
León evaluó.
Velocidad de giro: alta.
Densidad espiritual del viento: media.
Punto ciego: directamente encima, donde la rotación converge.
No usó sus Colt.
En su lugar, se movió.
Su cuerpo, entrenado más allá del límite humano y potenciado por la infusión de energía Hollow filtrada, era un proyectil.
Saltó veinte metros verticalmente, esquivando el borde del tornado con una precisión milimétrica, y cayó desde arriba, directamente en el ojo del huracán.
Kariya solo tuvo tiempo de mirar hacia arriba con los ojos desorbitados antes de que el pie de León, cargado con Reiryoku concentrado, se estrellara contra su hombro.
El hueso cedió con un crujido seco.
Friedrich, el doll, se desvaneció al instante, privado de la voluntad de su maestro.
Kariya cayó de rodillas, jadeando.
“¿Qué…
qué eres?” León no respondió.
Extendió la mano izquierda, los dedos formando el gesto preciso que había practicado miles de veces frente a los fragmentos de pergamino robados.
“Hadō #33: Sōkatsui (Azote azul)”, pronunció con una voz fría y clara, cargando cada sílaba con su voluntad.
Una onda masiva de energía espiritual azulada, mucho más grande y controlada de lo que debería ser para un Hadō de ese nivel lanzado por un humano, estalló de su palma.
No era el fuego azul errático de un aprendiz; era un muro concentrado de fuerza destructiva pura, dirigido con la precisión de un cirujano.
Kariya no tuvo oportunidad de gritar.
El Sōkatsui lo envolvió, disolviendo su cuerpo espiritual en partículas de luz que se desvanecieron en la noche.
No hubo explosión, solo un silbido de energía y luego nada.
León bajó la mano.
No sentía emoción.
Solo la satisfacción de un problema resuelto de manera eficiente.
Recolectó los datos residuales del aire: la firma energética única de un Bount en el momento de la disolución.
Un patrón más para sus archivos.
— De regreso en su laboratorio, con la amenaza de Kariya eliminada, su mente se volvió hacia el próximo objetivo lógico: Hueco Mundo.
Observar a Ichigo y los demás enfrentarse a Aizen y los Espada era una oportunación científica invaluable.
Pero para hacerlo, necesitaba acceso.
Los portales de los Shinigami (Gargantas) eran inestables y requerían una firma espiritual específica para rastrear.
Pero él tenía otra fuente de datos.
Durante meses, cada vez que un Hollow abría un portal para entrar o salir de Hueco Mundo, sus sensores de alta sensibilidad habían captado las fluctuaciones espacio-espirituales del evento.
Había acumulado terabytes de datos: frecuencias de resonancia, picos de Reiryoku, distorsiones en el tejido dimensional local.
Era el momento de usar esa información.
No para abrir una Garganta elegante y estable como la de un Shinigami experto, sino para construir un aparato de transición forzada.
Llamó al proyecto Taladro Dimensional – Modelo 01.
Durante los siguientes tres días, trabajó sin descanso.
Fusionó componentes robados de Cerbero Dynamics, cristales espirituales cultivados en su laboratorio a partir de energía Hollow purificada, y los planos de Kidō de barrera que había decodificado.
El dispositivo resultante no era bonito: una esfera metálica del tamaño de un balón de baloncesto, con protuberancias de cristal y una maraña de cables que se conectaban a una consola central.
En su núcleo, una “semilla espacial” creada al comprimir y destilar la esencia recolectada de docenas de núcleos Hollow Menos.
Este núcleo imitaría la firma energética del lado de Hueco Mundo, atrayendo el tejido dimensional como un imán.
El principio era simple, aunque brutó: el “Taladro” no abriría una puerta elegante.
Rasgaría un agujero temporal en el velo, utilizando la energía acumulada para mantenerlo estable el tiempo suficiente para que una persona pasara.
Sería ruidoso, energéticamente ineficiente y detectable a kilómetros a la redonda en ambos lados.
Pero funcionaría.
Era la herramienta de un pragmático, no de un artista.
Mientras los últimos sistemas de diagnóstico del Taladro Dimensional se ejecutaban, León preparó su equipo de campo: sus Colt, cargados con su voluntad renovada; viales de Néktar de Jigoku refinado para emergencias; granadas de supresión y de Hadō sintético; el dron Cuervo-3 mejorado; y un traje negro de fibras sintéticas tratado para absorber firmas espirituales pasivas.
En una pantalla, un mapa de energía mostraba la ubicación aproximada de Ichigo y los demás en Hueco Mundo, triangulada a partir de los residuos de su partida y los datos de sus drones anteriores.
Se estaban adentrando en Las Noches, el dominio de Aizen.
León apretó el Colt Ámbar en su funda.
Su voluntad era de acero frío, su propósito claro: observar, analizar, recolectar datos del conflicto definitivo.
No para salvar a nadie.
Para comprender.
Y si la comprensión requería intervenir, para probar una hipótesis o asegurar una muestra única, lo haría con la precisión calculada de un investigador que ve el mundo como un inmenso patrón de causas y efectos.
El Taladro Dimensional empezó a zumbar, los cristales emitiendo un brillo ominoso.
La pared frente a él comenzó a ondularse, como un espejo de agua golpeado por una piedra.
Un agujero de oscuridad absoluta y vientos espirituales ásperos comenzó a formarse.
León Mercer, el Espectro, el arquitecto de su propio poder, dio un paso al frente hacia el desgarro.
La voluntad, fría e inquebrantable, era su única brújula.
Y ahora la apuntaba directamente hacia el corazón del imperio Hollow.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES CAMALEON No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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