Bleach:detective - Capítulo 48
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- Capítulo 48 - 48 Capítulo 48 El Ladrón Silencioso de Esencia
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48: Capítulo 48: El Ladrón Silencioso de Esencia 48: Capítulo 48: El Ladrón Silencioso de Esencia Capítulo 49: El Ladrón Silencioso de Esencia El mundo al otro lado del desgarro era una distorsión de la realidad.
Un cielo perpetuo de un gris opresivo, un suelo blanco y duro como hueso, y edificios grotescos que se retorcían hacia las nubes.
Hueco Mundo.
León, oculto bajo su capa de supresión espiritual, respiró hondo.
El aire era denso, cargado de un Reiryoku agresivo y depredador.
Sus sensores internos se calibraron automáticamente, mapeando las firmas espirituales masivas que pugnaban en la distancia.
El ruido de la batalla era lejano, pero claro: estruendos de Getsuga Tenshō, estallidos de Cero, el sonido metálico del Hierro Sagrado de Chad.
Ichigo y los demás estaban sumergidos en la guerra.
Su mapa espiritual mostraba múltiples puntos calientes.
Eligió el más cercano y relativamente aislado: una firma espiritual fría, controlada y familiar (Rukia Kuchiki) enfrentándose a una presencia irregular, que cambiaba de forma y densidad, emitiendo una risa burlona y múltiples voces (Aaroniero Arruruerie, el Noveno Espada).
Se movió como una sombra, usando el caos energético de fondo como camuflaje.
Su “Taladro Dimensional” había causado una pequeña onda de distorsión a kilómetros de su punto de entrada, suficiente para ser detectada por sensores finos, pero insignificante ante la tormenta espiritual que ya azotaba Las Noches.
Llegó a un gran salón con columnas quebradas, La escena era grotesca.
Aaroniero, dentro de su frasco, mostraba el rostro de Kaien Shiba, un golpe psicológico brutal que había paralizado a Rukia.
Ella estaba de rodillas, su Zanpakutō temblándole en la mano, los ojos llenos de un dolor antiguo y reabierto.
Aaroniero se regodeaba, liberando tentáculos de Gillians que se lanzaban hacia ella.
Análisis: El Espada explota un trauma personal.
La efectividad es alta.
Rukia está incapacitada emocionalmente, no físicamente.
Intervención requerida: neutralizar la amenaza física y romper el hechizo psicológico.
Método: ataque frío, lógico, que desprecie el truco emocional.
León no apareció de forma dramática.
Simplemente se materializó desde una sombra de columna, el Colt Óxido ya apuntando.
No a Aaroniero, sino a los tentáculos que se acercaban a Rukia.
“Disolución de vínculo”, murmuró, y apretó el gatillo.
Un raudo siseo de energía oxidada, del color del óxido sanguinolento, atravesó el aire.
No impactó los tentáculos directamente.
Pasó a través de ellos, y al hacerlo, el hechizo de control que Aaroniero mantenía sobre las pobres almas de Gillian dentro de él…
se disolvió.
Las conexiones espirituales que los obligaban a atacar se desvanecieron como humo.
Los tentáculos se detuvieron, se retorcieron en confusión, y luego se retrajeron hacia el frasco con un gemido colectivo.
“¿Qué?
¿Quién interfiere?” La voz de Kaien, pero con la rabia de Aaroniero, salió del frasco.
El falso rostro giró, buscando al intruso.
Rukia parpadeó, sacudida de su trance por lo repentino e inexplicable del evento.
Vio a una figura encapuchada y oscura, de pie con una postura imperturbable.
León ignoró a Aaroniero.
Habló directamente a Rukia, su voz modulada para sonar metálica y distante, como la del “Espectro” que había contactado a Hitsugaya.
“Kuchiki Rukia.
El rostro es una ilusión.
Los datos son inequívocos: Kaien Shiba murió.
Su esencia fue purificada.
Lo que ves es una base de datos espiritual, una copia corrupta usada como arma.
Trátalo como tal: un enemigo que usa información robada.
Elimina el archivo corrupto.” Sus palabras fueron un baño de agua fría en la histeria de Rukia.
No eran un consuelo, sino una recontextualización brutal y lógica.
Le devolvieron el marco de referencia de una soldado, de una Shinigami.
Los ojos de Rukia se enfocaron.
El dolor no desapareció, pero fue rodeado, contenido por el deber y la fría razón que la voz le ofrecía.
Aaroniero rugió, enfurecido.
“¡Cállate!
¡Yo soy Kaien!
¡Su teniente!
¡Su amigo!” “Demuéstralo”, dijo León, desafiante, manteniendo su atención dividida.
Mientras hablaba, con su mano izquierda dentro de la capa, activó un pequeño dispositivo del tamaño de un teléfono móvil: el Extractor de Núcleo Portátil, Modelo “Sanguijuela”.
Era una pieza de tecnología prohibida, basada en los principios de drenaje de Cerbero Dynamics, pero miniaturizada y refinada.
Su punta, una aguja de cristal espiritual casi invisible, se extendió silenciosamente desde su manga y se clavó en el suelo, dirigiendo un haz de energía de sonda hacia Aaroniero, buscando la firma de su núcleo Espada.
“¡Lo demostraré devorándote a ti también, intruso!” Aaroniero liberó su Resurrección: Glotonería.
Su cuerpo se transformó en una masa enorme de tentáculos y bocas.
Pero la transformación fue…
lenta.
Titubeante.
El haz de la “Sanguijuela” había encontrado su núcleo, una esfera de energía corrupta y densa en el centro de su ser, y había comenzado un drenaje lento, casi imperceptible.
No robaba poder crudo, sino la esencia estructurada de un Espada, los datos espirituales que lo hacían único.
Rukia, viendo al monstruo verdadero revelarse, se levantó.
La duda se había ido.
“No eres Kaien-dono”, dijo, su voz firme y helada como su propio poder.
“Eres solo un Hollow que se viste con recuerdos ajenos.
Baile, Sode no Shirayuki!” La batalla recomenzó, pero el equilibrio había cambiado.
Aaroniero estaba más débil, distraído por la extracción sutil que le robaba su fundamento.
Rukia, liberada de la carga emocional, luchó con la precisión y el poder gélido que la caracterizaban.
León se mantuvo en los márgenes, disparando ocasionalmente con el Colt Ámbar para “congelar” tentáculos específicos, creando aberturas para los ataques de Rukia.
Cada intervención era mínima, calculada, como un asistente quirúrgico que anticipa los movimientos del cirujano.
Finalmente, con un grito que era una mezcla de las mil voces dentro de él, Aaroniero fue atravesado por el Hakuren (Ola Blanca) de Rukia, seguido de un Shirafune (Segunda Danza, Lanza de Hielo Blanco) que lo congeló por completo antes de hacerlo añicos.
El Espada Noveno fue derrotado.
En el momento de la destrucción, el Extractor “Sanguijuela” de León alcanzó un pico de actividad.
Absorbió la última onda de energía del núcleo de Aaroniero en disolución, capturando una muestra pura del patrón espiritual “Espada” y, crucialmente, los datos residuales de la memoria espiritual robada de Kaien Shiba.
Un tesoro de información.
León retiró el dispositivo.
El proceso había sido lento y el botín, aunque valioso, era una fracción del poder total.
Pero era una fracción que ahora él poseía.
Rukia, jadeando, se inclinó sobre sus rodillas.
Luego miró a la figura encapuchada.
“¿Quién…?” No hubo tiempo para una respuesta.
Una presencia espiritual de una cualidad completamente diferente apareció en el salón.
Era pesada, opresiva, y hablaba de un control absoluto.
Zommari Rureaux, el Séptimo Espada, descendió flotando, sus ojos llenos de esferas que giraban lentamente.
“Parece que Aaroniero era más débil de lo que pensaba”, dijo con una voz serena y despreciativa.
“Pero no importa.
La orden de Lord Aizen es eliminar a todos los intrusos.
Tu elegancia al morir, Shinigami, será…
limitada.” Zommari levantó la mano, y decenas de esferas aparecieron alrededor de Rukia, listas para lanzar su Brujería y controlar cualquier parte de su cuerpo que tocaran.
Pero antes de que pudiera actuar, una explosión de pétalos de cerezo de energía espiritual llenó la entrada del salón.
Una voz fría y familiar cortó el aire.
“Disípate, Senbonzakura.” Millones de cuchillas espirituales destrozaron las esferas de Zommari antes de que pudieran moverse.
Byakuya Kuchiki entró caminando, su capa de capitán ondeando, su rostro un máscara de serenidad impasible.
Detrás de él, la presencia de otros cinco individuos poderosos se hizo sentir en la distancia, dispersándose rápidamente por Las Noches.
“Byakuya…
ni-sama?” Rukia murmuró, atónita.
Byakuya no la miró.
Sus ojos estaban fijos en Zommari.
“La Soul Society ha emitido una corrección de juicio.
Orihime Inoue es considerada víctima, no traidora.
Un equipo de refuerzo ha sido despachado.” Su tono era informativo, no para Rukia, sino para cualquier espía que pudiera escuchar.
Luego, dirigió unas palabras más directas.
“Los refuerzos son la Capitana Unohana Retsu, la Teniente Kotetsu Isane, el Capitán Zaraki Kenpachi, el Capitán Kurotsuchi Mayuri y su asistente Nemu.
Se han dispersado para enfrentar otras amenazas y localizar a Kurosaki Ichigo.” Su mirada pasó entonces, por un microsegundo, hacia la sombra donde León estaba semi-oculto.
Había percibido su presencia, pero al no detectar una amenaza inmediata o una firma Hollow, lo catalogó como una variable no prioritaria.
“Rukia.
Este Espada es mío.
Retírate y busca aliviar a los demás.
Ese…
ente,” dijo refiriéndose a León, “parece un aliado circunstancial.
Úsalo si es necesario.” Con eso, Byakuya se centró en Zommari.
“Tu poder sobre el control es inútil contra quien puede controlar mil hojas a la vez.
Muéstrate, Espada.” La batalla entre el Capitán del Escuadrón Seis y el Séptimo Espada comenzó, un torbellino de pétalos cortantes contra esferas de control absoluto.
León, desde las sombras, procesó la nueva información.
Refuerzos de alto nivel.
La situación escala.
El campo de experimentación se amplía.
Miró a Rukia, quien lo observaba con una mezcla de gratitud y cautela.
“El Espectro”, dijo ella, recordando el nombre cifrado.
“¿Eres tú?” León asintió lentamente.
“La ruta más eficiente para ayudar a los demás es hacia el este.
Allí, las firmas de Chad Sado y Uryū Ishida están bajo una presión creciente.” No era una orden, ni un ofrecimiento de ayuda.
Era un dato.
Un hecho estratégico.
Rukia lo miró por un momento más, luego asintió.
Su deber la llamaba.
Sin otra palabra, se lanzó hacia la salida este, dejando atrás el duelo entre Byakuya y Zommari.
León no la siguió de inmediato.
Se quedó un momento más, observando la pelea de reojo mientras revisaba los datos del Extractor “Sanguijuela”.
La esencia de Aaroniero, con sus recuerdos robados, se estabilizaba en el dispositivo.
Un patrón complejo de un Hollow que había trascendido, imperfectamente, mediante el canibalismo espiritual.
Datos adquiridos: Muestra Espada (Grado Noveno).
Memoria espiritual residual (Kaien Shiba).
Eficiencia del Extractor: 87%.
Tiempo para análisis profundo: estimado 6 horas.
Guardó el dispositivo, Su intervención había sido un éxito en múltiples niveles: había asegurado una muestra única, había alterado favorablemente un resultado de batalla, y había mantenido su anonimato ante un capitán.
Ahora, el campo de experimentación se expandía con la llegada de Kenpachi, Mayuri y Unohana.
Posibilidades exponenciales de observación.,y en algún lugar de este laberinto de hueso, Ichigo Kurosaki se dirigía hacia su cita con el destino.
León Mercer, el ladrón silencioso de esencias, se fundió de nuevo con las sombras, su próxima muestra ya elegida: los datos de lo que sucediera cuando la espada indomable de Kenpachi se encontrara con la ciencia retorcida de los Espada.
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