Bleach:detective - Capítulo 49
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- Capítulo 49 - 49 Capítulo 49 El Observador y el Científico Loco
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49: Capítulo 49: El Observador y el Científico Loco 49: Capítulo 49: El Observador y el Científico Loco Capítulo 49: El Observador y el Científico Loco El fragor de la batalla en las profundidades de Las Noches era un concierto de brutalidad y ciencia perversa.
León, convertido en una sombra pegada a los altos ventanales de un laboratorio que más parecía una catedral dedicada a la disección, observaba con ojos analíticos.
Abajo, en una vasta sala llena de cubas de cristal y tubos serpentinos, se desarrollaba el enfrentamiento.
De un lado, Uryū Ishida, Renji Abarai y los dos peculiares Arrancar llamados Pesche y Dondochakka, luchaban desesperadamente contra Szayelaporro Granz, el Octavo Espada.
Szayelaporro no combatía; experimentaba.
Lanzaba técnicas con nombres clínicos como “Gabriel” o “Santa Teresa”, que no buscaban matar de inmediato, sino desarmar, analizar y descomponer a sus oponentes.
Veía a Uryū, en particular, como un espécimen fascinante: un Quincy vivo, una rareza.
Sus tentáculos espirituales y sus esferas de datos invadían el espacio, buscando puntos débiles, recolectando información en tiempo real.
Renji y los demás luchaban con bravura, pero era una batalla cuesta arriba.
Cada ataque suyo era previsto, cada habilidad catalogada y contramedida preparada por el Espada científico.
Era como luchar contra un virus inteligente que se adaptaba al instante.
León registraba todo, Los patrones de ataques de Szayelaporro, la estructura de sus técnicas basadas en datos, la forma en que su Reiryoku se modulaba para el análisis en lugar de la destrucción pura.
Una metodología brillante, aunque éticamente monstruosa.
La eficiencia es notable, anotó en su mente.
Fue entonces cuando la puerta principal del laboratorio estalló en una lluvia de escombros y un gas nervioso de color amarillo verdoso.
Una risa chillona, llena de una curiosidad malsana aún mayor que la de Szayelaporro, llenó la sala.
“¡Kyorororororo!
¡Qué escena tan deliciosa!
Un Quincy, un Shinigami de rango inferior, dos fracasados…
y un Espada que juega a ser dios con tubos de ensayo.
¡Esto supera mis expectativas más optimistas!” Mayuri Kurotsuchi, el Capitán del Escuadrón Doce, entró flotando, su rostro pintado y su sonrisa desquiciada aún más amplia de lo habitual.
Detrás de él, Nemu Kurotsuchi avanzaba con su habitual pasividad.
Mayuri olfateó el aire como un sabueso.
“¡Ah!
El olor a ciencia barata, a metodología chapucera…
y a algo más.” Sus ojos, redondos y frenéticos, se deslizaron por la sala y, por un instante, se posaron en la mancha de sombra donde León se ocultaba, en lo alto.
No lo vio con claridad, pero sintió la presencia de un observador, otra mente calculadora en la penumbra.
Una ceja se alzó bajo su sombrero.
Szayelaporro giró, irritado.
“¿Otro intruso?
Y este huele a…
formaldehído y arrogancia desenfrenada.
¿Eres uno de esos Shinigami?” “¡Soy la cumbre de la evolución científica de la Soul Society, insecto!
¡Y tú eres mi nuevo espécimen más prometedor!” Mayuri no perdió tiempo.
Con un gesto, liberó su Zanpakutō: “Despierta, Ashisogi Jizō.” Lo que siguió fue un duelo de científicos locos, un choque de metodologías diametralmente opuestas.
Szayelaporro, el meticuloso coleccionista de datos, el planificador frío.
Mayuri, el artista caótico de la modificación corporal, el empirista despiadado que aprendía rompiendo.
“¡Técnica prohibida Nº 56: Virus de la Muerte en Cien Pasos!” gritaba Mayuri, lanzando venenos espirituales que mutaban al contacto.
“¡Fracción!
¡Replicación de datos!” contraatacaba Szayelaporro, creando clones y escudos de información.
Era el caos perfecto.
Mientras los dos monstruos se enzarzaban, Uryū, Renji y los Arrancar se reagrupaban, tratando de sobrevivir a la lluvia de técnicas colaterales.
León aprovechó la distracción.
Sus ojos escanearon el laboratorio de Szayelaporro.
Los cubos de cristal contenían horrores: Hollows diseccionados vivos, prototipos de órganos espirituales sintéticos, mapas de Reiryoku de varios seres.
Pero su mente, entrenada para buscar lo útil, no lo valioso, identificó varios objetivos: 1.
El Cristal Maestro de Datos: Un enorme prisma central que pulsaba con luz roja, almacenando presumiblemente todas las investigaciones y escaneos de Szayelaporro.
2.
La “Incubadora de Núcleos”: Un dispositivo que parecía estar cultivando pequeños núcleos de Hollow puros, libres de la corrupción de la identidad.
3.
El Estante de Reactivos Espirituales: Frascos con etiquetas en un idioma cifrado, conteniendo esencias puras de Cero, Sonído, Hierro y otros aspectos de la energía Hollow.
Moviéndose con la sigilosa precisión de un ladrón de guante blanco (o en este caso, de capa negra), León descendió.
Usó su Colt Ámbar para emitir un campo localizado de “suspensión de percepción” a su alrededor, un truco sutil que desviaba la atención inconsciente.
Para cualquiera que lo mirara de reojo, sería como si una mancha de oscuridad se moviera demasiado rápido para enfocar.
Llegó al Cristal Maestro.
Conectó un dispositivo de su invención, el “Duplicador de Matrices Espirituales – Gusano”, una versión mejorada del Extractor.
No robó el cristal; eso habría sido notado al instante.
En cambio, el Gusano se “trepó” por la superficie, copiando los datos a nivel fundamental en un buffer de cristal espiritual portátil.
El proceso era rápido y silencioso.
Mientras el Gusano trabajaba, fue al estante de reactivos.
Seleccionó tres viales: uno de “Cero Primordial (sin atributo)”, otro de “Sonído Puro (frecuencia máxima)” y un tercero de un líquido plateado etiquetado como “Catalizador de Reiryoku Externo”.
Los guardó en compartimentos blindados dentro de su capa.
Finalmente, se acercó a la Incubadora.
Dentro, una docena de pequeños núcleos, como perlas negras perfectas, latían suavemente.
Eran la esencia más básica del poder Hollow, antes de ser contaminada por una mente consciente.
El material perfecto para experimentos de infusión controlada.
Usando pinzas de energía espiritual, extrajo cuatro con cuidado y los colocó en un contenedor de plomo espiritual.
En ese momento, una voz susurró directamente en su oído, aunque nadie estaba cerca.
Una voz serena, profunda, que parecía resonar desde las paredes mismas.
“Un ladrón en medio del banquete.
Tus métodos son…
interesantes.
No interfieres con el flujo.
Sólo observas y tomas migajas.
Continúa así.
El espectáculo aún no ha llegado a su climax.” Aizen Sōsuke.
No había duda.
El rey de este castillo de pesadilla lo había visto.
Y no solo lo había visto, sino que lo había evaluado y lo había considerado…
irrelevante para sus planes inmediatos.
O quizás, un elemento curioso que añadía una variable menor a su ecuación.
León no se inmutó.
No hubo miedo, solo un reajuste de parámetros.
Variable principal (Aizen) consciente de mi presencia.
Nivel de amenaza asignado: bajo.
Objetivo no alterado.
Proceder con cautela incrementada.
El Gusano terminó su trabajo y se retrajo.
León lo guardó.
Había saqueado el laboratorio de uno de los seres más inteligentes de Hueco Mundo en menos de dos minutos, bajo las narices de dos capitanes-nivel y del propio dueño.
Abajo, la batalla llegaba a su fin grotesco.
Mayuri, con su habitual falta de ética, había usado un virus que atacaba las “fracciones” de datos de Szayelaporro, corrompiendo su propio poder desde dentro.
El Espada científico se desintegró en un grito de frustración infinita, sus preciosos datos y su cuerpo siendo disueltos por la ciencia aún más retorcida de la Soul Society.
Mayuri, jadeando pero eufórico, miró hacia arriba, justo donde León había estado un segundo antes.
Solo vio vacío.
Pero su sonrisa se ensanchó.
“¡Kyorororo!
¡Había un tercer ratón en el laboratorio!
Uno con olfato para lo valioso.
¡Qué fascinante!
¡Nemu, anótalo!
‘Variable espectador, metodología de saqueo eficiente, posible competidor/espécimen futuro’.
¡La visita a este basurero Hollow está dando frutos inesperados!” León ya se había ido, deslizándose por un conducto de ventilación espiritual que había mapeado previamente.
Llevaba consigo un botín invaluable: los datos completos de Szayelaporro, esencias puras de poder Hollow, núcleos vírgenes y la inquietante certeza de que tanto Mayuri Kurotsuchi como Aizen Sōsuke ahora tenían una nota a pie de página con su nombre.
No era una posición cómoda.
Pero para un investigador, ser notado por los mejores (y los peores) a veces era el precio del acceso a la verdad.
Y la verdad, en forma de datos robados y esencias puras, pesaba mucho en los bolsillos de su capa.
El siguiente punto en su mapa de observación: la firma espiritual en constante crecimiento de Ichigo Kurosaki, que se dirigía como un imán hacia la torre más alta de Las Noches.
Allí, la variable principal esperaba y León, el ladrón de sombras, necesitaba un asiento de primera fila.
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