Bleach:detective - Capítulo 54
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54: capitulo 54: El Telón de la Ilusión 54: capitulo 54: El Telón de la Ilusión Capítulo 54: El Telón de la Ilusión Con los Espadas caídos —Baraggan reducido a polvo, Stark derrotado por el combo de Shunsui, Ōtoribashi y Love, y Halibel traicionada y descartada por Aizen—, un silencio pesado cayó sobre la Falsa Karakura.
El campo estaba “limpio” de Arrancars principales.
Solo quedaban los Shinigami, los Vizards…
y el trío imbatible de Aizen.
Fue en este momento cuando una nueva firma espiritual, áspera, potente y agotada, apareció en los límites del campo: Ichigo Kurosaki.
Llegaba desde Hueco Mundo, su ropa destrozada, su cuerpo marcado por la batalla contra Ulquiorra, y su energía espiritual en un estado crítico de agotamiento.
No podía pelear.
Solo podía observar, y lo que vio lo llenó de horror.
Los Vizards y los capitanes restantes se reagrupaban, su odio y su determinación enfocados como un láser en Aizen.
“¡Es ahora!
¡Todos juntos!” gritó Shinji Hirako.
Y lanzaron un ataque masivo y coordinado.
Shunsui desde un lado, Love desde el otro, Kensei y Soi Fon por el frente, un torrente de poder que debería aniquilar cualquier cosa.
Ichigo, desde la distancia, con sus sentidos aún libres de la ilusión por no haber estado presente en la “liberación” inicial de Kyōka Suigetsu, vio la verdad.
No estaban atacando a Aizen.
Vio cómo sus feroces ataques se dirigían, no al Aizen imperturbable que estaba de pie junto a Gin, sino a una figura pequeña y caída entre los escombros a varios metros de distancia: Momō Hinamori, inconsciente y gravemente herida desde hacía mucho tiempo.
“¡NO!
¡ALTO!
¡ES UNA ILUSIÓN!
¡ESTÁN ATACANDO A HINAMORI!” gritó Ichigo con todas sus fuerzas, su voz ronca por el cansancio y la desesperación.
Pero sus gritos se perdieron en el estruendo espiritual y, lo más importante, no pudieron penetrar la ilusión sensorial perfecta de Kyōka Suigetsu.
Para los atacantes, la figura de Hinamori era Aizen.
Veían su rostro despreciativo, sentían su Reiatsu opresor.
Las advertencias de Ichigo sonaban como un eco lejano y sin sentido.
Ichigo vio, impotente, cómo el ataque conjunto impactaba contra el cuerpo indefenso de Hinamori.
Una explosión de polvo y energía oscureció el área.
Cuando se despejó, la visión fue dantesca para él, y triunfante para los atacantes engañados: veían a un “Aizen” aparentemente herido, sonriendo con sangre en los labios.
“¡Ahora!” ordenó Aizen (el real, que nadie atacaba), y esa fue la señal.
La purga, vista desde los ojos claros de Ichigo, fue aún más cruel.
Vio cómo Gin, moviéndose con velocidad de relámpago, hería a Hiyori con Shinsō cuando ella creía estar atacando a un Aizen ilusorio que se esfumaba frente a ella.
Vio cómo Aizen mismo se paseaba entre los confundidos capitanes y Vizards, que seguían luchando contra fantasmas y entre ellos, y los derribaba uno a uno con golpes precisos e impersonales.
Un golpe a Shinji que lo arrojó contra un pilar.
Un gesto que desvió el ataque de Love hacia Kensei, dejando a ambos malheridos.
Vio a Wonderweiss abalanzarse sobre Soi Fon y Komamura mientras estos intentaban proteger a un Hitsugaya ilusorio.
No era una batalla.
Era una masacre unilateral.
Uno a uno, todos los que habían llegado como héroes o vengadores cayeron, derrotados no por un enemigo más fuerte en un duelo justo, sino por una mentira perfecta insertada en sus sentidos.
Ichigo forcejeó por moverse, por intervenir, pero su cuerpo no respondía.
Solo tenía energía suficiente para mantenerse consciente y presenciar el horror.
Vio a Shunsui Kyōraku, el último en pie, dándose cuenta demasiado tarde de la verdad cuando ya todos sus aliados yacían a su alrededor.
Vio la mirada de pesar y resignación en los ojos de Shunsui al enfrentarse a Aizen, Gin y Wonderweiss, completamente solo.
El campo de batalla era ahora un osario de derrotas.
Y en el centro, Aizen, sin un rasguño, miraba hacia donde Yamamoto debía estar, el siguiente y último obstáculo en su camino.
Para León, observando, este evento fue una lección maestra.
No solo en el poder de la ilusión, sino en su aplicación estratégica.
Aizen no había usado Kyōka Suigetsu para esconderse.
Lo había usado para convertir la fuerza y el compañerismo del enemigo en su propia destrucción.
Había hecho que se atacaran a una aliada inocente y luego los había derribado mientras estaban confundidos y agotados por su propio esfuerzo inútil.
La eficiencia era monstruosa.
Y Ichigo Kurosaki, la variable impredecible, había sido reducida a un testigo impotente, su advertencia ignorada por el mismo hechizo que había condenado a todos.
El camino para el enfrentamiento final entre Aizen y Yamamoto estaba despejado.
Y León tenía los datos más valiosos hasta ahora: la verdadera naturaleza de la derrota no es la falta de poder, sino la incapacidad de percibir la realidad.
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