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Bleach:detective - Capítulo 56

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  4. Capítulo 56 - 56 capitulo 56 El Diálogo de los Observadores
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56: capitulo 56: El Diálogo de los Observadores 56: capitulo 56: El Diálogo de los Observadores Capítulo 57: El Diálogo de los Observadores El silencio tras la declaración de Aizen era más absoluto que cualquier ruido.

La derrota no solo física, sino existencial, pesaba sobre el campo de batalla.

Fue en ese vacío sonoro donde un aplauso lento, medido, resonó desde las sombras de un edificio medio derruido.

Clap.

Clap.

Clap.

Todos los ojos, los que aún podían ver, se volvieron hacia el origen del sonido.

De la oscuridad emergió una figura.

No con un estallido de poder, sino con la quietud de quien siempre ha estado allí.

León Mercer, sin su capa de supresión, con su rostro pálido y sus ojos oscuros visibles, caminó hacia la luz del escenario devastado.

Sus Colt Fullbring colgaban de sus caderas, inertes por ahora.

Aizen giró la cabeza lentamente.

No pareció sorprendido.

Una ligera, casi imperceptible, curva se formó en sus labios.

Ah, dijo, su voz tan serena como siempre.

El último espectador se presenta.

El investigador silencioso de Karakura.

‘Jack Monroe’, ¿no es así?

O debería decir…

León Mercer.

León se detuvo a una distancia prudente, pero dentro del claro.

Los alias son herramientas, Aizen-sama.

Como sus ilusiones.

Aunque las mías son más burdas.

Sabía de tu presencia desde que llegaste a Karakura, confesó Aizen, como si comentara el clima.

Una firma espiritual única,No Shinigami, no Hollow, no Quincy…

pero observando.

Recolectando.

Un científico en el campo salvaje, Tus métodos para desentrañar los casos menores de la ciudad fueron…

eficientes.

Y tu salida de Hueco Mundo, un acto de ingeniería espiritual interesante, aunque ruidoso.

Usted observa a los que observan, dijo León, su voz plana, analítica.

“Un meta-análisis.

Pero incluso un observador superior tiene un punto ciego: la suposición de que su marco es el único posible.” ¿Oh?

Aizen arqueó una ceja, genuinamente intrigado.

¿Y cuál sería tu marco, León Mercer?

¿El del detective que resuelve crímenes?

Esos patrones son niños jugando comparados con el patrón que estoy tejiendo en la realidad misma.” “Mi marco,” dijo León, sacando lentamente el Colt Ámbar, “es el de la lógica aplicada.

Usted opera en narrativas, en evolución, en deseos cumplidos por una gema.

Yo opero en causa y efecto, en datos duros, en la física del espíritu.

Su Kyōka Suigetsu controla los sentidos.

Pero los datos, las consecuencias físicas de las acciones, esas son más difíciles de borrar.” “¿Propones enfrentar la realidad perfeccionada del Hōgyoku con…

lógica?” preguntó Aizen, y por primera vez, había un matiz de diversión genuina en su tono.

“Propongo probar una hipótesis,” corrigió León.

Y se movió.

No fue un movimiento Shinigami, rápido como el relámpago.

Fue eficiente, premeditado.

Disparó el Colt Ámbar no hacia Aizen, sino hacia el suelo entre ellos.

“Campo de Suspensión: Cero absoluto de evento.” Una burbuja de silencio y quietud absoluta se expandió, un área donde los procesos espirituales se ralentizaban hasta casi detenerse.

No era un ataque, era una alteración del campo de batalla.

Una variable de control.

Aizen no se inmutó.

Dio un paso.

Y simplemente cruzó el borde del campo.

El poder del Hōgyoku en él, su Reiatsu monstruoso, hizo que la suspensión se desmoronara a su alrededor como cristal bajo un martillo.

La diferencia en densidad de poder era abismal.

“Interesante juguete,” comentó Aizen, y apareció frente a León en un instante.

Su velocidad era tal que ni los ojos entrenados de León pudieron seguirla por completo; sus cálculos posteriores le dirían que había sido 0.03 segundos más rápido de lo que su cuerpo podía reaccionar.

El golpe de Aizen fue sencillo: un empujón con la palma de la mano.

No un puñetazo, no un corte.

Solo un empuje.

Para León, fue como si un tren de carga lo hubiera golpeado.

Sus huesos crujieron, el aire salió de sus pulmones, y fue lanzado hacia atrás cincuenta metros, destrozando el esqueleto de un edificio antes de detenerse contra una viga de acero retorcida.

El dolor fue brillante y agudo.

Fuerza: infinitamente superior.

Se levantó, tosiendo sangre, su mente ya analizando el daño: dos costillas fracturadas, pulmón contusionado, dislocación de hombro.

Datos.

Variables de su propio estado físico.

Aizen apareció de nuevo frente a él, esta vez más lento, permitiéndole verlo.

“Tu inteligencia es notable.

Tu poder, insignificante.

¿Ves la diferencia?” León, con el brazo bueno, desenfundó el Colt Óxido.

“La inteligencia,” dijo, la voz entrecortada pero firme, “es la herramienta para compensar la diferencia de poder.” Disparó.

El proyectil de energía oxidada no iba dirigido al cuerpo de Aizen.

Iba hacia el aire a su izquierda, a un punto aparentemente aleatorio.

Aizen ni siquiera lo miró.

Hasta que el proyectil, en el último momento, curvó su trayectoria impulsado por un microcampo de atracción que León había creado con una carga residual del Colt Ámbar en su mano herida.

El proyectil buscó no herir, sino interactuar con el flujo de Reiatsu alrededor de Aizen, específicamente con una tenue corriente de energía que León había identificado como un “eco” del reciente cierre de la herida del Getsuga Tenshō.

El Hōgyoku brilló de nuevo, disolviendo la energía oxidada sin esfuerzo.

Pero por una fracción de nanosegundo, según los sensores biológicos de León, el flujo de Reiatsu de Aizen titubeó.

Una incongruencia infinitesimal en la perfección.

Aizen parpadeó.

Por primera vez, su expresión de desapego absoluto se agrietó, mostrando un asombro genuino y frío.

“¿Qué…

fue eso?” “Un dato,” escupió León, sosteniéndose contra la viga.

“Su regeneración es instantánea, pero sigue un patrón.

Un proceso, por perfecto que sea, deja una firma.

Yo no busco vencer su poder.

Busco entender su proceso.

Y cada interacción, incluso esta, me da un dato.” Aizen lo miró por un largo momento.

La diversión había desaparecido, reemplazada por una evaluación fría y recalculante.

Este humano, este insecto con armas curiosas y una mente afilada como una navaja de diamante, no estaba tratando de ganar.

Estaba experimentando con él.

Como él mismo había hecho con Ichigo.

“Eres más peligroso de lo que parecías,” concluyó Aizen.

“No por tu poder, sino por tu método.

Una mente como la tuya, con acceso a los principios que estoy trascendiendo…

es una variable impredecible.” Levantó su espada, Kyouka Suigetsu.

“Lamentablemente, los experimentos impredecibles deben ser terminados.” León sonrió, un gesto torcido y sangriento.

Había logrado su objetivo: forzar a Aizen a recalibrarlo, a verlo no como un espectador, sino como una variable activa.

Había obtenido datos invaluables sobre los límites de su poder y un atisbo de su funcionamiento interno.

Justo cuando Aizen iba a moverse para el golpe final, una voz débil pero llena de autoridad resonó desde el suelo.

“Hadō #99, primer sellado: Goryūtenmetsu.” Era Kisuke Urahara.

Había estado observando todo el tiempo, y su hechizo, preparado en silencio, estalló no como un ataque, sino como un sello masivo, una telaraña de energía púrpura que buscaba encerrar a Aizen, Gin y el área inmediata.

Aizen desvió su atención por un instante, un microsegundo.

Fue todo lo que León necesitó.

Con un último esfuerzo de voluntad, activó un dispositivo en su cinturón: un teletransportador de emergencia de corto alcance, basado en los datos del Taladro Dimensional y la esencia espacial robada a Szayelaporro.

No podía sacarlo de la Falsa Karakura, pero podía moverlo unos cientos de metros.

Con un destello de luz distorsionada, León desapareció del lugar justo cuando el sello de Urahara se cerraba y la espada de Aizen cortaba el aire donde su cuello había estado un instante antes.

Aizen, envuelto en los primeros hilos del sello púrpura, miró hacia el punto vacío donde León había estado.

Su expresión era impasible de nuevo, pero en sus ojos, el brillo de interés frío no se había apagado.

Escapó,dijo, como para sí mismo.

Qué variable más…

persistente.

El verdadero enfrentamiento final, el de Aizen contra Urahara, Yoruichi y el Isshin Kurosaki recién llegado, estaba a punto de comenzar.

Pero en algún lugar entre las ruinas, un espectro herido pero mentalmente victorioso recalibraba sus modelos.

Había hablado con el dios.

Había probado su poder.

Y había sobrevivido para registrar los datos.

La partida no había terminado, solo había entrado en una fase nueva y mucho más peligrosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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