Bleach:detective - Capítulo 60
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- Capítulo 60 - 60 capitulo 60 Huellas en la Memoria y Palabras en el Parque
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60: capitulo 60: Huellas en la Memoria y Palabras en el Parque 60: capitulo 60: Huellas en la Memoria y Palabras en el Parque Capítulo 60: Huellas en la Memoria y Palabras en el Parque La paz en Karakura tenía un sabor agridulce, especialmente para Ichigo Kurosaki, La ausencia de su poder Shinigami no era solo una falta de fuerza; era un silencio en un sentido que antes ni sabía que tenía.
Andar por los pasillos del instituto, sentarse en su habitación, todo estaba extrañamente apagado.
Sus amigos Chad, Orihime, Uryū intentaban normalizar las cosas, pero todos cargaban con el peso de lo vivido.
Fue en este contexto que Tatsuki Arisawa, su amiga de la infancia y la más perceptiva de todas en lo que a él respectaba, decidió actuar.
No con miramientos, sino con la frontalidad que la caracterizaba.
Estás hecho un desastre, Ichigo, le dijo un día después del entrenamiento de karate, sin rodeos.
“Te mueves como si esperaras que algo atacara de un momento a otro, pero no hay nada ahí.
Es desconcertante.” Ichigo se encogió de hombros, mirando al suelo.”Es…
raro.
Acostumbrarse.
Bah, tonterías.
Lo que necesitas es hablar con alguien que no esté metido en todo esto hasta el cuello.
Alguien que vea las cosas desde fuera.
Tatsuki cruzó los brazos, Voy a quedar con BB.
mañana en el parque.
Vente.
“Ishida no cuenta como ‘desde fuera’?” refunfuñó Ichigo.
Tatsuki le lanzó una mirada que podía partir ladrillos.
“Ishida es un Quincy obsesivo.
B.
B.
es…
diferente.
Lógico.
Te hará bien.
Si no vas, te arrastraré.” Al día siguiente, Ichigo, con notable renuencia, se encontró caminando junto a Tatsuki hacia el banco del parque donde B.
B.
ya los esperaba, leyendo un libro de filosofía antigua.
Levantó la vista y sonrió con su habitual calma.
“Kurosaki-kun.
Tatsuki-chan.
Un gusto.” Su voz era suave, no intrusiva.
Ichigo asintió con la cabeza, sin saber muy bien qué hacer.
Se sentó, incómodo.
“B.
B.
ha estado…
bueno, ayudándome a ver las cosas de otra manera,” empezó Tatsuki, rompiendo el hielo.
“Después de lo del tipo ese, y con todo lo que pasó…
a veces una perspectiva externa ayuda.” “Tatsuki-chan exagera mi utilidad,” dijo B.
B., cerrando su libro.
“Solo tengo la costumbre de observar patrones.
Y últimamente, el patrón en ti, Kurosaki-kun, es el de un hombre que ha perdido una herramienta fundamental con la que había aprendido a definir su mundo.” Ichigo frunció el ceño.
“No es una ‘herramienta’.
Era…
parte de mí.” “¿Lo era?” preguntó B.
B., inclinando la cabeza.
“¿O era un poder que adquiriste, que usaste, y que te definió durante un tiempo crucial?
Hay una diferencia.
Tú no naciste con él.
Lo obtuviste, luchaste con él, y ahora lo perdiste.
Eso no borra lo que eres.
Solo redefine el campo de juego.” Las palabras no eran de consuelo; eran de análisis.
Y por alguna razón, a Ichigo, cuya mente siempre había sido más práctica que filosófica, le resonaron de otra manera.
No eran las frases motivacionales de Orihime ni la estoica solidaridad de Chad.
Era…
lógica.
“Es como si te hubieran quitado un brazo,” continuó B.
B., mirando el río.
“El cerebro sigue enviando señales al brazo fantasma, esperando una respuesta que ya no llega.
Es normal sentirse…
incompleto, torpe.
Pero el cerebro, con el tiempo, se reconfigura.
Aprende a vivir sin él.
Tú no eras solo ese brazo, Kurosaki-kun.
Eres el cerebro, el resto del cuerpo, la voluntad que lo movía todo.
El brazo era solo la parte que golpeaba.” Ichigo guardó silencio por un largo momento.
“¿Y si…
si ese ‘brazo’ era lo único que me hacía útil?
Lo único que me permitía proteger a la gente.” B.
B.
lo miró directamente.
Antes de tener ese ‘brazo’, ¿no protegías ya a Tatsuki-chan de los matones?
¿No te enfrentabas a problemas más grandes que tú por tus hermanas?
La capacidad de proteger no nació con el poder.
El poder solo amplificó el alcance.
El núcleo, la voluntad, esa ya estaba ahí.
Esa no se ha ido.
Fue la primera vez desde su pérdida que alguien le planteaba las cosas así.
No como una tragedia, sino como una reconfiguración.
No le quitó el dolor, pero le dio un marco donde colocarlo.
Asintió lentamente, sin decir nada, pero algo en su postura se relajó un milímetro.
Más tarde, en la Clínica Kurosaki.
B.
B.
hizo una visita de cortesía, con el pretexto de un leve resfriado (fingido).
Mientras Ishin lo auscultaba con su habitual exageración teatral, Yuzu servía té y Karin miraba por la ventana con su ceño fruncido habitual.
¡Un resfriado en plena primavera!
¡La energía juvenil está decayendo, jovencito B.
B.!” gritaba Ishin.
“Papá, por favor, no grites,” suspiró Yuzu.
Fue entonces cuando Karin, sin apartar la vista de la ventana, dijo de repente, como hablando para sí misma: Es raro.
Hace unas semanas, durante todo el lío, tuve un sueño…
no, un recuerdo raro.
De un tipo alto, con una capa, en mi cuarto.
Y a Yuzu también.
Yuzu se detuvo, la tetera en la mano.
Ah…
es verdad.
Yo también lo soñé.
O lo recordé.
Él…
nos pinchó el brazo.
Con una aguija.
Dijo que era para un ‘chequeo’ y que lo olvidáramos.
El ambiente en la clínica se congeló.
La exageración cómica de Ishin desapareció instantáneamente, reemplazada por una expresión de alerta absoluta, casi feroz, que Ichigo rara vez había visto en su padre.
¿Qué?
dijo Ishin, su voz baja y peligrosamente seria.
¿Alguien entró aquí?
¿Les extrajo sangre?
¿Se acuerdan de algo más?
Karin y Yuzu negaron con la cabeza, ahora un poco asustadas por la reacción.
No…
solo eso.
Y luego se desvaneció, como el sueño.
Pero desde que Ichigo volvió de…
de donde sea que estuvo, el recuerdo volvió más claro.
Ichigo se puso de pie, una inquietud nueva mezclándose con su dolor.
Alguien había estado en su casa, con sus hermanas, durante el caos.
Alguien con la capacidad de entrar, tomar muestras y manipular recuerdos.
No era Aizen, él habría hecho algo más dramático.
¿Un remanente de sus fuerzas?
¿Algo nuevo?
B.
B., desde su sitio, observaba la escena con interés clínico.
Efectos secundarios del sellado de memoria comenzando a desvanecerse.
Interesante.
Las mentes jóvenes y espiritualmente sensibles (híbridas) son más resistentes.
Variable ‘Ishin Kurosaki’ muestra alta reactividad protectora.
Variable ‘Ichigo’ muestra reactividad de amenaza a su territorio familiar.
Patrón de comportamiento predecible.
Debe haber sido un efecto colateral del estrés, niñas, dijo Ishin, recuperando algo de su fachada alegre, pero la tensión no abandonaba sus ojos.
¡O un vagabundo con fijación médica!
¡Nada de qué preocuparse ahora!
¡B.
B., aquí tienes unas vitaminas carísimas!
¡Tomadas de mi propio stock secreto!
B.
B.
aceptó las vitaminas con una sonrisa cortés.
Gracias, doctor.
Espero no haberme entrometido.
Al salir de la clínica, B.
B.
sabía que había plantado, sin querer, una semilla de inquietud en la familia Kurosaki.
Su experimento de aquella noche (el análisis de la sangre híbrida Shinigami-Hollow) había dejado un rastro residual.
Un dato menor en su gran investigación, pero un recordatorio de que incluso las operaciones más limpias dejan huellas.
Para Ichigo, la visita de B.
B.
al parque le había dado un nuevo ángulo para enfrentar su pérdida.
Las palabras de su padre y el recuerdo de sus hermanas le habían dado una nueva preocupación, La paz, al parecer, no significaba que los misterios hubieran terminado.
Solo habían cambiado de forma.
Y para Mercer, ambas interacciones fueron valiosísimas: datos sobre la adaptación psicológica post-traumática de un ex-héroe, y una validación de los límites de sus técnicas de manipulación de memoria.
Karakura seguía siendo el laboratorio perfecto.
Y sus sujetos de estudio, voluntarios o no, seguían proporcionando información fascinante.
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