BODA BAJO UN CONTRATO - Capítulo 43
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43: Capítulo 44 Me gustas.
43: Capítulo 44 Me gustas.
—Hoy si ya me está entrando la duda de dejarte ir a esa Universidad Hija —dijo Lucrecia dudosa.
—Madre y padre este es mi sueño, y me gane un lugar, por mis buenas notas, por favor no creo que pase a más, aparte que ya tengo planes con Alfredo no me pueden decir que no me mandaran, ya estoy inscrita —Dijo Dulce.
—Depende hija de lo que nos digan te dejaremos ir, recuerda que queremos que estes bien y que no estes en peligro —dijo Jeff.
—Bueno los discutiremos despues del desayuno, muchas gracias por venir a darnos información, cual decisión que tomen con Alfredo me la hacen saber, de igual forma le diremos si dejamos ir a nuestra hija —dijo Lucrecia.
—Nosotros ya nos vamos desayunen tranquilos —dijeron los padres de Alfredo.
Dos horas despues.
Dulce se terminó de perfumar para salir de su habitación y bajar a la sala.
—¿Te iras con tu novio?
—Pregunta Mónica.
—Si, ¿Por?
—Pregunto Dulce.
—¿Qué harás con tu novio?
—Verónica.
—¿De qué hablas?
—Pregunto Dulce.
—Le pedirás permiso a mis padres, o vas a escaparte con tu galán, ¿Dime donde conseguir chicos gu’?, yo tambien quiero uno —dice Verónica —Hay, ¡Ya llegara tu galán calma!
—Añadió levantando la ceja.
—Sabes que quisiera conocer al hermano de Alfredo ¿Qué edad tendrá?
—Pregunta Verónica.
—Tienes dos hermanos —añadió Dulce.
—Debes presentárnoslo, a ver si hay algo interesante con ellos, con más razón necesito conocerlos —dice Mónica.
—Han de ser gu’ e interesante —dijo Verónica.
—Vendrán hoy a mi mansión, ya casi viene, por eso me arregle —dijo Dulce.
—Nosotras siempre estamos arregladas, que venga a la hora que vengan, nosotras abriremos la puerta, quiero conocer a esos millonarios —dijo Mónica.
—Ustedes si son calientes —dijo Dulce.
—Si somos calientes, buscamos carne fresca —añadió Verónica.
—Soy experta en seducir y este dia lo llevara a cabo —dice Mónica.
—¿Cómo vas s seducir un chico?
—Pregunto Dulce.
—Obsérvanos —dijeron las dos a la misma vez.
El timbre de la mansión comenzó a sonar y las gemelas fueron las primeras en decir.
—Nosotras abriremos —dijeron acercándose a la puerta y abriendo.
Las gemelas se quedaron viendo a los dos chicos que estaban a la par de Alfredo.
—Hola —dijeron las gemelas agarrando la corbata de los dos chicos acercándose más oliendo el perfume de sus cuellos.
—Delicioso —añadieron las dos.
Los chicos solo se quedaron viéndolas y sonrieron.
—Hola que divertidas son —dijeron los dos hermanos al mismo tiempo.
—Si hola, me imagino que se encuentra tu hermana verdad —intervino la voz de Alfredo.
—Si claro que si pasa Alfredo —dijo Verónica.
Alfredo entro a la mansión a buscar a Dulce mientras sus hermanas invitaron pasar a los hermanos de Alfredo.
Los jóvenes muy gu’ y olorosos y millonarios.
—Hay siéntense en el sofá, ¿Alguno quiere comer algo?
—Pregunto Verónica.
—¿cuéntenme que les trae por aquí?
—Pregunto Mónica.
—Bueno mi nombre es Jaime y tengo veintiún años y vine solo acompañar a mi hermano y no sabía que me encontraría con una princesa bella frente a mis ojos, no me arrepiento de decir que si —dijo admirando la belleza de Verónica.
—Yo soy Tiago y tengo veintiún años tambien, acompaño a mi hermano por que se despues iré pasear y almorzar con mi hermano —dijo Tiago viendo a Mónica de pies a cabeza.
—Sin van a almorzar nos invitan, yo tambien quiero comer —dijeron las dos gemelas.
—Están más que invitadas —dijo Tiago y Jaime.
—Entonces no se diga más, y divirtámonos juntos —dijeron las dos.
—¿Con el permiso de quién?
—Intervino la voz de su madre.
—Hola madre, saldremos a pasear con ellos dos, con mi hermana, y con Alfredo —dijeron.
En ese momento Alfredo y Dulce aparecen.
—Madre nos das permiso para salir —dijo Dulce.
—Ya sabias que tus hermanas tambien quieren salir —dijo la madre.
—Si madre lo sé, ellas quieran salir, sera divertido, me lo supuse que querían salir —dijo Dulce.
—Está bien salgan, confió en que no harán una locura, los quiero mucho, se cuidan y los quiero a las dos y media de la tarde en la mansión.
—Asi sera señora Lucrecia —dijo Alfredo.
Alfredo, dulce, los hermanos y hermanas salieron por la puerta y se metieron a la limosina, Verónica y Mónica nunca habían estado tan cerca y mucho menos pegaditas a chicos gu’, ambas estaban derritas porque era su primera vez sintiendo las miradas coquetas de los jóvenes, ambas solo querían pasar tiempo a solas y perderse en los labios de ellos, no los conocían al cien por ciento, pero se sentían atraídas y eso pasaba viceversa.
Al bajar de la lemosina, primero salió Alfredo tomando la mano de Dulce para ayudar a bajarle, luego los hermanos copiaron lo mismo que su hermano, y al darse las manos entre ellos la química se subió de nivel, Verónica y Mónica habían sentido por primera vez un cosquilleo, y mariposas en sus estómagos.
Ambas miradas se conectaron al bajar de la lemosina, las hermanas apresuradas de Dulce solo querían besar a sus galanes que les parecían interesante.
Cinco minutos después de entrar al hotel, y tomar asientos, Verónica no aguantaba las ganas por probar los labios de Jaime y quería simplemente desaparecer en ese momento, a menos que Jaime le siguiera la onda.
—¿Qué pasa?
—Pregunta Dulce.
—Nada, saben que me voy a llevar a Jaime a ver las plantas, él sabe de plantas, me podría ayudar con eso —dice Verónica.
—Plantas —se sorprende Dulce.
—Si, permiso —dice Verónica.
—Si las plantas se mucho de eso, y quería mostrarles unas —añade Jaime.
Jaime y Verónica se retiraron y se fueron a la segunda plata.
Cuando llegaron a la segunda planta Jaime pego contra la pared a Verónica.
—¡Que salvaje!
—Exclamo Verónica.
—Me gustas —dijo el poniendo sus dedos en su cintura.
—Enserio te gusto, como para que me beses sin conocer nada de mi —dijo verónica.
—Eres pura belleza, ¿Me dejarías y me das permiso para besarte?
—Pregunto Jaime.
—Si te doy permiso —dijo Verónica sonriendo.
—¿No sabes cómo besar a un chico cierto?
—Pregunta Jaime.
—No sé cómo muéstrame como se hace —dijo Verónica.
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