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Brack Souls (español) - Capítulo 11

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11: capitulo 11- alcantarillas 11: capitulo 11- alcantarillas Al dirigirme hacia el primer piso, donde se suponía que Leaf debía estar descansando sobre el mueble, me encontré con una escena que me sacó una sonrisa.

En vez de verla acostada, dormida como siempre después de nuestras batallas, la pequeña hada estaba completamente despierta, con las alas vibrando con emoción y los ojos fijos en una carta que leía con tanta concentración que parecía no notar mi presencia.

—Oye, oye, oye… —dijo sin mirarme siquiera, con la voz temblando de sorpresa—.

¡No sabes lo que dice aquí!

Me crucé de brazos, intrigado.

—¿Qué dice o qué?

Porque te veo demasiado sorprendida, Leaf.

Ella levantó la mirada, los ojos le brillaban con una mezcla de miedo y emoción.

—Como te digo… ¿te acuerdas de aquellas escaleras que encontramos en la parte de atrás de esa casa?

Pues abajo de aquel lugar está la única forma de llegar al Imperio Perdido.

Me quedé en silencio unos segundos.

—Espera… ¿en serio, Leaf?

—Sí, así es.

Digo toda la verdad.

Está escrito aquí, con todo y un mapa que marca los caminos.

Pero… —bajó la voz— primero debemos pasar por el Burgo Prohibido y luego por el Fuerte Ivern.

Así que no hay tiempo.

Nuestra aventura está demasiado cerca del clímax para detenernos.

¡Debemos ir de inmediato!

Dijo eso con tanta pasión que no pude evitar sonreír.

Me entregó el mapa y empezó a volar en círculos, riendo, agitándose de arriba a abajo, dejando un rastro de polvo luminoso a su paso.

Pero su alegría duró poco.

A los pocos segundos, se detuvo en seco, quedando suspendida en el aire, con una mueca de terror.

—¡Espera, no, no, no!

—gimió—.

¡No quiero entrar a las alcantarillas!

Ese lugar huele demasiado mal, no quiero tener una infección, o una enfermedad, o… ¡asco, no quiero!

Solté una carcajada cansada mientras observaba el mapa.

—Leaf, no hay otra forma.

Todos los demás caminos están destruidos.

Es la única entrada al Burgo.

Ella frunció el ceño, cruzó los brazos y comenzó a esconderse detrás de mí.

—Nooo, no quiero, no quiero, no quiero~.

—Escucha, Leaf —dije con voz más seria—.

Si no vienes, te esperaré al otro lado, si encuentro una hoguera.

Pero si no hay… —hice una pausa, dejando que el peso de las palabras flotara entre nosotros— significará que nuestra aventura juntos habrá llegado a su fin.

El silencio se hizo pesado.

Ella dejó de esconderse, bajó la cabeza, sus alas se movieron despacio.

—¿Qué estás diciendo?

Yo… yo estaré en ese lugar —murmuró, con voz desafiante—.

¡Y seré mucho más fuerte que tú!

Ya verás, tú serás el primero en vomitar, no yo.

Sonreí de lado.

Esa era mi Leaf, la que nunca retrocedía cuando se trataba de orgullo.

Sin esperar más, salió volando hacia la puerta abierta, dejando tras de sí un destello.

Cuando llegamos al acceso subterráneo, el aire cambió por completo.

El olor era tan penetrante que incluso mi armadura pareció oxidarse al instante.

—Oh, por todos los dioses… —murmuré.

Leaf, que flotaba a mi lado, me miró con una expresión que mezclaba náusea y terror.

—¡Te lo dije!

¡Apesta!

No puedo respirar aquí, no puedo… —Aguanta —respondí descendiendo las escaleras de piedra que chirriaban con cada paso—.

Si quieres llegar al Imperio Perdido, este es el precio.

Las paredes estaban cubiertas de moho verde, y el agua negra corría por los bordes formando riachuelos que se unían más adelante, creando una corriente más profunda.

Una cascada oscura caía en algún punto más abajo, su sonido retumbaba como un rugido lejano.

—Ugh… —Leaf tosió—.

Este lugar parece el estómago del mundo.

—Y nosotros somos su cena —respondí medio en broma.

Caminamos durante un buen rato.

Varias veces tuvimos que cruzar por el agua turbia, ya que las puertas del túnel estaban cerradas, y por alguna razón, las llaves maestras no funcionaban.

El olor, el silencio, la humedad… todo conspiraba para quebrar la cordura.

En una de las curvas, vimos algo moverse.

Primero fueron sombras, luego formas.

—Cuidado —susurró Leaf, bajando un poco—.

Hay algo allí.

Del agua emergieron criaturas deformes: ratas enormes, cubiertas de lodo y cicatrices, sus ojos rojos brillaban como brasas.

Entre ellas se arrastraban masas viscosas de color gris, casi transparentes.

—Slimes —dijo Leaf, temblando—.

Son pequeñas cosas pegajosas que pueden ahogar a una persona.

Si te atrapan, te disuelven por dentro.

—Genial —murmuré, desenvainando la espada—.

Justo lo que necesitábamos.

Las ratas atacaron primero, lanzándose con chillidos agudos.

Mi espada cortó a una por la mitad, pero el golpe solo pareció enfurecer al resto.

Mientras tanto, los slimes se deslizaban lentamente por el suelo, buscando envolver mis piernas.

Leaf lanzó destellos de luz, matando a varios, pero otros lograron acercarse demasiado.

El combate se volvió una danza entre asco y supervivencia.

Cada paso mal dado podía significar quedar atrapado en aquella mezcla de fango y muerte.

Después de un rato, logramos despejar el camino.

Mi respiración era pesada, el sudor se mezclaba con el hedor del lugar.

—Oye… —dijo Leaf mientras flotaba agotada—.

Cuando volvamos al Bosque Sagrado, debemos darnos una buena ducha.

No quiero seguir oliendo así.

—Sí, sí, está bien —respondí sonriendo—.

Cuando volvamos, me bañaré.

Continuamos avanzando hasta llegar a un callejón sin salida.

Sin embargo, en el centro del suelo había una hoguera apagada.

Me arrodillé y la encendí.

La llama azul creció lentamente, iluminando las paredes llenas de marcas antiguas y símbolos tallados por manos desconocidas.

—¿Ves?

—dije con alivio—.

Incluso aquí, el fuego sigue siendo nuestro refugio.

Leaf se posó sobre mi hombro.

—Sí, pero este lugar sigue siendo horrible.

Sonreí.

—Lo sé.

Pero a veces los peores lugares guardan los secretos más valiosos.

Seguimos explorando durante lo que parecieron horas.

Nos encontramos con más criaturas deformes, hasta una especie de pez monstruoso que Leaf llamó “devorador de hombres”.

Sus dientes eran como cuchillas, y su cuerpo se retorcía entre las aguas negras, acechando bajo la superficie.

Cada batalla nos dejaba más cansados, pero también más decididos.

El mapa que Leaf me había mostrado indicaba que, tras las alcantarillas, había una habitación que tendría que aver unas escaleras:hacia el Burgo Prohibido.

Finalmente, llegamos a un pasillo estrecho.

Al fondo, avía una figura humana.

Medía casi un metro ochenta, su cuerpo estaba cubierto con una capa negra empapada en humedad.

En una de sus manos sostenía una flauta de madera oscura.

Y en el aire flotaba una melodía suave, melancólica, que parecía resonar con las aguas podridas del lugar.

—¿Quién… es él?

—susurró Leaf, escondiéndose tras mi cuello.

—No lo sé —respondí, observando atentamente.

El sonido de la flauta se detuvo.

La figura levantó lentamente la cabeza.

Y entonces, el silencio se hizo absoluto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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