Brack Souls (español) - Capítulo 14
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14: Capítulo 14 –Una nueva conocida 14: Capítulo 14 –Una nueva conocida Terminé de subirle el nivel a Leaf y también a Dorothy, reforzando su fuerza, su agilidad y hasta esa chispa mágica que brillaba en cada una.
Ahora las dos estaban mucho más poderosas que antes, listas para aplastar cualquier obstáculo que el mundo arrojara frente a nosotros.
Yo, por mi parte, me quedé con unas pocas almas apenas, lo justo para seguir avanzando a través de este Burgo podrido que olía a miseria, humedad y pecado viejo.
Me teletransporté otra vez a aquel lugar decadente, y ni bien mis botas tocaron el suelo, avancé hacia las escaleras de piedra que se abrían frente a mí como una garganta oscura.
Las bajé sin prisa, atento, sintiendo el eco de mis pasos mezclarse con los chillidos lejanos de criaturas que nunca deberían haber existido.
Al llegar a la calle inferior, lo vi: una multitud de monstruos rondaba allí abajo, arrastrándose, riendo con voces rotas, tocándose la cara como si no recordaran del todo cómo funcionaba un cuerpo.
Y de pronto, al observarlas mejor, me di cuenta de algo perturbador: todas eran mujeres.
Pero no mujeres comunes.
Eran prostitutas deformadas, sus vestimentas rotas mostraban lo que alguna vez quisieron ser, lo que alguna vez vendieron, lo que ahora había quedado atrapado entre carne podrida y deseo torcido.
No me detuve.
Mate a cada una que se cruzó en mi camino, cortando, esquivando, avanzando.
Ellas salían de las sombras como un enjambre hambriento, y yo respondía con acero.
Cada golpe era seco, cada movimiento un tránsito obligado.
Las que quedaban atrás solo se hundían en el silencio frío del Burgo.
A medida que avanzaba, llegué a lo que parecía ser una tienda.
La puerta estaba cerrada con llave, firme como si alguien dentro intentara mantener alejada la desgracia del exterior.
A un costado había un pequeño tablero que decía: “Tienda de Cerillas” Interesante.
Saqué una de mis llaves maestras, la introduje con calma y la puerta cedió con un chasquido suave.
Entré.
El interior estaba oscuro, cálido, y olía a madera antigua.
Sobre el mostrador había una mujer bajita, quien al verme tensó los hombros como un animalito asustado.
Tenía el cabello castaño claro, suelto hasta los hombros, la piel tan pálida que parecía iluminada por dentro, y las mejillas ligeramente sonrojadas como si estuviera siempre en un sueño profundo.
Sus ojos estaban medio cerrados, no por cansancio… sino como si viviera perpetuamente en un estado entre la vigilia y la fantasía.
Vestía una capa larga de color verde oscuro, y una boina del mismo tono descansaba sobre su cabeza, ligeramente ladeada.
—¿Q-Quién es…?
—preguntó con un hilo de voz.
—Lo siento por entrar así a tu tienda —respondí, dando un paso hacia ella—.
Solo quería ver qué había dentro.
Caminé hacia el mostrador.
Ella parecía haber estado leyendo un libro antes de que mi presencia la interrumpiera; su dedo aún marcaba la página, como si la historia fuera un refugio que acababa de perder.
—Oh… ya veo —susurró bajando la mirada—.
Pensé que una de esas mujeres de afuera había entrado.
Pero como eres hombre… está bien.
¿Verdad?
Sus manos temblaban sobre el mostrador, como pequeñas hojas bajo el viento.
—Sí, tranquila.
No te haré daño.
¿Puedes decirme tu nombre?
—Ah… mi nombre es Elma.
Y tú… bueno… no creo que vengas a hablar con Elma, ¿cierto?
Elma solo vende cerillas aquí.
Si las necesitas, cómpralas… está bien.
—Gracias.
¿Puedo ver lo que hay por la tienda?
—S-sí.
Ve y mira con confianza.
La pequeña Elma hablaba como si cada frase fuera un suspiro dulce.
Me alejé y comencé a observar su tienda.
Además de cerillas, también vendía espadas pequeñas, armaduras ligeras y otros objetos extraños, aunque ninguno llamó demasiado mi atención.
Al ir hacia el rincón derecho, vi una estantería llena de libros.
Uno de ellos estaba un poco salido, como si acabara de ser consultado.
Lo tomé sin que Elma se diera cuenta y lo abrí apenas, curioso.
Las palabras en su interior me estrellaron de inmediato: [Aa-aaah… ¡D-detente…!
¡Tortuga, demonios!
¿Dónde crees que estás tocando…!
¡Ha-ha-ha!] [¿Qué fue eso justo ahora…?
¡Como era de esperarse de una liebre, eres un tiro rápido!] Al mirar solo un poco más, escuché los pequeños pasos de Elma acercándose.
Me vio con el libro abierto en la mano y su cara explotó en vergüenza.
Comenzó a saltar como un muelle, corriendo hacia mí.
—¡Shoo!
¡Shoo!
¡No puedes hacer eso!
¡No mires sin permiso!
—me empujaba con sus manitos mientras arrebataba el libro y lo colocaba EXACTAMENTE donde había estado.
Claramente estaba enojada… o avergonzada… o ambas.
—Lo siento, Elma.
Bueno… por lo del libro te voy a comprar algo.
Una cerilla.
Sus ojos brillaron inmediatamente, como si la vida volviera de golpe a su rostro.
—¿E-en serio?
Muchas gracias.
Son mil almas.
Le entregué las almas, y ella casi se derritió de felicidad.
Reía bajito, un sonido dulce y tímido.
—Tener mucho sueño es maravilloso, ¿no?
—murmuró con una risita suave.
—Oye, Elma… ¿y tus padres?
¿Por qué estás tan sola aquí?
Ella bajó la cabeza.
Un mechón de cabello cayó sobre su mejilla.
—Madre trabaja de noche… luego vuelve.
Pero padre y madre pelearon… y padre se fue.
A Elma le gustaban mucho las historias de padre sobre comercio.
Él ahora debe estar buscando un tesoro en algún lugar.
Sería bueno si lo encontrara y así podría volver a casa… y volver a contarme historias… Sus palabras flotaron como una brisa triste en la habitación.
—Lo siento por haberte preguntado eso, Elma… —Tranquilo —dijo con una pequeña sonrisa—.
A Elma no le disgusta.
Parecía que solamente quería hablar con alguien.
—Gracias, Elma.
Ahora debo irme.
Espero volver a hablar contigo.
Me despedí con una ligera inclinación y salí de la tienda.
El aire del Burgo tenía un sabor más amargo después de escuchar la historia de aquella pequeña.
Seguí caminando hacia la izquierda, subí por un sendero estrecho, avancé un poco más y continué hasta llegar a una enorme mansión que se alzaba como una sombra orgullosa en medio de la podredumbre del lugar.
Era un edificio imponente, más antiguo que todo lo que había visto en este sitio, como si su lujo hubiera resistido el paso del tiempo a punta de dolor.
Al entrar, me encontré en un amplio recibidor.
En el centro se elevaban unas escaleras gigantescas que subían hacia una puerta monumental.
A ambos lados había pasillos que se perdían en la oscuridad.
Escogí uno de ellos, pero al final solo encontré una puerta cerrada que no cedía.
Regresé entonces al recibidor, subí por las escaleras y me dirigí hacia la puerta central.
La abrí.
Lo que vi adentro se clavó como un puñal en mi cabeza.
Varias sirvientas estaban tiradas en el suelo, muertas, destrozadas… violadas hasta quedar irreconocibles.
La escena era un infierno encerrado en una habitación.
Y en medio de todo eso, una gigantesca bestia estaba violando brutalmente a una de las sirvientas que aún vivía.
Ella gritaba con una voz desgarrada, suplicando que la soltara.
—A-Aa… duele… uuu… aaah… p-por favor… perdóname… a-algo más y… ¡me romperás por la mitad…!
¡Gyaaaaa!
La bestia gruñía como si sus sufrimientos fueran parte del espectáculo.
De pronto la tomó por el torso y la arrojó contra un rincón como si fuera basura.
—Qué molesto… —gruñó con desprecio—.
¿Todas las mujeres se vuelven inútiles tan rápido?
El monstruo se giró hacia mí.
Era gigantesco, imponente, con un garrote enorme en la mano derecha.
Su cuerpo parecía cubierto por fragmentos rotos de una armadura mágica.
—¿Quién diablos eres tú?
Solo un tonto entraría a mi habitación sin ser llamado.
Tu estupidez merece la muerte.
¡Y encima eres un hombre!
¡Yo, el Rey de Hierro, te aplastaré!
Rugió y se lanzó hacia mí, golpeando el suelo con su arma y haciendo temblar toda la habitación.
—¡Mi armadura, invisible para los tontos!
¡Mi espléndida fortaleza impenetrable!
¡Protegido por ella, no tengo igual!
¡Soy invencible!
¡Arrodíllate ante la desesperación!
¡Yo soy el gobernante absoluto!
Saqué mi espada.
La batalla había comenzado.
Usé mi magia para invocar a Leaf.
—Déjamelo a mí, yo te ayudaré~ —dijo mientras aparecía, pero al ver al monstruo se quedó boquiabierta—.
¿Eh?
¿Por qué este bicho raro está desnudo?
¡Ahahah!
¡Mira, mira!
¡Está desnudo!
¡No tiene vergüenza!
Tee-hee~ El monstruo se estremeció.
—¿Q-qué estás diciendo…?
¡Estoy en mi gran armadura inexpugnable!
—Hihihi… el rey está desnudo… laaame.
—¡¡INCORRECTO!!
¡El gran yo… yo… aaaAAAAAA!
En ese instante, pequeños cristales mágicos rotos comenzaron a desprenderse de él: su armadura ilusoria había desaparecido.
Avancé y corté.
Su piel era como la de un humano, sin protección alguna.
Mi espada se hundía con facilidad.
Leaf lo hostigaba con chistes y ataques, manteniéndolo distraído.
La batalla se intensificó.
Cada ataque que me lanzaba hacía temblar el suelo, pero sus movimientos se volvían lentos, pesados, desesperados.
Leaf invocó su Resplandor de Alma, miles de flechas brillantes atravesaron la piel del monstruo.
Él rugió, sangrando más y más.
Hasta que una de las flechas atravesó su brazo derecho, haciéndole soltar su garrote.
Aproveché ese instante: salté, elevé mi espada y la hundí en su cabeza.
El monstruo cayó muerto al instante.
Recorrí la habitación.
Las mujeres… ya no respiraban.
Sus cuerpos estaban quietos, fríos, vencidos por el horror.
Al fondo había una puerta única.
En el suelo, junto a ella, encontré una llave extraña.
La tomé, la probé, pero no funcionó.
Entonces usé una de mis llaves maestras: esta sí abrió.
Dentro de la habitación había una sola cosa.
Una mujer.
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