Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Brack Souls (español) - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Brack Souls (español)
  3. Capítulo 16 - 16 Capítulo 16– El Dragón
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: Capítulo 16– El Dragón 16: Capítulo 16– El Dragón El tiempo entre nosotros se deslizó ligero, como un suspiro que se escapa entre los dedos.

Y aun así, mi cuerpo estaba al borde del colapso.

Victoria me había drenado de una manera brutal: no me quedaban fuerzas, no me quedaba aire, no me quedaba ni una chispa que pudiera fingir aún fuerzas.

— …Oh no… eso fue imperdonable de mi parte… —balbuceó ella, cubierta por un rubor tembloroso—.

M-me dejé llevar por la euforia… Yo solté una risa amarga.

— Tranquila… pensé que ibas a exprimir hasta la última gota asta matarme.

Su rostro se volvió aún más escarlata.

— Lo siento mucho… No pretendía hacerlo, pero… inconscientemente yo… —su voz tembló—.

Amo… sus Almas son tan deliciosas… me dejé llevar… Lo siento tanto… ¡A-asumiré la responsabilidad!

¡Por favor, permitidme servirle por el resto de mi vida!

— No, no, tranquila —respondí, levantando las manos—.

No tienes por qué hacer tal cosa.

Pero ella dio un paso adelante, decidida, casi temblando de determinación.

— ¡N-no!

¡Yo me esforzaré al máximo!

¡Sé que me han llamado patosa, torpe o inútil, pero no es cierto!

Y-yo le atenderé durante las noches… completamente… ¿E-estaría usted dispuesto a aceptarme?

Yo me quedé quieto.

¿Qué podía decirle?

Abandonarla en aquel lugar habría sido cruel, casi inhumano.

Y aunque no buscaba otra carga, tampoco podía darle la espalda a alguien que, al final, solo pedía un lugar donde existir.

Suspiré, aceptando lo inevitable.

— Está bien.

Ella se iluminó como un faro.

— ¡Muchas gracias, Amo!

¡Le serviré lo mejor que pueda!

Si algo sucede, estaré a su lado inmediatamente… Por favor, trátame bien… Amo… Apenas terminó de decirlo, me envolvió en un abrazo cálido, inesperado, como si su cuerpo hubiera decidido adelantarse a su mente.

Yo, aturdido, simplemente correspondí con torpeza.

La llevé conmigo hasta la hoguera, teletransportándola al Bosque Sagrado.

Allí estaría a salvo.

Allí nadie la lastimaría.

Allí podría recomenzar.

Y sin perder tiempo, regresé a la mansión.

El aire dentro de la mansión tenía un olor viejo, como si los siglos se hubieran quedado atrapados entre sus paredes.

Crucé los pasillos que ya conocía y me detuve frente a la puerta que antes no podía abrir.

Esta vez, la llave descansaba fría en mi mano.

La inserté.

Giré.

La puerta cedió.

Al cruzarla, aparecí de inmediato en la parte trasera de la mansión.

Un viento helado me golpeó la cara mientras observaba las enormes escaleras de piedra que subían hacia el Fuerte Ivern, un coloso de ruinas, historia y cicatrices de guerra.

Comencé a ascender.

A los lados, dos estatuas antiguas parecían rezar en silencio, sus rostros erosionados por el tiempo y la tristeza.

Pasé entre ellas sin detenerme.

Las escaleras estaban agrietadas, rotas, devoradas por siglos de desdén.

Entre las grietas había huesos… huesos de soldados que jamás regresaron a casa.

Frente a mí, un caballero poseído por la niebla emergió tambaleante.

Su armadura ennegrecida brilló con un fulgor siniestro cuando lanzó el primer ataque.

Respondí instintivamente.

Acero contra acero.

Chispas contra la muerte.

Tardé, pero finalmente lo derroté.

Seguí ascendiendo.

Otro caballero.

Luego dos.

Luego cinco.

La niebla los había devorado a todos, dejándolos huecos, rotos, convertidos en sombras con forma humana.

Luché con cada uno, con el cansancio acumulándose en mis músculos.

Pero seguí.

Tenía que seguir.

Y entonces, lo escuché.

Un rugido que rasgó el cielo.

Un rugido que hizo temblar las piedras bajo mis pies.

Un rugido que me recordó por qué estaba allí.

Apreté el puño, tragando saliva.

Continué ascendiendo.

Las escaleras estaban cada vez más destruidas, como si el mundo entero hubiera sido mordido por un gigante.

Y al final del camino… Lo vi.

El dragón.

Enorme.

Gigantesco.

Una muralla viva hecha de escamas, fuego y furia.

Emergiendo de entre ruinas y viento, imponiéndose ante mí como un dios antiguo dispuesto a aplastar mi existencia.

No dudé.

— Leaf —susurré, invocándola.

Ella apareció, como siempre, con su sonrisa brillante y una emoción infantil que contrastaba con la bestia frente a nosotros.

— ¡Woooow, Grimmn!

¡Mira, mira!

¡Es un dragón!

¡Qué genial!

Yo no compartía su entusiasmo.

Miré al monstruo, sintiendo el peso de mis recuerdos clavarse en mi pecho.

— Este es tu fin… desgraciado —murmuré—.

Hoy pagarás por la muerte de Jeanne.

Sin esperar, corrí hacia él.

Era más rápido que antes.

Mis golpes eran más firmes, más certeros.

La primera vez que lo enfrenté, apenas pude luchar contra el.

Pero ahora… ahora era diferente.

Leaf comenzó a conjurar su magia.

El dragón inhaló profundamente, preparando un ataque cuyo nombre yo no deseaba conocer.

La magia de Leaf se disparó primero.

— ¡Descarga de Alma!

—gritó ella.

De sus manos surgieron cuatro flechas consecutivas de pura energía, brillando como estrellas furiosas.

Cada una impactó contra las escamas del dragón, arrancando pedazos de su armadura natural.

Yo continuaba atacando sus patas, sus costados, todo lo que alcanzara.

Mis espadazos dejaban heridas profundas, aunque no tan letales como la magia de Leaf.

Pero el dragón era enorme.

Demasiado enorme.

La sangre que perdía parecía insignificante comparada con su tamaño colosal.

Leaf lo notó.

— ¡No basta!

¡Voy con algo más grande!

Descargó otro hechizo, mucho más brillante, mucho más brutal.

— ¡Magia de Brillo de Alma!

Encima del dragón aparecieron flechas gigantescas de luz pura, como lanzas caídas del cielo.

Cayeron una tras otra, atravesando su carne, rompiendo huesos, quemando su sangre.

Cada impacto retumbaba como un trueno.

El dragón rugió enfurecido.

Ya no me veía a mí.

Ahora quería a Leaf.

Y verla en peligro me heló la espalda.

Se giró hacia ella, desplegando sus alas para lanzarse encima.

— ¡No!

—grité, interponiendo mi espada.

Recibí golpes brutales.

Resistirlos me partía el cuerpo, me destrozaba los brazos, me arrancaba el aliento.

Pero no dejaría que Leaf muriera.

No otra vez.

No alguien más.

No más pérdidas en mis manos.

Leaf, jadeando, abrió un frasco y bebió un sorbo largo para recuperar magia.

Su cuerpo brilló ligeramente.

Volvió a erguirse.

—….¡Distráelo solo un poquito más!

Asentí, apretando la mandíbula.

Ataqué sin descanso.

Golpes, estocadas, fintas.

No era suficiente para matarlo, pero sí para obligarlo a fijarse en mí.

Leaf levantó ambas manos.

La luz se acumuló sobre su cabeza como un sol naciente.

— ¡Brillo de Alma… final!

Las flechas aparecieron de nuevo, aún más grandes, aún más perfectas.

El dragón abrió la boca para lanzar su ataque, pero yo salté hacia adelante, golpeándolo con todas mis fuerzas, obligándolo a desviar su mirada por un instante.

Ese instante fue suficiente.

Las flechas descendieron.

Y una de ellas atravesó su corazón.

El rugido que soltó fue un lamento desgarrador, el canto final de una bestia que alguna vez reinó los cielos.

Su cuerpo comenzó a caer, chocando contra rocas y ruinas.

Y en su caída, soltó algo.

Una espada.

Se deslizó desde una de las heridas del dragón, como si hubiera estado atrapada en su carne desde tiempos inmemoriales.

La recogí.

Era rojiza, de un filo extraño, casi vivo.

Pesada, resistente.

Llena de una magia que latía como un corazón dormido.

La colgué a mi espalda.

Nunca se sabe cuándo la muerte pide otra herramienta.

Continué el camino junto a leaf.

Llegué hasta el lugar exacto donde Jeanne había muerto.

El viento soplaba con un murmullo triste, como recordando el grito final de una vida arrebatada.

Me arrodillé.

Saqué un pequeño jarrón que llevaba conmigo y, con cuidado, recogí sus cenizas.

No era mucho.

No era suficiente.

Pero era lo que quedaba de ella.

— Te llevaré al Bosque Sagrado… —susurré—.

Allí descansarás.

Allí nadie podrá tocarte.

Guardé el jarrón mientras mis manos temblaban un poco.

Y seguí caminando.

Con un dragón muerto detrás de mí.

Con una promesa por cumplir.

Con un futuro que, aunque incierto, seguía avanzando conmigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo