Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Brack Souls (español) - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Brack Souls (español)
  3. Capítulo 22 - 22 Capítulo 22 – Eres demasiado débil
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

22: Capítulo 22 – Eres demasiado débil 22: Capítulo 22 – Eres demasiado débil Antes de entrar a la mina pude ver un letrero de madera que decía: “Regalo mensual a dama Rapunzel: Trece hombres — Hecho Diez animales — Hecho Cinco semi-humanos — Hecho Behemoth — pronto” Así terminaba lo escrito, como si alguien hubiera garabateado la palabra “pronto” con mano temblorosa y miedo fresco.

El letrero estaba clavado torcido, como si algo lo hubiera golpeado antes de huir a toda prisa.

Respiré hondo, sintiendo cómo el aire pesado de la zona me presionaba el pecho, y me decidí a entrar a la mina.

Esta estaba completamente abandonada; no se veía a nadie en el lugar.

Solo polvo antiguo, rocas rotas, tablas podridas y un silencio tan denso que parecía observarme.

Decidí explorarla, encontrando minerales enterrados entre la grava y artículos oxidados que, con un poco de suerte, podrían servirme para futuras batallas.

Mientras avanzaba, el eco de mis pasos rebotaba en las paredes, como si la mina se burlara de mí, imitándome.

A seguir explorando me encontré enormes hormigas afectadas por la niebla.

Sus cuerpos estaban hinchados y deformados, y sus mandíbulas brillaban con un tono púrpura enfermo.

Las derroté con un poco de esfuerzo, esquivando sus ataques lentos pero agresivos.

En medio del camino, me encontré un anillo tirado en el suelo.

Al ponerlo en uno de mis dedos, sentí como una capa mágica se formaba alrededor de mi cuerpo, casi como un susurro cálido que recorría mi piel.

Tal vez era un artículo defensivo… o quizá ofensivo; no lo sabía, pero algo dentro de mí me dijo que debía conservarlo.

Seguí explorando hasta llegar a unas escaleras que conducían a otra capa de la mina, llevándome hacia abajo.

El lugar era un poco diferente a la parte de arriba, pero seguían apareciendo los mismos monstruos… con una diferencia aterradora: estos no solo botaban almas comunes, sino almas de colores que se deshacían en el aire como brasas multicolores.

Era hermoso y horripilante a la vez.

Saqué mi espada y comencé a eliminar a cada monstruo del lugar, mejorando mi cuerpo, mi fuerza y mi velocidad.

Mientras más descendía, más fuerte se sentía la presión en el aire, como si algo desde el fondo respirara conmigo… esperando encontrarme.

Hasta que bajé varios pisos más.

Y me perdí.

No sabía exactamente en qué momento ocurrió, pero había bajado tanto que el aire parecía más pesado, más espeso… como si respirara niebla.

Y justo frente a mí había un suelo lleno de agua de un color morado oscuro.

A tocarlo, sentí como si todo mi cuerpo se quemara, como si miles de agujas calientes se hundieran en mi piel.

Era una sustancia tóxica, corrosiva y viva.

Pero antes de marcharme, pude ver a lo lejos un brillo peculiar: otro anillo, reluciendo como una pequeña estrella en medio del líquido maldito.

Tomé aire.

Tomé valor.

Y corrí.

El agua tóxica comenzaba a quemarme incluso a distancia, como si el vapor mismo desgarrara mis músculos.

Pero continué avanzando, esquivando burbujas negras que explotaban como ácido.

Y al llegar… No había anillo.

Solo una piedra redonda, perfectamente lisa, con forma de anillo.

—¿Qué…?

—susurré, sintiendo cómo mis manos temblaban.

Algo andaba mal.

Muy mal.

Antes de poder volver sobre mis pasos, cinco monstruos aparecieron a mi alrededor, como si hubieran estado esperándome dentro de aquel charco.

Sus ojos brillaban con un tono rojizo y sus cuerpos goteaban la misma sustancia morada.

Tuve que luchar mientras mi piel era quemada por el agua.

Fue un infierno.

Pero logré escapar, subiendo al tercer piso, herido, jadeando y con partes de mi armadura derretida.

Saqué una bebida medicinal con manos temblorosas y me la bebí de inmediato.

Una ola de calor recorrió mi cuerpo, aliviando las quemaduras, aunque no completamente.

Caminé un poco más, derrotando a un enorme caracol que apareció en mi camino, y siguiendo las vías oxidadas llegué hasta unas escaleras que llevaban a otro sector.

Ascendí.

El aire comenzó a sentirse menos pesado.

Casi respirable.

Hasta que llegué a una hoguera apagada.

Y al lado de esta, un hombre inmóvil, recostado contra una pared.

Tenía la mirada perdida.

—T-tú… tú, aquí… —balbuceó al verme—.

Te lo suplico… ayúdame… Una Mariposa Tóxica me pilló… casi no puedo moverme… ¿Puedes traerme Hierba Antídoto y Hierba Medicinal…?

—Está bien, tranquilízate.

Creo que tengo unas —respondí, revisando mi bolsa—.

Cuando venía para acá, encontré algunas y las guardé.

Le di las hierbas.

Las consumió con dificultad, respirando hondo varias veces, como si cada trago fuera doloroso.

Poco a poco, su color mejoró.

—No esperaba encontrar demonbeastias en una mina en desuso… —murmuró—.

Supongo que ahora están por todas partes.

—Están apareciendo en todos lados.

Ten más cuidado la próxima vez que viajes o entres a otro lugar.

—Jajaja… sí, tienes razón.

Pero primero esperaré a recuperarme un poco y luego me iré de este lugar oscuro.

Ojalá nos encontremos otra vez, caballero.

Asentí y continué mi camino, dejándolo allí.

Antes de avanzar demasiado, vi un enorme caracol bloqueando una ruta, pero antes de decidir si enfrentarlo o no, una figura apareció a mi lado, sobresaltándome: Leaf.

—¡Holaaa!

—dijo, con su sonrisa radiante—.

¿Cómo has estado?

No has venido al bosque en mucho tiempo… Oh, ¡parece que estás en una mina!

Mira mira, hay algo tapando el camino, pero tranquilo, ¡hay otro camino jijiji!

Deberíamos seguir, ¿no crees?

Suspiré, entre cansado y divertido.

Leaf siempre aparecía como un rayo de luz en medio de mi caos personal.

Seguimos caminando por el sendero que ella había señalado.

Hasta que llegamos a un lugar donde en el aire flotaba una criatura enorme.

Un dragón.

Pero no uno normal.

Su cuerpo estaba deformado, lleno de escamas puntiagudas como cuchillas.

Sus brazos eran largos y grotescos, como si hubieran sido estirados a la fuerza.

Su mandíbula estaba partida en dos, y ambos lados vibraban como si intentaran separarse aún más.

El monstruo rugió al vernos.

El sonido fue tan fuerte que sentí mis oídos rasgarse.

La sangre salió disparada dentro de mi casco.

Leaf, junto a mí, se tapaba los oídos con lágrimas en los ojos por el dolor.

—¿Es este… Godzilla?

—dijo leaf entre dientes—.

Aunque Godzilla es más hermoso que esta bestia.

—No sé de qué hablas… —murmure—.

Pero creo que nosotros dos solos no podremos vencer a esta cosa… —Lo sé —respondío.

— Debo invocar a alguien más.

Levanté mi arma y, usando mi magia, invoqué a Victoria.

Ella apareció temblando.

—A-amo… C-contra esta demonbestia… ¿t-tenemos alguna oportunidad…?

—No lo sé —le dije—.

Pero si queremos seguir avanzando, debemos luchar contra ella.

Victoria estaba completamente aterrada.

Yo igual.

Leaf, sin dudar, lanzó una descarga de alma directa hacia el monstruo.

No le hizo absolutamente nada.

—E-espera… —dijo Leaf, retrocediendo—.

Este monstruo no es normal… No tuvimos tiempo para más.

El monstruo se lanzó hacia nosotros con una velocidad imposible para su tamaño.

Intenté interponerme.

Pero a hacerlo recibí el golpe.

Sentí cómo mis costillas se hundían, cómo el aire se escapaba de mis pulmones y cómo todo mi cuerpo salía disparado contra la pared.

Mi vista se volvió borrosa, roja.

La sangre de mi boca salía de mi casco, cayendo sobre el suelo como un charco creciente.

Leaf y Victoria intentaban resistir.

Intentaban protegerme.

Pero no eran lo suficientemente fuertes.

Y entonces ocurrió.

Un golpe.

Una sombra.

Un segundo.

Victoria fue partida a la mitad frente a mis ojos.

Quise gritar, pero mi garganta solo expulsaba sangre.

Giré la cabeza como pude… su cuerpo estaba desparramado en el suelo.

Su cráneo había explotado contra las rocas; sus sesos se esparcían como si fueran un lago pálido.

Leaf agonizaba también a unos metros más allá, con lágrimas cayendo por sus ojos verdes que lentamente se apagaban.

El odio me consumió.

—¡AAAAHHHHH!

¡NOOOOO!

¡MALDITO BASTARDO!

¡TE MATARÉ!

¡TE MATARÉ!

Me arrastré por el suelo, desesperado, intentando llegar a donde mis compañeras.

—Solo… un poco… más… —susurré.

Pero el monstruo volvió hacia mí.

Y comenzó a pisotearme.

A desgarrarme.

A destruir mi cuerpo mientras mi armadura se rompía como papel mojado.

Sentí mis huesos romperse.

Sentí mi piel abrirse.

Sentí cómo la muerte se acercaba con los pasos pesados de aquella bestia.

Mis ojos se cerraron.

Pesados.

Lentos.

Derrotados.

Hasta apagarse por completo.

—Oye, oye… ¿estás bien, señor caballero?

Esa voz… —¿Se encuentra bien?

Abrí mis ojos.

Y estaba allí, exactamente en el momento en que le entregaba las medicinas al hombre paralizado.

Como si nada de lo anterior hubiera pasado.

Como si el destino me hubiera regresado justo antes de morir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo