Brack Souls (español) - Capítulo 28
- Inicio
- Brack Souls (español)
- Capítulo 28 - 28 capitulo 28– Que ay más allá del río
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
28: capitulo 28– Que ay más allá del río 28: capitulo 28– Que ay más allá del río Camaleón comenzó a hablarme con una voz baja pero a la vez sorprendido.
— ¡Mmm!
¡Así que el futuro esposo de la dama!…
¡Os deseo a ambos felicidad!
— Muchísimas gracias, Camaleón.
— No, gracias a usted.
También te deseo suerte en tu viaje.
Vuelve pronto.
Recuerda que las Demonbestias de los pisos inferiores podrían aún actuar groseramente hacia ti, pero… ¡son solo bestias, perdónalas, por favor!
— Está bien, nos vemos.
Salgo del lugar y me teletransporto con la ayuda de la hoguera hacia el bosque sagrado, donde al llegar puedo ver que el grupo de tres personas que antes había ya no estaban.
Tal vez ya habían partido hacia su misión antes que yo llegara; al mirar de reojo veo un pequeño bote en el río del lugar.
Me acerco a donde está y veo que lo cuida una pequeña hada de cabello amarillo.
— Tii-jii.
Has estado trabajando duro últimamente, ¿cierto?
Bueno, pues… así que he hecho un bote para ti.
Ahora serás capaz de alcanzar el otro lado del río.
El río es seguro, no te preocupes y navega.
Tii-jii.
— Oh, en serio, muchas gracias.
De verdad creo que gracias a este bote podré conocer otro lugar.
De verdad, muchas gracias.
— No es nada, solo es para ayudar a un amigo.
De inmediato me subo en el bote y comienzo a remar para llegar hacia la otra parte de este… El río se desliza como una cinta de plata viva, serpenteando entre los árboles gigantes del bosque sagrado.
Cada remada hace que el bote cruje suavemente, como si despertara de un sueño antiguo.
El viento acaricia la superficie del agua con dedos fríos y juguetones, salpicándome un poco la cara, recordándome que el mundo sigue moviéndose aunque yo cargue mis propios temores.
Mientras avanzo, el cielo comienza a oscurecerse.
No es un anochecer natural: no hay rojos ni naranjas, solo un lento ensombrecer que cae desde las copas de los árboles, como si algo inmenso hubiese extendido una manta sobre el cielo.
Me invade una sensación extraña, un cosquilleo en el pecho, mezcla de anticipación y peligro.
Las paredes de árboles se levantan a mi lado, tan altas y tan densas que parecen murallas vivas protegiendo secretos.
Sus troncos son tan gruesos que necesitaría veinte hombres para rodearlos, y sus hojas murmuran historias en un idioma que se pierde en el viento.
Sigo remando.
El río se estrecha un poco, luego vuelve a abrirse como si respirara.
El ambiente se siente cargado de una magia silvestre, de esas que no están ni del lado de la luz ni de la oscuridad, sino en un punto salvaje e impredecible entre ambas.
De pronto, el sonido del agua cambia.
Ya no es un fluir suave, sino un rumor constante, un golpeteo que anuncia una diferencia en el cauce.
Entonces la veo: una pequeña cascada, modesta pero brillante, cayendo sobre el río como un hilo de cristal que traza una frontera entre lo seguro y lo desconocido.
Me detengo un instante a observarla.
Y es ahí cuando, por el rabillo del ojo, lo noto.
Una sombra inmensa bajo el agua.
Un destello de ojos.
Luego otro.
Y otro.
Un escalofrío me sube por la columna.
El monstruo emerge con un movimiento lento, como si el río mismo lo estuviera dando a luz.
Sus ojos —demasiados ojos— parpadean sobre su piel verde y húmeda, como estrellas perversas en un cielo prohibido.
Dentro de su boca, más ojos se abren y cierran, observándome desde la oscuridad de su garganta.
La criatura es como un pez, sí, pero uno nacido de una pesadilla que se negó a morir al amanecer.
El monstruo me mira.
Me huele.
Y me elige.
La lengua que saca es enorme, verde, áspera, y el sonido que hace al salir es como el latigazo de un animal tratando de romper sus propias cadenas.
Salta hacia mí, tratando de tumbarme al agua.
Pero ya he peleado demasiadas veces como para sorprenderme.
Desvío su ataque con un giro rápido, impulso el bote a un lado y, al mismo tiempo, levanto mi espada.
Un corte limpio.
Pequeño, pero suficiente para hacer que un trozo de su lengua caiga humeando.
El fuego de mi arma deja un rastro de brasas sobre la herida.
El monstruo gruñe.
Es un sonido que eriza la piel, un rugido húmedo lleno de ojos temblando de furia.
Ataca otra vez.
Esta vez escupe un líquido viscoso que vuela hacia mí en una nube verdosa.
Intento esquivarlo, pero parte cae sobre mi armadura, escurriéndose por las placas metálicas hasta tocar mi piel.
Arde como si un hierro al rojo vivo me hubiese marcado.
Me muerdo los dientes, respiro profundo, pero aun así siento la punzada del veneno colándose en mi sangre.
La criatura se lanza hacia mí con un impulso brutal.
El bote se balancea, casi volcando.
Apenas logro mantener el equilibrio mientras la criatura levanta una ola que golpea el casco, mojando mis piernas.
Con un movimiento rápido, apunto a uno de sus ojos.
La hoja de mi espada brilla con la técnica sismo dragónico, vibrando como si contuviera en su interior el rugido de un dragón dormido.
El impacto es devastador: uno de los ojos del monstruo estalla en una nube de sangre oscura.
Y entonces lo entiendo.
Sus ojos son su vida.
Su talón de Aquiles.
Su historia escrita en carne.
La bestia empieza a sangrar por cada ojo, pequeños ríos que caen y tiñen el agua de rojo.
Parece confundida, furiosa, desesperada.
Y esa desesperación la vuelve aún más peligrosa.
Levanto mi espada para el golpe final.
Pero el monstruo no está dispuesto a morir sin llevarme con él.
Lanza una ráfaga frenética de ataques: su lengua restante, chorros de veneno, embestidas rápidas como lanzas.
No puedo detenerlo todo.
Varias acometidas atraviesan mi defensa y desgarran mi cuerpo.
Siento cómo se abren heridas profundas y calientes en mi abdomen, en mis brazos, en mi costado.
Me mareo por la pérdida de sangre.
Mi respiración se vuelve pesada, como si inhalara arena en vez de aire.
Mi cuerpo comienza a desangrarse demasiado por las enormes heridas que me había hecho.
Pero sigo de pie.
Porque no he avanzado tanto solo para morir aquí, en un bote solitario, frente a un monstruo de ojos infinitos.
Porque el mundo al otro lado del río aún me espera.
Porque la historia que estoy trazando no puede apagarse en mitad del capítulo.
El monstruo se prepara para lanzarse hacia mí con su ataque final, el que espera que me rompa, que me arranque la vida y me arrastre al fondo del río para siempre.
Y justo ahí, cuando la muerte abre su puerta con una sonrisa paciente, decido cerrar el puño.
Agarro mi espada con más fuerza que nunca.
Siento mis heridas abrirse un poco más, pero también siento algo más: una chispa, la terquedad de seguir vivo, esa locura que impulsa a los que aún tienen futuro por construir.
El monstruo viene hacia mí.
Yo voy hacia él.
Nuestros destinos chocan en un instante suspendido.
Clavo mi espada en uno de sus ojos, enterrándola tan profundo que su piel cede como barro húmedo.
Las llamas de mi espada explotan por dentro, consumiendo su carne desde el centro.
La bestia ruge, pero ya no es un rugido de amenaza; es un rugido de final.
Su cuerpo se retuerce, se sacude, y finalmente cae como un tronco derribado por un rayo.
Cae en el agua.
Arde bajo la superficie.
Muere.
Y yo… Caigo de nuevo en el barco, mientras me desangraba por mis heridas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com