Brack Souls (español) - Capítulo 3
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3: capitulo 3- El Bosque de los Abandonados 3: capitulo 3- El Bosque de los Abandonados Entonces quedé inmóvil en medio del camino del bosque.
El aire estaba denso, húmedo, y un silencio pesado flotaba entre los árboles, como si todo el mundo me observara en secreto.
No sabía si realmente podría sobrevivir allá afuera.
Aunque… lo que dijo el conejo resonaba en mi mente: “Tú no puedes morir.” Eso explicaba la razón por la que seguía vivo, incluso después de que aquel enorme dragón me había destrozado cuando estaba con Jeanne.
La imagen de sus fauces, el fuego rugiendo, el dolor… todo volvió a mí como un golpe seco en el pecho.
Inspiré profundamente y miré mis manos: temblaban.
El miedo y la incertidumbre me acompañaban como sombras.
Entonces, saqué mi espada de su vaina.
Su filo estaba gastado, lleno de mellas, casi sin brillo.
Era como si reflejara mi propio estado: cansado, quebrado, pero todavía de pie.
Comencé a pensar en lo que debía hacer.
El viento soplaba suavemente, moviendo las hojas secas bajo mis pies.
Un cuervo graznó a lo lejos, recordándome que, aunque no pudiera morir, eso no significaba que no pudiera sufrir.
—Ahora… ¿qué hago?
—murmuré para mí mismo—.
Si voy ahora a derrotar monstruos, tal vez muera una y otra vez sin poder hacer nada… En algún momento, el filo de esta espada se romperá si no la arreglo.
El pensamiento me pesó como una piedra en el corazón.
Estaba solo, confundido, atrapado en un ciclo de muerte y renacimiento sin propósito.
Pero entonces, una idea se encendió dentro de mí: hablar con Leaf.
Tal vez ella sabría algo más, algo que pudiera ayudarme.
Así que giré sobre mis pasos y emprendí el camino de regreso hacia donde estaba el conejo.
El sendero estaba cubierto de raíces torcidas, y el bosque parecía cerrar sus ramas sobre mí, como si no quisiera dejarme ir.
El aire tenía un olor a tierra húmeda, a vida y descomposición.
Cada paso que daba sonaba como un eco distante.
Cuando llegué, el conejo no estaba solo.
A su lado, flotando alegremente, estaba Leaf.
Su pequeño cuerpo brillaba con una luz verdosa, suave y danzante.
Volaba y giraba entre las flores marchitas, dejando un rastro de polvo luminoso tras de sí.
Verla me arrancó una sonrisa sin querer.
Decidí acercarme.
Tal vez podía ayudarme más de lo que creía.
—Oye, Leaf —dije alzando un poco la voz—.
¿Puedo hablar contigo un momento?
Ella giró en el aire, deteniendo su vuelo juguetón, y me miró con esos ojitos verdes brillantes.
—¡Sí, claro!
¿Para qué me necesitas, jijiji?
—respondió con su tono travieso, flotando frente a mí.
Su alegría era contagiosa.
Tal vez, en el fondo, le gustaba hablar conmigo.
— Leaf… ¿sabes cómo puedo hacerme más fuerte?
Ella inclinó la cabeza con curiosidad.
—¿Más fuerte, dices?
Ohhh, eso es interesante… —dio una vuelta en el aire mientras pensaba—.
Verás, los no muertos pueden volverse muy poderosos por una razón muy simple.
También las personas de este lugar.
¿Sabes cuál es?
Negué lentamente.
—No, no lo sé.
¿Cuál es esa razón?
Me miró con picardía, como disfrutando tener la respuesta.
—Cuando derrotas a los monstruos, ellos dejan caer almas.
Esas almas te ayudarán a mejorar tu nivel.
Pero para hacerlo, tendrás que visitar al conejo —dijo señalándolo con una risita—, él te ayudará a subir de nivel.
—Ahora mismo solo eres nivel uno, y eso significa que eres una presa fácil.
Pero si aprendes a usar las almas, podrás mejorar tus habilidades y sobrevivir.
Escucharla hablar así me devolvió un poco de esperanza.
Ella continuó con entusiasmo: —Además, existen distintos tipos de almas de colores.
Cada una sirve para algo especial.
Por ejemplo, el alma verde te ayuda a aumentar tu vida; te hace más resistente.
También está el alma púrpura, que sirve para el MP, o sea, la cantidad de magia que puedes usar… o algo así, jijiji.
No lo tengo muy claro, pero sé que hay más: azules, amarillas, incluso algunas negras y muchas más… todas con un propósito distinto.
Yo asentí, recordando algo.
—Entonces… aquella alma verde, la que tenía forma de círculo… eso era, ¿verdad?
Cuando la toqué, sentí que se metía dentro de mi cuerpo.
Leaf sonrió de oreja a oreja, flotando cerca de mi rostro.
—¡Entonces ya has tocado una!
Jijiji.
Esas te ayudarán mucho.
Cada una que absorbas te fortalecerá un poco más.
Pero no olvides algo importante: tus armas también deben ser cuidadas.
De nada sirve tener poder si tu espada se desmorona en tus manos.
Mientras decía eso, sus alas relucieron con un brillo intenso.
—Por eso decidí ayudarte —añadió—.
No sería justo dejarte con una espada rota.
Y entonces, con una sonrisa, señaló hacia un árbol cercano.
—Te regalaré esta espada que encontré.
Seguí la dirección de su dedo diminuto, y vi una espada recostada contra el tronco.
Su hoja, aunque vieja, brillaba con un tono plateado bajo la poca luz que filtraban las ramas.
Tenía grabados antiguos en la empuñadura.
Leaf voló en círculos sobre el arma, tan emocionada que a veces su pequeño cuerpo desaparecía detrás del resplandor.
—Esto te ayudará mucho.
Es una espada de un antiguo caballero.
No es la más poderosa, pero tiene historia… y resistencia.
Te servirá hasta que encuentres algo mejor.
Tu espada actual está a punto de romperse, así que usa esta y… ¡vámonos de aventura!
Tomé la espada con cuidado.
Su peso era perfecto, equilibrado.
Sentí una corriente cálida recorrer mi brazo, como si el metal reconociera mi presencia.
La miré con gratitud.
—Muchas gracias, Leaf.
No tengo palabras por todo lo que acabas de hacer por mí.
Con esto, estoy seguro de que puedo volverme más fuerte… y tal vez, disolver la niebla.
Ella cruzó los brazos, fingiendo orgullo.
—Ya veo… así que quieres ser un héroe y salvar a todos, ¿eh?
—dijo con una sonrisa ladeada—.
Bueno, si es así, eso haremos.
Su voz cambió de tono, más seria y decidida—.
Nuestro primer destino será el Bosque de los Abandonados.
Allí vive la bruja.
Tal vez ella sepa algo sobre cómo romper la niebla.
Su mención me dejó intrigado.
El Bosque de los Abandonados… solo el nombre me hacía imaginar ruinas cubiertas de musgo o otras cosas.
—De acuerdo —respondí finalmente—.
Guíame.
Si hay una posibilidad de acabar con esto, la tomaré.
Leaf asintió con entusiasmo, haciendo un giro en el aire.
—¡Perfecto!
Entonces no perdamos más tiempo.
—Dio una palmada diminuta con sus manos resplandecientes—.
¡Vamos, antes de que anochezca!
El conejo, que había permanecido en silencio todo el tiempo, nos observó desde una roca.
—Tengan cuidado —dijo con una voz grave—.
El bosque no perdona ni a los vivos ni a los muertos.
Sus palabras se quedaron grabadas en mi mente, frías como el viento que soplaba entre los árboles.
Entonces decidí seguir a Leaf.
Ella volaba delante de mí, dejando un rastro luminoso que iluminaba el sendero.
Era la única guía que tenía, la única que parecía saber qué hacer.
Así comenzó nuestro viaje.
Apenas nos adentramos en el Bosque de los Abandonados.
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