Brack Souls (español) - Capítulo 39
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39: Capítulo 39 – El favor 39: Capítulo 39 – El favor Llegué al bosque sagrado completamente agotado.
La pelea contra Blancanieves me había dejado el cuerpo hecho pedazos.
Después de un rato, cuando recuperé un poco el aliento, miré alrededor buscando a Dorothy.
Quería pedirle que me enseñara algo de magia nueva; últimamente sentía que me hacía falta mejorar mucho más rápido.
Pero, por extraño que pareciera, no estaba donde siempre solía sentarse a leer o meditar.
No avía rastro de ella.
Extrañado, decidí buscarla.
Bajé por el sendero que llevaba al lago, porque era uno de los pocos lugares donde le gustaba pasar tiempo cuando quería estar sola.
Todavía estaba a bastante distancia cuando empecé a escuchar risas y chapoteos suaves.
Alguien estaba jugando en el agua.
Me acerqué con cuidado, escondiéndome un poco entre los árboles… y allí estaba ella.
Dorothy se bañaba desnuda en el lago.
El agua cristalina le llegaba apenas por encima de la cintura y la luz de la luna se reflejaba en cada gota que resbalaba por su piel.
No pude evitar quedarme mirando.
Su cuerpo era… perfecto.
Demasiado perfecto.
Pechos grandes y firmes, cintura extremadamente estrecha, caderas redondeadas que parecían pedir que alguien las tomara con las manos.
Y ese trasero suave, redondo, que brillaba con el agua.
Era imposible no quedarse embobado.
Ella siempre decía que era «la mujer más hermosa del mundo», pero casi nunca dejaba ver su cuerpo.
Siempre con capas, capas y más capas de ropa.
Así que… bueno… tener esta oportunidad de observarla así, sin filtros, sin disfraces… no iba a desperdiciarla tan fácil.
Estaba tan concentrado que no me di cuenta de que ella había dejado de moverse.
—¿E-eh?
De pronto levantó la cabeza y me miró directo a los ojos.
¡Mierda!
No sé cómo me descubrió.
Tal vez sintió mi presencia, o quizás mi respiración se hizo más fuerte de lo que creía.
El caso es que sus ojos se abrieron como platos y su cara pasó de la tranquilidad al puro escándalo en menos de un segundo.
—¡¿TÚUUUU?!
¡¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS MIRANDO, ESTÚPIDO APRENDIZ?!!
—gritó con tanta fuerza que seguramente la escucharon hasta la otra parte del bosque.
Sus mejillas se pusieron rojas como tomates.
Empezó a salpicarme agua con furia, como si eso fuera a borrarme la imagen de la cabeza.
—¡No entiendo por qué te enojas tanto!
—me defendí, todavía medio atontado—.
¡Solo somos dos hombres, ¿no?!
Al final esto no debería ser gran cosa.
Ella se quedó congelada un segundo.
Luego su expresión cambió a una mezcla de incredulidad y furia pura.
—¿Hombre?
¿HOMBRE?
¡¿ACASO NO ME VES?!
—señaló su propio cuerpo con las manos temblando—.
¡YO SOY UNA MUJER, IDIOTA!
¡¡MÁRCHATE DE INMEDIATO!!
¡¡IDIOTA!
¡IDIOTA!
¡IDIOTA!
Al ver que me daba la vuelta para irme, se tapó los pechos con los brazos y se hundió más en el agua hasta que solo le quedó la cabeza fuera.
Parecía una tortuga asustada.
Me fui de allí lo más rápido que pude, con la cara ardiendo de vergüenza y todavía con la imagen grabada a fuego en la mente.
Mientras caminaba de regreso al campamento, vi a Victoria jugando con una de las hadas del bosque.
La pequeña hada le hacía cosquillas con polvo brillante y Victoria reía sin parar, dando saltitos.
Verla así de feliz me sacó una sonrisa pequeña.
Al menos alguien estaba teniendo un buen momento.
Pasé de largo y seguí hacia donde estaba Elma.
Al llegar, noté que Goose todavía no había regresado.
Eso me preocupó un poco, pero Elma me distrajo enseguida.
Cuando me vio, se puso visiblemente nerviosa.
Juntaba y desjuntaba las manos como si no supiera qué hacer con ellas.
—Hola… —dijo bajito—.
¿Puedes venir un momento?
Su voz temblaba.
Me acerqué sin dudarlo.
Algo importante tenía que decirle.
—Discúlpame… —empezó, mirando al suelo—.
Fuiste muy amable conmigo.
Me ayudaste mucho.
Elma piensa… que Elma quiere agradecerte.
Y sin darme tiempo a reaccionar, sus manos pequeñas fueron directo a mi ropa, intentando quitármela.
Por puro reflejo di un salto hacia atrás.
—¡Ah…!
¡No corras, por favor!
—me suplicó con ojos grandes y preocupados—.
Tranquilo… Elma no te hará daño.
Antes de que pudiera procesarlo, me agarró de las caderas con una fuerza sorprendente para su tamaño y me mantuvo pegado a ella.
No había escapatoria.
—Jijiji… Vaya… parece que ya está demasiado grande, ¿verdad?
Y entonces, sin más preámbulos, bajó mi ropa lo suficiente y tomó mi miembro con su mano suave.
—Leaf me enseñó acerca de esto —dijo con total inocencia—.
Hacer esto hace felices a los hombres, dijo.
¡¿QUÉ DEMONIOS TE ESTUVO ENSEÑANDO LEAF?!
Pero ya era tarde para protestar.
Elma empezó a mover la mano arriba y abajo.
Los movimientos eran torpes, inexpertos… pero justamente por eso, por esa honestidad tan pura que había en cada caricia, resultaba increíblemente placentero.
—¿Mis… manos se sienten bien?
—preguntó con voz tímida.
Mi cuerpo respondió por mí: mi miembro dio un salto fuerte dentro de su palma.
—…Parece que sí… jijiji —sonrió, contenta consigo misma.
Aceleró poco a poco.
Su toque seguía siendo gentil, casi cuidadoso, como si realmente le importara hacerme sentir bien.
Y lo estaba consiguiendo demasiado bien.
—Esto… es un pene, ¿cierto?
—murmuró fascinada—.
Es tan grande… hinchado… y late mucho… ¿Es porque la mano de Elma le hace sentir muy bien, verdad?
La pre-eyaculación empezó a salir, lubricando su palma y haciendo que todo se deslizara aún mejor.
Mis caderas temblaban sin control.
Ya no podía aguantar más.
Y entonces llegó.
El clímax me golpeó como una ola y el semen salió disparado en gruesos chorros, salpicándole la cara y el pecho.
—¡Kyaa~!
¡Salió mucho semen!
—dijo sorprendida, pero sin sonar molesta en absoluto.
Se limpió la cara con el dorso de la mano mientras me miraba con ojos brillantes.
Todavía estaba recuperando el aliento cuando ella habló otra vez.
—Oye… sabes… yo también quiero ir contigo.
—¿Qué?
—parpadeé, todavía atontado—.
Elma, no.
Afuera es muy peligroso.
No puedes venir conmigo.
—¿No puedo ser?
—sus ojos se humedecieron—.
Pero Elma también quiere serte útil… ¿Conoces la magia de invocación sim-pa-té-ti-ca?
Si nuestros corazones están conectados, me permite ir al lado tuyo en cualquier momento.
—Lo sé, pero aun así estarías en peligro… —…Pero sabes… —bajó la mirada un segundo y luego volvió a mirarme con esperanza—.
A lo mejor Elma sea capaz de encontrarse con padre también… con la invocación sim-pa-té-ti-ca… Esa sonrisa suya, tan sincera y vulnerable, me rompió todas las defensas.
—…Está bien —suspiré, derrotado—.
Te llamaré si estoy en peligro, ¿de acuerdo?
Y te voy a dar algunas almas para que te pongas mucho más fuerte.
—¡Está bien!
Elma ya sabe cómo hacerlo… gracias a Leaf.
Y sin darme tiempo a arrepentirme, se arrodilló frente a mí otra vez.
Sus labios pequeños y cálidos me envolvieron con cuidado.
Al principio era tímida, pero poco a poco fue ganando confianza.
El calor de su boca, la forma en que su lengua se movía con curiosidad… todo era demasiado.
No tardé mucho en volver a llegar al límite.
Esta vez me dejé ir dentro de su boca.
Ella tragó todo con una mezcla de sorpresa y orgullo, como si acabara de completar una misión importante.
Cuando terminó, se limpió la comisura de los labios y me miró con una sonrisa enorme.
—Ahora… Elma va a estar mucho más fuerte.
Y cuando me necesites… solo llámame, ¿sí?
Asentí, todavía sin palabras.
No sabía si esto era una bendición o una locura más en esta vida llena de locuras.
Pero una cosa estaba clara: Elma ya no era solo alguien a quien proteger.
Ahora también era alguien que quería estar a mi lado… costara lo que costara.
Y yo… bueno… tendría que aprender a vivir con eso.
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