Brack Souls (español) - Capítulo 43
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43: Capítulo 43– ¿No estabas muerto?
43: Capítulo 43– ¿No estabas muerto?
Caminé durante un buen rato bajo la lluvia, sintiendo el peso de la armadura.
Cada paso era más pesado que el anterior, pero no podía detenerme.
Al final, volví a ver aquella iglesia antigua, la misma que había visitado antes.
Sus paredes de piedra estaban cubiertas de musgo y grietas, como si el tiempo hubiera intentado devorarla sin éxito.
Sabía que no podía quedarme ahí.
Tenía que continuar mi viaje.
Ese era el último lugar en el que me había detenido y ahora debía seguir adelante, sin importar el dolor ni el miedo.
Aún quedaban dos princesas por encontrar.
Dos destinos aún por enfrentar.
No podía fallar ahora.
El verdadero problema apareció cuando avancé un poco más y vi los dos caminos frente a mí.
Uno iba hacia la derecha.
El otro, hacia la izquierda.
Me quedé quieto, observándolos durante varios segundos.
La duda me mordía la cabeza.
Siempre había elegido el camino derecho.
Siempre.
Y, aunque había sobrevivido, también había sufrido demasiado por ello.
Tal vez era hora de cambiar.
—Esta vez… iré a la izquierda —murmuré para mí mismo.
Sin pensarlo más, comencé a avanzar por ese sendero.
El suelo era irregular, húmedo por la lluvia constante, y el viento soplaba con fuerza, haciendo que mi capa se moviera sin control.
Tras caminar un tiempo, el camino terminó llevándome hasta un enorme puente de piedra.
Era largo, ancho y viejo.
Las piedras estaban desgastadas, algunas rotas, otras cubiertas de musgo resbaloso.
Me detuve antes de cruzarlo.
Miré hacia abajo.
Solo había oscuridad.
Una oscuridad espesa, profunda, que no dejaba ver nada de lo que había debajo.
Era como mirar un abismo sin fondo.
Tragué saliva y di el primer paso sobre el puente.
La lluvia comenzó a caer con más fuerza.
Cada gota golpeaba la armadura y el suelo, creando un sonido constante y molesto.
Aun así, entre el ruido de la lluvia, escuché algo más.
Un sonido extraño.
No era viento.
No era lluvia.
Era algo diferente.
Entonces ocurrió.
Una gigantesca bola de fuego salió disparada hacia mí desde el frente.
—¡Mierda!
Reaccioné por puro instinto.
Salté con todas mis fuerzas hacia un lado, esquivando el ataque por poco.
La bola de fuego pasó rozándome y chocó contra el puente detrás de mí.
La explosión fue brutal.
El borde del puente se rompió, las piedras salieron volando por todos lados.
Algunas chocaron contra mi armadura, haciéndome perder el equilibrio y caer de rodillas.
El calor me quemó la piel, incluso a través del metal.
Intenté levantarme mientras el eco de la explosión seguía resonando.
Entonces lo vi.
En el cielo, algo enorme se estaba elevando lentamente entre la lluvia y las nubes oscuras.
Al enfocar mejor la vista, sentí que la sangre se me helaba.
Era él.
El mismo dragón que había matado hace mucho tiempo atrás.
Pero esta vez… algo estaba mal.
Su cuerpo estaba en descomposición.
Partes de su carne estaban podridas, colgando de los huesos.
En su cabeza y en el pecho se veían zonas donde la carne había desaparecido por completo, dejando ver estructuras negras y retorcidas.
Aun así, seguía volando.
Seguía vivo.
O algo parecido.
—No… tú estabas muerto… —susurré.
Sin pensarlo, saqué mi espada.
Quería probar cuán fuerte me había vuelto.
Quería saber si ahora podía enfrentarlo sin dudar.
El dragón rugió con tal fuerza que, por un instante, la lluvia se detuvo.
El sonido fue tan potente que hizo vibrar el aire y el puente bajo mis pies.
Luego se lanzó hacia mí.
Su movimiento hizo que todo el puente temblara.
Sus ataques eran rápidos, violentos, aunque un poco torpes.
Aun así, seguía siendo el mismo monstruo que casi me había matado antes.
Corrí hacia él, acortando la distancia entre los dos.
Justo cuando me preparaba para atacar, su cola se movió con una fuerza brutal y me golpeó de lleno.
Sentí cómo mi cuerpo salió disparado hacia atrás.
El mundo dio vueltas.
El aire me golpeaba el rostro mientras giraba sin control.
Pero antes de caer al suelo, clavé mi espada en el puente con todas mis fuerzas.
El impacto fue fuerte, pero logré reducir el golpe.
Aun así, el dolor recorrió todo mi cuerpo.
No tuve tiempo de levantarme.
El dragón rugió de nuevo y, sin previo aviso, el puente entero se convirtió en un río de fuego.
Las llamas lo cubrieron todo, avanzando hacia mí sin piedad.
Me puse de pie como pude y levanté la espada, intentando resistir el fuego.
Las llamas quemaban la armadura, la piel, los pulmones.
Cada respiración dolía.
Mi cuerpo comenzaba a arder.
El dragón no se detenía.
Su aliento de fuego parecía no tener fin.
Sentía que mis fuerzas se agotaban, que mi cuerpo se desvanecía poco a poco.
Entonces algo ocurrió.
En mi mente apareció un nombre.
No sabía por qué… pero lo conocía.
Mi espada comenzó a brillar.
Un color rojo y amarillo cubrió la hoja, como si estuviera hecha de fuego vivo.
El calor cambió.
Ya no me quemaba.
—Infernaliento —grité.
La luz explotó.
Con una velocidad que nunca antes había alcanzado, atravesé las llamas y el cuerpo del dragón.
Sentí cómo la espada cortaba carne, hueso y magia podrida.
Aparecí detrás de él.
Por unos segundos, todo quedó en silencio.
Luego, una enorme explosión sacudió el lugar.
El cuerpo del dragón se destrozó por completo, desapareciendo entre fuego y cenizas.
Pedazos de su cuerpo cayeron al vacío.
Me di la vuelta lentamente.
El puente estaba hecho un desastre.
Grietas por todos lados.
Fuego apagándose.
Piedra rota.
Intenté caminar.
Pero algo no estaba bien.
Mis piernas fallaron.
Perdí el equilibrio.
Mi cuerpo se movía de un lado a otro sin control.
Sentía que toda mi magia se había ido.
Cada paso era peor que el anterior.
Intenté dar otro paso más.
Y entonces ocurrió.
Mi cuerpo se inclinó hacia la izquierda.
Justo donde el muro del puente estaba completamente destruido por la batalla.
No pude detenerme.
Caí.
Sentí el vacío tragándome mientras descendía en picada hacia la oscuridad infinita que había bajo el puente.
Y todo desapareció ante mis ojos.
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