Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Brack Souls (español) - Capítulo 44

  1. Inicio
  2. Brack Souls (español)
  3. Capítulo 44 - 44 Capítulo 44 – Compra compra
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

44: Capítulo 44 – Compra, compra 44: Capítulo 44 – Compra, compra Todo el cuerpo me dolía.

No era un dolor puntual, no era una herida clara.

Era un dolor pesado que te recorre desde el cuello hasta los pies, como si te hubieran usado de saco de golpes y luego te hubieran tirado sin cuidado.

Al abrir los ojos, lo primero que sentí fue un mareo fuerte, seguido de una náusea leve que me obligó a quedarme quieto unos segundos más.

Lo segundo que noté fue el silencio.

No estaba en el puente.

Eso lo supe de inmediato.

El aire era distinto, más espeso, con un olor desagradable que se metía por la nariz y no quería salir.

Un olor entre humedad, podredumbre y algo químico que hacía arder un poco la garganta al respirar.

Abrí los ojos del todo me incorporé lentamente, apoyando una mano en el suelo.

Grave error.

El suelo no era suelo como tal.

Era blando, húmedo y pegajoso.

Retiré la mano al instante, con una mueca de asco, y entonces pude ver bien dónde estaba.

Frente a mi avía un Pantano.

Era un pantano enorme, oscuro, de un color morado casi negro.

El agua no se movía mucho, pero burbujeaba en algunos puntos, como si algo respirara debajo.

Alrededor, sobresaliendo del agua, había huesos.

Muchos huesos.

Algunos pequeños, otros largos y rotos, y otros… claramente no eran de animales normales.

Tragué saliva.

—Genial… —murmuré—.

Justo lo que necesitaba.

Intenté ponerme de pie con cuidado.

El cuerpo me respondió, pero con quejas.

Las piernas temblaron un poco, aunque logré mantener el equilibrio.

Miré a mi alrededor buscando una salida rápida, algo que no implicara meterme en ese pantano venenoso… pero no había nada.

Muros altos rodeaban el lugar.

Demasiado lisos para escalar.

Demasiado altos para siquiera pensarlo.

No había puentes, no había puertas visibles, no había nada que se pareciera a una salida fácil.

Solo el pantano.

Sabía, sin necesidad de probarlo, que esas aguas no eran normales.

No era agua sucia, era veneno.

Un veneno lento, cruel.

El tipo de veneno que no te mata al instante, sino que te castiga paso a paso.

Pero no tenía opción.

Suspire largo, agachándome para recoger mi espada, que estaba tirada cerca de donde había despertado.

Al tocarla sentí un pequeño alivio.

No porque fuera un arma increíble o algo así, sino porque era lo único familiar en todo ese lugar.

—Morir aquí sería… patético —me dije—.

Así que a caminar.

Di el primer paso dentro del pantano.

El dolor fue inmediato.

No fue un grito, no fue una quemadura brutal, pero fue constante.

Como si miles de agujas pequeñas se clavaran en la piel al mismo tiempo.

Cada paso hacía que el dolor subiera un poco más, como una advertencia silenciosa.

Seguí avanzando.

El agua me llegaba hasta media pierna, y cada movimiento se sentía más pesado que el anterior.

No sabía cuánto tiempo podría soportarlo, pero no pensaba detenerme.

Detenerse aquí era lo mismo que rendirse.

Mientras avanzaba, algo empezó a moverse en el agua.

Criaturas grotescas salieron del pantano sin previo aviso.

No tenían forma clara.

Algunas parecían restos de animales mezclados entre sí, otras tenían demasiadas extremidades, ojos en lugares donde no deberían estar, bocas torcidas que soltaban sonidos horribles.

Apreté los dientes y levanté la espada.

No fue una pelea limpia.

Fue sucia, lenta y agotadora.

Cortaba, retrocedía, volvía a atacar.

El pantano hacía todo más difícil.

Cada enemigo derrotado se hundía de nuevo en el agua, desapareciendo como si nunca hubiera existido.

Avancé así durante lo que parecieron horas.

A veces encontraba pequeñas zonas de tierra firme, pedazos de suelo que el agua no había cubierto todavía.

En esos lugares me detenía, respiraba con dificultad y sacaba algunas botellas que llevaba conmigo.

Al beberlas, sentía cómo el dolor de las piernas disminuía un poco, lo suficiente para seguir.

Mis músculos ardían.

Mi cabeza dolía.

Pero seguía.

Hasta que lo vi.

A lo lejos, en una zona completamente seca, había alguien.

No una criatura.

No un monstruo.

Una persona con una apariencia extraña de una piel de un color diferente.

Eso, de por sí, ya era extraño.

Me acerqué con cuidado, sin bajar la guardia.

El hombre estaba sentado tranquilamente, como si ese lugar no fuera un infierno venenoso.

Vestía ropas extrañas, algo desgastadas, pero no parecía afectado por el pantano en absoluto.

Cuando notó mi presencia, levantó la mirada y me habló con total naturalidad.

—Eh… caballero —dijo—.

¿Has venido a comprar algunos pecados?

Parpadeé.

—¿Qué?

—Pecados —repitió, suspirando—.

Siempre igual… —¿Pegados?

—pregunté, confundido, pensando que había escuchado mal.

El hombre bajó los hombros, claramente desanimado.

—Mira, ¿vas a comprar o no?

Si no viniste a eso, mejor lárgate.

Fruncí el ceño.

Algo no cuadraba.

Nadie hablaba así en un lugar como este… a menos que fuera completamente loco o algo mucho peor.

—¿Y cuánto cuesta un pecado?

—pregunté al final.

Al escuchar eso, el hombre sonrió de oreja a oreja.

Una sonrisa exagerada, incómoda.

—Kekekeke… hoy estoy de buen humor —dijo—.

Te los dejo a mil almas cada uno.

¿Qué dices?

Mil almas.

No sabía exactamente qué era un pecado en este contexto, pero algo en mí me decía que podrían ser útiles.

O peligrosos.

O ambas cosas.

—Está bien —respondí—.

Dame cinco.

El hombre rió bajo y extendió la mano.

Le entregué las cinco mil almas sin pensarlo demasiado.

En ese punto, ya había pasado por cosas peores que una mala compra.

A cambio, me dio cinco pequeños dulces.

Oscuros, casi negros, con una textura extraña.

Los miré.

—¿Esto es todo?

—Disfrútalos —dijo, todavía sonriendo.

Pensé, honestamente, que me había estafado.

Sin dudarlo más, me llevé los dulces a la boca y me los comí de una sola vez.

El sabor fue… raro.

No desagradable, pero tampoco bueno.

Simplemente extraño.

Me giré para seguir caminando.

Entonces todo cambió.

El lugar se oscureció de golpe.

No como cuando cae la noche, sino como si alguien hubiera apagado el mundo.

Sentí una presión invisible a mi alrededor, como si algo me observara desde todas direcciones.

La cabeza me empezó a doler.

El cuerpo se sentía más pesado, agotado, pero no lo suficiente como para detenerme.

Avancé a ciegas, buscando algo sólido, hasta que choqué con un muro.

Me apoyé en él y comencé a caminar siguiendo su superficie, esperando encontrar una salida.

Fue entonces cuando vi el símbolo.

Tallado en la pared.

Extraño.

Antiguo.

Algo que no entendía, pero que hacía que la piel se me erizara.

Debajo del símbolo había una grieta.

Una rotura que llevaba a otro lugar.

Me acerqué.

Y justo en ese momento… Sentí una presencia detrás de mí.

No escuché pasos.

No sentí viento.

Solo esa sensación horrible de no estar solo.

Me giré lentamente y entonces escuché una sola palabra, pronunciada con voz femenina, fría y absoluta.

—Ejecución.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo