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Brack Souls (español) - Capítulo 45

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  3. Capítulo 45 - 45 Capítulo 45 – Eres demasiado fuerte
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45: Capítulo 45 – Eres demasiado fuerte 45: Capítulo 45 – Eres demasiado fuerte De inmediato volteé y desenvainé mi espada.

El sonido del metal al salir de la vaina rompió el silencio del lugar.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

El cansancio seguía ahí, el dolor también, pero el instinto gritaba más fuerte: no estaba solo.

No podía ver bien la figura frente a mí.

La oscuridad del lugar, mezclada con la neblina del pantano y el cansancio en mis ojos, hacía difícil distinguir detalles.

Aun así, sabía algo con total seguridad.

No era un monstruo.

Los monstruos no hablaban.

Y cuando lo hacían, sus voces eran torpes, distorsionadas, difíciles de entender.

Aquella presencia frente a mí era distinta.

Se movía con intención.

Con conciencia.

Al enfocar un poco más la vista, pude distinguir mejor su silueta.

Era una mujer.

O al menos eso parecía por la forma de su cuerpo.

Llevaba una capucha que cubría por completo su rostro, impidiéndome ver sus facciones.

En sus manos sostenía una enorme hacha, tan grande que por un momento me pregunté cómo podía cargarla sin perder el equilibrio.

El arma parecía incluso más grande que ella misma.

Sin previo aviso, se impulsó hacia mí.

Su movimiento fue rápido, directo, sin dudar.

No me dio tiempo de pensar.

Me lancé hacia ella al mismo tiempo, cerrando la distancia de golpe.

Nuestras armas chocaron.

El impacto fue brutal.

Un estruendo metálico resonó por todo el lugar, tan fuerte que sentí la vibración recorrer mis brazos hasta los hombros.

Mis pies se hundieron un poco en el suelo al resistir el choque.

Apreté los dientes.

Intenté ver su rostro, pero la capucha no se movía.

Seguía oculto.

No podía leer su expresión, no podía saber qué estaba pensando.

Así que salté hacia atrás de inmediato.

Necesitaba distancia.

Quise usar mi hechicería.

El hábito fue automático.

Pero en cuanto intenté reunir magia, sentí el vacío.

Nada.

Mi cuerpo no respondía.

Había gastado toda mi magia usando aquella nueva técnica.

No me quedaba nada.

Ni una chispa.

Eso significaba una sola cosa.

Si quería vencerla, tendría que hacerlo solo con mi cuerpo y mi espada.

Tragué saliva y adopté una postura defensiva, esperando.

Esperé a que ella atacara primero.

Pero no lo hizo.

Se quedó quieta, observándome.

Su respiración era firme, controlada.

También estaba esperando el momento adecuado.

No tenía tiempo para juegos.

Cada paso que daba sobre aquellas aguas contaminadas hacía que mis piernas dolieran más.

El veneno seguía afectando mi cuerpo, quitándome fuerzas poco a poco.

No podía darme el lujo de una pelea larga.

Así que tomé la iniciativa.

Me lancé hacia ella de frente, rompiendo nuestra distancia en un solo movimiento.

Ella respondió de inmediato, balanceando su enorme hacha con una fuerza brutal.

Sentí el viento pasar cerca de mi rostro.

El filo del arma pasó tan cerca de mis ojos que me obligó a detenerme en seco.

Si no hubiera reaccionado a tiempo, ese golpe me habría partido en dos.

Ahora era ella quien avanzaba.

Sus movimientos eran rápidos.

Más de lo que esperaba.

Cada ataque era pesado, pero bien calculado.

Yo apenas podía bloquear los golpes con mi espada.

Metal contra metal.

Una y otra vez.

Mis brazos comenzaban a resentir el impacto.

Cada bloqueo hacía que mis manos temblaran.

Si seguía así, mi espada no aguantaría mucho tiempo.

Entonces lo escuché.

Un sonido fuerte y desagradable.

Un crujido metálico.

Por un segundo pensé que era mi espada rompiéndose, pero no podía ser.

Esa arma había resistido cosas peores.

Aun así, el sonido me puso los nervios de punta.

Aprovechando un pequeño espacio entre ataques, me lancé hacia ella una vez más.

Por un instante, la oscuridad pareció abrirse, y pude ver cómo alzaba su enorme hacha por encima de su cabeza.

Ese golpe iba directo a mí.

Directo a mi cabeza.

Sabía que si me alcanzaba, moriría.

Pero también noté algo más.

Su respiración.

Era más pesada ahora.

Más forzada.

Su resistencia no era infinita.

Apreté los dientes.

En el último segundo, salté hacia un lado.

El hacha se estrelló contra el suelo con una fuerza brutal, levantando fragmentos de piedra y tierra.

El impacto hizo temblar todo el lugar.

Aproveché ese instante.

Reuniendo todas las fuerzas que me quedaban, ignorando el dolor que recorría mi cuerpo, lancé un corte directo hacia sus costillas.

Ella reaccionó rápido.

Bloqueó el ataque con la empuñadura del hacha.

El choque fue tan fuerte que sentí mis brazos vibrar violentamente.

El dolor subió hasta mis hombros, pero no solté la espada.

Retrocedimos ambos.

Ella quedó de pie, respirando con más dificultad ahora.

Yo apenas podía mantenerme firme.

Mis piernas ardían.

Mi visión se nublaba un poco.

Los golpes ya no eran tan fuertes como antes.

El primero que recibiera un ataque limpio… perdería.

No podía perder tiempo.

—Parece que eres fuerte, no-muerto —dijo ella por fin—.

Esto se está poniendo interesante.

Su voz era firme, tranquila, como si la pelea no le causara preocupación.

—De verdad, muchas gracias —respondí con una leve sonrisa cansada—.

Tú también lo eres.

No dijo nada más.

Se lanzó otra vez.

Esta vez giró su enorme hacha en círculos, creando una ráfaga defensiva imposible de atravesar.

El arma cortaba el aire con violencia, obligándome a retroceder y esquivar sin poder contraatacar.

Mis piernas estaban al límite.

Cada movimiento dolía.

Pero vi la oportunidad.

Su respiración era irregular.

Estaba cansándose.

Me lancé de inmediato.

Pero fue una trampa.

Ella levantó su arma por última vez, usando todas las fuerzas que le quedaban.

Atacamos al mismo tiempo.

Sentí un ardor intenso en mi brazo derecho.

Su corte lo rozó.

Pero mi espada ya estaba en su cuello.

Ambos nos detuvimos.

El silencio cayó de golpe.

—Me ganaste… —dijo al ver el filo presionando su garganta.

Mi cuerpo estaba destruido.

Apenas podía mantener la espada levantada.

La vista se me nublaba.

La respiración se me escapaba poco a poco.

—Parece que yo gané… —respondí con voz cansada.

Ella no se alteró.

—Bueno, ya sabes la regla —dijo con calma—.

El que gana decide el futuro del perdedor.

Pensé por un momento.

Su fuerza, su habilidad… podía aprovecharlas.

—Entonces tendrás que volverte mi compañera.

No pareció sorprenderse.

—Está bien —respondió—.

Si así lo quieres, así será.

—Entonces nos vemos en el bosque sagrado —dije—.

Te esperaré allá.

De inmediato tomó su arma.

No pude ver bien cómo, pero sentí su presencia desaparecer del lugar, como si nunca hubiera estado ahí.

Y yo me quedé solo, apenas de pie, respirando con dificultad en medio de la oscuridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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