Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Brack Souls (español) - Capítulo 46

  1. Inicio
  2. Brack Souls (español)
  3. Capítulo 46 - 46 Capítulo 46 – La princesa rana
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

46: Capítulo 46 – La princesa rana 46: Capítulo 46 – La princesa rana Caminé con pasos lentos mientras bebía las pociones que llevaba en mi bolsa.

El líquido amargo bajaba por mi garganta y, poco a poco, el dolor que recorría todo mi cuerpo comenzó a disminuir.

No desaparecía del todo, pero al menos dejaba de sentirse como si cada hueso estuviera a punto de romperse.

Al mismo tiempo, sentía cómo una pequeña parte de mi magia regresaba.

Era débil, inestable, como una llama a punto de apagarse, pero estaba ahí.

Y en ese lugar, incluso una chispa podía marcar la diferencia entre vivir o morir.

Aun así, mi vista seguía siendo un problema.

Todo se veía medio oscuro, borroso, como si una sombra cubriera mis ojos.

Parpadeé varias veces, intentando forzar mi visión, pero no mejoraba demasiado.

Solo podía distinguir formas, luces lejanas y movimientos lentos.

Respiré hondo y seguí caminando.

Cada paso dolía.

Mis piernas estaban cansadas, mis brazos pesaban, y mi cuerpo entero parecía protestar por seguir avanzando.

Pero no podía detenerme.

No en ese lugar.

Después de un rato, a lo lejos, logré distinguir una pequeña luz.

Al principio pensé que era una ilusión, producto del cansancio, pero conforme avancé, la luz se volvió más clara.

Era una hoguera.

Mi corazón se alivió un poco.

Sabía que, si llegaba hasta ahí, tal vez podría orientarme mejor o al menos descansar unos minutos.

Aún quedaba bastante camino por recorrer, lo sentía en el cuerpo, pero el simple hecho de tener calor y luz me devolvía un poco de esperanza.

Cuando finalmente llegué, encendí la hoguera con cuidado y me senté cerca de ella.

El calor de las llamas empezó a envolverme, relajando mis músculos tensos.

Cerré los ojos por unos segundos, dejando que el cansancio se filtrara fuera de mi cuerpo.

Pero la calma no duró mucho.

Escuché unos sonidos extraños a lo lejos.

Abrí los ojos de golpe y desenvainé mi espada de inmediato.

Mi respiración se volvió lenta y silenciosa mientras observaba la oscuridad frente a mí.

Esperé… pero no apareció nada.

El silencio volvió a apoderarse del lugar.

Tragué saliva.

Tal vez me estaba volviendo loco.

Había pasado demasiado tiempo en aquel sitio, rodeado de peligro, dolor y oscuridad.

O quizá eran los efectos de aquellos dulces que había comprado a ese sujeto extraño tiempo atrás.

No sabía qué contenían realmente, ni por qué los había comido sin pensarlo demasiado.

Sacudí la cabeza.

No tenía sentido pensar en eso ahora.

Me levanté junto a la hoguera y decidí seguir explorando.

No podía quedarme quieto demasiado tiempo; en ese lugar, quedarse quieto era lo mismo que morir.

Continué avanzando por el camino de las aguas contaminadas con veneno.

El suelo estaba húmedo y resbaloso, y el olor era desagradable.

Cada paso debía darlo con cuidado para no caer.

Entonces los escuché.

Saltos.

Y un sonido repetitivo que se clavó en mis oídos.

—Croac… croac… Fruncí el ceño.

Parecían sapos.

El sonido se hacía más fuerte a medida que avanzaba, como si algo me estuviera llamando.

Sin darme cuenta, mis pies comenzaron a moverse en esa dirección, atraído por el ruido.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, la escena frente a mí se aclaró.

Vi a una mujer sentada en un trono de color morado.

Su postura era relajada, casi elegante, como si aquel lugar oscuro y venenoso fuera su hogar.

A su alrededor había cinco sapos de color verde saltando sin parar, rodeándola como si fueran mascotas… o guardias.

En ese instante lo supe.

Aquella mujer era una de las princesas que estaba buscando.

Avancé unos pasos más, sin ocultarme.

Ella me vio casi de inmediato.

Se levantó de su trono con rapidez, observándome de arriba abajo con una expresión curiosa, casi emocionada.

—Eh, eh, eh… tú eres un príncipe, ¿acaso eres un príncipe?

Su voz sonaba infantil, pero había algo inquietante en su sonrisa.

—No lo soy —respondí sin rodeos.

Ella parpadeó un par de veces, como si no hubiera escuchado bien… y luego sonrió aún más.

—No importa, aun así te haré mi príncipe.

Antes de que pudiera reaccionar, levantó la mano y el suelo tembló.

A su lado aparecieron dos enormes ranas gigantescas.

Sus cuerpos eran gruesos, musculosos, y sus ojos brillaban con una luz peligrosa.

En ese momento entendí que no había forma de hablar con ella.

Desenvainé mi espada justo cuando las dos ranas se lanzaron contra mí.

El suelo vibró con su peso.

Saltaron con una velocidad sorprendente para su tamaño.

Di un paso al frente y ataqué con todas mis fuerzas, intentando partirlas en dos de un solo movimiento.

Pero mi espada chocó contra algo duro.

Demasiado duro.

Una de las ranas detuvo mi ataque con sus brazos, mientras la otra me golpeó con violencia en el casco.

El impacto fue brutal.

Sentí cómo mi cabeza daba vueltas y mi cuerpo retrocedía varios pasos.

Mis piernas comenzaron a temblar y estuve a punto de caer.

El mundo giraba a mi alrededor.

Mi fuerza se estaba yendo.

Aun así, no podía caer.

Algo me mantenía de pie.

Tal vez el orgullo, tal vez el miedo.

O quizá era esa extraña magia que la princesa rana estaba usando, una energía invisible que fortalecía a sus aliados y los hacía mucho más resistentes de lo normal.

Apreté los dientes y volví a lanzarme al ataque.

Esta vez observé con más cuidado.

Los movimientos de las ranas eran lentos, pero potentes.

Cada golpe podía destrozarme si bajaba la guardia.

Ataqué de nuevo, sabiendo exactamente lo que iba a pasar.

Uno de ellos detuvo mi espada.

El otro se preparó para golpearme.

Pero esta vez, segundos antes de que bloquearan el ataque, activé mi magia.

La hoja de mi espada se cubrió de llamas.

El fuego rugió con fuerza, iluminando todo a mi alrededor.

Las ranas soltaron un sonido extraño al sentir el calor.

Ya no podían sujetar la espada.

Con un solo movimiento, atravesé el cuerpo de una de ellas, partiéndola en dos.

La segunda rana reaccionó al instante y se lanzó hacia mí con furia, pero no le di tiempo.

Giré mi cuerpo y, aprovechando el impulso, la corté horizontalmente.

Su cuerpo cayó al suelo sin vida.

Respiré con dificultad.

Mis brazos ardían y mis piernas apenas me sostenían.

Comencé a avanzar hacia la princesa rana.

Ella seguía sonriendo.

Esa sonrisa… no era normal.

Levanté mi espada y ataqué, decidido a acabar con todo de una vez.

Pero justo antes de que la hoja la alcanzara, su cuerpo comenzó a cambiar.

Su piel se volvió verde, su tamaño aumentó, y en cuestión de segundos, frente a mí había una enorme rana.

Parecía estar sufriendo.

Su grito fue agudo, desesperado, casi doloroso.

No dudé.

Con un solo movimiento, atravesé su cuerpo y acabé con su vida.

El grito se apagó, y su cuerpo comenzó a desvanecerse, como si nunca hubiera estado ahí.

El silencio volvió.

Solo quedó un objeto en el suelo.

Un libro.

Me acerqué con cuidado y lo tomé entre mis manos.

En la portada se leía claramente: “Cuento de la princesa rana”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo