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Brack Souls (español) - Capítulo 7

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7: capitulo 7-Goose 7: capitulo 7-Goose Al llegar a la granja, esta parecía cubierta por una densa neblina que se arrastraba por el suelo como una criatura viva.

Todo el lugar se veía envuelto en un silencio antinatural, apenas roto por el mugido lejano de algo que no sonaba del todo… animal.

La humedad del aire hacía que cada respiración se sintiera pesada, y por un instante creí que aquella bruma no era simple vapor de agua, sino el aliento de algo oculto.

Parecía lógico pensar que todos los animales ya habrían perdido la cordura, o peor aún, que se habían convertido en bestias deformes por aquella maldición que infestaba el valle.

Si alguno seguía con vida, debía estar sobreviviendo a duras penas, ocultándose de los monstruos que alguna vez fueron sus hermanos.

Leaf y yo comenzamos a caminar entre los establos abandonados.

Las cercas estaban rotas, las puertas colgaban de sus bisagras oxidadas, y las huellas en el barro indicaban que algo grande se había movido por allí recientemente.

El primer enemigo no tardó en mostrarse: un jabalí de ojos rojos y espuma en el hocico, que cargó contra nosotros con un rugido gutural.

Su cuerpo estaba cubierto de cicatrices, y la carne parecía hervirle bajo la piel.

Era pura furia hecha músculo.

Logré esquivar por poco su embestida, mientras Leaf alzaba sus manos y lanzo un hechizo de viento que lo empujó hacia un abrevadero derrumbado.

—¡Ahora!

—gritó ella.

Clavé mi espada en el costado del animal, y tras un gruñido final, la bestia se desplomó.

No tuvimos tiempo para descansar.

El siguiente enemigo, un pollo grotesco del tamaño de un perro, nos atacó de entre los restos del granero, con plumas ennegrecidas y un pico afilado como una daga.

Luego vinieron más: vacas deformes, ovejas con ojos múltiples, y hasta un caballo que relinchaba con voz humana.

Los derrotamos uno a uno, a veces en grupos, usando tanto nuestras armas como la astucia.

Lo importante no era ser fuertes, sino saber cuándo atacar y cuándo esquivar.

La granja se extendía más de lo que parecía, un laberinto de corrales y cercas cubiertas por la bruma.

Pasamos un pequeño puente que cruzaba un río delgado, cuyas aguas parecían moverse al ritmo del viento, reflejando apenas la luz gris del cielo.

Más allá, los corrales permanecían cerrados, y desde dentro se oían sonidos inquietantes: golpes, rasguños, gruñidos ahogados.

A simple vista se podían distinguir siluetas retorcidas, antiguos animales de granja que ya no eran lo que fueron.

Mientras avanzábamos, una voz femenina rompió el silencio.

—¡Disculpe!

¡Señor viajero!

¿Podría ayudarme?

Me detuve en seco.

Miré a Leaf, pero ella negó con la cabeza.

No parecía reconocer aquella voz.

Busqué con la mirada entre la neblina hasta que distinguí una figura en uno de los corrales laterales.

Me acerqué con cautela y, al entrar, vi a una mujer con características de ave: alas rojas plegadas, plumas en los brazos su color de cabello era blanco y hermoso, y sus ojos brillantes como los de un halcón de un color rubí intenso.

Estaba encadenada al suelo, con grilletes que salían de bajo tierra.

—Hey… muchas gracias por venir —dijo ella con una sonrisa débil—.

¿Cómo te llamas?

Bueno, eso ahora no importa, supongo.

Me presentaré yo.

Me llamo Goose, vendedora de suerte.

Sus palabras salían entre jadeos, y sus alas temblaban.

—Me atraparon esos inmundos cerdos hermanos —continuó— y terminé así, como me ves.

Están planeando venderme a la princesa demoníaca Rapunzel como si fuera un artículo roto.

Quiero escapar antes de que eso ocurra, de alguna manera.

Comenzó a sacudir las cadenas con frustración.

El sonido metálico retumbó por todo el corral.

—Como ves, tengo las piernas atadas y no puedo volar lejos debido a estas malditas cosas —dijo, mostrando los grilletes de hierro—.

Pueden ser unos cerdos, pero no son estúpidos.

Ya sabes a dónde quiero llegar, ¿verdad?

Por favor, ¿puedes encontrar la llave para liberarme?

No he visto a esos cerdos desde hace rato, pero podrían volver en cualquier momento.

Date prisa, tanto como sea posible.

Y claro, tengo una recompensa para ti, por supuesto.

Terminado su ruego, la miré en silencio.

Había algo en su mirada… no era del todo humano, pero tampoco era hostil.

Me acerqué despacio, mientras Leaf me observaba.

—¿Qué opinas?

—le pregunté.

Ella asintió.

—Hazlo.

Saqué de mi bolsa la llave maestra que había encontrado en la casa de Dorothy.

Era una llave vieja, adornada con grabados que parecían cambiar de forma a la luz.

La introduje en la cerradura, y con un chasquido seco, el grillete se abrió.

Goose exhaló un suspiro de alivio.

—¡Aaah!

¡Ahora soy libre!

—exclamó, extendiendo sus alas—.

¡Muchas gracias, de verdad!

Se acercó a mí con una sonrisa y me entregó un pequeño libro de tapa gris.

—Toma esto.

Es un libro de hechizos, creo que de combate.

Espero que te sea útil.

Pero escucha… la mayoría del ganado aquí se ha convertido en monstruos, y oí a los cerdos hablar de algo peligroso.

Están planeando algo grande, no sé qué, pero suena terrible.

Ten cuidado, ¿de acuerdo?

Espero volver a verte.

Dicho eso, alzó sus alas, y con un batir poderoso, se elevó en el aire, perdiéndose entre la niebla.

La seguimos con la mirada hasta que desapareció.

Por un momento, el silencio volvió.

Sentí una extraña satisfacción en el pecho, como si hubiéramos hecho algo justo, aunque no supiéramos exactamente para quién.

—Oye, Leaf —dije mientras guardaba el libro—.

¿Crees que hicimos lo correcto?

Ella sonrió, con esa inocencia suya que a veces me desarma.

—Yo… creo que sí.

Al final, no se veía como una mala tipa, ¿no?

Jijijiji.

Me reí.

Hacía tiempo que no escuchaba mi propia risa en un lugar así.

Decidimos seguir nuestro camino.

Caminamos hacia el norte, donde la tierra se volvía más fértil, y los corrales se transformaban en campos marchitos.

El olor a tierra húmeda se mezclaba con el de la podredumbre.

A cada paso, la neblina se espesaba, cubriéndolo todo con un velo blanco.

Entre la bruma, distinguimos un pequeño claro con algunos árboles dispersos.

El suelo estaba cubierto de hojas secas, y al fondo del lugar, apenas visible, había una hoguera apagada.

Sin pensarlo dos veces, me acerqué y la encendí con unas chispas de magia.

El fuego crepitó, arrojando destellos anaranjados sobre nuestros rostros.

Nos sentamos frente a él un momento, en silencio.

Leaf parecía pensativa.

—¿Crees que Goose logrará escapar?

—preguntó.

—No lo sé —respondí—.

Pero si tiene alas, tiene esperanza.

Ella sonrió de nuevo, y esa pequeña llama de optimismo pareció empujar la oscuridad a un rincón del mundo.

Después de descansar, seguimos nuestro camino.

El sendero subía suavemente entre piedras cubiertas de musgo.

A medida que avanzábamos, las curvas del camino se volvían más pronunciadas, casi laberínticas, serpenteando entre viejos molinos y cercas medio derrumbadas.

El viento soplaba con un tono extraño, como si llevara consigo voces lejanas.

Cada paso nos acercaba más al corazón de la niebla, donde las sombras parecían moverse por voluntad propia.

Y aunque el miedo estaba ahí, acechando en el pecho, también lo estaba la certeza de que habíamos hecho lo correcto.

Porque incluso en un mundo lleno de monstruos, liberar a alguien —aunque no sepas quién es realmente— sigue siendo un acto de luz.

Y así, avanzamos entre la bruma, hacia ese lugar cubierto por la niebla que nos esperaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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