Brujo del mundo de magos - Capítulo 1035
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- Capítulo 1035 - 1035 Capítulo 1035 – La Bóveda del Tesoro
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1035: Capítulo 1035 – La Bóveda del Tesoro 1035: Capítulo 1035 – La Bóveda del Tesoro Editor: Nyoi-Bo Studio El cerbero irradiaba un aura poderosa de forma continua.
Su poder podía ahuyentar incluso a los demonios de los pozos más fuertes y provocó que Baalzephon se preocupara.
Leylin, por otro lado, solo estaba asustado por fuera.
En su mente, se estaba riendo.
Es un perro tan tonto que ni siquiera puede descubrir mi disfraz.
No es de extrañar que un diablo pueda manipularlo tan fácilmente…
La realidad era que el sigilo de Leylin era demasiado poderoso.
Ni siquiera el famoso cerbero Infernal pudo oler nada en su alma.
—Espera…
¡Espera!
¡Negociemos!
¡Creo que podemos negociar!
—Baalzephon retrocedió varios pasos mientras gritaba con fuerza.
No tenía muchas oportunidades contra ese Rey de los Perros Infernales.
Además, no había encontrado rastro del paradero de Belcebú.
Él no era lo suficientemente tonto como para desperdiciar sus recursos e incluso arriesgar su vida allí.
De todos modos, los diablos consideraban la diplomacia como el camino de los expertos.
—El contrato fue jurado sobre la Estigia.
Si puedes eliminarlo por mí, tendrás mi gratitud.
Abriré las puertas del Palacio de la Gula y compartiré toda la información que tengo sobre Belcebú…
—Chekov habló desde su cabeza izquierda, pero las otras dos cabezas aún miraban bruscamente a Baalzephon sin dudarlo.
En ese momento de crisis, Baalzephon estaba en peligro y le ordenó a su subordinado: —Leycian, ¡detenlo!
—¡Sí, mi Señor!
Vio a ese diablo con cuernos que había contratado pararse de mala gana delante de él.
Sin embargo, Chekov golpeó a Leycian con la pata.
Aunque Leycian era un diablo superior, la diferencia entre él y Chekov todavía era demasiado grande.
—Maldición, ¿tengo que usar una de mis cartas de triunfo ahora?
—Baalzephon sacó un escudo plateado apresuradamente.
El escudo parecía estar forjado exquisitamente de la plata más fina.
Había muchas runas inscriptas en él y tenía gemas incrustadas como adornos.
Emitía un aura extremadamente sagrada y brillaba con una luz suave.
En el momento en que el escudo entró en contacto con él, las manos de Baalzephon se convirtieron rápidamente en humo blanco.
El dolor le hizo fruncir el ceño.
Ese escudo estaba hecho de plata blanca, un elemento noble con poderosos efectos corrosivos contra todos los diablos.
Por supuesto, ese efecto dependía del objetivo.
Para un demonio de los pozos, estar hundido en una piscina de plata blanca solo le dejaría una comezón.
Sin embargo, el escudo en las manos de Baalzephon no parecía ser un objeto de plata blanca común.
Estaba impregnado por una gran energía e incluso tenía un indicio del aura de un dios.
—¡Un artículo usado contra los diablos!
—aulló Cerbero, y las llamas pronto comenzaron a envolver a las dos figuras mientras se enfrentaban en una feroz batalla.
… —¡Bien hecho!
¡Sigue así!
—el diablo con cuernos que fue golpeado por el cerbero se levantó del suelo.
—Primero se debe enfrentar al guardián para entrar al Palacio de la Gula.
Pero ahora que está inmerso en la batalla, existe la posibilidad de escabullirme…
—pensó Leylin.
Después de llegar a ese lugar, a Leylin le vinieron a la mente los recuerdos de Belcebú de inmediato y se familiarizó con el lugar.
Descubrió que había varios túneles ocultos, destinados a la huida de Belcebú en momentos de necesidad.
Y en ese momento, Leylin comenzó a ejecutar su plan como si fuera lo normal.
¡Parece haber sido una decisión correcta traer a Baalzephon!
Leylin se quedó admirado de sí mismo al ver las lamentables figuras de Baalzephon y el cerbero antes de desaparecer en la oscuridad.
Siento que se aproximan más demonios de los pozos, debo apurarme…
Con la ayuda de los recuerdos de Belcebú, Leylin pronto pasó por delante de la puerta gigante que custodiaba el cerbero y llegó a un corredor circular.
El suelo estaba cubierto por una alfombra carmesí y las lámparas de aceite parpadeaban en los costados del corredor.
Había una gran cantidad de pinturas en las paredes que representan escenarios del inframundo.
Algunas obras incluso mostraban las batallas contra dioses en el plano material principal.
—¡El corredor sinuoso de exposiciones!
Finalmente estoy aquí…
¡la bóveda del tesoro de Belcebú!
Leylin apreciaba con entusiasmo las pinturas al óleo con ambas manos detrás de la espalda.
En los recuerdos de Belcebú, esa era una importante bóveda del tesoro.
Contenía alrededor de un tercio de la riqueza de un Archidiablo y tenía numerosos tesoros obtenidos en expediciones peligrosas.
Si sólo Belcebú hubiera guardado la Placa de Manderhawke aquí…
Pero eso es poco probable…
Leylin reflexionó frente a un cuadro.
Las visiones estéticas de los diablos a menudo eran grotescas y provocaban miedo desde una perspectiva humana.
Había una diferencia fundamental en su definición de belleza, pero incluso en esos casos las intenciones de los artistas eran las mismas.
La pintura frente a Leylin era rara, era de humanos.
Un diablo estaba levantando por el cuello a un humano arrodillado con una mano y con la otra sostenía una daga curva hacia arriba como para perforar el corazón del humano.
Tenía un fondo carmesí.
El humano se aferraba a un trozo de pergamino con un tipo de contrato y su rostro estaba convulsionando de miedo.
¿Esto es para conmemorar la tentación que representa Belcebú para los humanos?
Esta persona debió ser un rey para que él actuara personalmente…
Pensó Leylin, al que ya no le importaba el significado detrás de la pintura y extendió su brazo derecho.
Para romper la maldición, recuerdo que tengo que…
Leylin escupió una serie de sílabas en un idioma que solo un Archidiablo sabía.
Mientras pronunciaba esas palabras, apareció una luz brillante en la pintura al óleo y un mecanismo de defensa que parecía ser un protector de vidrio.
—¡Actívate!
Leylin emitió su aura demoníaca e hizo que el vidrio se derritiera como hielo.
Extendió su mano derecha en la pintura al óleo y sacó una daga curva.
[Biip.
El huésped ha obtenido un objeto de alta energía, comenzando el escaneo…] La luz del Chip de I.A.
brilló en los ojos de Leylin y muy pronto el escaneo finalizó.
[Daga de Sangre Demoníaca Épica (+5).
Peso: 666 gramos.
Ingredientes: Huesos de Demonios de los pozos, Almas de la Avaricia, Alma de la Gula Cristalizada.] [Habilidades: 1-Ofrenda: el propietario de esta daga puede extraer la vida y las almas de sus enemigos y les permite absorber el poder de manera efectiva hasta que sean leyendas de alto rango.
El índice de conversión depende de la compatibilidad y la fuerza de voluntad del portador.
2-Invocación del Diablo: La daga contiene un contrato diabólico y le permite al portador invocar a un diablo superior una vez al día.
3-Juicio: El portador necesita fortalecer su voluntad y alineación hacia el mal cada tres días.
Si falla, Belcebú aparecerá desde las profundidades del infierno y devorará su carne y su alma.] [Descripción: esta Daga de Sangre Demoníaca legendaria ha evolucionado bajo los poderes del mal extremo de Belcebú.
Ninguna criatura viviente puede resistir su tentación…] ¿Un arma épica?
Leylin jugueteaba con la daga en sus manos.
Era evidente que la daga era un artículo exquisito hecho por el mismo Belcebú, mucho más fuerte que la que Leylin había creado para sí mismo en la Isla Faulen.
Como los materiales que había usado eran muy comunes, la Daga de Sangre Diabólica que Leylin había hecho perdió el efecto después de que todas sus estadísticas alcanzaron 10.
Sin embargo, ¡esa daga épica podía permitir al portador entrar en el reino legendario al devorar a otros!
Si los aventureros en el plano material principal supieran de esa daga, harían todo lo posible por obtenerla, incluso si eso significaba perder sus almas.
Se debe asesinar al papa de una iglesia rival para que se otorgue una Daga de Sangre Demoníaca común.
Esta probablemente requiera que uno mate a alguien con divinidad…
Leylin también encontró varias trampas atroces en la daga.
Ese era un toque personal de Belcebú: cualquier persona que la usara sería inmediatamente puesta bajo su control.
—Aunque es inútil para mí, es un buen objeto para darle a mis hombres…
—Leylin arrojó la daga en su bolsa espacial de forma relajada.
De todos modos, como comprendía la ley de la gula e incluso había adquirido los poderes y la autoridad de Belcebú, podía eliminar las trampas con solo un pensamiento—.
Todas y cada una de estas pinturas son un cofre del tesoro e incluso otros Archidiablos codiciarían los objetos en el interior…
La siguiente pintura que Leylin encontró representaba una sangrienta batalla entre Belcebú y un balor[i] de llama caída.
El demonio ni siquiera tuvo la oportunidad de autodestruirse.
—Aquí, debería haber…
—a través del mismo proceso, Leylin obtuvo una gema ardiente que parecía estar latiendo.
[Corazón del Balor de Llamas: Esta es la quintaesencia de un balor de llamas y puede usarse para forjar armas legendarias o incluso de semidioses.
Cualquier arma que se forje se alineará con el caos.
Si un demonio la consume, despertará el linaje del balor de llamas y tendrá la oportunidad de evolucionar en uno] —le informó el Chip de I.A.
—Nada mal.
Los demonios enrojecerán de deseo mientras luchan por esto.
Después de todo, no es fácil encontrar el cadáver de un balor de llamas…
—Leylin guardó la gema ardiente y miró en una dirección diferente—.
Me dejas saquear los artículos así nada más.
¿Realmente eres un protector de este lugar?
—Ja, ja…
No tengo ninguna posibilidad contra un Archidiablo.
Después de todo, esto era parte del contrato que firmé con Belcebú…
—cuando se oyó la voz antigua, una figura con aspecto marchito salió de la oscuridad.
La figura asumió una forma humana, parecía un anciano que estaba a punto de convertirse en un árbol.
Tenía arrugas en todo el rostro y no parecía representar ningún peligro en absoluto.
Sin embargo, ¿cómo podría ser fácil lidiar con alguien que Belcebú había contratado para cuidar sus tesoros?
Leylin asintió: —Eres mucho más listo que ese perro —dijo con admiración.
[i] Balar o Balor, es el nombre irlandés de un personaje de la mitología celta o también llamado el rey de los demonios.
Pertenecía a la raza de dioses llamados los Fomoré.
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