Brujo del mundo de magos - Capítulo 1115
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1115: Capítulo 1115 – La Reunión 1115: Capítulo 1115 – La Reunión Editor: Nyoi-Bo Studio El mayordomo anciano y el joven entraron en los territorios de la Isla Debanks vigilados por un grupo de soldados nativos “amistosos y educados”.
Como estaban en una tierra que no les pertenecía, habían permitido ese arreglo.
Luego de algunos días de incómoda espera, lograron organizar una reunión con Leylin.
En su camino hacia la montaña sagrada, el viejo mayordomo miró seriamente al joven: —¿Recuerda lo que le he dicho, joven maestro?
El joven estaba tenso por la situación, pero igualmente logró asentir: —Ajá.
Ah…
Este país bello y fértil…
Es una base poderosa incluso para los semidioses.
Con razón él puede prosperar por tanto tiempo sin temor a ser destruido por el continente…
pensó el mayordomo mientras miraba a la próspera capital imperial y suspiraba con admiración.
Leylin realmente había escogido un gran lugar.
No solo había una gran población que le brindaba su fe, sino que el continente tenía poca influencia allí.
No obstante, los pensamientos, al final, solo eran pensamientos.
Había pocos tan intrépidos como Leylin, que deseaban tomar el control del imperio de los nativos.
Como las almas de los nativos tenían un defecto, los dioses los evitaban como si fueran una plaga.
Con todo tipo de factores, Leylin de alguna forma lograba obtener la mejor parte de todo.
De no haber sido por los nativos, la Isla Debanks habría quedado dividida entre los dioses mucho tiempo antes y él no habría tenido ninguna posibilidad.
¡Clang!
Las pesadas puertas de la Iglesia de la Serpiente Gigante se abrieron lentamente.
Los cazadores de diablos vigilaban a ambos lados y el gran número de sacerdotes y discípulos que circulaban le daban algo de peso al entorno.
—¡Bienvenidos!
—Tiff estaba vestido con su atuendo real con corona incluida.
Parecía un hombre santo y amable parado en la escalera.
—El Papa no debería molestarse con humildes servidores como nosotros…
—el mayordomo tiró del joven, que rápidamente se dio cuenta de su posición y se apresuró a reverenciarse.
Tiff apenas sonrió como respuesta al pequeño error del joven y dijo: —Por favor, síganme.
Mi maestro los verá personalmente…
Al oír la noticia, el joven y el mayordomo obviamente se pusieron más nerviosos.
—La Serpiente Gigante, el brujo legendario más joven del mundo, que conquistó un imperio con 5000 personas…
Leylin Faulen, la leyenda de leyendas…
El joven intercambió una mirada con su mayordomo; obviamente estaba incómodo.
Sin embargo, Tiff ya había comenzado a moverse y los dos no podían continuar evitando esa confrontación, sólo podían seguirlo con temor.
Poco después, los tres llegaron al palacio detrás de la sede central.
Ya había un dios con túnica blanca esperándolos, parado debajo de su propia estatua.
Su cuerpo brillaba con una luz plateada que hacía que la gran estatua de la serpiente alada también se viera radiante.
Él parecía estar en sintonía con el altar, casi fusionados en un solo cuerpo.
Luego de echarle un vistazo a esa persona, ¡el mayordomo estaba seguro de que ese era el Leylin Faulen de las leyendas!
Era el maestro del Imperio Debanks, ¡y también un semidios mago!
—Oh, gran ser, por favor, ¡acepta la veneración de un humilde mortal!
—el mayordomo se reverenció y se arrodilló en el suelo y el joven lo imitó poco después.
—Mago de alto rango, Schliff, Mano del Alba…
Tu lealtad es digna de elogios…
—Leylin no hablaba demasiado fuerte, pero igualmente resonaba en todo el altar.
El tono de su voz mostraba que era incuestionable.
La Iglesia de la Serpiente Gigante había revelado todos los secretos de ese brujo del alto rango mucho antes.
No podía ocultar sus verdaderos pensamientos de Leylin.
—¿Es este el hijo de Escorpión Venenoso?
—la mirada del dios se alejó de Schliff y se enfocó en el joven.
—Ra…
Raike saluda a Su Alteza…
—el jovencito tartamudeó.
Podía sentir que el aura imponente de Leylin era incluso más poderosa que la de su padre semidios, que una vez había sido el maestro de su iglesia.
—Sí…
Raike heredó el linaje y la gloria del Maestro.
¡Seguramente se convertirá en santo en el futuro!
—al mencionar su fe, Schliff simplemente tuvo que hablar—.
Su Alteza, por favor, ayúdenos por la buena voluntad de nuestro maestro en el pasado…
Leylin no hizo comentarios como respuesta al humilde pedido de aquel mortal, sino que miró con lástima a Raike.
—¿Sabes cuál es tu destino como el hijo de un dios?
—¿Destino?
—los ojos de Raike mostraban su confusión y perplejidad.
—Como el descendiente de nuestro Maestro, ¡no tiene otra opción!
—exclamó Schliff, que obviamente intentaba esconder las cosas algún tiempo más.
—¡Eh!
Leylin simplemente sacudió la cabeza y sonrió, pero no reveló la verdad.
Los dioses verdaderos solo necesitaban fe para revivir, pero las cosas eran extremadamente diferentes para los semidioses.
El maestro de la Iglesia del Escorpión Venenoso no había acumulado fuerza divina y, ahora que había caído, aunque obtuviera suficiente fe en el futuro, no tendría lo más importante para revivir: un cuerpo.
El cuerpo debía ser lo suficientemente poderoso para soportar el poder de un dios y, lo más importante, era que esa persona tenía que tener la misma sangre que el dios.
Ese Raike evidentemente era el cuerpo del Escorpión Venenoso.
En el futuro, su padre invadiría su cuerpo y reviviría en el interior para volver a aparecer en el mundo.
No eran solo los semidioses, en ese momento, muchos dioses verdaderos disfrutaban de usar ese método.
Leylin incluso se había preguntado una vez si la Diosa de la Red había preparado a Alustriel, la reina del norte, para esos planes.
—Hay un contrato entre el Escorpión Venenoso y yo para ayudarnos todo lo que sea posible.
Las promesas en nuestro nivel no pueden romperse —respondió Leylin, que estaba de acuerdo.
—¡Muchas gracias, Su Alteza!
—Schliff se reverenció emocionado.
No esperaba que las cosas fluyeran con tanta facilidad.
No obstante, luego de ver a Raike, Schliff dudó antes de endurecer su mirada.
—Poderoso maestro, esta es una humilde ofrenda —al ver la mirada de Schliff, Raike apretó los dientes, tomó el colgante resplandeciente de su cuello y se lo ofreció con ambas manos…
Una vez que todos se marcharon, Leylin se enfocó en el collar.
—¿Un arma divina?
Incluso parece haber alguna fuerza oculta en el interior…
La luz del Chip de I.A.
brilló en los ojos de Leylin y el lanzó el objeto al semiplano despreocupadamente.
En ese momento, perfeccionar un arma de fuerza de origen, un arma divina, no era demasiado.
No obstante, no era un mal objeto coleccionable.
—Raike…
Percibo la densa aura de la sangre de una deidad…
—Leylin miró en la dirección en la que Raike se había marchado y sus ojos parecían reflejar escenas de lo que pasaría luego de que se marchara.
… Dentro del carruaje, Raike parecía haber tomado una decisión cuando le preguntó a Schliff: —Hace un momento…
Lo que Su Alteza mencionó…
—¡No necesita saber eso, joven maestro!
—Schliff de inmediato mostró una expresión fría y su aura poderosa evitó que Raike continuara hablando—.
Todo lo que necesita saber es que nació por nuestro maestro.
Todo lo que es suyo debe ser sacrificado para la resurrección del maestro…
El fervor destelló en los ojos de Schliff y su terrible entusiasmo hizo que Raike bajara la mirada.
…
Como Leylin era un semidios, le resultaba fácil espiar a un Brujo de alto rango sin que siquiera lo notaran.
Muchos secretos se revelaron ante él.
Desafortunadamente, no sentía pena por Raike y no deseaba ayudarlo.
—Su sangre está concentrada, por lo que las posibilidades de resurrección son mayores…
pero eso no es suficiente…
Su mirada divina pareció trascender los mares y enfocarse en el vasto continente.
…
En la parte sur de la región, dentro de un pantano peligroso con abundantes arbustos, un cazador de diablos con el emblema de la Iglesia de la Serpiente Gigante se movía cautelosamente por los territorios de numerosos asesinos y tribus de bárbaros y kobolds para llegar al centro del pantano.
Era una región de muerte definitiva.
Se rumoreaba que allí vivía un monstruo de nueve cabezas y que la niebla venenosa que emitía podía matar a cualquier ser vivo.
Hasta los hechizos divinos eran inútiles frente a él.
No obstante, algunos en el continente sabían que allí vivía una tribu de seres similares a los humanos.
¡Ooooo!
Muchos humanoides se congregaron luego de oír el sonido de un enorme cuerno de vaca.
Aquellos seres tenían un físico característico, parecían semichacales o kobolds.
Algo similar a un chamán caminó hacia un altar y exclamó: —Ukekelu, nuestro Señor…
¡Oramos devotamente por usted y le ofrecemos un sacrificio de sangre!
Mientras el anciano rezaba, se arrancó la ropa de algunos sacrificios, que temblaban mientras se los llevaba a la plataforma.
Los ojos del anciano estaban inyectados de sangre.
Tomó una daga de obsidiana y la besó devotamente antes de pararse frente a los esclavos.
Parecía que estaba observando a algunos corderos segundos antes de la matanza.
El chamán descuartizó fácilmente a los sacrificios con una técnica transmitida durante siglos que le permitía mantenerlos vivos hasta el corte final.
Sólo algo así satisfaría a Ukekelu lo suficiente por para que se ganaran su favor.
Los semidioses, diablos y demonios que eran dioses falsos eran diferentes a los dioses verdaderos, podían hacer cualquier cosa por el poder o la fe y codiciaban nuevos seguidores.
La mayoría del tiempo, Leylin creía que la reputación de los semidioses estaba tan manchada porque había personas así, sin visión a futuro.
Esto hacía que la Iglesia de la Serpiente Gigante no pudiera funcionar bien en el continente.
Sin embargo, él sólo estaba parloteando.
Sin sacrificios de sangre, los semidioses se habrían extinto mucho antes con la mínima fe que obtenían de sus seguidores.
Solo Leylin, que había tomado el control de la Isla Debanks y no tenía nadie con quien competir por la fe, podía tratar con tanta generosidad a sus fieles y darles más beneficios.
Ese era el mejor método a largo plazo, pero era difícil que todos lo hicieran si se tenían en cuenta las circunstancias.
Mientras el chamán continuaba con su ceremonia, los demás fieles se arrodillaron rápidamente y oraron.
Se salpicó sangre por todas partes, como si estuviera alimentando a una fuerza escalofriante.
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