Brujo del mundo de magos - Capítulo 140
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- Capítulo 140 - 140 Capítulo 140 – El Gigante Dorado
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140: Capítulo 140 – El Gigante Dorado 140: Capítulo 140 – El Gigante Dorado Editor: Nyoi-Bo Studio —¡Un Gigante Dorado viene hacia nosotros!
—exclamó de repente el Mago del turno noche —.
¡Además se comió a la Pizarra Centinela que usé para alertar a los demás!
—¡Mi**da!
Luego de las palabras “Gigante Dorado”, Leylin comenzó a oír los insultos de los Magos asombrados a su alrededor.
El Gigante Dorado era un tipo de especie elemental.
Su poder era bastante similar al de un Mago elemental completamente convertido.
Y, además de eso, tenía talentos únicos de su raza.
Sólo un Mago de rango 2 tenía la capacidad de realmente matarlo u obligarlo a irse.
—¿No era que los Gigantes Dorados del Desierto Dorado estaban extintos?
Además, apareció justo en nuestro camino, qué conveniente.
El viejo líder apretó los dientes, frenético, y sus ojos irradiaron un resplandor verde.
—¿Podemos evitarlo por el momento?
—sugirió Lancey —.
El Desierto Dorado es tan grande, ¡quizá no pueda encontrarnos!
—Me temo que no —respondió Leylin, el primero en interrumpir —.
Los Gigantes Dorados tienen un instinto natural para acechar especies con altos niveles de energía.
La energía que propagan nuestros cuerpos funciona como una lámpara en la oscuridad para los ojos del gigante.
¡Cuanto más nos movamos, más posibilidades hay de que el Gigante Dorado nos ataque!
—En ese caso, ¿qué debemos hacer?
—preguntó Lancey; se veía desesperada —.
A menos que tengamos un Mago de rango 2 en el grupo, ninguno de nosotros logrará escaparse del ataque del Gigante Dorado…
Había un abismo entre el nivel de poder de los Magos Oficiales de distinto rango.
Leylin y su grupo de 6 no eran mucho más fuertes que un Mago de rango 1.
Tendrían problemas incluso para lidiar con un Mago elemental semi-convertido.
No tenían ninguna posibilidad de sobrevivir en un enfrentamiento con un Gigante Dorado elemental completamente convertido.
Las conversiones semi-elementales se referían a aquellos Magos cuya esencia de conversión elemental había alcanzado un nivel del 50% o superior.
En ese punto, el aumento de su Poder Mágico gracias a la conversión de la esencia elemental se comenzaba a hacer muy obvia.
Tenían una gran ventaja cuando se enfrentaban a Hechiceros incipientes.
Aunque Leylin seguía siendo un discípulo, ya se había enfrentado a un hada elemental de las tormentas semi-convertida mientras viajaba en el dirigible.
De no haber sido porque en el dirigible había una gran cantidad de Magos de las distintas academias, el único resultado habría sido la muerte.
En ese momento, Leylin tenía que enfrentarse a algo mucho más poderoso y peligroso que aquella hada elemental de las tormentas semi-convertida.
—Quizá deberíamos separarnos y escapar en distintas direcciones…
—sugirió el tipo enorme después de dudarlo un poco.
Al oír aquella sugerencia, los Magos presentes se quedaron en silencio y sus ojos comenzaron a titilar sin cesar.
—¿Acaso están locos?
—el viejo interrumpió al tipo enorme en un ataque de ira —.
Si huimos en distintas direcciones, ¿puedes garantizar que individualmente tendrán la suerte de escapar del ataque del Gigante Dorado?
Además, ¿qué harán una vez que lleguen al territorio de los Buitres Kary?
Las dos ácidas preguntas trajeron un profundo silencio.
Luego de escapar en distintas direcciones, podrían luego dirigirse nuevamente a su lugar de destino.
Si tenían suerte, incluso podrían dirigirse de vuelta a la Taberna del Hacha Rota.
Sin embargo, este era el último recurso.
Los Magos no aceptarían un destino tan malo así como así.
—¡Rápido!
¡Han muerto otros tres de mis bebés!
—dijo el Mago del turno nocturno, que respiraba con mayor dificultad.
—Quizá podamos usar las Pizarras Centinela junto con una runa que disipa constantemente la energía para distraer al Gigante Dorado.
Mientras esté distraído, podemos hacer todo lo posible por reprimir la energía que emiten nuestros cuerpos y escapar…
Si ese plan falla, podemos hacer lo que dijimos antes y escapar en distintas direcciones…
—dijo Leylin de repente, interrumpiendo el gran silencio.
—Aunque este plan no es confiable, obviamente no tenemos otra opción…
—dijo totalmente resignado el viejo, mientras señalaba a Leylin —.
¡Haremos lo que dice!
Yo justo tengo aquí el material para algunas Pizarras Centinela…
Le dio entonces unos viales con polvos color gris al Mago del turno de noche.
Luego de observar los materiales que le había dado el viejo, el Mago del turno noche mostró algo de rechazo.
Sin embargo, recibió los materiales del viejo.
—Muy bien, ¡intentémoslo!
Pero no les puedo garantizar que esto funcione.
Poco después de los conjuros del Mago del turno noche, algunas Pizarras Centinela, que se parecían a las que habían sido destruidas, se alzaron desde la arena.
En ese momento, las personas en el campamento podían ver con claridad un brillo dorado que se acercaba desde el este.
Ese resplandor parecía el sol al atardecer, ocultándose en la oscuridad, y trajo consigo un brillo cálido.
Frente al disco solar estaba la sombra colosal del gigante, su enorme cuerpo irradiaba una luz dorada.
Resguardaba su cuerpo de forma muy simple: una armadura de cuero en la parte superior de su cuerpo con un aro de acero en el medio que unía las dos hombreras.
Sobre los hombros se apoyaba la cabeza del gigante.
Tenía líneas rígidas en el rostro que parecían haber sido provocadas por rasguños y cortes de distintas armas.
El pelo color mandarina en la parte superior de su cabeza parecía arder con vigor.
En ese mismísimo instante, el Chip de I.A.
le mostró una advertencia en color rojo a Leylin: [Biip.
Se ha detectado una forma de vida con alta energía, seguramente un Gigante Dorado, se recomienda huir inmediatamente.] —¡Rápido!
¡Rápido!
—gritó con urgencia el viejo.
—Conozco algunas runas de concentración de energía.
¡Ojalá sean útiles!
—dijo el Mago que solía estar callado mientras se ponía de pie.
Luego, le aplicó a una Pizarra Centinela lo que parecía una mezcla de runas triangulares y circulares.
Una vez que la runa quedo grabada en ella, comenzó a brillar muy fuerte y, de repente, una energía poderosa surgió del interior de la Pizarra Centinela.
La gran cantidad de energía fluctuaba de forma caótica, lo que hizo que el Gigante Dorado soltara un rugido y se dirigiera rápidamente hacia ella.
—¡Qué bien!
¡Captó la atención del Gigante Dorado!
—exclamó con alegría Lancey.
—¡Vamos a añadirles esto encima!
—dijo Leylin, que descorchó un tubo de ensayo rojo y vertió su contenido en la Pizarra Centinela inscrita.
Una vez que las Pizarra Centinelas asimilaron por completo el líquido del tubo de ensayo rojo, soltaron furiosos rugidos, aumentaron su tamaño y desarrollaron extremidades más fuertes.
—¡Espero que esto las ayude a detenerlo por más tiempo!
Leylin lanzó a un costado el tubo de ensayo vacío.
La energía que propagaba su cuerpo se había reducido de la de un Mago oficial a la de una persona normal a través del Hechizo de Transfiguración, lo que hizo que el nivel de energía que emitía su cuerpo se redujera.
Luego, se acercó a su Lobo Viajero de Altramuz, le cubrió la boca y le dio una palmada en la cabeza.
El Lobo Viajero de Altramuz parecía estar al tanto de la presencia inminente del Gigante Dorado.
Se agachó en el suelo a esperar las órdenes de Leylin; sus patas temblaban.
Los demás Magos hicieron lo mismo que Leylin.
También usaron la protección del entorno para ocultar por completo sus cuerpos.
Finalmente, el Gigante Dorado estaba cerca del campamento, ¡a menos de 500 metros!
A esa distancia, Leylin podía ver con claridad cada pelo del gigante.
—Todo depende de ustedes ahora, mis bebes, ¡ataquen!
—¡Al ataque!
¡Por nuestro padre!
—rugieron las corpulentas Pizarras Centinela.
Algunas de ellas salieron corriendo hacia el Gigante Dorado, mientras que las otras se separaron y corrieron en distintas direcciones.
Tanto las valientes Pizarras Centinela, que arremetieron contra el Gigante Dorado, como las otras que corrieron en distintas direcciones, todos sus cuerpos tenían una gran fuente de energía que vibraba en su interior.
Esa energía era casi igual a la de un Mago de rango 1.
¡Kjfl!
El Gigante Dorado gritó de una forma desconocida, como si estuviera maldiciendo.
Estiró las largas palmas de sus manos y adquirió una postura como si estuviera tapando el cielo y cubriendo la tierra.
Golpeó el suelo, sacudió la tierra y así atrapó a algunas de las Centinelas.
—¡Por la gloria!
—¡Por la protección!
Las Pizarras Centinelas rugieron y golpearon infinitas veces el enorme brazo del gigante con sus pequeños puños.
¡Crack!
¡Cranch!
El enorme Gigante Dorado colocó las Pizarras Centinela que había capturado directamente dentro de su boca.
Parecía que estaba masticando galletas.
Luego de digerir las Pizarras Centinela, el Gigante Dorado soltó un fuerte rugido y comenzó a perseguir con grandes zancadas a las Pizarras que habían huido.
—¡Ahora!
—dijo con suavidad el viejo.
Los seis tiraron con discreción de los Lobos Viajeros de Altramuz y abandonaron el lugar del campamento.
Todos hacían todo lo posible para contener la energía que vibraba en sus cuerpos.
Incluso habían cubierto los cuerpos de los Lobos Viajeros de Altramuz.
Como si fueran topos, salieron sigilosamente del lugar.
El Gigante Dorado persiguió a los gritos a las Pizarras Centinela que habían huido.
En ningún momento le echó otro vistazo al campamento.
—¡Corran!
—exclamó alguien una vez que el brillo dorado desapareció.
Sin dudarlo, todos corrieron a la velocidad de la luz.
…..
¡Crash!
La manada de lobos corría y levantaba polvo, piedras y arena.
El polvo brillaba con suaves tonos dorados.
Leylin y el resto del grupo habían estado huyendo sin parar desde que lo habían despertado mientras descansaba en el campamento.
Esto, sumado al incidente del Gigante Dorado, había provocado que Leylin se viera poco saludable.
Llevaban casi medio día huyendo, desde la oscuridad absoluta de la noche hasta ese momento, cuando el sol brillaba en lo alto del cielo.
Sin embargo, pensar en el Gigante Dorado animaba al grupo y nadie se quejó de la falta de descanso.
Tuvimos suerte, el Gigante Dorado parecía no tener mucha inteligencia.
Sólo sabe cómo perseguir formas de vida con alta energía, sin pensar.
Si no fuera así, nuestro intento de escape sigiloso habría fallado.
Fue una situación de mucho suspenso…, pensó Leylin.
El miedo seguía presente en su corazón.
Aunque había mejorado sus poderes mágicos y era considerado alguien de bastante poder en el mundo de los Magos, el Gigante Dorado estaba totalmente fuera de su alcance.
De todos modos, el Gigante Dorado es una especie elemental, no tiene un linaje.
Si lo tuviera, me encantaría tener algunas gotas su sangre para mis experimentos…, los ojos de Leylin dejaron entrever algo de arrepentimiento.
Había infinitos tipos de especies místicas en el Mundo de los Magos.
El Gigante Dorado pertenecía a las especies elementales.
Todo su cuerpo estaba hecho de distintos tipos de elementos y minerales.
No tenían siquiera una gota de sangre en ellos.
Naturalmente, no tendrían un linaje.
En el pasado, había muchas formas de convertirse en Mago.
Los Hechiceros eligieron el camino de los linajes y, por supuesto, los Gigantes Dorados eligieron un camino diferente.
También había varias formas de llegar a la cima.
El plan de Leylin consistía en seguir el camino de los Hechiceros.
—¿Descansamos?
Si no meditamos y recuperamos nuestra Fuerza espiritual…
La voz de Lancey se oyó desde adelante.
Viajaba junto al viejo en el Lobo Viajero de Altramuz.
Todos los Magos usaban tanto su Fuerza espiritual como su Poder Mágico para llevar a cabo la milagrosa magia.
Debido al incidente del día anterior con el Gigante Dorado, sumado al viaje incesante, los seis Magos no habían podido meditar para recuperar su energía espiritual.
Se veía en sus rostros que estaban exhaustos.
—No es necesario, todavía no salimos de la zona de peligro, el Gigante Dorado podría atraparnos en cualquier momento…
El viento trajo la respuesta del viejo a todo el grupo.
Luego de oírlo, todos entraron en un silencio lleno de seriedad y continuaron con su rápido escape.
Los Magos le temían más al Gigante Dorado que a cualquier otro peligro en el Desierto Dorado.
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