Brujo del mundo de magos - Capítulo 295
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295: Capítulo 295 – Jugueteando 295: Capítulo 295 – Jugueteando Editor: Nyoi-Bo Studio [Arma específica de los Hechiceros: Espada Meteórica.
Largo: 1.67m.
Ancho: 0.03m.
Tallada en el interior con: Runas convergentes de energía de alto grado, runas marcadas elementales del fuego, runas de amplificación elemental oscura…
Grado estimado del producto: Artefacto mágico de grado alto.] La larga espada que el Chip de I.A.
proyectó frente a Leylin rotaba constantemente junto a listas con gran cantidad de datos a su alrededor.
—El diseño está completo.
Lo único que falta es hallar los materiales y realmente hacerla.
Leylin estaba emocionado.
Sin embargo, cuando entró en su mar de la consciencia, esa alegría se disipó rápidamente.
Después de dos años, el cristal blanco-plateado en su mar de la consciencia estaba tan fuerte como siempre, sólo se había encogido un poco.
La fuerza espiritual que producía le permitía a Leylin aumentar su poder del de un Mago de rango 1 normal al de un Mago en la cima del rango 1.
Las grietas en los bordes de su mar de la consciencia aún tenían que restaurarse por completo.
Por otra parte, Leylin ya había expulsado por completo la marca que le había dejado Alric, el Mago de rango 3.
Sin embargo, la resistencia de la marca de fuerza espiritual que le dejó el Mago de rango 3 superó sus expectativas.
Había estimado que le llevaría alrededor de dos meses disiparla, pero, en realidad, le llevó todo un año quitar completamente esa marca de su mar de la consciencia.
—Quizá deba hallar la oportunidad de hacer contacto con los Magos del mundo subterráneo.
A causa de sus graves heridas, Leylin sólo podía desplegar la fuerza de un Mago de rango 1 normal.
Por esa razón, había escogido mentir en ese momento.
No obstante, ahora que había recuperado suficiente fuerza para alcanzar la cima del rango 1, se lo podía considerar el mejor en la Zona Ambigua, y era natural que quisiera explorar.
Además, el progreso de la reparación de su mar de la consciencia iba muy lento, lo que enfurecía a Leylin.
Estaba listo para encontrar otros métodos que aceleraran el proceso.
Si no, si sólo dependía del tiempo, no tenía idea cuánto tiempo le iba a llevar.
Al pensar en eso, Leylin comenzó a sentirse nervioso.
Su expresión comenzó a retorcerse, destapó una botella de agua negra y la bebió.
Entonces, sus músculos faciales se relajaron y forzó una sonrisa.
—¡También debo buscar la forma de controlar los efectos secundarios excesivamente emocionales de ser un Hechicero!
Para los Hechiceros, los linajes antiguos les brindaban un poder formidable, pero también tenían un impacto negativo en sus emociones.
Esas emociones podían permanecer dormidas en lo profundo de la sangre o incluso el espíritu y causar problemas ocasionalmente y hacer que le Hechicero entre en un estado de emoción extrema.
Para un Mago que buscaba la verdad y el control, esto era inaceptable.
Por lo tanto, Leylin había estado buscando una forma de resolver ese problema.
Las herencias encontradas en la costa sur sólo sirven hasta cierto punto y son muy pocos los objetos que quedaron de la era antigua.
Hay muy poca información relacionada con los Hechiceros y no parece haber ningún tipo de método allí.
¡Pero este lugar es diferente!
Los ojos de Leylin brillaron esperanzados ¡Esta es la Zona Ambigua, una parte del mundo subterráneo!
Debido a la falta de conexión con el mundo exterior, había muy poca influencia externa, lo que preservaba las herencias de los tiempos antiguos en su plenitud.
En otras palabras, fuera del continente central, aún había lugares que podían tener material de investigación relacionado con los hechiceros.
¡Ese debía ser uno de esos lugares!
Leylin se tocó el mentón al pensar en eso.
La Aldea Potter es un lugar muy remoto y los recursos del Páramo Boscoso pueden, como mucho, atraer a algunos discípulos.
No he visto a ningún Mago aquí.
Parece que debo adentrarme más en la Zona Ambigua…
La Aldea Potter sólo era un pueblo pequeño en la vasta Zona Ambigua y, a pesar de que había estado allí por más de dos años, Leylin había visto muy pocos Magos.
Además de esa aldea había una ciudad de mayor tamaño.
¡Si avanzaba capa a capa encontraría la capital del este!
¡Leylin estaba seguro que habría muchos Magos en la ciudad!
Las reglas del mundo subterráneo eran muy diferentes a las de la costa sur.
La existencia de Magos era de público conocimiento, no se escondían en algún lugar desconocido y se aislaban del mundo.
Los Magos que ejercían poder, naturalmente, tenían una posición social más alta.
Incluso los nobles debían reverenciarse ante ellos.
—Aunque la población de la Zona Ambigua sólo equivale a la mitad de la de la costa sur, con la exhaustiva difusión de técnicas de meditación de alto grado y sus versiones simplificadas, aún hay muchos casos en los que aparecen Magos.
La jerarquía de los Magos aquí es similar a la de la costa sur, aunque no sé cuántos Magos de rango 3 hay o si hay algún Mago Lucero del Alba aquí…
Leylin apoyó el mentón en su mano y se perdió en sus pensamientos.
…
La vela sobre la mesa ardía con llamas color amarillo opaco y proyectaba la sombra larga y parpadeante de Leylin en la pared…
Durante la tarde del día siguiente, el pequeño Longbottom llegó puntual a la tienda.
—¡Eres muy puntual!
¡Me gustan los niños que obedecen las reglas!
Leylin estaba aburrido al extremo, por lo que ocupó la que había sido la posición de Baelin y estaba bostezando sobre el mostrador.
Señaló al depósito a un costado y dijo: —Tu tarea es mover todos esos metales de allí al patio.
—¡Jefe!
Es esto…
—Baelin lo soportó un poco, pero no pudo más y señaló al depósito mientras le hablaba a Leylin—.
Cada uno de esos metales es incluso más pesado que el peso corporal de Longbottom…
Siguiendo la trayectoria de su dedo se podía ver, a través de la puerta entreabierta del depósito, trozos de metal del tamaño de una cabeza.
Esa era la materia prima que usaba Leylin para la fundición.
Eran muy densos y su peso era terrible.
Cuando los transportaron allí, Leylin pidió tres hombres fuertes y les llevó toda una tarde llevarlos allí.
Para Baelin, Leylin obviamente le estaba haciendo las cosas difíciles al niño al asignarle un trabajo así.
—¡Es su decisión si desea hacerlo o no!
Leylin se encogió de hombros, buscó una silla y comenzó a dormitar contento.
—Hermano Baelin, ¡quiero intentarlo!
Al ver la montaña de metales, tragó saliva, pero al ver a Leylin empezando a cabecear, tomó una decisión y comenzó a trabajar.
Los metales eran muy pesados y sólo levantarlos a un centímetro del suelo hacía que los brazos de Longbottom temblaran.
¡Pa!
Longbottom dobló la espalda y lo movió de a poco hacia el espacio abierto atrás.
El metal producía ruidos secos cuando caía.
—Ah…
Sólo mover un pedazo de metal era suficiente para que Longbottom se agitara y le cayeran grandes gotas de transpiración por la cara.
—Longbottom, no puedes continuar, o tendrás heridas a largo plazo…
Baelin, naturalmente, sabía que la terrible cantidad de trabajo que tenía que hacer le dejaría daños permanentes o incluso lo incapacitaría, ¡era un niño en edad de crecimiento!
Aunque no fuera por la bella hermana de Longbottom, Baelin sentía que no podía dejar que aquel jovencito con el que se llevaba bien continuara así.
—¡No!
Longbottom miró en la dirección de Leylin, que se había ido enojado, con una expresión decidida.
Durante toda esa tarde, los residentes de la Aldea Potter habían podido ver algo muy extraño en la tienda de armas de Leylin.
Un jovencito pequeño trabajaba lentamente moviendo pedazos de metal negro de la mitad de su tamaño.
Ese día, después de completar dos horas de trabajo, los brazos y piernas de Longbottom no dejaban de temblar y no tenía más fuerzas para juguetear con ninguna espada, sólo arrastró su cuerpo exhausto de regreso a su casa.
Esto continuó por diez días, y sólo en ese momento Longbottom terminó de llevar todos los metales al espacio abierto en el patio.
—¡Realmente trabajas muy lento!
—evaluó Leylin insatisfecho—.
Ahora quiero que los muevas de nuevo al depósito.
¿Has entendido?
—Pero, Maestro Leylin…
—Al oír aquella tarea, todo el cuerpo de Longbottom tembló.
El trabajo físico le había provocado un dolor de espalda tan insoportable que no podía dormir de noche.
¿Y ahora los tenía que mover de nuevo?
¡Longbottom sentía que se iba a morir de cansancio!
Simplemente no se estaba divirtiendo allí.
¡Aún tenía que ayudar a sus padres con el trabajo!
—Jefe, ¡solo está jugando con él!
—Baelin no lo pudo soportar más y saltó rugiéndole a Leylin.
—Cállate —Leylin le respondió con indiferencia, pero su mirada hizo que Baelin retrocediera mientras se agarraba el pecho, incapaz de decir una palabra—.
Yo soy el jefe aquí, ¡yo digo como son las cosas!
—Una sonrisa burlona permanecía en los labios de Leylin—.
Jovencito, puedes irte ahora, pero, si lo haces, ¡nunca podrás regresar a mi tienda!
Longbottom permaneció en silencio, luego caminó en dirección a los metales sin decir una palabra y se puso a trabajar.
—¡Que hombrecito tan particular!
Leylin se sirvió una copa de bebida de menta y miró tranquilo a Longbottom ir de adelante a atrás sin parar.
Leylin aún tenía que prepararse para un período de tiempo y estaba bastante aburrido.
Sólo tenía que prestarle un poco de atención a los cálculos del Chip de I.A., por lo que podía tomarse el tiempo para juguetear con ese niño.
Ese trabajo no era algo con lo que pudiera lidiar alguien tan pequeño.
Además, era fácil lesionarse durante el trabajo.
Leylin ya había descubierto algunos moretones en los brazos y piernas de Longbottom.
¿Cuánto tiempo más podrá soportarlo?
Espero ese momento.
Leylin se tocó el mentón con una profunda sonrisa en el rostro.
Durante los días posteriores, los ojos de Longbottom estaban apagados y se tambaleaba al caminar, por lo que la gente tenía miedo que el niño simplemente colapsara y muriera.
Una persona inesperada también llegó a la tienda de Leylin.
—¡Estimado Maestro Leylin!
—dijo con una reverencia una joven hermosa que usaba una arpillera áspera como falda—.
¿Puede, por favor, perdonar a mi hermano?
Longbottom ha estado realizando trabajos físicos durante unos 15 días y temo que quizás no pueda soportarlo…
—dijo entre sollozos la joven mientras sacaba un pañuelo blanco.
Luego de abrirlo, Leylin descubrió que había algunas monedas de plata y cobre y también un pedazo roto de una moneda de oro de más o menos un cuarto del tamaño original.
—Si es por lo que ha hecho mal, quiero compensárselo ahora…
Leylin miró a la joven y sacudió la cabeza.
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