Brujo del mundo de magos - Capítulo 491
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491: Capítulo 491 – Huracán Arrasador 491: Capítulo 491 – Huracán Arrasador Editor: Nyoi-Bo Studio Lo que ocurrió esa vez fue claramente una conspiración, ¡una enorme conspiración contra el Clan Uróboros!
Primero fue la revelación de las coordinadas de aquel mundo para atraer a los tres Magos Lucero del Alba, lo que hizo que cayeran en manos enemigas.
Luego, las fuerzas armadas controlaron intensamente las fronteras.
Lo primero que hicieron fue crear problemas para tantear la situación.
Cuando confirmaron que los tres Hechiceros Lucero del Alba de la Serpiente Gigante de Kemoyin no estaban cerca, ¡procedían a exterminar clanes familiares enteros!
Durante ese período inestable, a Leylin, que era un Mago de rango 3 en la Fase de Cristal, se lo consideraba una figura pequeña e insignificante ¡y potencialmente podía ser exterminado en cualquier momento!
Tengo que ser una figura más prominente si deseo que no me ataquen.
¡Más todavía si incluso deseo ir en contra de la corriente!, luego de reflexionar un poco, Leylin se mostró más decidido: A aquellos que están debajo del rango Lucero del Alba se los considera personas insignificantes, pero, ¿qué hay de los que ascienden más allá del reino del Lucero del Alba?, los ojos de Leylin brillaron.
Sólo después de ascender a un rango más alto del Lucero del Alba podré decidir mi propio destino.
¡Entonces no me abandonarán o destruirán cuando otros lo deseen!
Chip de I.A., ¿cuál es el progreso de la recopilación de datos con respecto al reino del Lucero del Alba?, preguntó Leylin inmediatamente.
[Biip.
Las deducciones acerca del reino del Lucero del Alba se encuentran completas en un 34.5%.] respondió el Chip de I.A.
Leylin siempre había estado obsesionado con la información de ese tema, pero por la falta de muestras reales, el progreso estaba apenas llegando a la mitad.
Los avances recientes se debían en su totalidad al clon del Rey de la Montaña Celeste, que había permitido aumentar bastante el progreso.
Leylin recordó lo que él había usado para ascender a Lucero del Alba.
El hueso de la Lamia ya ha sido preparado.
El experimento de la combustión del linaje también ha sido probado numerosas veces y no habría errores.
¡Lo único que falta ahora son las deducciones del Chip de I.A.
sobre el reino del Lucero del Alba!, Se dijo a sí mismo.
Esos tres factores eran clave para la confianza de Leylin en ascender al reino del Lucero del Alba.
Por otra parte, la deducción que debía hacer el Chip de I.A.
Sobre la naturaleza del reino del Lucero del Alba también era un factor crucial.
El progreso actual es insuficiente.
¡Necesitamos un progreso de al menos el 50% o más para poder evitar los errores durante la formación de la masa infinitesimal!
¡Una muestra del clon de un Mago Lucero del Alba será suficiente!, Leylin siguió con su razonamiento.
Un rayo de determinación brilló en los ojos de Leylin.
Volteó sus palmas hacia arriba y aparecieron en ellas runas pedregosas llenas de agujeros.
Si esto todavía no funciona, entonces agregaremos esto…
pensó.
Un Mago que recién había alcanzado la Fase de Cristal y deseaba construir una masa infinitesimal para ascender al rango Lucero del Alba necesitaría, como mínimo, algunos cientos de años de acumulación y trabajo duro.
Leylin lógicamente sabía esto, pero el tiempo no estaba de su lado.
Además, ¡tenía muchas cartas de triunfo ocultas y un entendimiento lo suficientemente profundo que podía superar al de muchos Magos en la Fase de Cristal que llevaban cientos de años acumulando conocimiento!
… En la frontera del territorio de la Familia Parble había un Mago con ojos brillantes como estrellas y cabello largo azul.
Su rostro estaba rojo de furia.
Los numerosos Hechiceros de rango alto y los incluso más numerosos soldados comunes ante él eran demasiados para que los pudiera contar.
A cierta distancia se podía ver el contorno de una ciudad gigante.
Sobre ella había llamas que habían comenzado a consumirla.
Los gritos y llantos de los residentes parecían atravesar las llamas ardientes y llegar junto al Mago.
El resentimiento, junto con la extrema agonía acumulada podían ser un impulsor que diera lugar a una existencia aterradora.
Comparado con la vida anterior de Leylin, en ese mundo en el que el poder de la energía era más reactivo, ¡cualquier cosa era posible!
Pero el Rey de la Montaña Celeste no frunció el ceño ni una sola vez.
Era como si exterminar decenas de miles de personas fuera como matar una mosca, ya que no suscitó ninguna emoción en él.
—Ya se han destruido siete ciudades y hubo más de cinco millones de víctimas.
Más de diez Hechiceros de rangos altos han fallecido…
—el Rey de la Montaña Celeste mostró una sonrisa fría mientras decía—.
Y pensar que el Clan Uróboros todavía está metiendo su cabeza en la arena como un avestruz.
Parece que Gilbert y el resto ya han caído en los otros reinos…
Su visita esa vez obviamente no era sólo por Leylin, sino más para tantear las reacciones de los Magos Lucero del Alba.
Si ellos estaban ahí, ¿cómo sería posible que sólo miraran mientras él sembraba el caos?
Los Hechiceros normalmente tenían temperamentos feroces y quizá hubieran atacado directamente la Ciudad de la Montaña Celeste.
Pero, ¿ahora?
La destreza militar de sus rivales claramente no estaba funcionando e incluso los refuerzos de los Hechiceros de rangos altos parecían caóticos.
Por esa razón habían sido masacrados con tanta facilidad.
—Originalmente había decidido simplemente dejar que mi clon falleciera aquí.
Pero al parecer ahora puedo obtener beneficios mucho mayores…
—dijo el Rey de la Montaña Celeste mientras sus ojos brillaban con una avaricia imposible de ocultar, Pero rápidamente se acarició la cara y su expresión se tornó triste—.
¡Leylin Farlier!
—gritó con todas sus fuerzas el nombre del hombre que había causado que sufriera pérdidas al punto que había deshonrado el nombre de su clan—.
Espero que vivas lo suficiente para ver el día en que ataque el Clan Uróboros…
El Rey de la Montaña Celeste se rio con frialdad.
En un instante, frunció el ceño y sus ojos se abrieron aún más.
—¿Esta aura?
¿Tiene las agallas para aparecer aquí?
—cuestionó el Rey de la Montaña Celeste y algunos de sus músculos faciales se acalambraron—.
Ya que deseas la muerte, ¡estoy más que dispuesto a ayudarte con eso!
¡Bum!
Todo el cuerpo del Rey de la Montaña Celeste se transformó en un rayo azul y, en un instante, atravesó el cielo y desapareció.
No fue hasta media hora después que unos Hechiceros de rango bajo atemorizados salieron del mar de cuerpos.
En sus rostros podía verse el horror y no se atrevieron a si quiera mirar en dirección al Rey de la Montaña Azul antes de escapar rápidamente del lugar.
Lo que había ocurrido ese día sería una pesadilla eterna en sus vidas.
El Cañón del Mar Oeste.
Esa era una zona de peligro de rango 3 dentro del territorio de la Familia Parble.
De las profundidades de sus grietas surgía un huracán que podía arrasar con todo en su camino.
Ningún ser por debajo del rango 4 tendría alguna posibilidad de sobrevivir al huracán.
En ese momento, Leylin estaba parado al borde del acantilado.
Los vientos fuertes hacían que su ropa flameara.
¡Jiu!
Un sonido explosivo penetrante se oyó desde la distancia.
Ondas de energía pura llevaron a una reacción en cadena y una gran cantidad de aire se desplazó y formó un vacío al instante.
¡Pa!
El cuerpo del Rey de la Montaña Celeste aterrizó firme en el suelo.
Con el ceño fruncido, alineó su mirada letal con la de Leylin.
Parecía que tenía miedo de distraerse solo un momento y que aquel Mago astuto se escapara, como ocurrió la vez anterior.
—Pensar que aún te atreves a aparecer ante mi…
¿Debería aplaudir tu valor?
—soltó el Tel de la Montaña Celeste.
Luego de escanearlo con su fuerza del alma y de confirmar que no había Magos Lucero del Alba esperando para emboscarlo, el Rey de la Montaña Celeste acarició su propia cara.
Aunque la parte de su rostro donde Leylin lo había atacado anteriormente no tenía marcas, la humillación permanecía allí.
¡Esa humillación sólo podía ser borrada con la sangre fresca de Leylin!
—¿Por qué no traería a los demás aquí?
—Leylin se rio ligeramente—.
Sólo eres un clon que no puede ascender al reino del Lucero del Alba…
Además, soy el encargado de esta región.
¡Yo debo juzgar los crímenes que cometiste!
Obviamente, Leylin no podía divulgar la noticia de que los tres Hechiceros jefes del Clan Uróboros habían desaparecido.
Como resultado, había usado hábilmente su puesto como una cortina de humo.
Como era el encargado de esa región, luego de confirmar que él no podía completar la tarea por sí mismo, los refuerzos de los cuarteles habían quedado a cargo.
El Rey de la Montaña Celeste no era un tonto y no había garantías de engañarlo.
Sin embargo, mientras pudiera levantar sus sospechas, se consideraría un éxito.
Si había una posibilidad de que todavía hubiera Magos Lucero del Alba en el Clan Uróboros, los enemigos no se atreverían a ser demasiado rebeldes.
La capacidad destructiva de las tácticas asesinas de un Mago Lucero del Alba definitivamente no le traería nada bueno a nadie.
Cuando se presionaba a un Mago Lucero del Alba, este ignoraría los tratados de paz y comenzaría a usar desenfrenadamente las Artes Oscuras del Lucero del Alba.
La destrucción que podían causar era tan inmensa que ni siquiera los Magos Luna Radiante podían explicarla.
En otras palabras, aunque atacaran con éxito el Clan Uróboros, los beneficios que podían obtener quizás no compensarían siquiera las pérdidas que sufrirían por las Artes Oscuras del Lucero del Alba.
Los Magos no eran tontos y, si la batalla no les traería beneficios y hasta potencialmente podía causarles pérdidas, no estarían dispuestos a involucrarse.
Bajo estas amenazas, aquellos Magos con el poder del Lucero del Alba podían coexistir pacíficamente en el continente central, y por eso rara vez se desataba algún conflicto considerable.
Por lo que entendía Leylin, un Mago Lucero del Alba era el equivalente a un arma nuclear en su vida anterior.
Los países con armas nucleares podían elegir la destrucción mutua, por ende, se toleraban entre sí y por eso podía sostenerse la actitud pacífica.
Pero, ¿ahora?
Si los forasteros escuchaban rumores de que las armas nucleares del Clan Uróboros habían desaparecido, una calamidad resultaría inminente.
Como resultado, Leylin se presentó ante el Rey de la Montaña Celeste como un oficial de alto rango muy preocupado por su honor.
Antes de estar seguro de que el problema no podía manejarse, no había pedido refuerzos de los cuarteles.
Eso podía explicar, aunque solo un poco, por qué no había respuesta de los Magos Lucero del Alba.
Había hecho todo lo que podía hacer y no podía molestarse en pensar cómo el Rey de la Montaña Celeste iba a reaccionar.
Como era de esperarse, el Rey de la Montaña Celeste sólo estuvo confundido por un momento antes de que una sonrisa burlona apareciera en su rostro.
—¿Creíste que iba a creer tus tonterías?
—bufó.
—¡Depende de ti creer o no!
—Leylin se encogió de hombros—.
¡Pero tendrás que morir hoy!
Hubo un estruendo y, como si fuera para probar lo que había dicho, las tranquilas olas del Cañón del Mar Oeste comenzaron a chocar contra el acantilado en un instante.
Como un noble del Clan Uróboros, Leylin lógicamente tenía acceso a mucho material de lectura.
Como las condiciones geográficas del Cañón del Mar Oeste no eran secretas, esa información, naturalmente, había sido registrada en la base de datos del Chip de I.A., y Leylin, que deseaba conservar el clon del Rey de la Montaña Celeste, inmediatamente pensó en el ambiente único del Cañón del Mar Oeste y en el huracán abrasador.
Sus habilidades no estaban a la par de las de su oponente, ¡por lo que necesitaba ayuda externa!
Luego de importantes inspecciones del lugar y de usar el Chip de I.A.
para estimular el proceso de erupción del Cañón del Mar Oeste, deducir el momento exacto era sólo cuestión de tiempo.
Luego estaba la elección de un momento adecuado para atraer al Rey de la Montaña Celeste.
Leylin creía que, por el odio que sentía el Rey de la Montaña Celeste hacia él, en cuanto descubriera su aura, definitivamente iría.
En efecto, todo resultó como lo esperó.
¡Auuuu!
El huracán embravecido silbó como un gran dragón negro y de repente se alzó hacia el cielo escupiendo su furia.
Leylin, parado frente a las llamas ardientes, era como un caballero antiguo y heroico montando una criatura mística gigante.
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