Brujo del mundo de magos - Capítulo 863
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863: Capítulo 863 – La Trampa 863: Capítulo 863 – La Trampa Editor: Nyoi-Bo Studio Las cosas sucedieron de acuerdo con las expectativas de Leylin.
Muchos ogros se acercaron a ellos a desafiarlos de vez en cuando, en grupos de cinco o seis o hasta más de diez al mismo tiempo.
Como obviamente no podían dañar al grupo más numeroso, huían con la cola entre las patas y algunas veces dejaban una gran cantidad de cadáveres.
Muchos mercenarios estaban aterrados al principio, pero, con el correr del tiempo, comenzaron a recostarse en la parte delantera de los techos de los carruajes a observar las patéticas formas en que los ogros huían mientras reían a carcajadas.
Aquella actitud relajada contagió incluso a los Halcones Cenicientos.
Leylin descubrió que, además de Siegfried y aquella bruja, los demás miembros parecieron sobreestimar a sus enemigos.
—Faltan otros dos días hasta que podamos abandonar esta región.
¡Es la misión más fácil que ha realizado el Viejo Pam!
Mientras el grupo continuaba, el enano Pam se aferraba a su botella de alcohol como si fuera un objeto precioso, mientras su nariz afectada por la rinofima resplandecía.
—No quiero ver a esas asquerosas alimañas nunca más…
—el resentimiento de Rafiniya era obvio.
Desde el momento en que había intentado alardear, no había participado en los ataques a los ogros.
Parecía que esa jovencita había quedado enormemente asustada por la dolorosa experiencia.
¡Auuu…!
En ese momento, se oyeron los terribles gritos de los ogros delante del grupo.
El Viejo Pam hipaba contento, totalmente ajeno a los sonidos.
—Hip…
¡Otra vez, otra vez!
Los que nos dan dinero gratis han regresado…
Me pregunto quién será lo suficientemente afortunado para obtener las orejas de los ogros.
Las recompensas son muy buenas…
—Las cosas no van a ser tan fáciles…
—Leylin desenvainó su espada larga; se veía abatido.
—¿Qué quieres decir?
—Pam tenía algunas sospechas, pero su expresión cambió rápidamente.
Los gritos continuos sonaban en todas las direcciones y ocultaban intenciones escalofriantes que hicieron que Nick, el caballo de guerra, relinchara angustiado.
—Maldición, ¡son demasiados!
La botella del Viejo Pam cayó al suelo y produjo un crujido.
Sin embargo, él no tenía tiempo de sentir pena por su tesoro, por lo que inmediatamente sacó el arma de fuego en su cintura.
¡Tac tac!
¡Tac tac!
En la parte delantera del grupo había un caos absoluto.
Muchos comerciantes habían abandonado sus productos y corrido por su vida de la forma en que habían llegado, lo que generó un alboroto aún mayor.
Hubo muchas víctimas entre los mercenarios y se podía ver una enorme cantidad de figuras altas en la distancia.
—¡Es una trampa!
¡Nos han rodeado!
—¡Ayuda!
¡Son más de 200 ogros!
—Maldición, ¿dónde están los Halcones Cenicientos?
¿Dónde está Siegfried?
¿Podrá ser que ya haya muerto en manos de los ogros chamanes?
Muchas voces se mezclaron y todos los que estaban cerca de Leylin palidecieron al instante.
Luego se vieron ahogados por una oleada caótica de personas que empujaban junto con la multitud.
Tan indefensos como una hoja frente a un tifón, tuvieron que correr por sus vidas.
—¡Hermana Hera!
—gritó Rafiniya mientras saltaba al carruaje y ocupaba el rol del cuidador de caballos, que había desaparecido, al tomar con fuerza las riendas.
El halfling ladrón parecía querer ayudar, pero era incapaz, por lo que desapareció entre la muchedumbre.
¿Y el arquero humano?
Ese tipo había montado el preciado caballo de Rafiniya, Nick, y se había ido galopando a toda velocidad cuando el caos comenzó.
Rafiniya había tenido que controlar el carruaje y no tenía tiempo de preocuparse por eso, lo que le permitió al arquero robar exitosamente al caballo.
Se podían oír llantos y gritos una y otra vez, mientras que los rugidos y chillidos de los ogros detrás eran el mayor impulso.
Todo el grupo de la gran caravana se desarmó completamente.
La multitud empujaba y se abría paso a la fuerza.
No les importaba apuntar sus armas hacia su propia gente para salirse con la suya.
En medio de aquella enorme confusión, Leylin desapareció rápidamente con el carruaje.
Por supuesto, esa era su intención.
—¡Entonces realmente era una trampa!
Aunque sólo era una formación de bolsillo[i], no esperaba que esos ogros fueran tan inteligentes…
Realmente ya no puedo menospreciarlos.
En ese momento, el voluminoso carruaje era como un bote roto en un tsunami a punto de quedar destruido.
El enano Pam ya había desaparecido.
Teniendo en cuenta su físico, Leylin sólo podía orar por que Pam no fuera pisoteado hasta morir en el caos.
—¡Es mi oportunidad!
La figura de Leylin danzaba ágilmente entre la multitud y avanzaba en la dirección opuesta.
Los chillidos de los ogros eran aún más claros allí y se oían los escalofriantes sonidos de los destrozos de los cuerpos.
—Las fuerzas principales de los ogros deberían estar aquí.
Puedo tomar una ventaja perfecta de esta conmoción, además…
—los ojos de Leylin centellearon con frialdad.
Los ogros no tenían una ventaja numérica sobre el grupo de mercenarios.
Podían intentar vencerlos frente a frente, pero eso tendría un precio terrible.
En cambio, habían preparado una emboscada e incluso habían dejado una ruta de escape en la parte trasera.
Eso no había sido por buena voluntad, su objetivo era sembrar un caos mayor el grupo.
Cuando aún había una posibilidad de escapar, no todos eran tan valientes para arriesgar sus vidas.
¿Cuántos atacarían a sus propios compañeros sin dudarlo para tener una oportunidad de sobrevivir?
Por otra parte, lo más importante era que perseguir soldados dispersos era una batalla prácticamente imposible de perder.
—Sólo los líderes de dos cabezas o los ogros chamanes pueden idear un plan así…
—los ojos de Leylin brillaron—.
Entonces, la única forma de sobrevivir es avanzar en la dirección opuesta y atravesar esa formación.
Sus fuerzas principales están aquí, y habrá muchos soldados dispersos y prisioneros, por lo que habrá pocas posibilidades de que me persigan.
Mientras pueda encontrar a un caballo veloz y galopar por un tiempo, podré salir de esta región llena de ogros…
Aquellos que podían ver ese camino y tomarlo eran realmente decididos y perseverantes.
Era una pena que Leylin no pudo ver a prácticamente nadie que tomara la misma decisión que él.
Quizá había algunos comerciantes inteligentes capaces de entenderlo, pero el pánico había reducido enormemente su capacidad de pensar.
O tal vez estaban al tanto pero no contaban con la fuerza para hacerlo, por lo que sólo podían unirse a la multitud y orar a la Diosa de la Suerte para que los ayudara en su huida.
—Además…
Si no me dirijo a las primeras líneas, ¿dónde voy a obtener ogros de alto rango para absorber fuerza?
Leylin irrumpió en un gran carruaje vacío.
Ya no llevaba una armadura de cuero y la espada larga de acero que solía usar había sido tirada a un costado.
Se había vestido con ropa negra entallada y se había cubierto la mitad del rostro como un ladrón común.
El anillo de brujería brillaba ligeramente en su mano izquierda en ocasiones y había una luz sangrienta y fría que titilaba en el puño de su mano derecha, como la lengua de una serpiente venenosa.
Cuanto más se alejaba, menos personas había.
Había banderas, carruajes, armaduras y armas abandonadas en todas partes.
La sangre fluía sin cesar y formaba charcos color rojo oscuro en el suelo.
Algunos ogros masticaban cadáveres incompletos de vez en cuando, una imagen que aterraría a cualquiera.
Todavía había algunos grupos de mercenarios inmersos en la batalla.
En el centro, la bandera de los Halcones Cenicientos flameaba con orgullo.
—Capitán, ¡nuestros hermanos no podrán resistir mucho!
La bruja sacudió el brazo y lanzó Impulso Inspirador y varios hechizos similares.
Eso permitió que los mercenarios cercanos reaccionaran.
Los Halcones Cenicientos y algunos otros grupos de mercenarios de mediana escala ya habían hecho que una gran cantidad de ogros retrocediera para que los grupos de comerciantes tuvieran una posibilidad de escapar.
Una multitud infinita de ogros continuaba rodeándolos e incluso los superaba en número.
—Les dimos el tiempo para escapar, ¡hicimos nuestro trabajo!
Preparen los hechizos, todo el equipo se dispersará y huirá.
¡Reunámonos nuevamente en la Aldea de la Roca Gigante que pasamos anteriormente!
Una creciente energía vital se enroscaba alrededor del cuerpo de Siegfried.
Su armadura emitía un ligero resplandor y, sorprendentemente, era un artefacto mágico de alto grado.
Su gigantesca espada blanca plata ahora estaba manchada con la sangre de los ogros.
—¡Destructor de los Cielos!
El escalofriante poder de la técnica de batalla de un luchador de alto rango era mucho más poderoso que el de Rafiniya.
La energía vital salió disparada como una flecha que provocó la muerte instantánea de una enorme cantidad de ogros.
Incluso se formaron algunas grietas en el envolvimiento.
—¡Escapemos!
—Siegfried apuró violentamente a su caballo, pero al pasar junto a la bruja, habló en voz baja—.
¡Escapemos por el frente y reunámonos en la próxima ciudad más grande!
Como el capitán veterano de un equipo, Siegfried no era tan honrado y grandioso como aparentaba.
En realidad, las buenas personas nunca duraban mucho como mercenarios.
Mientras él y la bruja sobrevivieran, los Halcones Cenicientos podrían rearmarse en cualquier momento.
—Desde la perspectiva de un mercenario, lo ha hecho muy bien.
No debería ser regañado por lo que dijo al final…
—a un costado del campo de batalla, Leylin se ocultaba en las sombras y abrazaba sus brazos mientras evaluaba a Seigfried—.
Pero…
Los ogros no son tan simples en esta ocasión…
Entonces miró más allá del envolvimiento justo frente a él y, en la parte trasera, vio indicios de intenciones asesinas.
—¡Cadenas de Rayos!
La bruja vestida de negro rasgó un pergamino y distintas cadenas de rayos blanco plata explotaron y atacaron al grupo de ogros.
Aquellos que fueron golpeados se desplomaron con un chillido mientras se esparcía un olor chamuscado y se abría un camino para la bruja.
Al verlo, se mostró encantada.
Sin embargo, antes de que pudiera hacer otra cosa, se transmitió una poderosa ondulación mágica desde un lugar lejano.
—¡Demonios!
La expresión de la bruja cambió rápidamente.
[i] Táctica militar que consiste en atraer a los enemigos a una zona angosta y cerrada “de bolsillo” y rodear la entrada/salida con soldados para sellar el “bolsillo”, aislando así al enemigo.
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