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Brujo del mundo de magos - Capítulo 930

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930: Capítulo 930 – La Isla 930: Capítulo 930 – La Isla Editor: Nyoi-Bo Studio —Mátenlo —Leylin agitó su mano con indiferencia, como si estuviera espantando a una mosca.

—¿Por qué?

La expresión de Arfo cambió inmediatamente y su cuerpo brilló con las ondulaciones de un pergamino de teletransportación.

Sin embargo, la luz brillante se dispersó de inmediato y lo dejó sin esperanzas.

Muchas armas lo atacaron, pero una, que estaba llena de energía vital roja y estaba casi a la altura de un dragón legendario, inmediatamente convirtió en carne picada al emisario.

Sólo después de actuar de forma inconsciente los piratas reaccionaron y sus cuerpos comenzaron a temblar ligeramente.

¡Por todos los cielos!

¡Realmente habían asesinado al sacerdote de una verdadera deidad!

Aunque los piratas eran capaces de cualquier cosa malvada, mantenían una gran reverencia hacia los dioses.

—¿No es sólo un sacerdote?

Si está muerto, está muerto.

Hay algo más aterrador que esto con lo que tendremos que lidiar pronto…

—Leylin aplaudió con indiferencia.

Descendieron algunas llamas rojas que quemaron el cuerpo y lo convirtieron en cenizas, lo que hizo que los piratas sintieran que estaban soñando.

—Entonces, ¿sus datos eran falsos?

—la atención de Isabel se enfocaba en otra cuestión.

—No, la información era cierta —Leylin sacudió la cabeza y enrolló el mapa—.

Dale esto a nuestro oficial de navegación y haz que se lance al ataque mientras avanzamos por esta ruta.

—Tú aún…

—Isabel se vio incapaz de seguir la velocidad de los pensamientos de su primo.

—Aunque el mapa es real, tiene intenciones malvadas.

Ya tengo la fuerza suficiente, ¡no tengo más opción que asesinarlo!

—Leylin reía mientras hablaba con una mirada fría.

Había sido demasiado débil durante la Marea de los Piratas e incluso había necesitado de la ayuda de los Bárbaros y el Gremio de Ladrones.

En aquel momento, debía tolerar las acciones secretas de esas personas, pero las cosas eran diferentes ahora: era un brujo de alto rango y un oscurista que superaba ampliamente a los de su mismo rango, contaba con Tiff, que tenía una fuerza legendaria, e Isabel se había convertido en una Hechicera Dragón, lo que le permitía aumentar rápidamente su fuerza.

A pesar de que su linaje la limitaba, no era un problema hasta que se convirtiera en una leyenda.

Por otra parte, la familia Faulen no era la misma de antes.

Quizá no gobernaban los océanos, pero su poder abarcaba la mayoría de las regiones marítimas.

Con una fuerza así, Leylin era el rey de todo.

¿Eran necesarios los acuerdos?

Además, si los sacerdotes del Dios del Asesinato eran realmente poderosos, ¿por qué continuaban planeando y conspirando para aumentar la tensión entre ambas partes y no tomaban ellos mismos la región?

Por esa razón, Leylin estaba seguro de que no tenían una buena impresión ni de él ni de los Bárbaros y debía desarrollar un plan para eliminar a todos de una sola vez.

—El Dios del Asesinato…

—Leylin utilizó al Chip de I.A.

y halló inmediatamente toda la información sobre aquel dios superior—.

A pesar de que es muy anciano, es famoso por su temperamento.

Recientemente, se ha rumoreado que está enloqueciendo.

Dada su condición, probablemente le resulte difícil reaccionar velozmente incluso si una rama con un obispo a cargo fuera aniquilada…

Además…

Leylin observó la descripción que el Chip de I.A.

mostró en la pantalla mientras una mirada temerosa pasaba por su rostro.

Una vez se enfrentó a Sombra Distorsionada y anunció que había asesinado a ese gran Mago de rango 8…

Leylin ahora tenía un entendimiento profundo del poder de Sombra Distorsionada.

Era imposible que cayera en manos de aquel dios tan fácilmente.

Las cosas comenzaron a cambiar desde ese momento.

Cyric comenzó a enloquecer más y más y a volverse irracional…

Leylin se acarició el mentón; parecía reflexionar profundamente.

¿Resultó gravemente herido en la batalla, lo que dio lugar al cambio en su carácter, o Sombra Distorsionada lo engañó y el poder de la distorsión lo afectó?

Aunque el ocaso de los dioses había terminado, no era fácil dispersar a los Magos de las sombras que habían quedado en el Mundo de los Dioses.

—Sea lo que sea, ¡las garras que el Dios del Asesinato extendió hacia los océanos deben ser arrancadas!

—decidió Leylin.

Luego, anunció: —¡En marcha!

El inmenso Tigre Escarlata rugió como un gigantesco monstruo de las profundidades del mar que avanzaba hacia el campo de batalla.

Un movimiento tan enorme por parte de los Tigres Escarlata lógicamente llamó la atención de muchas organizaciones en los océanos.

Los Bárbaros también habían reunido a todos sus guerreros en la Caleta de los Piratas.

Se aproximaba una batalla de vida o muerte entre ambos grupos que determinaría al rey de los mares.

Un cambio tan gigantesco inmediatamente hizo que muchas personas sintieran temor por las consecuencias.

Sabían perfectamente que, sin importar quién venciera, sería el día del Juicio Final para ellos.

Algunos seres aún más dementes estaban realizando sus preparativos en secreto, esperaban obtener algunos beneficios de la batalla.

¡Su intención era la de aniquilar a las dos grandes organizaciones piratas de modo que pudieran convertirse en los reyes del mundo oscuro!

—¡Asesinó a mi hijo, Arfo!

¡Bum!

Las llamas de repente aumentaron varias veces de tamaño y reflejaron el rostro distorsionado del obispo que estaba bajo tierra.

—¡S-Sí, mi Señor!

—la voz del ladrón temblaba mientras él le informaba de lo ocurrido.

desde que el obispo había obtenido la gracia de su dios, su personalidad también había resultado afectada.

Se había vuelto muy terco…

¡y loco!

Por ejemplo, anteriormente, el obispo definitivamente no habría provocado a los dos grupos de piratas para que se enfrentaran en una batalla final y así aniquilarlos a todos al mismo tiempo.

—Ah…

Qué despreciable…

Quiero matarlo.

¡Maten a Leylin!

En el cuarto secreto había una estatua de Cyric.

Parecía haber una capa de humo rojo oscuro a su alrededor que provocaba algunos cambios.

En ocasiones, el obispo, parado debajo de la estatua, se veía siniestro, pero en otros momentos se mostraba sereno.

Básicamente era un demente.

—Jeje…

También es bueno que esté muerto.

Arfo debería haberse ido al infierno hace mucho tiempo.

Lo ha hecho bien, ¡me evitó muchos problemas!

—Mi-Mi señor, ¡me retiraré ahora!

Ver al obispo en ese estado era algo muy estresante para el ladrón, que había reportado toda la información con gran temor mientras intentaba caminar lentamente hacia atrás.

—Ya que Arfo está muerto, ¿por qué tú vives?

—preguntó el obispo, que se volteó y lo miró furioso.

Su mirada era tan fría que el ladrón sintió que estaba rodeado de hielo.

—No, ¡eso no es asunto mío, mi señor!

El ladrón supo que las cosas no resultarían bien para él, por lo que se volteó y corrió, pero era demasiado tarde.

Las llamas negras rugieron, arrasaron con el lugar y envolvieron al ladrón haciendo que chillara como un cerdo a punto de morir.

Al ver que el ladrón desaparecía poco a poco entre las llamas, apareció una sonrisa enfermiza en el rostro del obispo.

Una vez que terminó de ejecutar al ladrón, se arrodilló frente a la estatua, bajó la cabeza y comenzó a rezar.

—Keke…

Pronto, maestro, ¡sacrificaré más cuerpos y almas para usted!

La estatua miró con frialdad al obispo y los rayos color rojo oscuro a su alrededor se volvieron más cegadores…

…

—Es la Isla Escama del Fuego.

¡Aquí está!

Era muy poco práctico que la flota pirata rodeara totalmente la isla.

Sin embargo, con la ayuda de la magia, no era difícil anular algunas rutas de navegación.

Leylin observaba con su telescopio a una isla completamente roja que tenía un volcán.

—De acuerdo con la información, la tribu barbárica de Odge debería estar allí aumentando sus números…

—dijo mientras bajaba el telescopio—.

Todos los luchadores abandonarán la nave, ¡masacraremos esa isla!

—ordenó.

Uno podía ser completamente inescrupuloso en la guerra, pero eso seguía siendo tabú.

En el pasado, Leylin no habría tenido el coraje de hacer algo así porque, en el momento en que lo hiciera, sus rivales se dirigirían a Puerto Venus y atacarían a su familia.

Sin embargo, ahora tenía la torre del brujo.

Leylin incluso esperaba que Odge tomara la iniciativa y buscara su propia muerte en Puerto Venus.

La orden se transmitió rápidamente y muchos piratas navegaron en pequeños botes hacia la costa, como si fueran hormigas.

—Karen, Robin Hood, Ronald —dijo con mayor lentitud Leylin.

—¡Jefe!

—Robin Hood llegó junto a él y esperó sus órdenes respetuosamente.

—Toma la flota y márchate, ¡regresa sólo cuando envíe la señal!

—ordenó Leylin.

Sabía que, una vez que se difundiera la noticia de que había atacado el lugar, los Bárbaros definitivamente se abalanzarían como locos hacia él.

Cuando el momento llegara, Leylin ciertamente no quería que su flota pirata resultara dañada.

Habría sido demasiado problemático atacar la Caleta de los Piratas, entonces, si podía arrastrar a su oponente hasta allí, ¿por qué no hacerlo?

—Ni siquiera puedo imaginar el calor y el entorno terrible de esta isla, ¿por qué eligieron este lugar los Bárbaros?

—preguntó Isabel mientras cortaba las enredaderas que bloqueaban su camino.

Eran plantas anchas de hojas verdes por las que goteaba un rocío de olor muy fuerte que hizo que frunciera el ceño.

—Esos Bárbaros inmigraron aquí porque la seguridad de la tribu es lo más importante.

Como piensas que no les gustará este lugar, ellos pueden hacer lo que quieran…

—le explicó Leylin.

No tenía nada de qué preocuparse desde que estaban en la gran isla.

Mientras supiera la ubicación general, no podrían ocultarle las grandes ondulaciones de fuerza vital.

—¡Jefe!

Hemos encontrado resistencia en una montaña más adelante.

¡Son Bárbaros!

—dijo un pirata que llegó corriendo.

—Mátenlos, no necesitamos prisioneros —Leylin asintió con indiferencia.

A los piratas no les habría importado asesinarlos aunque hubieran sido de la misma raza, mucho menos si pertenecían a otros.

Poco después, Leylin cruzó una fortaleza y vio el suelo colmado de cuerpos barbáricos.

Muchas de sus heridas aún sangraban.

Todos se veían más pequeños y débiles que el promedio.

—Parece que eran los viejos, débiles, mujeres y niños.

Odge debe haber llevado a todos los jóvenes fuertes a su equipo.

Leylin asintió; ya no tenía ninguna duda sobre si destruir su tribu o no.

Honestamente hablando, Odge era un líder muy sabio.

No solo había llevado decididamente a su raza a los mares abiertos, sino que también había sobrevivido con tenacidad.

Una tribu como esa necesitaba ayuda externa y recursos para desarrollarse, razón por la que se vieron forzados a involucrarse en la piratería.

Él era muy capaz, había podido convertirlos en uno de los tres grupos de piratas más importantes del océano e incluso había tomado el control de la Caleta de los Piratas.

Lamentablemente, estaba en el camino de Leylin, su único destino era ser eliminado…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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