Brujo del mundo de magos - Capítulo 934
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934: Capítulo 934 – El Asesino 934: Capítulo 934 – El Asesino Editor: Nyoi-Bo Studio —Mientras reinemos en los océanos, no faltarán los rivales…
—dijo Leylin con una sonrisa—.
Esta vez, sólo son algunos pequeños ratones que se sobreestiman…
Ronald, ¿cómo piensas que deberíamos lidiar con ellos?
—Por supuesto, cortaremos sus cabezas y arrancaremos sus garras y luego las guardaremos en botellas de aceite.
¡No tendremos piedad!
—respondió Ronald con un espíritu asesino.
La ley de los piratas dictaba solo una sentencia para aquellos que se atrevían a saquear y desafiar el estatus de alguien: ¡la muerte!
… Las sombras de las velas danzaban mientras numerosos marineros y piratas gritaban en sus intentos por controlarlas.
También remaban, para que las naves avanzaran a mayor velocidad.
Un obispo en la embarcación de mayor tamaño fruncía el ceño y tenía un mal presentimiento de la situación.
—Acelera esto, Rogers, ¡Debemos llegar allí tan rápido como podamos!
—Lo entiendo, maestro —respondió respetuosamente un capitán pirata junto al obispo—, pero esto es lo más rápido que podemos ir…
—¿En serio?
¿Entonces por qué el Tigre Escarlata y el Tsunami Barbárico pueden superar los 18 nudos?
—el obispo frunció el ceño.
¡Son grupos de piratas más grandes!
¡Sus acorazados han sido encantados!
Pensó Rogers, que no se atrevió a decirlo en voz alta.
Dudó por un momento y respondió como si estuviera en aprietos.
Son habilidades individuales, no están relacionadas con la velocidad de la flota…
—No, no.
¡Todos ustedes intentan engañar al poderoso Dios del Asesinato y a sus sacerdotes!
—el obispo miró a Rogers y sus músculos faciales se retorcieron hasta volverse inigualablemente siniestro.
—No, no es así…
Maestro, mi lealtad hacia nuestro dios…
No, ¡por favor, perdóneme!
¡Por favor, perdóneme!
El capitán había visto los métodos despiadados del obispo.
El horror invadió inmediatamente su rostro y se arrodilló.
Esa acusación no era algo insignificante, el obispo se había vuelto más sanguinario y demente últimamente y a veces asesinaba a otros por nimiedades.
Rogers comenzó a lamentar haber respondido al llamado.
¡Pum!
Sin embargo, mientras suplicaba perdón, una daga negra atravesó su garganta.
Se destrozó su tráquea y brotó una gran cantidad de sangre.
Los ojos de Rogers se pusieron en blanco y sus manos se aferraron con fuerza a su garganta.
La sangre fluyó sin cesar entre sus dedos y produjo gemidos guturales.
La lucha del hombre moribundo terminó rápidamente.
Los piratas de las inmediaciones quedaron inmóviles y comenzaron a desear poder esconder sus cabezas dentro de sus pechos.
Su capitán, que había sido alegre y enérgico todo ese tiempo, se había convertido en un cadáver en un instante.
El obispo miró al primer oficial y dijo: —Deshazte de su cuerpo y aumenta la velocidad.
¿Alguna pregunta?
El primer oficial estaba atontado del susto, pero al ver la frialdad en los ojos del obispo, se despabiló inmediatamente.
—No, ¡ninguna en lo absoluto!
Le garantizo, mi Señor, ¡que no hay problema en lo absoluto!
—gritó.
—Entonces ve, o tendrás el mismo destino.
El obispo sacudió los brazos; ya no le preocupaban aquellos piratas que hacían todo lo que estuviera a su alcance, sino que miraba a la distancia con una mirada profunda.
—¡Demonios!
¡Ese maldito noble!
¡No debería haber permitido que se marchara durante la Marea de los Piratas!
El plan del obispo había sido perfecto, provocaría a ambos bandos y ayudaría al más débil.
Una vez que los Tigres Escarlata y los Piratas Barbáricos se debilitaran, su equipo destruiría a ambas organizaciones y se convertirían en los reyes del océano.
Incluso planeaba unificar al mundo oscuro e independizar a los mares abiertos al construir un reino divino allí.
Sin embargo, todo esto había sido arruinado por ese maldito noble.
Comenzaron a aparecer venas en los ojos del obispo.
Nunca había pensado que el noble tendría las agallas de matar al emisario que había enviado.
—Un ser tan intrépido e irrespetuoso debe ser ejecutado inmediatamente, clavaremos su alma en la pared de los traidores mientras grita angustiado…
—como una persona religiosa, el obispo de inmediato sintió un odio profundo por Leylin.
Una persona que no tenía respeto por los dioses nunca podría convertirse en un cordero para su maestro.
Si no podía dominar la mente de Leylin, entonces tendría que destruir su cuerpo.
Así es como el poder funcionaba desde la antigüedad.
Aun así, el obispo no tenía idea de que los dioses eran igual de intrépidos durante su juventud.
Compartían la misma visión, como todos los héroes cuyos nombres permanecían en registros históricos.
Si no tenían éxito, bien podían lanzarse desde un acantilado y fundirse con el suelo corroído debajo de él.
Aunque no conocía ese concepto, el obispo estaba decidido a ver sangre correr.
Quería eliminar a ese ser lo antes posible.
Aún hay tiempo.
Los Bárbaros deben haberlos enfrentado hace poco…
Aunque mis planes se vean ligeramente afectados, la fuerza de los Bárbaros debería ser suficiente para provocar un daño inmenso al otro bando.
Cuando el momento llegue…
El obispo estaba inmerso en sus fantasías.
De repente, se quedó sin aliento al ver una inmensa cantidad de velas en el horizonte.
El cráneo sangriento y la daga de los Tigres Escarlata tomó la delantera e hizo que todos los piratas se inquietaran.
¡Dios!
Los Tigres Escarlata eran la mejor organización de piratas en los mares abiertos.
Habían oído de su ascenso al poder y su salto a la fama y resultaba imposible no sentirse tenso al enfrentarse a ellos.
¡Bum!
Los Tigres Escarlata abrieron fuego sin dudarlo.
Las numerosas naves dividieron la flota como si fueran cuchillos que cortaban manteca.
Los piratas más débiles dependían de las tropas de elite y la moral.
Por el contrario, los Tigres Escarlata deseaban dejar atrás a sus oponentes.
Tenían una confianza en sí mismos incomparable, algo que habían adquirido luego de cortar las cabezas de innumerables enemigos.
—¿Lo ves ahora?
Leylin les dio una orden a Ronald y Robin Hood.
Después de todo, su especialidad era la magia.
Como había estado lejos durante mucho tiempo, no estaba familiarizado con su tripulación.
Aquellos que buscaban mejorar conocían sus debilidades y hacían todo lo posible por compensarlas.
Si él no era el adecuado para algunas cosas, Leylin escogía a quienes eran mejores en ellas.
Alguien que quisiera hacer todo bien solo se agotaría hasta morir.
—¡Parece que Robin Hood y Ronald lo están haciendo muy bien!
—le dijo Leylin a Isabel, que estaba a su lado, mientras reía.
—Son personas a las que tú educaste, ¿intentas alardear de tu extraordinaria visión?
Isabel estaba muy sorprendida en realidad.
Leylin parecía tener un par de ojos especiales y nunca se equivocaría a la hora de juzgar a las personas.
De todos modos, su respuesta indignada se debía a que no quería que su primo se volviera demasiado engreído.
—¡No!
Yo solo…
—justo cuando Leylin se preparaba para responder, su expresión cambió de repente y empujó abruptamente a Isabel a un costado.
Una figura translúcida llegó junto a él como si atravesara el espacio.
¡Era Salto Sombrío!
Una poderosa habilidad que pertenecía a los asesinos de alto rango, una técnica que solo podían comprender aquellos que estaban cerca del reino legendario.
Permitía que los que usaban la dimensión sombría pudieran cambiar de ubicación y atacar a sus enemigos instantáneamente.
Esa habilidad era básicamente la pesadilla de todos.
Leylin era un brujo en un combate en espacio reducido con un asesino que lo había emboscado.
El resultado era obvio.
El asesino de alto rango no reveló ningún movimiento excesivo: ni siquiera el entusiasmo de completar su misión inundó su mirada, solo había apatía y falta de vida en su rostro.
Una poderosa daga negra cubierta de maldiciones atravesó las defensas de Leylin y entró en su corazón.
—¡NOOO!
Isabel enloqueció de inmediato y se abalanzó sobre ellos al tiempo que tomaba la forma de semidragón.
Los ojos del asesino solo comenzaron a brillar cuando su arma entró en contacto con la carne y comenzó a brotar sangre hirviente.
Un estallido de fuerza explotó en su mano derecha mientras planeaba extraer la daga y huir.
Después de todo, un asesino no podía enfrentarse directamente a un espadachín de alto grado.
Había asesinado al líder del bando rival y eso era suficiente.
Para su sorpresa, el asesino no pudo extraer la daga.
Se quedó inmóvil, anonadado al ver cómo aparecían brotes carnosos en el pecho de “Leylin”.
Eran como enredaderas que se ataron con fuerza a la daga.
Ese momento confuso no le dejó posibilidades de escapar al asesino.
El pecho de “Leylin” explotó y muchos zarcillos sangrientos se lanzaron hacia él y lo ataron con firmeza.
Ya estaban intentando penetrar su piel como ventosas y absorber sangre fresca.
—¿Nigromancia?
No, no…
—se oyó una voz gruesa desde debajo del velo del asesino.
—Sólo es una Marioneta de Carne, ¡un hechizo que hice solo para ti!
—se abrió un portal que reveló al verdadero Leylin—.
Tú debes ser el mismo asesino de alto grado que aniquiló a muchos obispos durante la Marea de los Piratas, ¿no?
¡Este es un gran regalo!
—¡Entonces ya te has convertido un Brujo de alto rango!
—los ojos del asesino no cambiaron en lo absoluto mientras permitía que las enredaderas controlaran su cuerpo.
Parecía haber perdido todo deseo de escapar.
—Deja de fingir.
¡Puedo ver todos tus métodos!
—dijo Leylin con frialdad, y disparó numerosos hechizos.
Con el Ancla Dimensional apuntada en su dirección, incluso el plano de sombras se había sellado.
—Demonios…
¡tú!
Como su carta del triunfo había sido descubierta, el asesino ya no se sentía tan tranquilo.
Luego, Leylin lo mató con un Dedo de la Muerte.
—Bastardo, ¿sabes lo preocupada que estaba por ti?
¡Al menos discútelo conmigo antes!
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