Brujo del mundo de magos - Capítulo 995
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995: Capítulo 995 – La Conquista 995: Capítulo 995 – La Conquista Editor: Nyoi-Bo Studio ¿El Dominio de la masacre?
Verdaderamente poderoso…
Murmuró Leylin para sí mismo.
Puedes quitarle la vida y energía del alma al enemigo durante las masacres y recuperarte rápidamente…
Los dioses también tienen ventajas específicas y podría aumentar el poder si mato a los seres más poderosos…
Los avisos del Chip de I.A.
continuaron: [Biip.
El huésped ha asesinado a un ser divino.
Se ha aumentado el dominio de la masacre, absorbiendo la divinidad del oponente.] En ese instante, Leylin sintió que había absorbido la divinidad del ave llameante, algo formado por más de un siglo de adoración de los nativos.
Una luz dorada se extendió por su cuerpo y, con el efecto del dominio de la masacre, su poder se transformó en una parte de él.
Los beneficios de este ataque han permitido que mi divinidad de la masacre crezca enormemente.
Vale al menos dos o tres años de adoración…
Leylin parecía emocionado.
¡Este viaje a los mares exteriores definitivamente vale la pena!
A decir verdad, la forma más rápida para el avance de un dios era apoderarse de la divinidad, la fuerza divina o incluso la chispa divina durante la batalla.
Sin embargo, el imperio nativo no tenía valor por el estado en que se encontraba.
El poder de la fe en esos espíritus terrenales y su fuerza divina tenían enormes fallas; por esa razón, los dioses no se enfocaban en ellos.
Sin embargo, Leylin no le temía a la contaminación de los Magos.
Además de eso, su Físico Absorbente de Pesadillas le permitía absorber sin problema el poder de esos espíritus nativos terrenales.
—Después de absorber la fuerza divina, podré utilizar en gran medida la divinidad y el alma de esta gigantesca ave…
Leylin golpeó el cristal que estaba en la punta del Bastón del Dragón Rojo.
¡Chiu!
¡Chiu!
Una luz deslumbrante con la forma del dragón rojo encarcelado en el interior desapareció.
En su lugar, había una gran ave aterradora, que ardía con llamas de color rojo dorado.
—Utilizar el alma de un ser divino para sustituir al alma de dragón legendario es un buen negocio…
—Leylin observó el alma del pájaro llameante.
Estaba firmemente encadenado dentro del cristal y chillaba a modo de rechazo—.
Aunque ya tomé su alma, aún necesito forjarla en algo utilizable.
Hasta que lo haga, el Bastón del Dragón Rojo debe ser sellado…
Leylin estimaba que, una vez que lo reforzara, el nuevo Bastón del Dragón Rojo sería más poderoso que un elemento legendario, aunque tendría que cambiarle el nombre…
Mientras Leylin asesinaba al ave llameante, la bandera sobre el altar de la tribu se rasgó.
Llamas feroces devoraron el tótem.
Los nativos reunidos gritaron alarmados y el rostro de su sumo sacerdote se retorció y deformó antes de que cayera desmayado mientras le salía espuma por la boca.
Los otros sacerdotes y discípulos reaccionaron de la misma manera.
Los seguidores de los dioses poseían algo de poder totémico, que era lo que les permitía comunicarse con el dios y hacer todo tipo de cosas que de otra manera serían inimaginables.
Sin embargo, como su espíritu totémico estaba muerto, se enfrentarían a un destino similar.
La extracción del poder que se había fusionado con el cuerpo era como la extracción de órganos de un humano.
No era una sorpresa que algunos de ellos simplemente murieran.
Si hubieran sido adoradores de un dios verdadero, las cosas habrían sido aún más graves.
Si bien podría haber sido peor, esa situación dejó a los nativos horrorizados y asustados.
—Ah… el espíritu ancestral….
Está muerto…
—El dios maligno de los enemigos, los diablos de piel clara mataron a nuestro espíritu ancestral…
—Buubuu…
nuestro jefe, el sumo sacerdote y el espíritu ancestral han muerto…
La situación provocó que los ancianos, los jóvenes y los enfermos se desmoronaran al instante.
Al principio, habían resistido con la creencia de que su espíritu ancestral los protegería del ataque.
La muerte de ese guardián fue un gran golpe para ellos.
La lucha continuó y el espíritu de los nativos se sacudió de inmediato.
—¡Todos los que se resistan serán asesinados, sean ancianos o niños!
Los piratas y muchos adoradores del demonio que Leylin había sometido caminaron hacia el altar de la tribu.
—¡Mis seguidores!
—en ese momento, todos los piratas que seguían al Dios de la Serpiente Alada, Kukulkan, escucharon una voz baja y solemne en sus oídos—.
Yo les doy mi bendición.
Obtendrán poder mediante la masacre; la sangre fresca de sus enemigos les dará valor, ¡y los lamentos de las almas aterrorizadas restaurarán su vitalidad!
Las palabras sonaron como una orden divina mientras una aterradora serpiente de Targaryen fantasmal aparecía en el cielo.
—¡Es nuestro Señor!
¡El Dios de la Serpiente Alada se ha mostrado!
A diferencia de los fieles normales, los discípulos que Tiff había educado tuvieron una reacción más profunda al verlo.
—Dominio de la masacre, ¡impulso!
—la figura de Leylin llegó a los cielos sobre el campo de batalla.
Hizo que una luz roja oscura se extendiera de su dominio y apareciera entre sus seguidores.
—¡Es el poder de nuestro dios!
¡El Dios de la Serpiente Alada nos está protegiendo!
Robin Hood cortó la cabeza de un nativo con un gesto de su mano.
En ese proceso, pudo sentir que había recuperado de alguna manera la resistencia que había perdido.
Echó un vistazo a su alrededor y vio que los piratas que debían haber perdido su fortaleza parecían estar llenos de vida.
—¿Qué clase de poder terrorífico nos otorgará esta habilidad en la batalla?
Los efectos de ese dominio eran incomparables en la batalla.
La poca resistencia que les quedaba a los nativos se derrumbó por completo y la tribu se derrumbó en un montón de gritos y aullidos.
Cuando Leylin apareció como un dios y mostró su protección hacia sus fieles, la convicción de los nativos se extinguió por completo.
Muchos comenzaron a rendirse y unas densas llamas negras envolvieron los cielos sobre la tribu nativa…
Cayó la noche y el reflejo del sol poniente sobre el mar era tan rojo como la sangre.
Leylin se había mudado al palacio del jefe y escuchaba los informes de sus subordinados.
Ese lugar estaba formado por múltiples tribus más pequeñas, con un poco más de diez mil personas.
Ese “palacio” era sólo una casa un poco más grande con hermosas pieles de bestias en las paredes.
Aun así, era bastante bueno en comparación con las casas de los nativos normales.
—Esta operación fue una completa victoria.
Asesinamos a unos mil guerreros nativos y tomamos más de diez mil prisioneros.
Sólo se perdieron decenas de nuestros hombres…
—cuando Isabel habló a su lado, Robin Hood y Ronald comenzaron a sonrojarse de emoción.
—Además, las rutas marítimas estaban bloqueadas, por lo que ninguna de las canoas nativas escapó.
Es seguro que no se difundirá ninguna noticia sobre lo sucedido —añadió Tiff.
Con él y las otras élites encargadas de detener a los nativos, escaparse había sido una tarea imposible.
—¡Bien!
Lo siguiente es organizar a los esclavos y registrar la isla…
—muchos nativos habían huido de todos modos en el caos de la guerra, especialmente por la falta de personal.
Sin embargo, a Leylin no le importaba.
Después de todo, era una isla aislada y él tenía el control de las rutas marítimas, ¿a dónde podían ir?—.
Lo más importante que hay que hacer ahora es someter a los nativos de la tribu y difundir mi fe.
Puedo establecer un ejército secundario formado por nativos después de eso…
Las historias del colonialismo de su vida pasada le dieron a Leylin muchos ejemplos a seguir.
Los piratas de élite eran su grupo principal y no podían ser eliminados fácilmente o sufrirían grandes pérdidas.
Cada operación con ellos tenía que ser un gran éxito y debía darle a las élites la impresión de que eran todopoderosos.
Su siguiente tarea fue organizar a los nativos y dividirlos para formar un ejército secundario y su guardia.
Sería necesario ayudar a los nobles nativos, provocar que las tribus se ataquen entre sí y crear conflictos.
Sería aún mejor con la ayuda de las enfermedades.
Debido a las diferencias en sus mundos, las batallas entre dioses eran extremadamente importantes.
Si Leylin podía eliminar a los tótems en los que creían los nativos, todo sería mucho más fácil.
La Isla Debanks era solo un cerdo gordo que esperaba ser sacrificado.
Pero todo eso sucedería en el futuro.
Leylin se enfocaba en organizar a los nativos de las Islas Chihuahua en ese momento…
Cayó la noche y los vientos llevaron el frío a la tribu.
Numerosos nativos que estaban atados se agruparon con la esperanza de obtener algo de calor de sus cuerpos temblorosos.
Por el contrario, en el centro de la plaza ardía una gran hoguera, el altar había sido destruido hacía mucho tiempo y reemplazado por un nuevo ídolo.
En la parte superior de la gigantesca base de obsidiana, había una serpiente de aspecto siniestro, enorme y con alas carnosas.
Tenía garras afiladas y un solo cuerno y sus escamas parecían brillar.
Las grandes alas demoníacas estaban extendidas y sus ojos verticales exhibían una despiadada sed de sangre.
Esa era la estatua que Leylin había escogido para sí mismo.
Todavía le temía a los otros dioses, por lo que no podía mostrarse.
Lo mejor que pudo elegir fue la imagen de un Targaryen.
Se envió a los nativos a la estatua en grupos y se los obligó a jurar lealtad a ella.
Antes de eso, incluso tenían que pisotear la bandera del ave llameante.
No importaba cuán estúpidos fueran, los nativos sabían que esa blasfemia significaba la rendición.
Esto provocó oleadas de caos; la influencia de un espíritu ancestral no se desvanecía tan fácilmente.
Sin embargo, independientemente de los disturbios, la fidelidad de los nativos se extinguió ante las espadas de los piratas.
Frente a ellos, uno de los nativos fue intimidado para que sirviera.
El resto pronto siguió su ejemplo.
Leylin podía sentir la fe de los numerosos nativos y el miedo que la acompañaba.
Miró a su alrededor y suspiró.
—¿La fuente de la fe es la veneración a los dioses de todas las formas de vida?
La esencia de la fuerza divina es la astucia y la dignidad…
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