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BUSCANDO LA PAZ QUE TANTO ANHELO - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Costo de vida
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14: Costo de vida 14: Costo de vida —¡Emily!

—Gritó su padre llegando rápidamente a salvarla.

Preguntando el motivo por el cual intento tocar a su hija, el mago explico su situación con un tono abrupta y furioso.

Su padre no sabía exactamente que había sucedido, pero entendía los problemas que tendrían si desafiaba su autoridad.

En ese momento agachó la mirada para disculparse por su hija, Emily trato de detenerlo, pero su padre la callo.

Apaciguando un poco la ira del mago, dándole la espalda y volviendo a su patrullaje mientras murmuraba.

—Ts…Malditos plebeyos… ¿Como es que termine en este asqueroso pueblo?

— Alejándose de a poco, mientras seguía quejándose.

Al perderlo de vista Caldris se hinco en una rodilla para acercarse a su hija, preguntándole si estaba bien.

Ella asintió con la cabeza, aun molesta por lo que hizo.

Su padre le pregunto el motivo por el cual estaba ahí, ella recordando a Fhin intento salir corriendo tratando de buscarlo, su padre la tomo del brazo buscando una explicación para lo que hacia  —¡Papá suéltame!

Debo buscar a Fhin.

Su padre la miro confundido y algo triste, creyendo que su hija aun no superaba la muerte de su amigo, en el momento justo antes de que se fueran, Fhin salió de una de las calles cerca a ellos junto a Kael.

Caldris se quedó mirándolo, sorprendido de volverlo a ver.

Pintando su rostro con una sonrisa, soltando del hombro a Emily.

Pero su sonrisa desapareció en cuanto vio quien lo acompañaba, cuando estuvieron a punto de hablar, la cantidad de magos y personas aumentaba.

Caldris viendo la situación, los guio hasta su hogar, allí podrían charlar sin preocuparse por las personas.

Una vez dentro, el silencio empezó a llenar la sala.

Caldris hablo con Emily enviándola a su habitación.

Ella caminó hacia a Fhin creyendo que podría jugar con él, sin embargo, su padre se lo negó.

—Lo siento Emily, pero Fhin debe de quedarse — tomando el hombro de su hija y mostrando su mirada fría con un tono de voz suave.

Al escucharlo, ella insistió en quedarse, preguntando el motivo por el que no podía hacerlo, sin embargo, su padre nuevamente se lo negó.

Dándole una vaga explicación del motivo por el cual debía irse.

Pidiéndole amablemente que se dirigiera a su habitación.

—Pero… ¿Por qué?

—Preguntó, mientras lo miraba directamente a los ojos, tratando de convencerlo para quedarse.

Sin embargo, esta vez no podría ganar.

—Emily…Por favor ve a tu habitación— Dijo mientras tomaba su mano — Esta conversación no tiene que ver contigo, es por eso que no puedes estar aquí… es así de simple Ambos no cedían ante el otro, empezando una discusión padre e hija, incomodando el ambiente.

Para detenerlo Fhin se acercó a Emily, pidiéndole que por favor haga lo que su padre le pidió.

—Pero…Fhin, no puedo dejarte — Volviendo su mirada hacia él.

Fhin le respondió con una sonrisa forzada dibujada en su rostro.

—Tranquila, todo saldrá bien …Además, no quiero causarles más problemas— Con su sonrisa desapareciendo de apoco.

Viendo el rostro de Fhin se sintió un poco culpable, con sus acciones había logrado entristecerlo, entonces decidió acatar la petición de su padre, mientras se iba mostraba el enojo y frustración de no poder quedarse y sobre todo de no poder acompañarlo.

Una vez que escucharon el sonido de la puerta de Emily cerrándose fuertemente, Caldris pregunto el motivo por el que volvieron al pueblo.

Fhin y Kael sintieron el frio y el enojo en sus palabras, entendiendo que su presencia era una molestia para él.

¿Acaso había olvidado que el hijo de quien decía ser su amigo estaba pasando por un momento difícil en su vida?

Kael respondió, diciendo que solo llegaron para saber cuál era la información que les proporciono la familia Vélmara con respecto a Fhin y sus padres, pero antes de llegar ahí, quería saber que era lo que ocurría en el pueblo.

Mientras iba por las calles Kael noto la preocupación y miedo de los habitantes.

—¿Qué fue lo que paso ese día?

¿Qué los trae tan preocupados?

Caldris suspiro, mostrando una sonrisa agridulce.

Tomando una de sus sillas y sentándose en ella, comenzó a recordar y a explicarles cada detalle de lo sucedido ese día.

—Reunieron a todas las personas de la aldea en la plaza, empezaron diciendo que las reglas cambiarían… Con el pueblo ahora bajo la protección y mandato de la familia Vélmara.

Frente a ellos se presentó un hombre llamado Marco proveniente de esta familia y su representante en ese momento.

Dirigiéndose a todas las personas.

Explicando que para asegurar la protección del pueblo y sus habitantes, habría magos haciendo guardia la mayor parte del día, vigilando quien entra y sale de Melt Iron.

Además, se iniciaría la construcción de muros defensivos para la aldea, mejorando los negocios locales y esto traería un aumento del comercio.

Todo esto parecía sonar como un sueño para aquellas personas que se sentían abandonadas por su reino….

—Pero luego…— apretando fuertemente sus manos— ¡Esos malditos!

— Golpeando fuertemente la mesa con su puño— Dijeron que para poder lograr todo esto…debíamos de empezar a pagar impuestos…

Estas últimas palabras, fueron el final de sus ilusiones.

Siendo una aldea tan remota, a duras penas podían mantenerse con vida con lo que ganaban.

Excusándose con el motivo de que no eran el único pueblo al que tenían bajo su protección, para ayudarlos debían de poner de su parte, debían de cubrir con la mitad de sus gastos.

Después de todo ellos los protegerían, a cambio, era lo mínimo que podían hacer.

Se declaro que la cantidad a pagar serian de 1 dría de oro al mes, en ese momento la gente alrededor exploto de enojo.

Para ellos era casi imposible pagar esa cantidad *1 dría de oro = 100 drías de plata* *1 dría de plata = 10 drías de cobre* —Nosotros no podemos…—Con la voz rasposa y quebrada— No podemos pagar esa cantidad… Pagar cada mes 1000 drías de cobre era algo absurdo, cuando la gente empezó a amotinarse por los altos impuestos que estaban por imponerles.

Los magos alrededor sacaron sus varitas.

Esto como una advertencia de lo que sucedería si intentaban atacarlos.

Los precios manejados en el pueblo no cubrirían esas cuotas, poco a poco los aldeanos dudaron de si fue una buena decisión el aceptar su ayuda, preocupados y con miedo de lo que estaba por pasar en el pueblo.

Solo pudieron quedarse callados, si iniciaban una pelea no habría forma de ganar.

—En ese momento muchos se acercaron al jefe de la aldea, pidiéndole que se negara a tal acuerdo….

El jefe salió de entre la multitud, acercándose a Marco.

Rechazando tal acuerdo, esperando su comprensión, ya que no necesitaban de los muros, ni que sus magos patrullen este pueblo, después de todo no habían tenido ataques en muchos años.

—El motivo por el cual las bestias mágicas dejaron esta aldea…era tú padre Fhin.

Desde su llegada, Larence protegió la aldea con su poder, haciendo de esta un lugar seguro para él y su familia.

Todos sabían de esto, sabían quién era y de donde provenía.

—A principio lo rechazaron, pero con el tiempo se hizo uno más de este pueblo.

Con la gente contando con el padre de Fhin para protegerlos, no sentían la necesidad de ayuda del reino y sobre todo de los magos, era cierto, no eran ricos ni podían costearse lujos.

Pero eran felices con lo poco que tenían, aceptar este arreglo solo sería el inicio de su final.

En el momento que el jefe rechazo su ayuda, la respuesta que obtuvieron los sorprendió.

Ya que Marco había accedido a no brindarles tal ayuda.

Las personas se sentían aliviadas, al parecer habían salvado el pueblo…No podían estar más equivocados, en el momento que estaban a punto de festejar.

Marco dio un último aviso.

—Pidiendo silencio para un último aviso…—Tragando saliva— Declaró la muerte de tus padres y la tuya…Fhin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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