BUSCANDO LA PAZ QUE TANTO ANHELO - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Verdad a medias
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15: Verdad a medias 15: Verdad a medias Declarados como traidores, se les impuso como castigo la ejecución inmediata.
Al escuchar tal noticia toda la multitud se quedó en silencio, pensando si todo esto solo era una pesadilla, esperando el momento para despertar y continuar con sus vidas.
—Al principio no les creí, pero luego…
Marco se acercó al jefe de la aldea, susurrándole unas palabras, volviendo a la multitud, les pidió que todos los niños sean retirados de ahí.
Muchos preguntaban el porqué de esta decisión.
No respondió, solo pidió que debían de hacerlo.
En ese momento los pocos niños que quedaban en el pueblo fueron enviados a casa, Quedando solamente los adultos.
Marco una vez asegurándose de que no quedara ninguno, dio una señal a los magos detrás de él.
Ellos se movieron rápidamente, trayendo a arrastras un saco de tela, que parecía contener lo que todos pensaban…un cuerpo.
Lanzándolo fuertemente al suelo Marco se acercó y abrió, mostrando el cuerpo inerte de Anna.
El silencio invadió el área.
Marco volvió a llamar al jefe, preguntándole si sabía por qué había una elfa en su pueblo o si estaba enterado que con ella vivía un Barder.
—Dígame ¿entiende que está totalmente prohibido dar refugio a los extranjeros y sobre todo encubrirlos?
— Acercándose a él con una mirada escalofriante.
El jefe respondió tembloroso.
—S…
Si… —Entonces dígame el motivo por el que encontré una elfa en su pueblo, y aun mucho peor……Se encontró viviendo con ella a un Barder… ¿Acaso usted lo sabía?
El jefe se quedó quieto, con el rostro lleno de sudor y con todo su cuerpo temblando.
Marco se acercó a él mostrando un rostro atemorizante, preguntando repetidas veces hasta que le diera una respuesta.
Cansado de esperar levanto su varita apuntando a su cabeza.
—Sigo esperando su respuesta — aquel anciano temblando por su vida alzo la mirada, con los ojos atemorizados y al borde de las lágrimas respondió —No…no sabía nada — Marco volteo su mirada a las personas, haciendo la misma pregunta.
En ese momento todos negaron, gritando que no sabían nada, una y otra vez para salvar sus vidas y las de sus familias.
Al escucharlo, Marco bajo su varita, volviendo a preguntarle al jefe si aceptarían su acuerdo.
Con Larence muerto, no había nadie que velara por su seguridad, así que rendido y derrotado lo acepto.
Marco dibujo una sonrisa en su rostro, tomándolo del hombro con su mano diciéndole que no se arrepentirá de su decisión.
—Y eso fue lo que sucedió…Ahora todos en el pueblo deben buscar la manera de juntar ese dinero y a la vez sustentar sus vidas…—Levantando nuevamente la mirada— Fhin, escúchame.
Fhin volvía a oscurecer su mirada.
—¿Por qué nadie hizo nada?
— Perdiendo de a poco el control.
—¡¿Por qué dejaron que tocaran el cuerpo de mi madre?!
Con los ojos llenos de ira, miro fijamente a Caldris, esperando su respuesta.
—Lo siento…pero no había nada que pudiéramos hacer…de habernos alzado, muchos habrían muerto.
Esa respuesta solo alimento más su ira.
—¡COBARDES!
Mi padre….
¡Mi padre los hubiera protegido, aunque pusiera su vida en riesgo!
Caldris bajo su mirada, recordando a su amigo, respondiéndole a Fhin que no todos podían ser como su padre.
No tenían la fuerza para oponerse a la magia, no importaba cuánto hubiera querido hacerlo.
No podía darse el lujo de morir, después de todo aun debía cuidar de su hija.
—Fhin, escúchame, quiero que vivas y para eso…debes irte de aquí.
—Aquí nadie te ayudara, nadie ayudara a un Barder….
—Por tu bien y el de todos, olvida este lugar, olvida que existimos, olvida a Emily y a este pueblo.
En ese momento sus emociones volvían a acumularse: ira, decepción, odio y miedo.
Todos estos empujando su más profundo deseo….
la venganza.
Su padre los protegió por años, los ayudó en muchas ocasiones, su madre era buena y amable con todos, nunca abandono a ninguno en sus peores momentos.
Sin embargo, ellos simplemente negaron su existencia para salvar sus vidas, dejaron que mancillaran el cuerpo de su madre.
Ahora le pedían que se fuera dándole la espalda.
—Te lo dije Fhin…todo esto es tu culpa.
Aquella voz volvía a atormentarlo.
—Cállate — Murmuraba en silencio.
—¿¡CREISTE QUE PODIAS NEGARLO Y OLVIDARLO!?
—Cállate.
—NO LO HARE…ESTARE SIEMPRE AQUÍ PARA RECORDARTE LO QUE HICISTE.
—Cállate —¡ES TU CULPA!
—¡NO LO ES!
—Gritó fuertemente frente a Caldris y Kael.
Ambos se quedaron mirándolo, en ese momento Fhin se acercó a Kael, aceptando irse con él.
Esperando jamás volver a Melt Iron, esperando jamás volver a ver los rostros de las personas que lo abandonaron.
Fhin volteo la mirada dirigiéndose al padre de Emily preguntando donde estaba el cuerpo de su madre.
Él le respondió que seguía en la plaza, desde aquel día nadie pudo moverlo.
Dándole la espalda siguió sus pasos hacia la puerta, abriéndola decidido a irse.
Kael lo siguió, con el sol próximo a ocultarse, ambos empezaron a recorrer su camino hacia las afueras de Melt Iron.
Con la cantidad de magos aumentado, Kael tomo a Fhin y usando su poder salieron rápidamente.
Fhin enojado le pidió que le dejara ir a por el cuerpo de su madre, Kael se lo negó y le pidió que esperara ahí.
Sin dejarlo decir nada se fue rápidamente.
Pasaron los minutos y el volvió junto al cuerpo de Anna.
Acercándose al cuerpo de su madre, toco suavemente su rostro.
Con las lágrimas escapando de sus ojos, le pidió que lo ayudara a enterrarla.
Kael asintió con la cabeza empezaron a caminar.
Kael le pregunto a donde la llevarían, Fhin se quedó en silencio durante unos segundos.
Tratando de controlar sus emociones y los pensamientos que invadían su mente, respondió.
—A casa….
La llevaremos a casa.
Dirigiéndose a los restos de su antiguo hogar.
Mientras eso sucedía, Caldris aún se mantenía sentado, con el rostro caído y mirando al suelo, preguntándose si lo que había hecho con Fhin fue lo correcto.
—Larence…Anna, perdónenme…— Cerrando los ojos, y con la voz quebrada— pero las circunstancias no me permitirían cuidarlo, no aquí…si se queda terminara muerto.
Se que él podrá protegerlo mejor que yo… Limpiándose las lágrimas escucho como su hija bajaba lentamente las escaleras, en ese momento dijo su nombre, tratando de llamar su atención.
Siendo descubierta en el acto, emitiendo un pequeño sonido por el pánico, se quedó quieta esperando que no notara su presencia, sin embargo, volvió a escuchar su nombre y decidió asomar su cabeza resignada por haber sido descubierta.
—¿Qué estás haciendo?
—Preguntó mientras trataba de limpiar su rostro.
Ella se acercó a él.
—Papá ¿Dónde se encuentra Fhin y el señor Kael?
— Mirando fijamente sus ojos.
Caldris pensando en las palabras correctas para responder su pregunta, se quedó en silencio un momento.
No había forma de mentirle, después de todo no era tonta y se daría cuenta enseguida, con eso en mente decidió contarle parte de la verdad omitiendo el verdadero motivo por el cual Fhin no podía quedarse.
—Ambos decidieron irse….
dejaran el pueblo para buscar otro lugar en donde poder quedarse.
Ella cambio su tierna expresión, mostrando su enojo y confusión.
—¿¡Qué!?
¿¡Por qué se fueron!?
No lo entiendo….
Fhin me pidió quedarse con nosotros.
¿Por qué los dejaste ir?
Emily apuntando con una mirada seria a su padre y frunciendo el ceño, buscaba que él respondiera sus preguntas.
—Emily eso no es posible, no podemos dejarlo quedarse, entiende que ahora debemos de reducir los gastos y sobre todo aumentar nuestro trabajo.
Apenas puedo cuidar de ti.
—Por favor entiéndelo.
Ella mantuvo su postura.
—Papá no podemos abandonarlo, perdió a sus padres, esta solo ahora.
Debemos ayudarlo.
Si él….
Si él se va —Quebrando su voz y levantando su tono.
—¡SI ÉL SE VA NUNCA MAS VOLVERE A VERLO!
— Dejando salir un grito que hizo eco en toda la sala.
Tratando de convencerlo hablo de lo mucho que Fhin podría ayudarlos en su trabajo.
—Se que será mucho más complicado, pero él puede ayudarnos sabes que siempre se acumula nuestro trabajo y con Fhin en casa sería más sencillo para todos…es por eso que no puedo entenderlo.
Caldris se puso de pie, dejando de lado su amabilidad, tenía que hacerla entrar en razón.
Lo mejor para ella era jamás volver a verlo.
No importaba cuanto se negará, discutiera o llorará.
Dando con fuerte grito un no definitivo a sus suplicas, no había forma, ni ninguna manera de cambiar la situación, ni su decisión.
Con esa respuesta, ella se quedó callada, siendo la primera vez que escuchaba los gritos de su padre.
Su padre trato de acercarse a ella, para así suavizar la situación, viéndola temblar.
Pensó que había sido demasiado duro con ella.
—Emily…lo siento…pero… Ella lo interrumpió.
—¡Te odio papá!
¡Nunca te perdonare!
— Corriendo hacia la puerta, la abrió y continuo su camino corriendo hacia la calle.
Mientras dejaba atrás a su padre.
Caldris volvió a tomar asiento guardando la calma y pensando en lo difícil que sería para ella olvidarse de Fhin.
Debía encontrar la manera de ayudarla así ella se negara, para él en ese momento lo más importante era la vida de su hija y asegurarse de que tenga un futuro.
Por la situación en la que se encontraban, quedarse en el pueblo solo limitaría sus opciones Soltando el aliento mostrando su cansancio, Recordó las palabras de Larence aquella ultima tarde que lo vio.
Pensando en enviar a su hija a la academia mágica.
—Tal vez…esa sea la mejor opción para ella….
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