BUSCANDO LA PAZ QUE TANTO ANHELO - Capítulo 19
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19: Nuevo comienzo 19: Nuevo comienzo —¿Por qué?
¿Por qué me abandonaste?
— Con la voz empezando a distorsionarse — ¡FHIN TE ODIO!
— Desatando un grito ensordecer y escalofriante.
En ese instante Fhin despertó, levantándose abruptamente, con los ojos abiertos y la piel erizada por lo que sucedió.
Sintiendo como el suelo se movía, dirigiendo su mirada al frente.
Un extraño hombre lo saludo, mientras tomaba con sus manos las riendas de los caballos que tiraban de la carreta.
Fhin, desorientado por su sueño, retrocedió aun con un poco de miedo.
Sentado atrás de él, se encontraba Kael, quien noto su miedo, lo tomo del hombre tranquilizándolo.
Al verlo, Fhin retomo el sentido, recordando todo lo que había pasado hasta el momento.
—Ya pasaron 3 días ¿verdad?
— Dirigiendo su pregunta a Kael, quien asintió con la cabeza.
Habían pasado 3 días desde que se fueron de Melt Iron.
Acortaron el camino utilizando el poder de Kael, apenas con unas cuantas horas de descanso, trataron de llegar lo más rápido posible a su destino.
—¿Por qué no nos teletransportaste hasta la entrada del pueblo?
—Pregunto Fhin, sin comprender la necesidad de tomar una carreta para continuar su viaje.
Kael respondió rápidamente.
—Mi maná estaba por acabarse.
Al escucharlo, Fhin se quedó confundido, se suponía que ellos no podían utilizar su maná, como era posible que se le terminase.
—Espera, dijiste que nosotros no podíamos… Interrumpiéndolo y cubriendo su boca rápidamente, Kael le pidió que bajara el volumen de su voz, fijando la mirada en el hombre que los llevaba.
Él entendió a que se refería.
Bajándole la mano suavemente para que Fhin pudiera terminar su frase, susurrándole cerca a sus oídos.
— Habías dicho que nosotros no podíamos usar nuestro maná y además de todo que no podíamos usar magia ¿Cómo se te puede terminar si no lo utilizas?
— Quedándose callado y ansioso por su respuesta.
Kael respondió empezando por aclararle que él nunca dijo que no podían usar su maná, solo que no podía ser usado para conjurar hechizos.
Fhin lo miro confundido.
—Si se te acaba cada que utilizas tu habilidad entonces es magia.
Él negó esa afirmación, explicándole la diferencia que había, empezando por la manera en que el maná fluye a través del cuerpo de un mago, cada vez que conjura un hechizo.
Este recorre a través de él, hasta llegar a sus manos, haciendo contacto con el catalizador, en este caso sus varitas.
Al llegar allí, sale expulsado formando un círculo mágico, mostrando un patrón específico para cada hechizo.
Kael le dijo que la primera gran diferencia en ellos era, que el maná no puede salir de sus cuerpos.
No de manera convencional, no podían conjurar hechizos por ese motivo.
Pero cada vez que utilizaba su habilidad su maná desaparecía de su cuerpo.
Sin embargo, no salía expulsado, simplemente desaparecía.
Kael aun desconocía el lugar al que iba o que le sucedía.
—pero….
Sigo sin entenderlo — Dijo Fhin, sintiendo como su mente estaba por explotar, formando preguntas que necesitaban de respuestas.
— ¿Entonces tu poder no consume tu maná?
Kael toco su cabeza frotándola suavemente.
—Si lo hace, pero el maná no recorre mi espada, ni si quiera siento como sale de mi cuerpo.
—Puede ser algo confuso, pero hay tanto que no podemos explicar de nuestra maldición.
—Es como si fuera teletransportado a otra parte, es por eso que no es considerado magia.
Después de eso, Fhin lo entendía un poco mejor, pero aún le causaba curiosidad.
¿A dónde se iba todo el maná que utilizaban?
Quedándose en silencio, trato de imaginar alguna respuesta posible.
Cuando menos se lo esperaba la carreta se detuvo.
—Ya llegamos — Dijo el conductor con la voz temblorosa, transmitiendo el miedo que llevaba.
En ese momento la carreta empezaba a temblar, el conductor tomo con fuerza las riendas tratando de tranquilizar a sus caballos, quienes estaban alterados, relinchando y moviéndose tratando de salir de ese lugar.
Kael bajo de un salto de la carreta, esperando a Fhin, quien asomando su cabeza pudo entender porque tenían miedo, el lugar estaba cubierto por un bosque espeso, lo poco que podía verse era la niebla densa que inundaba el lugar.
Los árboles tenían un color opaco y gris, como si estuvieran muriendo, las ramas de estos estaban tan extendidas que cubrían el camino y dejando solamente que algunos rayos del sol lo iluminarán lo suficiente como para no perderse.
Al bajar de la carreta, Fhin miro a todos los lados, buscando la entrada al pueblo, sin embargo, no había nada más que árboles y niebla alrededor.
—¿En dónde estamos?
— Dirigiéndose a Kael — No veo ningún pueblo ¿Estás seguro de que es aquí?
— Con un tono de duda y sintiendo un poco de miedo, pero que era opacado por enojo al pensar que los trajeron al lugar equivocado.
En ese momento la carreta avanzo rápidamente, tirada por lo caballos quienes trataban de escapar de ese bosque como fuera posible, levantando detrás de ellos una nube de polvo y desapareciendo mientras se disipaba.
—Si estamos en el lugar indicado — Respondiendo a su pregunta, comenzó a caminar adentrándose al bosque.
Fhin lo siguió rápidamente, notando como cada vez que mas lejos iban, la cantidad de árboles disminuía, de pronto el camino que parecía repleto de plantas y raíces salidas empezó a tomar forma.
Frente a ellos apareció un cartel al lado del sendero, Kael continuo sin darle importancia, pero Fhin sintió curiosidad por lo que decía, quedándose atrás un momento para leerlo.
—Nox…Nox —Entrecerrando sus ojos sin poder leer lo que estaba escrito.
Estaba algo desgastado y sucio, impidiendo que pudiera ver lo que decía.
Se levantó sobre la punta de sus pies para lograr alcanzarlo, tratando de limpiar el polvo que tenía.
—Arg… vamos….
Ya falta poco.
—Comenzando a saltar para llegar mas arriba, Manteniendo toda su concentración en el cartel, no escucho el sonido de las ramas rompiéndose a su alrededor, cada vez estando más cerca de él.
—¡Ya está!
—Alejándose un poco, leyó lo que decía, en voz alta —Noxvil…Así debe de llamarse el pueblo.
Empezando a percibir un olor conocido, el olor de las brasas y madera quemada.
Girando su cabeza lentamente, a él llegaba a toda velocidad un lobo del doble de tamaño.
Sin poder reaccionar, cayó de espaldas y el animal salto hacia él, sin embargo, antes de que lograra hacerle daño, Kael apareció hundiendo su espada por la parte superior de la cabeza del lobo, traspasándola hasta llegar al suelo.
Fhin se quedó inmóvil, aun tratando de procesar lo que paso, por un momento sintió que todo se había terminado para él.
Quedándose quieto por el miedo que aun recorría su cuerpo.
—¡JAJAJA!
¿Qué sucede?
¿Acaso no querías ser el más fuerte?
Como podrías serlo, casi te orinas en los pantalones ¡JAJAJA!
—Con un tono sarcástico y burlón, desde el interior de su mente volvía aquella voz.
—Cállate —Murmuro con la mirada sombría, enojado por su propia debilidad.
Desde el interior del bosque, pudo escucharse un aullido, sintiendo como transmitía la pena por la pérdida de uno de los suyos.
De entre los árboles, frente a ellos, comenzaron a aparecer más lobos.
Kael levanto su espada, dejando caer la cabeza del lobo, y preparándose para enfrentarlos, Fhin se puso de pie, pidiéndole que le diera su espada, estaba listo para ayudarlo, no dejaría que esa voz siguiera burlándose de él.
—¡Déjame ayudarte!
¡Yo también puedo pelear!
— Con las manos levantadas y dirigiendo su mirada impregnada de su determinación y confianza.
Sin embargo, Kael se negó, con un tono serio le dijo.
—Estos no son simples lobos….
— Manteniendo su espada en posición, mostrando como de ella emanaba el humo.
Señalo hacia el sendero.
En ese momento aquellas bestias estallaron en llamas, transformando su pelaje en un manto de llamas que cubrían todo su cuerpo, liberando con cada movimiento una lluvia de brasas alrededor.
—Quédate detrás de mí — Apretando fuertemente el mango de su espada, esperando el primer movimiento de su enemigo.
—¡Déjame ayudarte!
Al menos déjame intentarlo — Fhin intentó debatir su decisión, aunque teniendo miedo, quería ayudarlo.
Estaba cansado de ser una carga, quería demostrar que podía hacerlo.
Quedándose inmóviles frente a ellos, comenzaron a entreabrir sus hocicos, dejando ver una luz incandescente en lo más profundo.
Sus dientes, antes blancos, ardieron en tonos naranja y rojo, como si de roca fundida se tratase.
—Aun no es tu momento— Dijo con un tono frio y suave.
Tratando de hacerlo entrar en razón.
Sin esperar más tiempo, los lobos se abalanzaron hacia él, desatando sus gruñidos y abriendo sus bocas, listos para terminar con su vida, llegando uno detrás de otro.
Dejando que sus ojos brillaran a través de su casco, Kael se lanzó al ataque acercándose a ellos en un parpadeo.
Con un fuerte y rápido movimiento de su espada desde arriba, decapito a uno.
Levantó su espada y con un movimiento en horizontal corto desde la boca al segundo, hasta rebanarlo a la mitad.
Por último, volvió a levantar su espada y tomándola con las dos manos, la hundió desde el lomo hasta traspasar el suelo, dejando escuchar como destruía sus órganos y atravesaba la tierra, terminando con el tercero.
Volvía a dejarlo impresionado, su pelea no había durado más que unos segundos, aun así, estaba molesto, no con Kael, sino consigo mismo.
Volvía a dejar que otros lo salvaran, Pero entendió sus palabras, ahora mismo no tenía la fuerza para vencer a nadie, pero a su lado aquel deseo que parecía tan solo una simple fantasía, podían volverse realidad.
—La próxima vez…… ¡LA PROXIMA VEZ NO NECESITARE QUE ME SALVES!
—Grito dejando salir su frustración, compensándola con la promesa de que algún día, tendría la fuerza para ganar sus propias batallas.
Kael sonrió desde dentro de su casco, notando su determinación y entusiasmo por comenzar.
Acercándose a él, le dijo que debían de continuar, estaban cerca de su destino.
Caminando, por un tiempo más, el tamaño de los árboles comenzaba a crecer, poco a poco cubriendo el cielo, la niebla comenzaba a dispersarse y delante de ellos por fin se revelo la entrada al bajo mundo.
Un lugar donde la nobleza no podría llegar, un lugar apartado del reino y su mandato.
En donde se reunían todo tipos de personas.
Quienes no querían seguir viviendo bajo sus leyes, quienes buscaban alejarse de los prejuicios y expectativas que los ahogaban, aquellos cuyos trabajos y pasatiempos infringían las leyes.
Frente a ellos estaba Noxvil, el pueblo de los desahuciados.
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