BUSCANDO LA PAZ QUE TANTO ANHELO - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Corazón en la oscuridad
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26: Corazón en la oscuridad 26: Corazón en la oscuridad Sara llevó a Fhin por todo el lugar, arrastrándolo como si de un muñeco se tratase.
Cruzaron una puerta y comenzaron a bajar por las escaleras que los guiaban a una habitación completamente oscura.
Sara entro sin dudar, jalando a Fhin con ella hacia las sombras, hasta soltarlo, perdiéndose entre la oscuridad.
—¿A dónde se fue?
Inquieto por no ver nada más que sombras.
Fhin se puso en guardia, sus sentidos estaban alerta.
Levantando sus manos para evitar chocar con alguna pared u objeto que estuviera frente a él.
De pronto, sintió una presencia justo frente a él.
Recordando al instante aquella noche en el bosque, tan oscuro como la situación en la que se encontraba.
Su respiración comenzó a alterarse, escuchando los pasos acercándose a él de a poco.
—¿¡Quién anda ahí!?
— Guiado por sus instintos y su miedo, levanto su brazo lanzándolo a la oscuridad, atrapando una muñeca con fuerza.
—¡Ay!
— Escuchando al instante un quejido.
Al instante, las luces en la habitación se encendieron.
Fhin parpadeó, cegado unos momentos.
Al volver a enfocar su vista, se dio cuenta que tenia a Sara sujeta del brazo, apretando más fuerte de lo necesario.
Fhin la soltó de golpe y retrocedió.
El lugar estaba casi vacío, contando algunos muebles cubiertos por sábanas blancas y llenas de polvo.
—No… no te acerques así en la oscuridad — murmuró, tratando de justificar su reacción exagerada.
Sara se frotó la muñeca, pero decidió no darle importancia.
Negó con la cabeza, tratando de olvidar lo sucedido, levantó lo que llevaba en la mano: una llave cuya punta brillaba con un azul intenso, imposible de ignorar.
—¿Cómo encendiste las linternas tan rápido?
— Cambiando el tema, había visto las luces encenderse todas al unísono; no había manera de que ella lo hubiera hecho sola.
Luego miró el objeto.
—¿Qué es eso?
Fhin, fijó la vista en la llave, hipnotizado por el brillo.
Dio un paso hacia ella listo para tomarla, pero Sara se la guardó de inmediato al notar su interés.
Una chispa maliciosa, casi juguetona, brilló en los ojos de la niña.
Desde que él llego, ella había intentado conocerlo, pero Fhin había negado una y otra vez.
Ahora, al ver su curiosidad, Sara supo que era su oportunidad.
El fin justificaba los medios; había visto a Rosa utilizar a las personas a su favor una y otra vez.
—Así que deseas saber qué es esto, ¿verdad?
— Agitando la llave frente a él con una sonrisa traviesa y un tono de voz inocente que apenas ocultaba sus intenciones Fhin la observaba con sospecha, pero su curiosidad fue mayor.
Asintió, aunque con cierta duda.
—En ese caso….
Te lo diré si me respondes cin… digo, diez preguntas sobre ti.
— Confiada de su plan, cruzó sus brazos esperando.
Pero Fhin se negó al instante; no tenía que responder nada.
Dándose la vuelta, comenzó a caminar hasta las escaleras.
Sabía que podría preguntárselo luego a Kael.
—¿Qué?
Espera, no serán diez, solo cinco o tres, ¡pero al menos dime algo sobre ti!
— Ella corrió para tratar de detenerlo.
— ¿No querías saber cómo funcionaba la llave?
Él no le prestó atención, continuó su camino, con la mirada fría y centrada en salir de allí.
—Sabía que esto era una mala idea.
No debí dejar que me trajera hasta aquí — murmuró para sí mismo.
Ella aun trataba de convencerlo, pero era inútil, su mirada no tenía dudas, era fría y vacía, con el ceño fruncido.
Le molestaba la idea de hablarle o conocerla y que ella haga lo mismo.
—¿Por qué?
¿Por qué es tan cerrado?
— Sin darse cuenta sus pensamientos salieron volando convertidos en palabras.
—¡Solo… Solo quiero ser tú amiga!
— dijo, al escucharlas, la soledad en su voz se escuchó casi tangible.
Fhin se detuvo con el pie puesto en el primer escalón, Sara se quedó expectante.
Tal vez era así de simple; tal vez solo debía de decirle lo que quería.
Una sonrisa de esperanza se dibujo en su rostro al ver a Fhin girarse.
Sin embargo, la mirada de Fhin no había cambiado.
—No quiero ser tu amigo…— Borrando su sonrisa — Eres insufrible, hablas demasiado, estas apegada a mi desde que llegue… todo eso me molesta.
Simplemente me molestas.
Ella bajo su mirada.
Esas palabras habían golpeado en su interior.
—Y si vas a continuar con eso de ser amigos, prefiero dormir afuera que estar aquí conti… Fhin calló de golpe.
Frente a él, Sara comenzó a llorar, al ver sus lágrimas rodar por sus mejillas hasta el suelo, él recuerdo de aquella cruzo pasaba por sus ojos.
Ya había visto esa expresión antes: los ojos llorosos, los labios temblorosos, sus quejidos tratando de decir algo.
Sin saber que hacer, solo se quedó mirándola.
—Oye, estas… —¿¡Por qué eres tan malo conmigo!?
— lo interrumpió ella, avanzando hacia él paso a paso.
— ¡Dime!
¿¡qué te hice para que me trates así!?
Sus lagrima aun brotaban, pero su rostro mostraba una mezcla de tristeza y furia, que obligo a retroceder a Fhin.
Él no sabía que decir, retrocedía instintivamente mientras ella avanzaba; aquella niña linda y sonriente lo tenía contra la pared.
Era la primera vez que le sucedía algo así.
Su carácter y rostro habían cambiado, se sentía indefenso ante ella.
No había nada que pudiera hacer.
—¡Vamos, di algo!
— Acercando su rostro al de él.
Fhin no estaba dispuesto a dejarse intimidar.
Sabía que actuó mal, pero su orgullo no permitió que se disculpara.
Giró la cabeza, mostrando nada más que indiferente ante Sara.
Eso fue la gota que derramó el vaso —¡Eres un idiota!
¡Un tonto!
— Mientras subía las escaleras, gritó una última vez — ¡ESTA BIEN!
¡QUEDATE SOLO!
¡YA NO QUIERO SER TU AMIGA!
¡IDIOTA!
Sara azoto la puerta, provocando un estruendo que retumbó en la casa.
Fhin solo se quedó en el suelo, sintiendo el peso de la culpa.
Sara solo quería conocerlo, nunca le hizo daño.
Ni si quiera lo delató cuando lo descubrió.
Y, aun así, él la había herido.
—¿De verdad?
¿Qué tan mala persona puedes ser?
heriste los sentimientos de esa niña, aun cuando fue amable contigo.
La voz en su interior volvía nuevamente para reprocharle sus acciones.
—No mereces su amistad, no mereces nada.
—¿Qué sucede?
¿Te sientes mal?
— Con un tono de sarcasmo en sus palabras.
—Es muy tarde ¿No lo crees?
—Le hiciste lo mismo a Emily.
Ella también quiso ayudarte, con lágrimas en los ojos rogó porque no te fueras….
¡Y la abandonaste!
Seguramente ella también te odia —Al final solo terminas por lastimar a los que son buenos contigo — Repitiendo una y otra vez esas palabras en su mente.
Las palabras resonaron como un eco sin final, Recordó a Emily y lo mal que la trato, había ignorado sus sentimientos durante todo el camino, había logrado bloquearlo, pero en este momento se hizo más evidente que nunca: a pesar de todo lo que dijo, aun la extrañaba.
Al aceptarlo, los sentimientos que tenía por ella comenzaron a golpear su corazón, sintiendo sus latidos estremecer todo su cuerpo.
Un dolor que traía malos recuerdos.
Mientras tanto, en el comedor, las chicas se fueron a sus habitaciones.
Kael y Rosa se quedaron a solas en el comedor.
Ella jugaba con una copa de vino, rompiendo el silenció con una pregunta que llevaba rato guardada.
—Entonces sus padres murieron y no puede volver porque su pueblo le dio la espalda.
—Mantuvo la vista clavada en el vino— Pero dime, ¿qué fue lo que viste dentro de él para traerlo?
Kael la miró, esperando.
Recordó de golpe la habilidad de Rosa: ella podía ver las verdaderas intenciones y la naturaleza de las personas con solo cruzar miradas.
—Kael… tú también lo sabes, ¿verdad?
—El tono de voz de Rosa cambió, tomando el filo de una navaja— No ha olvidado nada.
Sigue buscando venganza.
Su odio y su dolor siguen intactos.
Ella alzó la vista, clavando sus ojos en él.
—Pero hay algo más.
Dentro de ese niño crece algo muy oscuro.
Por eso creo que es una mala idea tenerlo aquí.
Es inestable y autodestructivo.
No deberías enseñarle a usar una espada y mucho menos su poder; solo terminarás creando un demonio sediento de sangre… Pero eso tú ya lo sabías, ¿no?
Kael sostuvo la mirada de Rosa sin pestañear.
Sabía que Fhin no había dejado atrás su dolor, ni mucho menos su deseo de venganza.
—Lo sé —respondió él, con un tono más cansado que frío, regresando su atención a la mesa— Sé lo que ves en él.
Ves un niño roto, consumido por la oscuridad.
Sus puños comenzaron a cerrarse lentamente sobre el mantel.
—Pero te equivocas si crees que es todo lo que puede llegar a ser —Suspiró profundamente— Viajé durante años buscando a mis hermanos.
Me la pasé cavando tumba tras tumba, preguntándome si el mundo había logrado tragar nuestra historia en sus entrañas.
Yo conozco ese dolor, he visto la desesperación al ser consumido por las sombras, Rosa.
Levantó la vista hacia ella.
—Pero ahora todo ha cambiado el reino vuelve a estar en peligro y estas sombras son más fuertes que antes —Su voz se volvió grave, cargada de una urgencia silenciosa— Mi espada ya no es suficiente y cuando llegue el momento, yo no podré detenerlo solo.
—¿Y por eso lo trajiste?
—cuestionó Rosa—.
¿Para usarlo como arma?
—Lo traje porque es la única esperanza que nos queda.
A nosotros… y a él mismo.
Kael se sirvió un poco más de vino, mirando el líquido rojo como si fuera sangre.
—Si lo dejo solo, su dolor lo consumirá.
Se ahogará en su propia venganza.
— Miró a Rosa con convicción— Pero el linaje Barder existe para proteger este mundo.
Ese es nuestro propósito.
Si le enseño ese camino, si le doy un propósito más grande que su propio sufrimiento, podrá sanar.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Lo entrenaré como me entrenaron a mí.
Le enseñaré que el deber está por encima del dolor.
Haré de él un guerrero, un guardián capaz de enfrentar lo que se avecina.
Kael apretó el puño, convencido de que estaba haciendo lo correcto, sin darse cuenta del peso aplastante que acababa de poner sobre los hombros de un niño de once años.
—Es egoísta, lo sé.
Le estoy pidiendo que cargue con el destino del reino humano.
Pero tiene que ser él.
No hay nadie más.
Fhin es el futuro de mi familia y la única oportunidad que tiene este reino de sobrevivir.
Y me aseguraré de que esté listo, aunque tenga que entregar mi vida para lograrlo.
Cuando Kael terminó de hablar, Rosa se mantuvo en silencio, bajo su mirada y solo podía escucharse su respiración.
De pronto, levanto la cabeza, dejando escapar su risa incontenible.
—Te pedí una respuesta, no un discurso conmovedor…— Tratando de controlarse, calmo su risa poco a poco — Aunque es algo típico de ti, aun cuando todos abandonaron ese juramente y te dieron la espalda, tú seguiste salvando a la gente que te odiaba.
Incluso a nosotras… Kael intervino de inmediato.
—Ellos no me abandonaron, ni dejaron de luchar.
Éramos muy jóvenes, Rosa.
Nos prepararon para todo tipo de situaciones, pero nada como eso — Su rostro se llenó de pesar — Cada uno lidió con la tragedia a su manera.
Kael apretó ligeramente la copa de vino, recordando.
—Larence… él padre de Fhin, siguió protegiendo a las personas de su pueblo hasta el final — Su mirada reflejaba amargura de la impotencia.
— De haber llegado antes….
tal vez él y Anna seguirían con vida.
En ese momento Kael sintió un golpe en la espinilla, al mirar a Rosa supo que había sido ella quien le había dado la patada bajo la mesa.
—Deja de culparte por cosas que estaban fuera de tú control, deja de sufrir por lo que sucedió, cada que veo esa mirada en ti, me enfurece.
Él parpadeó sorprendido, en mucho tiempo era la primera vez que se preocupaba por él de esa manera.
Con una sonrisa en el rostro le agradeció.
Ella con el rostro aun tenso le hizo otra pregunta.
—Y dime, señor “Maestro”, ¿tú qué sabes de criar niños?
— Con un tono serio mientras cruzaba los brazos.
Kael respondió con sinceridad, esperaba que ella pudiera ayudarlo con eso.
Quizás algún consejo o incluso que ella lidiara con el carácter de Fhin.
Pero Rosa se negó antes de que él pudiera decirlo.
—Lo siento, pero no.
Tengo mis propias responsabilidades con cierta niña — Dejando salir una tierna sonrisa, se dibujó en sus labios al mencionarla.
Entonces él recordó a Sara.
Se preguntó de donde había salido esa niña tan alegre y vivaz y por que Rosa, que siempre había mostrado un lado frio e indiferente hacia los demás, le dedicaba una sonrisa.
Incluso era mucho mas amable con las chicas.
Todo esto llevo a una respuesta, pero para Kael era casi imposible, sin embargo, las evidencias eran claras.
A pesar de que era algo que nunca habría imaginado en la antigua Rosa.
La miro fijamente y soltó su duda.
—¿Acaso ella es tu hija?
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