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BUSCANDO LA PAZ QUE TANTO ANHELO - Capítulo 27

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27: Prioridades 27: Prioridades La pregunta cayó como agua helada sobre Rosa, abriendo sus ojos de par en par.

De pronto la risa volvía a invadirla.

—¿Qué te sucede?

Sabes que nunca tendría hijos… Kael fue más directo, preguntó de donde trajo a Sara y sobre todo ¿cuál era el motivo?

Rosa desvió la mirada, se mostraba incomoda por sus preguntas, pasaron los segundos y ella decidió revelarlo.

—Es una pariente lejana, por el momento solo puedo decirte eso.

Él acepto la respuesta y decidió no indagar más sobre el tema, sabía que en algún momento le contaría la historia completa.

—Volviendo al tema, no podré ayudarte con el niño, pero se quién podría hacerlo — Rosa giró su cabeza, mirando hacia la entrada.

Detrás de la pared se encontraba Crístal, escuchando a escondidas, nerviosa, al ver que Rosa la había descubierto.

—¿¡Me vio!?

… No lo creo — Asomando nuevamente su cabeza y cruzando su mirada con ella, volviendo a ocultarse — ¡Si me vio!

—Cuando vi que Kael y Rosa quedarse a solas, no pude contenerme y decidí espiarlos.

Ahora estoy en problemas.

En ese momento Rosa llamó a Crístal, invitándola a pasar, con un tono amigable.

Ella entro en un pestañeo, disculpándose por lo que había hecho, sin embargo, Rosa no parecía molesta.

Encargándole una misión.

—Mira Kael, Crístal tiene mucha mas experiencia con niños, ella te ayudara a criarlo — Levantándose de la silla y tomándola suavemente de los hombros.

Crístal se quedó callada, abrió sus ojos y sus labios temblaban por el encargo de Rosa, susurrándole al oído unas palabras —Espere, señora, ¿Qué fue lo que dijo?

— Nerviosa y con el rostro rojizo.

Rosa sonrió ligeramente —Tranquila, es tu momento, criaran un niño como si fueran una familia feliz — murmuró Rosa, con un tono burlón.

Disfrutando el momento que ella había ocasionado, los sentimientos de Crístal eran más que obvios, pero ella no se atrevía a dar el paso necesario, es por eso que decidió ayudarla.

Al escuchar esas palabras, la mente de Cristal comenzó a nublarse, imaginando diferentes escenas en su mente.

—Una familia …con Kael.

—De solo soñarlo su rostro tomó el color de un rojo intenso.

Él, al ver toda esta situación, no se opuso.

Pensándolo bien, ella podría ser la indicada para el trabajo.

Levantándose de su silla, se acercó a ellas.

Con un tono sereno y suave dijo.

— Por favor te pido que lo pienses, no puede haber otra, tú eres la indicada.

Esas ultimas palabras hicieron explotar su mente, —¿¡Qué soy la indicada!?

— Con el cuerpo temblando, cada vez más fuerte —YO…

yo acepto— Terminando por caer inconsciente en los brazos de Rosa.

Ella la llevo a una de las sillas y la acomodó allí.

—Tranquilo, ella estará bien, despertará y se irá a su habitación, ahora sígueme te llevaré al lugar en donde se quedarán.

Kael estaba por seguirla, aunque un poco preocupado por Crístal, se acercó a ella para agradecerle y sin perder más tiempo alcanzó a Rosa.

Al salir caminaron mientras recordaban los viejos tiempos.

—El lugar no ha cambiado mucho — Rosa continuo la conversación.

Creando un momento cálido y nostálgico.

El cual se vio interrumpido.

A lo lejos, ambos escucharon unos pasos desordenados que se acercaban.

Entonces pudo reconocerla: era Sara.

Llegaba con las manos tratando de cubrir su rostro, pero Kael notó las lágrimas que caían por sus mejillas.

—¿¡SARA!?

— Preocupada por ella, Rosa dejó a Kael atrás y corrió sin pensarlo.

Sin embargo, lo último que vio fue como Sara azotaba la puerta de su habitación, cerrándola con llave.

Rosa se apegó a la puerta, con desespero y angustia plasmados en su rostro por no entender que había sucedido.

—¿¡Sara te hiciste daño!?

¡Abre la puerta, déjame verte!

— Golpeando la puerta una y otra vez.

Kael llego al instante y, observando la escena, solo podía escuchar el sollozo de la niña tras la puerta.

—¡Sara dime que fue lo que sucedió por favor!

—Su voz se quebraba de solo escucharla llorar.

—¡VETE!

¡NO QUIERO HABLAR!

— Hubo una pausa, que dejo salir un quejido más fuerte — ¡Y NO QUIERO SABER NADA ÉL!

¡EL IDIOTA ES UN GROSERO!

¡ES ESTUPIDO Y LO ODIO!

Al escucharla, Kael supo de quien se trataba, acercándose de a poco a Rosa para disculparse por lo sucedido.

Rosa se quedó de espaldas unos segundos.

Cuando terminó de girarse hacia Kael, el aire del pasillo se tornó helado.

La angustia y preocupación desaparecieron de su rostro, remplazados por una frialdad que él no había sentido hace mucho tiempo.

Caminando hacia él paso a paso.

—Te lo dije, Kael — susurró con una voz que cortaba más que una espada — Ese niño es autodestructivo e inestable.

—Lo siento, Rosa….

Tal vez fue un malenten….

—¡No me des excusas!

— Cortándolo de manera abrupta, al aclarar su mirada, sus ojos brillaban con una ira protectora — Escúchame bien.

Si te estoy dando asilo es por que eres mi amigo.

Por el pasado que compartimos y porque eres el único hombre en quien confío.

Pero no por ese niño.

Rosa dio un paso más, casi rosando el rostro de Kael con el suyo.

—No quiero verlo cerca de Sara, para nada.

Y si esto vuelve a suceder…olvidaré nuestra amistad y lo echaré a la calle yo misma.

¿Me entiendes?

Kael asintió lentamente, sin ninguna replica.

Aun así, Rosa mantuvo la mirada fija en sus ojos por unos segundos, esperando que sus palabras hayan quedado claras.

Luego de eso se alejo hacia la puerta de Sara, tratando de consolarla desde afuera.

Él se quedó inmóvil por un momento, no mentía; si esto ocurría de nuevo ambos terminarían fuera de Noxvil.

Pero aún más sorprendente fue su reacción, es algo que no había visto en mucho tiempo y que no había mostrado por nadie.

—¿Quién es esa niña?

¿De verdad no es su hija?

Y si no lo es, no imagino que tipo de lazos tendrán para que Rosa reaccione así.

Sacudió la cabeza —Pero eso no importa.

Sea quien sea, Fhin fue el que lo ocasionó, en este momento, mi responsabilidad es saber qué sucedió y evitar que vuelva a pasar.

Kael se alejó de la escena y siguió los pasos de donde había llegado Sara, bajando hasta el primer piso.

Mientras lo recorría, vio una puerta semiabierta; la madera tenía años sin reparar y la cerradura estaba rota.

Al abrirla, bajo por las escaleras.

Al hacerlo, vio a Fhin sentado al pie de la escalera, mientras se escuchaban unos quejidos que venían de él.

Al llegar a Fhin, pudo ver sus ojos irritados y las lágrimas habían mojado el suelo.

El siguiente paso que tomo fue sentarse a su lado.

Poniendo su mano en el hombro del chico, con cierta duda.

Esperaba una reacción más agresiva, algo con lo que estaba familiarizado.

Pero al encontrarlo de esa manera, en silencio, débil y con las lagrimas corriendo de su rostro.

No supo cómo reaccionar Necesitaba de un toque mas suave y sereno, pero lo mejor que pudo fue preguntar.

—¿Qué fue lo que sucedió con Sara?

Aun así, Fhin no respondió.

—Vamos dime que paso.

Solo así podremos resolver el problema.

El niño se mantuvo callado, con la mirada cabizbaja, Kael pensó en darle unos segundos; tal vez debía esperar a que él comenzara la conversación.

Pasaron los segundos, luego minutos, pero no decía nada.

Cuando Kael estaba por volver a preguntar, Fhin lo interrumpió, lleno de culpa y confusión.

—Yo no quería…—Su voz se quebró de apoco — Ella solo seguía y seguía hablando…solo quería que se callara y de pronto sentí rabia.

Le dije cosas horribles Fhin negó con la cabeza, tomando su cabello con frustración.

—¡Soy un idiota!

¡Lo arruiné todo!

— Al terminar golpeó el suelo con fuerza — Intente mantener la calma…pero termine explotando de nuevo.

Le hice daño… —Ahora ella me odia….

Levantó su mirada hacia Kael.

Sus ojos tenían una pizca de esperanza, como si frente a ellos estuviera la respuesta.

—¡Me duele demasiado aquí!

—Golpeando su pecho con fuerza, apuntando a su corazón— ¿Cómo puedo detener este dolor?

Tú eres fuerte, a ti no te afectan estas cosas.

—Fhin, yo… —¡No quiero seguir siendo débil!

—lo interrumpió al instante — Si me vuelvo fuerte, nada podrá lastimarme.

Si soy fuerte… estoy seguro de que este dolor desaparecerá.

—¡Por favor, enséñame el camino para lograrlo!

Cayendo al suelo de rodillas y entre lágrimas —¡Enséñame a no sentir nada!

Esa ultimas palabras golpearon a Kael.

Fhin no entendía su propio corazón; creía que sentir era la raíz de su debilidad y que la insensibilidad era la fuerza que necesitaba para sobrevivir.

Al ver nuevamente la desesperación en sus ojos, endureció la mirada y se puso de pie.

—No, Fhin.

La fuerza no cura ese dolor — Levantándolo del suelo y limpiando su rostro.

Fhin replicó, esta vez más calmado.

—¿Entonces qué puede hacerlo?

— Con los ojos brillantes clavados en él.

Kael se inclinó hasta estar a su altura, poniendo una rodilla al suelo.

—Es algo que aún no sé….

— mirándolo a los ojos —Pero durante todo mi viaje descubrí que puede llegar a doler menos si le das un sentido.

Para mí, es proteger y ayudar a los que me necesitan.

Hizo una pausa, asegurándose de tener la atención del niño —¿Recuerdas lo que me dijiste aquel día que salimos del pueblo?

Fhin asintió lentamente.

—Quiero ser fuerte para que nadie pueda hacerme daño… —Toma esas palabras y dales un sentido a todas esas cicatrices — poniendo ambas manos en los hombros de Fhin y apretando con fuerza — Dale un sentido a tu vida.

Kael lo miro con intensidad.

—Repíteme: ¿cuál es tu deseo?

¿Cuál es tú más grande anhelo?

Él recordó ese día.

Esa idea volvió su mente de golpe.

Sin dudar, sin pestañear, dijo: —Quiero ser….

el más fuerte de este mundo.

Kael sonrió.

Se puso de pie y tomó su mano.

—Entonces, vamos.

Ambos salieron de ese desolado sótano.

Ese día, por primera vez en mucho tiempo, el dolor en el corazón de Fhin se aligeró y ganó una inquebrantable determinación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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