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BUSCANDO LA PAZ QUE TANTO ANHELO - Capítulo 9

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9: Volver a empezar 9: Volver a empezar El viento soplaba con fuerza, los animales salían de sus escondites a buscar comida y el sol empezaba a iluminar el paisaje.

Al tocar su rostro, despertó, aquel niño que yacía durmiendo en el suelo abrió los ojos al sentir la luz sobre él, lentamente levanto su cuerpo del suelo, mostrando una mirada perdida, desolada y sombría, con sus manos trata de quitar la picazón de sus ojos irritados por sus lágrimas.

Empieza a caminar tratando de encontrar la salida de aquel lugar, desorientado y perdido, comienza su camino.

Al adentrarse de nuevo al bosque sin conocer a donde iba termino perdido, al llegar la noche se refugió debajo de un árbol, temblando por el frio y tratando de dormir, cerro sus ojos, al conciliar el sueño, despertó en la mesa de su casa, junto a su madre y padre, riendo y comiendo como lo recordaba.

—¿Mamá?

¿Papá?

—Dijo mientras los veía.

Se levanto de su asiento y trato de abrazarlos, al llegar a ellos, abrió los ojos.

El día había llegado, aun con los brazos levantados miraba las hojas que cubrían su vista al cielo, bajo sus brazos y se levantó, siguió caminando, mientras de sus ojos caían gotas que se secaban en la tierra.

Luego de caminar tanto encontró un grupo de conejos, era una pequeña familia de tres, la escena volvió a tocar aquella herida en su corazón, era un recordatorio de lo que había perdido, de que estaba solo.

La noche volvió a caer, esta vez se refugió cerca a la madriguera, el frio volvió a perturbar su sueño, cerro los ojos con fuerza y se abrazaba fuertemente para evitar el frio que recorría todo su cuerpo.

—Maldición ¿Porque hace tanto frio?

—mientras apretaba sus dientes y sus parpados temblaban.

A los segundos de haber dicho eso, sintió una pequeña bola esponjosa a su lado, cálida y suave.

Abrió los ojos y pudo verlo, era aquel pequeño conejo que escucho sus palabras, y quedándose junto a él, trataba de aliviar su sufrimiento.

Tan pequeño e indefenso, no era suficiente para calmar el frio que lo asolaba, sin embargo, aquel pequeño acto de amabilidad, hizo que él pudiera conciliar el sueño sin ningún problema.

Al cerrarlos quedo profundamente dormido, despertó y frente a él estaba su madre, corrió con los brazos abiertos.

—¡MAMÁ!

— Grito mientras corría hacia ella.

Al llegar no pudo tocarla, traspaso aquella mujer como si fuera un espejismo, siguió viendo confundido, trataba de llamar su atención de alguna forma, hasta que vio como quien parecía él mismo salía de su habitación listo para irse, era aquella escena, aquel recuerdo en donde planeaba irse a cumplir su sueño.

Pudo ver la manera cruel en la que trato a su madre, después de todo ella solo quería protegerlo, pero él no lo sabía, aquel sueño era un castigo para sí mismo, trato de gritar de hablar para que no se fuera, para que no empujara a su madre, pero no servía de nada.

El pasado no se puede cambiar, tus acciones quedaran marcadas en esa persona y en ti, el dolor seguirá y será peor cada que lo recuerdes.

Cayó al suelo, rendido y de rodillas.

—Por favor perdóname…… ¡MAMÁ!

—Abrió los ojos, mientras gritaba esa última palabra.

El sol había salido, aquel conejo se había ido, volvía a estar solo.

Limpió sus lágrimas y siguió buscando la salida de aquel mar de árboles en el cual, ya llevada unos días, su estómago empezó a crujir, el hambre que tenia se hacía cada vez más y más grande.

Sus labios secos y agrietados mostraban la sed que lo consumía, poco a poco su cuerpo perdía fuerzas, temblaba de lado a lado sin poder seguir caminando, cayó al suelo.

—Ya…ya no puedo más, tengo…tengo mucha hambre— Abraza fuertemente su estómago mientras seguía en el suelo.

Aun estando ahí, escucho un crujido, su curiosidad hizo que volteara a ver que era.

Una pequeña ardilla con lo que parecían unos arándanos en su boca, detrás de ella, estaba su salvación.

—Co…co… ¡COMIDA!

Un arbusto repleto de arándanos, pero para él era un manjar del cielo, con las pocas fuerzas que le quedaban se arrastró hacia el arbusto, al llegar probo una de ellas.

—MMMMMMM… ¡ES LO MÁS RICO QUE HE COMIDO!

— Grito mientras seguía tomando una por una, después de días sin comer nada, aquel arbusto le había salvado la vida.

Luego de terminar y dejar vacío el arbusto, agradeció a la pequeña ardilla que lo observaba desde el árbol.

—¡Gracias pequeña me salvaste!

— Mientras la saludaba con la mano.

Ella volteó dándole la espalda.

—Oh….

Parece enojada—se dijo así mismo mientras la miraba confundido.

En efecto estaba furiosa, después de todo él había vaciado todo el arbusto de moras y no quedaba nada para ella.

Siguió su camino, a este punto solo recorría el bosque sin ningún propósito, la idea de salir se hacía lejana e inalcanzable, pero ¿que debiera hacer?

Se preguntaba con cada paso que daba, que haría si llegara a salir ¿A dónde iría?

después de todo no le quedaba nada porque volver.

A su mente llegó un recuerdo, una sonrisa cálida y brillante se presentaba ante él.

—¡Emily!

— Con sus ojos volviendo a la vida, recordó a la última persona que aún tenía a su lado, No solo ella, recordó a muchas personas en el pueblo que seguramente lo estaban buscando, era un motivo por el cual volver, quizás no era la solución a todos sus problemas, pero le permitió recuperar la esperanza.

—Bien, es hora de encontrar la salida — Siguió su camino, un poco más animado.

Podría decirse que estaba superando lo que había perdido, o tal vez solo evitaba pensar en ello.

Sus ánimos cambiaron, sin embargo, el bosque seguía siendo igual de frio y cruel ante su situación, luego de un momento sintió como gotas de agua rosaban su rostro, miro al cielo y vio como nubes empezaron a cubrir el soleado paisaje, las gotas cayeron con más fuerza y en mayor cantidad.

Corrió buscando un lugar para protegerse de la lluvia, busco y busco sin poder encontrar nada, a donde sea que veía solo era el mismo paisaje repleto de árboles.

Distraído por la desesperación cayo por una bajada, rodo hasta chocar en unos arbustos.

Al abrir los ojos la lluvia se había detenido, pero la noche había llegado.

Empapado y con frio, siguió caminando, con el cuerpo temblando y abrazándose para conservar algo de calor mientras miraba el camino oscurecido.

A los lejos observo una pequeña cueva, al entrar pudo ver que no había ningún otro animal cerca, dentro había muchas hojas secas, usándolas para cubrirse del frio, cerro sus ojos lentamente, quedándose dormido.

Volvió al mismo lugar en su mente, otro sueño, Se levanto del suelo y miro a su alrededor.

Todo estaba oscuro y no había nada que lo rodease, siguió caminando sin rumbo aparente, hasta que vio un fragmento de luz, al acercarse pudo verlo mejor, era la ranura de una puerta.

Viendo como toda la puerta aparecía frente a él, sin miedo, la abrió.

La habitación era pequeña, tenía el piso techo y las paredes de color blanco.

En medio de ella había una silueta negra, tan pequeña como él.

Su curiosidad fue mayor a su miedo, decidió entrar y hablar con quien se encontraba frente a él.

Caminando lentamente hacia ella.

—Hola….

— Dijo mientras se acercaba sigilosamente.

—Mi nombre es Fhin…….

No hubo respuestas alguna de aquella sombra, sabía que no era ningún recuerdo de su pasado.

Después de todo estaba en un sueño podría ser alguna creación de su imaginación Se acerco con mayor confianza y le tocó suavemente el hombro para llamar su atención.

—¿Hola…?

—……… Aquel ser tomo su mano fuertemente, tiro de ella acercándose cara a cara con Fhin, no tenía rostro alguno, Fhin quedo paralizado por lo sucedido, tenía los ojos abiertos, mirando fijamente aquella cosa.

—Es tu culpa………— Se escucharon esas palabras alrededor de la habitación.

—¡Es tu culpa!

¡Es tu culpa!

¡Es tu culpa!

¡Es tu culpa!

Una y otra vez se repetían, su cuerpo quedo helado por la situación, mirando a todos lados.

Buscando de donde provenía aquel sonido, quien repetía aquellas palabras y ¿Por qué?

Empezó a temblar, el sudor recorría su rostro y su cuerpo temblaba.

Entonces todo quedo en silencio, aquella voz desapareció.

Fhin aun tomado de la mano por aquella sombra, la miro de frente.

Viendo como en lo que parecía su rostro se formaba una boca, poco a poco sus ojos, empezó a tomar su forma, sus manos, sus brazos y finalmente todo su cuerpo.

Luego de terminar, pudo verlo era parecido a él, exactamente igual, pero aun mantenía el mismo color.

Acerco su boca a los oídos de Fhin y le susurro.

—Es tu culpa que papá y mamá estén muertos.

Fhin tiembla ante esas palabras, siente un dolor en el pecho y su respiración se acorta.

—No….

No… No—Repetía una y otra vez.

—¡NO ES CIERTOOO!

—Gritando esas palabras logró soltar su mano, cayendo al suelo aun temblando por lo que estaba sucediendo.

—No….

Papá…Mamá —Tenia el rostro tenso, ojos llenos de terror, labios temblorosos, que negaban sus palabras.

Fhin intento salir de esa habitación, corrió hasta la puerta, sin embargo, al estar tan cerca esta se cerró y desapareció.

Chocando con la pared fuertemente, empezó a golpearla una y otra vez —¡ABRETE!

¡DEJAME SALIR!

—Mientras golpeaba, volteo la mirada hacia aquel niño.

Con los ojos aun llenos de miedo, vio como a sus lados aparecieron otras dos figuras, él retrocedió apegándose de espaldas a la pared, mientras aquellas sombras se acercaban.

Su miedo crecía y crecía con cada paso que tomaban.

—¡Aléjense!

¡ALEJENSE!

—Con los ojos abiertos e infundidos de miedo, trataba de alejarlos gritando con su voz quebradiza y temblorosa.

Aun así, no se detuvieron.

Al estar cada vez más cerca, aquellas sombras sin forma, empezaron a cambiar, al igual que la primera.

Sus rostros se fueron esclareciendo, al verlos su sangre se helo, su cuerpo se paralizó, mirándolos fijamente —¿por qué?

¿Por qué sucede esto?

—Esas preguntas resonaban una y otra vez en su mente.

Ambas sombras habían tomado los rostros de sus padres, en sus últimos instantes antes de morir.

Fhin quedo en el suelo, atemorizado y congelado.

El aire se volvía más pesado dificultando su respirar.

Estando tan cerca de él, aquellas figuras soltaron algunas palabras, empezando por quien parecía ser su madre.

—Fhin….

¿Por qué me abandonaste?

— cojeaba mientras avanzaba con la miraba fija en él.

Al escucharla grito tratando de justificarse acciones.

—No… no mamá yo no quería dejarte….

Es solo que…que — las palabras se atoraban en su garganta, mientras temblaba.

—Me dejaste sola…

morí por tu culpa….

Si tan solo te hubieras quedado en el huerto nada de esto habría pasado — Con una voz sombría y rasposa.

Con sus manos cubrió sus oídos para no escuchar aquellas palabras, pero luego quien parecía su padre decidió hablar.

—Fhin….

¿Por qué?

¿Por qué huiste de mí?

Si te hubieras quedado a mi lado…Seguiría vivo.

—¿Por qué dijiste que me odiabas?

Deberías odiarte a ti mismo…Es por ti, que lo perdimos todo, incluso nuestras vidas— Mientras se acercaba, le hablaba con la voz sombría y rasposa.

Aquellas palabras ¿eran los últimos pensamientos de sus padres?

Pensaba Fhin mientras esos recuerdos no dejaban de atormentarlo— ¡LO SIENTO!

¡NO QUERIA QUE ESTO PASARA!

—Gritaba con el dolor de su corazón y el miedo infundido en su rostro, aun así, no los detenía.

—¡Si pudiera volver haría las cosas diferentes!

—repetía y repetía con lágrimas en sus ojos.

Él niño frente a él, solo lo observaba desde atrás, con una mirada llena de odio y resentimiento, en un momento el también le dejo unas palabras.

—No hay forma de volver, no hay forma de cambiar nada, papá y mamá están muertos y todo es….

¡TU CULPA!

— Detrás de él aparecieron látigos de color negro que tomaron los pies de Fhin y tirando de ellos lo arrastraron hacia él.

—¡NO!

¡POR FAVOR ESPERA!……

—Con sus manos trataba de aferrarse al suelo, clavando las uñas a él.

Aun así, no es suficiente, termina por traerlo hasta él, Fhin solo puede ver como empieza a perderse en la oscuridad que empieza a rodearlo.

—¡NOOOOOOOO!

—Da un grito y despierta de golpe levantándose por el miedo.

Termina esparciendo todas las hojas con las que se cubría.

Con el rostro lleno de sudor, su respiración se acortaba, tocando su pecho por el dolor que sintió al recordar ese suceso.

Alzo la mirada y vio la luz del sol a través de la entrada, recordó que aun seguía en el bosque, con una mirada perdida y decaída, volvía al mismo sentimiento que tenía al empezar su camino.

Al salir pudo ver entre los arbustos veía como unos ojos se asomaban entre las sombras acechándolo, Fhin solo se quedo quieto, cruzando miradas con aquel animal.

No pudo resistir más, sabía que lo atacaría en cualquier momento.

La tensión inundo el momento, solo se podía sentir sus respiraciones, mientras sus miradas quedaron congeladas viéndose entre sí.

En ese momento Fhin corrió, en dirección contraria al animal, rápidamente de los arbustos se revelo que era un lobo quien lo asechaba, la persecución empezó, pero sin duda aquel animal estaría próximo a comérselo, Fhin deshidratado y sin fuerzas corría por su miedo, era todo lo que le daba la fuerza para seguir avanzando sin embargo no era suficiente, lo estaba alcanzando, en un momento de distracción Fhin cae al suelo.

El lobo salto para engullir sus dientes en él, cuando todo parecía perdido, el lobo recibe el impacto de una flecha en su estómago, aúlla y se retuerce del dolor.

A los segundos recibe otro impacto más, acabando con su vida.

Fhin aun sin saber que acababa de pasar, se queda en el suelo, buscando quien era el que lo ayudo, rápidamente de entre losa árboles sale hombre, usaba ropa muy gastada, tenía una barba muy grande y en sus manos traía un arco — ¡¿Niño estas bien?!

— mientras se acercaba a Fhin.

Al llegar a él le ofreció la mano, Fhin con un poco de desconfianza solo lo veía sin dar respuesta.

El hombre lo miró confundido, pero entendió que aún tenía miedo, de pronto el estomago de Fhin cruje, no había comida nada desde el día anterior.

Aquel hombre lo mira y sonríe, de su bolso saca unas patatas horneadas, y le da una Fhin, rápidamente él la toma y la devora en segundos.

El se sienta a su lado y le dice su nombre—Hola, mi nombre es Bram, cual es el tuyo niño — Mientras le ofrecía otra patata, Fhin la tomo y mientras comía le dijo su nombre— Fhin — Bram empezó a preguntarle el porque estaba en el bosque, sin embargo, Fhin solo de recordar lo que había pasado.

Limpio su boca y le dijo a Bram que sus padres murieron en un accidente y el termino perdiéndose en el bosque.

Quedo algo sorprendido por lo que dijo, como a la vez sentía algo de pena por él, haber pasado por eso siendo tan pequeño era algo muy difícil de digerir.

—Escúchame Fhin, ven conmigo conozco el camino de salida — Le ofreció la mano para ayudarlo a levantarse, con una sonrisa en el rostro.

Fhin dudo por un momento, después de todo era un extraño, pero aquel hombre lo había salvado sin ningún motivo.

Con algunas dudas tomo su mano, y lo siguió—Oye Fhin de donde eres — mientras caminaban le dijo que provenía de Melt Iron—¡¿QUEEEEÉ?!

—Fhin estaba confundido por su respuesta—¿Dije algo malo?

— pregunto con desconcierto.

—No para nada es solo que ese lugar esta a 3 días de aquí — Fhin se quedó quieto, había caminado por 3 días seguido sin rumbo, con desespero le pregunto al hombre de donde venia —Yo soy de Ravemeat, bueno es donde nos encontramos—Fhin miro confundido a Bram, como que estaban en otra aldea pregunto Fhin.

Bram se rio y le dijo que pronto lo vería.

Ambos llegaron a un claro entre los árboles, al acercarse Bram supo que habían llegado al final—Bienvenido a Ravemeat — Al verlo al fin pudo aceptarlo, ya no estaba en su hogar, había terminado en un pueblo vecino.

Rápidamente le pidió a que lo ayudara a regresar— ¡Señor Barm por favor debo regresar a casa!

— Preocupado y nervioso Fhin deseaba volver a su hogar.

Barm trataba de calmarlo y explicarle el motivo por el cual aún no podía llevarlo, ese día debía volver a casa, luego de tiempo de estar en el bosque cazando.

Debía volver y ver a su familia — Te prometo que mañana te llevare ahi, también debo cumplir unos asuntos fuera del pueblo— Le dijo que por el momento podían ir a su casa, conocería a su hija y esposa.

Fhin accedió un poco intranquilo, quería volver cuanto antes a su pueblo.

Barm lo guio a través del lugar, explicándole que era un pueblo dedicado a la caza, el vivir rodeado de una gran cantidad de bosques la cantidad de animales aumenta, la caza es muy abundante sobre todo en esta época del año.

Fhin veía alrededor la gran cantidad de tiendas que vendían carne de diferentes tipos, venia de un lugar totalmente diferente, para él esto era nuevo e interesante, la venta de pieles y armas como arcos y cuchillos.

Entrando en su curiosidad Fhin pregunto si utilizaban espadas para cazar— ¿Espadas?

No utilizamos de esas, no sirven para la caza, usamos cuchillos o arcos.

— Mientras seguían caminando, muchas personas saludaban a Barm por su llegada, al parecer estuvo mucho tiempo fuera de la aldea.

Después de todo el otoño estaba llegando a su fin, esta era la mejor estación para la caza, era una oportunidad de ganar mayor dinero para él y su familia.

Llegaron a una casa al final del camino, linda y acogedora, por la chimenea se veía salir el humo de la cocina, y por las ventanas escapaba un olor delicioso.

Barm le dio la bienvenida a su hogar, toco la puerta y rápidamente esta se abrió, una niña de la edad de Fhin estaba en la puerta, al verlo se lanzó hacia Barm— ¡PAPÁ!

— él la recibió con los brazos abiertos y la abrazo fuertemente.

Bajo a su hija al suelo, ella no dejaba de preguntarle sobre como le fue en su viaje, la pequeña estaba muy feliz de volver a ver a su padre, se podía ver en sus ojos castaños la felicidad que desbordaba entre ellos.

Fhin solo podía mirar algo incomodo por lo que pasaba, Barm volteo lentamente para presentarle a Fhin — Fhin ella es mi hija Alia —Ella lo miro extrañada, Fhin con una sonrisa forzada alzo la mano y saludo — Ho…hola — ella volvió a ver a su padre, ignorando a Fhin completamente —¿Ah?

Me ignoro — quedando con una sonrisa confundida, cerro los ojos y bajo la mirada para evitar la vergüenza que sentía.

Su padre la corrigió enseguida, él no le había enseñado a ignorar a los demás, ella hizo un puchero, juntando los labios, y mostrando unos ojos apunto de soltar sus lagrima, al notarlo su padre sintió algo de lastima por ella y trato de calmarla — ¡Espera, por favor no llores!

— De pronto del fondo se escucho una voz serena y tranquila— ¿Alia por qué estás haciendo tanto escandalo?

— Era la esposa de Barm y madre de Alia, al verlo corrió a saludarlo con un cálido abrazo, al terminar pudo ver a Fhin detrás.

—Barm ¿Quién es?

— preguntó extrañada, él hizo pasar a Fhin y a su esposa e hija, dejo que Fhin se sentara en su sala, era un asiento forrado con piel de algún animal, era muy suave para él, mientras tanto Barm le contaba a su esposa como fue que lo conoció y el motivo por el cual lo trajo.

Ella entendió el motivo y se acerco a Fhin, lo tomo de la mano — Dime Fhin deseas comer algo en específico.

Aquella cálida mano, esa mirada que desbordaba amabilidad y amor.

No pudo evitar recordar a su madre.

Sus ojos estaban humedecidos, al darse cuenta los limpio y respondió —Mi madre siempre me hacia un pastel en mi cumpleaños — Así ese día Fhin cumplía 11 años, ella puso su mano en sus mejillas y le dijo — Entonces te hare un pastel muy delicioso — Aquel calor, no remplazaría nunca el de su madre él lo sabía bien, sin embargo, era una pequeña luz iluminando un mar de tinieblas.

Paso el día con ellos mientras, Barm jugaba con su hija, y Fhin al lado, aun ajeno a ellos, sin embargo, el intento unirlo, poco a poco Fhin se acercó y terminó uniéndose a ellos, mientras que Alma la esposa de Barm preparaba el tan ansiado pastel para Fhin.

Aunque no todos estaban tan contentos con su llegada, Alia no le agradaba del todo, seria el sentimiento de celos por la atención de su padre, había tantos factores que indicaban que esa era la razón.

Fhin entendió sus sentimientos, pero no comprendía el de sus padres, ¿por qué ellos ya lo trataban como uno más de su familia?

Él no era más que un extraño entre ellos.

El momento llego el pastel estaba listo, la noche había llegado, los cuatro se reunieron en la mesa con Fhin al centro, al medio había un pastel hecho con arándanos del bosque, así mismo tenía una vela de cumpleaños sobre ella.

Al terminar de soplar las velas todos aplaudieron y celebraron su cumpleaños, hasta Alia que poco le agradaba la idea de que él este ahí, también estaba aceptándolo, de a poco, después de comer Barm habló con Fhin — Oye sabes tengo un regalo, lo tengo desde que soy un niño — Se levanta y revisa su armario, sacando un pequeño arco, algo viejo pero funcional.

Fhin quedo encantado con el regalo, la idea de aprender a usarlo le fascinaba, en un momento estando todos juntos, sintió esa felicidad de nuevo, aquella que se le hacía tan lejana e imposible, volvía a él.

—Fhin si deseas puedes salir a usarlo, en un momento te alcanzo para ayudarte— Dijo Bram, con una sonrisa en su rostro.

Fhin salió de la casa, mientras caminaba, pensaba — ¿y si me quedo?

— volver a formar parte de una familia le daba felicidad, si tan solo pudiera ser realidad, sabría que nunca olvidaría a sus padres o la causa de su muerte, pero tal vez allí podría iniciar de nuevo y perdonarse de a poco, sin embargo, él aun desconocía parte de su pasado, el cual seguiría atormentándolo.

—Está bien preguntare si puedo quedarme y…— De pronto una fuerte explosión resonó detrás de él, empujándolo hacia delante, la onda de sonido, había dejado desorientado a Fhin.

Al voltear lentamente vio como la casa de Bram estaba reducida a llamas y cenizas.

No quedaba nada ni nadie.

Con los ojos abiertos y su mirada perpleja ante lo sucedido, se preguntaba —¿Por qué?

¿Acaso las personas que me conocen están condenadas a morir?

Detrás de el se escucho una voz familiar, quien se acercaba poco a poco.

—¡OYE MOCOSO!

¡AL FIN TE ENCONTRE!

Aun así, trate de seguir el pasado que desconoce lo seguirá atormentando….

Fhin quedo mirando al mago que caminaba hacia él.

—Vamos mocoso acaso no me recuerdas—se detuvo frente a él, aquel mago quien le causo tanto daño ¿era posible que siguiera vivo?

Utilizaba un parche para cubrir aquella herida en su ojo, todo apuntaba a quien era.

Fhin se levanto con la mirada sombría, apretando los puños y crujía sus dientes, ya no tenia miedo, solo sentía la ira y el dolor.

Aquel hombre frente a él se detuvo….

—Vamos enano acaso no te acuerda de mi tu querido amigo Vass… Bueno tal vez no me recuerdas la ultima vez tenia los ambos ojos, —señala su herida — Esto es gracias a ti, perderte y perder tu rastro fue un error muy grave.

El rostro de Vass se tensó lentamente, sus cejas se fruncieron, aquel único ojo que tenia se abrió por completo.

—¡El que complicaras el trabajo me costó mi maldito ojo!

—dijo con una voz rasposa— y si no vuelvo contigo perderé mi vida, así que muévete nos vamos.

Fhin seguía inmóvil en su lugar.

—¿Que pasa enano?

¡Muévete!

— Mirando los escombros de aquella casa que hizo explotar, comprendió su enojo.

—Ya veo estas enojado, es porque mate a esa familia verdad — suelta un suspiro y mira nuevamente a Fhin.

—Si no hubieras complicado las cosas ellos seguirían vivos……Como tu madre.

Aun así, Fhin se mantenía inmóvil, con cada palabra que Vass le decía solo alimentaba su ira y odio.

Había llegado a su límite, llorar no servía, la tristeza no lo ayudaría a salir vivo de ahí.

Entonces si las lagrimas no curan este dolor, tal vez la venganza pueda salvarlo.

—No les importa nada…Mataron a mis padres…Mataron inocentes —pensaba mientras apretaba sus puños —No pueden ser buenas personas…No merecen vivir.

Aun así, no había manera de que ganara, no habría manera de que igualara su poder.

Nació débil en un mundo regido por los fuertes.

Aun así, aquellos sentimientos no se iban, solo crecían con cada segundo.

—Te asesinare…—Susurro con un tono sombrío.

Vass escucho su murmullo.

—¿Qué dijiste enano?

—Volviendo a fruncir sus cejas, mientras mantiene una sonrisa agridulce— Por favor….

ya hemos pasado por esto y sabes que no terminara bien Aun así, Fhin no escuchaba sus palabras, solo quería encontrar la manera de terminar con ese dolor.

—Llegaron y me quitaron a mi madre, luego a mi padre— frente a él en el suelo, vuelve a resplandecer con mayor intensidad, una silueta familiar.

De aquel deseo, de aquellos sentimientos renacía para proteger a su portador.

—¡No iré contigo!¡Sobreviviré, como prometí!

—aun con una mirada sombría—y para eso….

—¡TE MATARE AQUÍ Y AHORA!

—Grita fuertemente mirando directamente a Vass, cada rasgo de su rostro transmitía su dolor, ira y sufrimiento.

Aun quería vivir, pero también sabría que vendrían a buscarlo si no hacia algo y por eso pensaba terminar con él esa misma noche.

En ese instante su espada apareció completamente y sus ojos brillaron como rubies frente a un intenso fuego.

Vass cerro los ojos y giro la cabeza en señal de negación, el tiempo se acababa y los aldeanos empezaban a salir de sus casas por la explosión.

Para eso chasqueo los dedos y alrededor de ellos aparecieron más de sus hombres.

Al estar rodeado Fhin no retrocedió, tomo su espada con ambas manos preparado, no importaba cuantos fueran, si usaban magia o si eran más fuertes que él.

Su deseo ferviente de acabar con Vass no desaparecía.

Volvería a vivir sin miedo, no dejaría que nadie más le haga daño.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAh!

—Fhin avanzo con gran velocidad hacia Vass, sin embargo, no retrocedió, sin embargo, Vass no se movía.

Al estar lo suficientemente cerca dio un salto, levantando la espada por encima de su cabeza.

—¡MUEREEEEEEEEEE!

—Esperando dar un golpe fatal, ataco con todas sus fuerzas.

En ese momento atravesó su espada por la cabeza de Vass, lo había logrado, pero quien parecía ser su enemigo, se prendió en llamas y exploto.

La explosión empujo a Fhin al suelo.

No entendía que sucedía.

Detrás de él caminaba acercándose de a poco mientras aplaudía su intento de asesinarlo.

—Increíble enano, pero para la próxima trata de darle al verdadero — mientras sacaba su varita.

—¡Flame Shackles!

*Lanza una esfera de fuego a las manos de su oponente, transformándose en esposas para capturarlo, cada que se mueva o intente liberarse las esposas quemaran sus manos* En el suelo Fhin ve sus manos cubiertas por las esposas.

—Maldición….

esto no me detendrá— Se levando y trato de tomar su espada, para arremeter contra Vass.

En ese momento sintió el calor del fuego penetrando su piel, el dolor se extendió a sus manos, se arrodillo y grito de dolor.

—¡AAAAAAAAAAAH!

—Con ese grito de dolor alertó a los aldeanos cerca a ellos.

Vass tomo a Fhin y con un golpe lo dejo inconsciente.

—Es hora de irnos—Dando esa orden él y sus hombres se movieron rápidamente a una zona lejos de la aldea.

Una vez a salvo, Vass le pidió a uno de ellos que contactase a su jefe, así podrían usar un portal para regresar mas rápido, el no pensaba arriesgarse de ningún modo, no con su vida en riesgo si fallaba.

Fhin despertó en el suelo, con la luna iluminando la escena, aun traía puesto esas esposas, cuando intento levantarse Vass lo detuvo —Enano yo en tu lugar no me movería.

Al levantar la mirada lo vio sentado sobre el tronco de un árbol caído.

—Déjame explicarte, esas esposas quemaran tus muñecas y manos cada que forcejees o te muevas sin mi permiso — mientras sostenía su varita en su mano.

Fhin giro su mirada, no había nada su alrededor era una pradera desolada, el viento soplaba con fuerza, mientras los hombres de Vass esperaban de pie, pacientemente a que su líder respondiera.

Todo parecía salir como lo planeo, sin embargo, a lo lejos una figura se movía acercándose a ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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