Caballero Cosmos - Capítulo 1
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1: Capítulo 1 1: Capítulo 1 Las paredes de los edificios estaban saturadas con el mismo cartel, “Vota al General Titán”.
Últimamente era de lo único que podían hablar los medios: la candidatura del General Titán para convertirse en el nuevo presidente mundial de los héroes.
Allen miró el rostro engreído del héroe, lo arrancó del muro y lo hizo trizas.
—¿Héroe…?
No merece ser llamado así…
Allen suspiró lleno de tristeza antes de dirigir su mirada al cielo.
En otros edificios, había graffitis con nombres como “El Titiritero” o “Sombra Carmesí”, personas que se oponían a las normas impuestas y que el mundo llamaba villanos.
Pronto, un graffiti de un cielo estrellado apareció ante Allen, haciéndole sonreír levemente.
En la parte más alta estaba escrito: “Firmamento, el Asesino”.
Nadie había visto a Firmamento, pero las historias eran las mismas: monstruos que aparecían asesinados, o delincuentes con huesos rotos y llenos de heridas.
Todo el mundo debatía su alineamiento: el gobierno lo tachaba de villano; la Federación, de monstruo Categoría EX.
A Allen no le importaba el pseudónimo.
Firmamento era un eco de su pasado marcado por el dolor, el vehículo para impartir una justicia que la Federación ignoraba, y Allen creía firmemente que hacía lo correcto.
Al cabo de media hora, Allen llegó a su casa, un piso en la periferia de la ciudad, tranquilo y con vistas increíbles a las estrellas.
Al entrar, encendió la televisión y se hizo la cena.
No podía evitar mirar los informativos.
La presentadora mostró varios monstruos que realizaban estragos y, de paso, informó que un héroe había muerto en acto de servicio.
De repente, una sirena comenzó a sonar en toda la ciudad.
Allen se dirigió al balcón.
En el cielo, un dirigible proyectaba la imagen del alcalde de Ciudad F.
—Ciudadanos de Ciudad F, guarden la calma y dirigíos al búnker subterráneo.
Esto no es un simulacro.
Allen sacó tranquilamente un cigarrillo y lo encendió.
En la pantalla se mostró la imagen de un lobo gigante con pelo y ojos negros.
—La distancia actual entre el monstruo y la ciudad es de diez kilómetros.
Su llegada se prevé alrededor de una hora.
Un equipo de la Federación vendrá desde el centro de la ciudad para refrenarlo.
Tras esas últimas palabras, la pantalla se apagó.
Allen dio una calada, exhalando el humo hacia la noche.
La idea de ir al búnker era absurda.
Regresó al interior y de un cajón sacó un objeto: un pequeño prisma que brillaba con un débil fulgor azulado, como si contuviera una nebulosa en miniatura.
Lo guardó en el bolsillo de su pantalón.
—¿Por qué tiene que estar tan cerca de casa?
Luego subió a la azotea del edificio.
Se sentó, y a lo lejos ya podía ver una sombra negra que se acercaba.
Quince minutos después, el equipo de héroes seguía luchando contra el lobo sin éxito; el monstruo se los quitaba de encima sin esfuerzo.
Uno de los héroes, vestido con un traje militar amarillo, golpeó la tierra, provocando un leve terremoto que desorientó momentáneamente al lobo.
—¡Equipo!
Gritó el que tenía el traje militar amarillo, mientras los otros cuatro se reunían a su lado.
—Si vuestra vida está en peligro, retroceded.
La necesidad de ese tipo de advertencia era ridícula.
Allen sabía que la Federación Heroica había sido creada para regir a los humanos con habilidades, que surgieron con la aparición de las pseudocriaturas.
Sin embargo, lo único que les interesaba eran los logros.
Bajo el Tratado de Oficio Heroico, los héroes recibían una remuneración basada en los delincuentes o monstruos que mataban o encarcelaban.
La única regla que debían respetar era “no matar humanos sin habilidades”.
El resto era un negocio que justificaba la avaricia.
Uno de los aprendices miró detrás de sí.
Había sentido como si alguien los estuviera observando.
En ese momento, el lobo los arañó con su pata delantera.
Solo dos quedaron vivos: el hombre vestido de militar, y el aprendiz que había sentido la presencia.
—¡Señor…!
El aprendiz señaló hacia delante.
Justo delante del lobo, en el cielo, había una persona vestida con una túnica blanca.
Esta persona miró a los héroes.
—Es lo que ocurre cuando bajas la guardia.
Este grandullón no debe superar la Categoría 1.
No es lo suficientemente fuerte como para destruir una ciudad, pero lo es para matar humanos instantáneamente sin ser notado.
El hombre vestido de amarillo, un General, miró al intruso y lo apuntó con el dedo índice: —¡¿Quién te crees que eres?!
Eres solo un héroe con la habilidad de volar, ¡no tienes habilidades de combate!
—Me pregunto…
si es así…
Con una sonrisa, el hombre de la túnica alzó la mano al cielo y la apretó en un puño, como si hubiera atrapado una estrella en su interior.
—Las estrellas son algo realmente bello…
dependiendo del foco de visión, claro.
El puño se convirtió en un foco de luz cegador, dando la impresión de que era una estrella caída del cielo.
El hombre colocó su puño tras él, y en ese instante, el héroe aprendiz comprendió quién era.
—¡Señor, tenemos que irnos!
El lobo empezó a gruñir y a retroceder, cosa que impactó al General Titán.
—Puño de la Estrella Menor.
El hombre de túnica dirigió su puño hacia el lobo.
A los pocos segundos, el monstruo se hinchó y explotó en una luz blanca, salpicando la sangre a los alrededores.
—¡¿Se puede saber qué haces?!
¡La Federación necesitaba ese espécimen vivo!
El hombre de túnica blanca simplemente sonrió y miró al cielo.
—Esta noche las estrellas se ven muy claras.
El aprendiz miró al General Titán.
—Mi señor, ¿quién es el único humano con habilidad no registrada por la Federación?
El hombre se acomodó la túnica.
—Entonces…
tú eres ese ¿”Firmamento”?
El hombre no lo confirmó, solo lo miró fijamente.
—Con tu habilidad, la Federación Heroica te pagaría bastante bien.
—Eres un aprendiz.
Déjame darte un consejo: si sigues al General Titán, lo único que te espera es la muerte debido a su…
“afán” por pelear sin preparación.
Firmamento desapareció al instante.
El General Titán mantuvo sus puños apretados, llegando al punto de que su piel comenzó a sangrar.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES RCM98 Este es el inicio de un sueño que tuve.
Para mí es el inicio de una historia de búsqueda personal.
Alguien que quiere hacer lo correcto independientemente de las circunstancias.
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