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Caballero Cosmos - Capítulo 75

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Capítulo 75: Capítulo 75

La mujer pelirroja sonrió tristemente mirando el dibujo, aunque al final cerró el cuaderno y caminó hacia la salida del búnker.

—Temido por las personas que protege… es muy poético.

Justo frente a la puerta miró a las personas reunidas a su alrededor por encima del hombro y suspiró.

—Humanos… ni siquiera saben el peligro que representará Allen en el futuro.

En la Ciudad A, en las ruinas del edificio de la Federación, Seira miraba los restos y los escombros sintiéndose atraída por ellos.

Debajo de su túnica, su piel estaba cubierta de escamas negras con bordes blancos y sus ojos se habían vuelto de un tono rojizo oscuro.

Mientras el viento ondeaba los bordes de su túnica, Seira caminó hacia las ruinas.

En la Ciudad F, Archibald, al igual que Lektor, había escuchado la transmisión de Allen por completo, haciéndolo hervir de rabia.

—Escondido en el espacio… niñato inteligente… pero…

Al girarse, Archibald miró a Aegis unos segundos, dándole una orden mentalmente. Por lo que Aegis comenzó a caminar lentamente hacia el este. Luego, Archibald sacó la amatista a la vez que tomó control de la mente de Lektor y convirtió su cerebro en sopa que salió de su nariz y orejas al igual que hizo con Lizzy.

El líquido cerebral de ambos flotó hacia el amatista y lo absorbió, haciendo que Archibald sonriera.

—Bien, el amatista de las estrellas ya ha absorbido el miasma de los doce receptáculos. Ahora… faltan dos cosas más… la evolución Ultimax y…

Archibald empezó a reírse mientras miraba en el interior de la amatista como resplandecían los signos del zodíaco que se movían intermitentemente con un color plateado.

Al acabar la transmisión, Allen estiró sus brazos y bostezó. Actualmente se encontraba en una isla alrededor de donde se encontraba anteriormente Oceanía.

Apenas había edificios, pero estaba cerca de la Ciudad Q por lo que pudo encontrar un ordenador portátil y algunas piezas para arreglarlo, aunque la mayor parte del trabajo lo hicieron la esmeralda y el prisma interceptando las señales de radiofrecuencia.

—Ahora toca lo difícil… asediar la Ciudad F yo solo…

Allen miró las piedras que poseía seriamente, fijándose en el ónix blanco.

—Ni siquiera sé cómo activar los genes evolutivos. Y mucho menos cómo matar a Aegis… si no tuviera esa defensa podría aplastarlo con un meteorito…

En cuestión de segundos, Allen activó el poder del rubí y el ónix, creando una ilusión pareciendo que no estaba allí. Después, dos heroínas vestidas con ropa rosa aparecieron con un salto y miraron a todos lados, ignorando a Allen como si no existiera.

—Central, aquí Lady Rose, hemos llegado donde se supone que se había detectado el hackeo. ¿Estáis seguros de que Allen está aquí? Porque no hay nadie.

Allen se levantó del suelo, se apoyó contra la pared de un edificio medio derrumbado y empezó a fumar mientras se divertía con las reacciones de las dos heroínas que lo buscaban.

La otra heroína empezó a oler algo extraño muy levemente, el olor del tabaco de Allen, por lo que empezó a hacer crecer en sus brazos espinas mientras sus brazos se volvían verdes.

Allen miró su habilidad y negó con la cabeza.

—Tu habilidad no es apta para el combate, podrías perder la vida si te descuidas.

Al hablar, Allen disipó su ilusión y miró a la otra heroína, la cual apuntó hacia él sus brazos.

—Decidme, el amor es un sentimiento maravilloso. En los cuentos de hadas, siempre y cuando sea verdadero, puede romper cualquier tipo de magia. Aunque la vida real es muy diferente, ¿por qué no es capaz de existir un amor tan puro y desinteresado?

Allen fumó y miró al cielo mientras expulsaba el humo y sonreía.

—A mi parecer, ese tipo de sentimiento es algo que solo procede de una de las partes… ya que la otra parte suele ser interesada, busca algo en específico, o incluso me atrevería a decir que la otra parte no está tan enamorada como aparenta. Me gusta decir que el amor verdadero se puede encontrar, que no es un simple mito o leyenda, que existe en cualquier sitio, o en algún lugar.

—Villano Allen, levanta las manos y deja caer al suelo tus artefactos de habilidad.

Allen sonrió tristemente y siguió mirando al cielo.

—El amor es el único sentimiento capaz de curar cualquier tipo de dolor, y sin embargo, se usa como una simple moneda de cambio… eso es algo deleznable.

—¡Que levantes las manos!

Expulsando la última bocanada de humo, Allen miró a las dos heroínas sonriendo.

—Aunque las levante nunca podríais hacerme ningún tipo de daño, ni mucho menos hablar de someterme.

Lady Rose tembló ligeramente y su pie izquierdo retrocedió un poco inconscientemente.

—No me estoy defendiendo, podríais haberme matado varias veces en este punto… Y sin embargo, no lo habéis hecho en ningún momento.

La otra heroína, al igual que Lady Rose, tembló levemente al mirar a Allen.

—¿Lo veis? No os atrevéis a intentar matarme.

Allen caminó entre las dos heroínas y las dejó detrás de él.

—¡Allen!

Allen se giró sonriendo y miró a Lady Rose.

—Todo el mundo es tu enemigo ahora… ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿De dónde sacas ese valor?

—¿Qué significa para ti el amor?

Lady Rose recordó lo que habló Allen y llegó a una conclusión con la que se quedó sin habla. Cuando Allen vio que Lady Rose había comprendido lo que dijo, solo sonrió y siguió caminando mientras tomaba su estilo de Caballero de la Verdad y desaparecía en el viento.

—¿Lady?

—Ese hombre está seguro de que la persona que lo ame no irá contra él… tener ese tipo de pensamiento incluso en esta situación… es absurdo…

La otra heroína se quedó dubitativa y pronto llegó a la conclusión de la que hablaba Lady Rose.

—¿Entonces eso es lo que significa el amor para él?

Cuando Lady Rose y su acompañante volvieron a la central de gobierno de la Ciudad Z e informaron sobre lo que ocurrió, fueron llevadas al búnker subterráneo donde se encontraba el anciano militar sentado en el extremo de la mesa, mirándolas seriamente.

—¿Entonces lo único que ha hecho a sido dar una clase de ética?

—Correcto.

—¿Y dices que no tenía miedo alguno de estar solo?

La compañera de Lady Rose se adelantó y habló.

—Por lo que nos dijo, está seguro de que no todo el mundo estará en su contra. Habrá una única persona que estará con él incondicionalmente.

—Bien, ¿y quién es esa persona? La tomaremos de rehén para capturar a ese desastre.

Lady Rose intervino en este punto y miró al hombre.

—Mariscal, esa persona es metafórica, ni siquiera Allen sabe si realmente existe. Aunque ese método que a propuesto es deshonroso para los héroes.

El mariscal miró a Lady Rose y resopló.

—El fin justifica los medios, a cambio de apresar a ese desastre no me importaría sacrificar la vida de una megalópolis.

Lady Rose estuvo a punto de responder al mariscal cuando abrieron la puerta repentinamente y un soldado informó algo que los impactó enormemente.

—¡Señor! ¡Hemos encontrado el último artefacto de habilidad de Allen de los registros de Levinder! ¡El Diamante de la Luz!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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