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Caballero de la Lujuria - Capítulo 22

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22: Tigres Lunares 22: Tigres Lunares Mamá Tigresa se sentía cada vez mejor solo por el maravilloso olor de aquel extraño hombre.

También sintió algo extraño en la forma en que aquellos ojos azules la miraban, tan diferente a como la habían mirado antes.

La tigresa incluso pudo sentir que, de alguna manera, había algo de afecto en su mirada.

A Lucien, de alguna manera, le empezó a gustar bastante la tigresa.

«Quizás me gustan mucho los gatos», pensó para sí.

También pensó que la criatura era increíblemente adorable y hermosa.

Como la tigresa no parecía ser hostil, no pudo resistir el impulso de intentar acariciarle la cabeza.

Trató de acercar la mano muy lentamente para no asustarla.

La idea de retroceder o atacar por prevención pasó por la cabeza de la tigresa, pero sus instintos femeninos le gritaban que él no era peligroso, así que no se movió.

Y cuando le tocó la cabeza con afecto, la tigresa se sintió realmente bien.

Su cuerpo estaba muy enfermo y herido, por lo que Mamá Tigresa se sentía increíblemente cansada.

Pero mientras el extraño hombre le acariciaba la cabeza, todo desapareció.

Entonces ocurrió algo ridículo.

Mamá Tigresa empezó a ronronear.

No podía creer que las caricias de un humano pudieran llevarla a ese estado, pero su aroma y su tacto eran demasiado buenos…

Mamá Tigresa quería oler más de ese aroma y quizás probarlo…

No pudo evitar intentar lamerle la cara a Lucien mientras él todavía le acariciaba la cabeza.

¡¡¡
Al principio, la tigresa saboreó sangre.

De hecho, parecía que había diferentes tipos de sangre en su cara, pero entonces sintió un sabor excelente, que era incluso mejor que su aroma.

Mamá Tigresa continuó lamiendo la cara de Lucien muy suavemente; él no podía negar que lo estaba disfrutando.

Su gran lengua estaba dejando un desastre húmedo en su cara cubierta de sangre, pero le pareció divertido, y pensó que era adorable.

¿Es así como se siente alguien que tiene una mascota?

Podría acostumbrarme…

Creo que tal vez podría…

A Lucien le gustaba mucho la tigresa, y no pudo evitar pensar en llevársela con él.

¿Qué tan malo podría ser tener un gran gato peludo a su lado?

Aunque era bastante extraño, parecía que él le gustaba a ella.

Quizás fuera algo relacionado con su cuerpo, alterado por el contrato con Lujuria…

Intentó quitarse de encima el cuerpo del soldado para poder moverse y sacarse la lanza, que todavía estaba clavada en su pecho.

Lucien se movió lentamente, y la tigresa, que aún no había dejado de lamerle la cara, le dejó mover el cuerpo del soldado a un lado.

La tigresa ajustó su cuerpo sobre él para seguir lamiendo, y él no pudo evitar reírse.

—Jajaja…

Eres tan adorable, gatita grande.

Mamá Tigresa no sabía por qué el hombre se había puesto a reír, pero pensando que debía de sentirse tan bien como ella, continuó lamiéndolo.

Sin embargo, cuando el encanto inicial comenzó a desvanecerse, sintió un dolor agudo en una de sus heridas y se encogió de dolor, rugiendo suavemente su angustia.

—¡Qué ha pasado!

¡Ahhh!

Lucien, que vio a la tigresa caer gimiendo sobre su pecho, no pudo evitar preocuparse.

Cuando movió su cuerpo para intentar ayudarla, sintió un dolor inmenso por la lanza que le atravesaba los órganos, y ambos gimieron de dolor.

Él se dio cuenta de que la tigresa estaba muy herida, mientras que ella entendió que él también lo estaba.

«Lujuria, ¿alguna idea?».

«Puedes curarte más rápido y curar a tu pareja durante…

Olvídalo».

«Creo que encontrarás algo en el cuerpo de estos soldados.

Prueba con el líder; debe de tener alguna poción o algo».

Lujuria empezó a hablar de cosas que a Lucien le parecieron muy inapropiadas para la ocasión e hizo una expresión muy extraña, por lo que Lujuria cambió rápidamente su sugerencia…

—¡Solo un segundo, gatita grande!

Lucien apartó suavemente el cuerpo de la tigresa a un lado mientras se arrastraba hasta el cuerpo de Gerard.

Empezó a buscar en sus bolsillos, y no tardó mucho en encontrar dos pequeñas botellas con un líquido verde en su interior, que Lujuria dedujo que eran pociones curativas.

Al tocar el cuerpo de Gerard, Lucien descubrió que el rudo hombre todavía estaba vivo.

Pero no le pareció mal, porque seguía furioso con Gerard y no le importaría hacerle más daño antes de matarlo.

Pero ahora no era el momento de preocuparse por eso, y se arrastró hacia la tigresa.

Miau…

Cuando Lucien se dio la vuelta, vio una pequeña tigresa blanca llorando cerca de Mamá Tigresa y comprendió que era su cachorro.

—No te preocupes, gatita.

Tu mamá se pondrá bien.

La pequeña tigresa no se fió de Lucien al principio y se interpuso entre su madre y él, manteniendo una pose valiente y soltando gruñidos agudos y adorables.

Lucien intentó acariciar a la pequeña tigresa, pero esta lo evitó mientras seguía gruñendo.

Entonces, Mamá Tigresa emitió un gruñido ligeramente ahogado, y el cachorro inclinó la cabeza y retrocedió.

—Toma, bebe.

Mamá Tigresa no sabía qué quería el humano al acercarle aquella botella con líquido verde.

Pero sus instintos, que eran mucho más agudos que su elevada inteligencia, no percibían ningún peligro en aquel hombre.

Lucien abrió la botella cerca de su boca y la tigresa, al oler el líquido verde, supo que sería beneficioso para su cuerpo.

La tigresa bebió la poción que Lucien le daba y pudo sentir cómo su dolor disminuía a medida que las heridas dejaban de sangrar.

No pudo parar de beber y lamió la botella después de tragarse toda la poción.

—¿Quieres más?

Lucien vio que la tigresa estaba gravemente herida y no se lo pensó dos veces antes de abrir la otra poción.

Confiaba demasiado en su alta regeneración, pero aun así sería estúpido no beber al menos un poco de la poción.

Bebió casi la mitad y le acercó el resto de la poción a la tigresa.

La tigresa fue lo suficientemente inteligente como para comprender que le había dado más de la mitad de la medicina a pesar de que él estaba tan herido como ella.

Sintió un gran afecto por el extraño humano.

Después de beber un poco de la poción, Mamá Tigresa se detuvo y miró fijamente a Lucien durante dos segundos antes de mirar al cachorro, que observaba toda la escena muy confundido.

La pequeña tigresa tenía mucho miedo de todo, porque ni ella ni su madre lo habían pasado bien hasta entonces.

Pero en cuanto vio que el hombre ayudaba a su madre, no pudo evitar que le agradara un poco.

Lucien comprendió que, aunque el cachorro no mostrara heridas externas, no debía de gozar de una salud perfecta.

Simpatizó enormemente con esta acción maternal de Mamá Tigresa.

Así que acercó la poción a la pequeña tigresa, la cual, tras ver la mirada bondadosa de su madre, no rechazó la oferta del extraño hombre.

El olor del líquido verde era delicioso, y la pequeña tigresa se bebió el resto de la poción.

Lujuria vio el acto de bondad entre Lucien y las tigresas, madre e hija, y no pudo evitar provocarlo.

«¿Tanto te gustan los gatos?».

Lucien no podía negar que le parecían muy adorables.

Pero también pensó que podrían ser compañeras leales, porque los animales serían más fiables que las personas en lo que respecta a la gratitud.

«Mira el tamaño de esta tigresa.

¿No sería una gran compañera en la batalla?

Si puede crecer aún más, podría incluso convertirse en una montura».

Lujuria no podía estar en desacuerdo con el pensamiento de Lucien.

También pensó en dos cosas que podrían ayudar mucho a la tigresa y al cachorro a crecer, pero no podían hacerlo en ese momento.

Lucien terminó de darle la poción a la pequeña tigresa y reunió la determinación para afrontar el problema de la lanza, que seguía incrustada en su pecho.

«¡Parece que va a doler como la mierda!».

Puso la mano en el mango de la lanza y se armó de valor, pero no pudo evitar fruncir el ceño cuando Lujuria comentó algo inútil en su mente.

«¡Ah, no me digas!».

Lucien aprovechó el momento en que hablaba con Lujuria y arrancó la lanza de una sola vez.

La sangre brotó como nunca antes; las tigresas apartaron la cara para no ver aquella horrible escena.

¡ARGHHHHHHHH!

Lucien sintió un dolor inmenso y se tumbó en el suelo, tratando de no hacer movimientos bruscos para no empeorar aún más la situación mientras esperaba que su regeneración hiciera efecto.

Cerró los ojos y, a los pocos segundos, sintió una lengua caliente y húmeda en el pecho.

Luego, otra lengua más pequeña en su vientre.

Los animales suelen lamerse las heridas para usar la saliva como medicina natural.

Hace que sus heridas dejen de sangrar y se cierren más rápido.

Mamá Tigresa vio el mal estado de las heridas de Lucien y quiso ayudarlo lamiéndolo.

El cachorro siguió la acción de su madre, y ambos comenzaron a tratar a Lucien con amabilidad.

Lucien ni siquiera podía moverse después de sacarse la lanza del cuerpo.

Yacía inmóvil en el suelo y disfrutaba de la agradable sensación de ser cuidado por Mamá Tigresa y el adorable cachorrito.

«Buenas gatitas…».

Lujuria los observó y supo que ya no corrían peligro.

El techo había dejado de derrumbarse y Gerard estaba demasiado herido para despertar.

Así que consoló a Lucien.

«Descansa un poco mientras yo vigilo todo.

Si pasa algo, te lo haré saber».

Entonces Lucien cerró los ojos y se quedó en silencio un rato.

——————-
Mientras Lucien se regeneraba rápidamente, las chicas intentaban abrirse paso entre las rocas que bloqueaban los túneles.

Mia ya estaba completamente cubierta de polvo mientras seguía moviendo rocas rápidamente.

—¡Espera un poco, Lucien!

¡Ya voy!

Anne y Marie también hacían todo lo posible por quitar las rocas, pero eran demasiadas y estaba resultando ser todo un desafío.

Marie podía ver lo duro que trabajaba Mia, sin quitar esa expresión de preocupación de su rostro, y no pudo evitar preguntarse cómo se habían vuelto tan cercanos.

Empezó a sentir curiosidad por lo que Anne quería contarle sobre lo que hicieron en el baño.

El Imperio de la Luz era una de las fuerzas más importantes de este lado del mundo, por lo que incluso sus soldados de menor rango eran muy fuertes, por no hablar de los capitanes, que eran guerreros comparables a aventureros de rango A o a veces incluso S.

Así que era normal que Mia y las chicas no pudieran hacer nada contra ellos, siendo solo equivalentes a aventureros de rango D y C respectivamente, pero eso no significaba que fueran débiles, y como tal, no les llevó más de media hora quitar todas las rocas del camino.

Solo una última gran roca bloqueaba su camino, impidiéndoles llegar a donde Lucien luchaba contra los soldados cuando ellas huyeron.

Mia quería provocar pequeñas explosiones controladas para atravesar la roca más rápido.

No pensaba con racionalidad y solo quería reunirse con Lucien.

La única vez que había sentido una preocupación tan grande fue por su madre; ya le gustaba Lucien más de lo que había imaginado.

Pero Marie sabía que más explosiones solo harían que la mina se derrumbara.

Entonces le dijo a Anne que empezara a romper la gran roca lentamente con una maza que habían encontrado de los mercenarios en el claro.

Marie y Anne, como aventureras, tenían mochilas mágicas, que eran herramientas de almacenamiento muy útiles.

Una mochila mágica podía tener varios niveles de tamaño y valor.

El tipo que ellas tenían era barato, pero con un buen espacio de aproximadamente diez metros cúbicos.

Mia no se lo había mostrado, pero tenía un viejo anillo espacial que había recibido de su madre.

Era un buen tesoro de almacenamiento con aproximadamente cien metros cúbicos de espacio.

Tenía varias herramientas en su interior, como pequeñas bombas explosivas y armas.

Después de otros quince minutos, Anne consiguió romper la roca lo suficiente como para que pudieran pasar sin que la mina se derrumbara.

Recordarían esa escena que vieron para siempre.

Había varios cadáveres por todas partes, encima y debajo de las rocas.

Pero la mayoría no tenían cabeza; estas estaban esparcidas por doquier, lejos de los cuerpos, aún goteando sangre.

En medio de aquel desastre sangriento, había una gran tigresa blanca tumbada al lado de un cachorro y…

¡LUCIEN!

Mia no pudo evitar llorar y correr hacia Lucien, que estaba inconsciente junto a la tigresa, la cual seguía lamiéndolo.

Pero Marie actuó con rapidez y la sujetó del brazo.

—¡Puede ser peligroso!

Anne era una semi-humana del clan zorro y tenía conocimiento de muchas bestias mágicas.

Reconoció la especie de la tigresa blanca y les dijo a sus amigas que no tuvieran miedo.

—Los Tigres Lunares son animales que solo atacan para defenderse y son criaturas extremadamente leales a cualquiera que los ayude.

Le está lamiendo las heridas a Lucien para ayudarlo, así que deben de ser amigos.

Mia no necesitó nada más tras la explicación de Anne y se soltó del agarre de Marie para correr hacia Lucien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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