Caballero de la Lujuria - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 Grupo de Aventureros contra el Diablo parte 1
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28: Grupo de Aventureros contra el Diablo (parte 1) 28: Grupo de Aventureros contra el Diablo (parte 1) Mason estaba furioso.
—¿Han fallado, idiotas?
¿Cómo pueden ser de Rango-A si no son capaces de acertarle a un estúpido mercenario y a un pervertido con un ataque furtivo?
El grupo de Mason viajaba a toda velocidad siguiendo a los hermanos elfos.
Llegaron a una colina y los exploradores vieron al grupo de Lucien bajando por el camino.
Como Marie y Anne caminaban por delante, Mason pensó que Lucien y Mia las estaban amenazando o algo por el estilo.
Los hermanos elfos reconocieron a Lucien como el hombre desnudo y a Mia como la mujer encapuchada, ya que llevaba la misma ropa.
Mason y los hermanos elfos concluyeron que acercarse al grupo de Lucien podría asustarlo y provocar que las chicas resultaran heridas.
Entonces ordenó a sus dos arqueros de élite, que eran los aventureros más fuertes del grupo por debajo de él y de la mujer de la armadura pesada, que mataran a Lucien y a la mujer encapuchada desde una distancia prudencial.
Debería ser sencillo para los arqueros de élite acertar a los objetivos a esa distancia; usaban potentes arcos mágicos y poseían una gran habilidad.
Las flechas salieron con medio segundo de diferencia entre sí y volaron a supervelocidad.
Pero se rompieron a menos de treinta centímetros de los objetivos, dejando a los arqueros atónitos.
—¿¡Qué cojones ha sido eso!?
Mason no tenía buena visibilidad a esa distancia, pero no fue difícil ver que Lucien y Mia no habían caído, y se preocupó por Marie y Anne.
—¡Tenemos que acercarnos rápido o podría herir a las chicas!
Entonces el grupo se dirigió hacia Lucien, preocupado por la seguridad de Marie y Anne.
Los arqueros estaban muy confundidos y pensaron que Lucien y Mia tenían algún tesoro de protección, ya que no tenía sentido que las flechas se rompieran sin más.
Nadie en el grupo tenía la agilidad suficiente como para ver los rápidos movimientos de Lucien, a excepción de una persona.
La mujer de la armadura pesada seguía en medio del grupo con normalidad, pero bajo su hermoso casco, se dibujaba una extraña sonrisa.
«Qué movimientos tan rápidos…
Mis ojos apenas pudieron seguirlos…».
—————–
Marie y Anne estaban perplejas y miraron a Lucien, esperando una respuesta, pero él se limitó a seguir acariciando a Mia.
Marie intentó sacarle algo de información, ya que parecía tener los sentidos lo bastante agudos como para darse cuenta de que los enemigos se acercaban desde lejos.
—¿Son mercenarios?
Lucien vio que el gran grupo se acercaba rápidamente y distinguió un emblema en las banderas y el equipo que utilizaban.
Era el mismo que Marie y Anne llevaban en la ropa.
Una espada y un báculo sobre una palabra que Lucien aún no podía leer.
No hacía falta ser un genio para comprender que eran gente del mismo gremio que las chicas, pero aun así no entendía por qué lo habían atacado de esa forma…
Y en cuanto al ataque a Mia, ni siquiera quería saber la razón…
Lucien continuó acariciando a Mia con delicadeza mientras le hablaba a Marie con calma.
—Son gente de tu gremio.
Marie y Anne se sorprendieron todavía más…
y ahora tenían miedo.
Habían visto a Lucien matar a mucha gente sin inmutarse…
y las muertes de Brian y Gerard habían sido muy brutales.
Marie no sabía por qué los aventureros atacarían a Lucien y a Mia, pero supuso que debía de tratarse de un malentendido.
Ya podía imaginarse a Oya arrancándole la cabeza de un mordisco a algún aventurero.
—Lucien, por favor, escuchemos primero lo que tengan que decir.
Él no respondió y se quedó mirando cómo se acercaba el grupo.
Parecía estar formado por más de cincuenta aventureros, y un hombretón gordo lideraba la formación con una gran hacha en la mano.
Mason ni siquiera se dio cuenta de que el aspecto de Marie y Anne no era el de unas prisioneras.
Se detuvo a menos de veinte metros de Lucien y comenzó a lanzar exigencias en un tono amenazador.
—¡Suelta a las chicas!
Saldrás vivo de esta situación si cooperas conmigo.
Mason esperaba intimidar a Lucien, pero el extraño pelirrojo continuó mirando a los aventureros que estaban tras él e ignoró su exigencia.
Lucien, todavía abrazando a Mia, miró al grupo de aventureros y gritó algo que dejó a casi todos confusos.
—¡¿Quién disparó la segunda flecha?!
Marie comenzó a rogarle a Lucien que parara.
Anne no sabía cómo reaccionar.
Mia solo podía disfrutar del suave tacto de Lucien.
Oya se enfrentó a los aventureros, compartiendo el disgusto de su amo.
Mason estaba furioso y apretó con fuerza su hacha mientras le volvía a gritar a Lucien.
—¿Quién te crees que er-
—¡¿QUIÉN!
¡¡DISPARÓ!!
¡¡¡LA!!!
¡¡¡¡SEGUNDA!!!!
¡¡¡¡¡MALDITA!!!!!
¡¡¡¡¡¡FLECHA!?!?!?!?!?!?!?
El grito de Lucien sonó como el de un demonio enfurecido, pero no se movió ni un centímetro y siguió acariciando a Mia, haciendo que toda la escena fuera de lo más extraña.
Antes de que Mason pudiera decir nada más, Lucien desapareció.
Empleó toda su velocidad y se convirtió en un borrón mientras corría hacia Mason con su daga roja en ristre.
*Clang*
Ahora Lucien era más rápido y fuerte que cuando luchó contra Gerard.
El placer y el deseo que había compartido con Mia les había sentado bien a ambos.
Aun así, se sorprendió cuando una mujer con una pesada armadura consiguió interceptar su ataque antes de que golpeara a Mason.
La mujer bloqueó la daga de Lucien con una gran espada plateada.
Él sintió que ella no era tan rápida como él, pero sus fuerzas eran similares, pues ninguno de los dos podía moverse ni un centímetro.
Lujuria no pudo evitar comentar en la mente de Lucien: «¡No la mates!
Tiene un gran potencial, incluso a esa edad».
Mason fue incapaz de ver el ágil movimiento de Lucien, pero después de que su tía bloqueara el ataque, pensó que el extraño estaba acabado.
Pero entonces se dio cuenta de que ella no parecía tener ninguna ventaja contra el pelirrojo.
No se lo pensó dos veces y atacó a Lucien con su hacha, asestando un golpe cruel.
*¡Rugido!*
Todo ocurría muy deprisa y todo el mundo estaba cada vez más confuso, incapaz de seguir los rápidos movimientos.
Oya vio que Mason atacaba a Lucien y saltó sobre él con rapidez.
Este cayó al suelo y Oya estuvo a punto de arrancarle la cabeza de un mordisco mientras sus afiladas garras ya penetraban su armadura.
Pero entonces oyó la voz de Lucien.
—¡Oya!
La mamá tigresa era muy inteligente y su conexión con Lucien no hacía más que mejorar.
No entendía las palabras por completo, pero sí la intención, y obedecería a su perfumado amo, como la buena tigresa que era.
Lucien ya había descartado la idea de matar a la mujer de la armadura pesada, ya que podría ser una buena aliada, como había dicho Lujuria.
Pero en cuanto a los hombres…
Jamás tendrían un buen final si de él dependiera.
Mantuvo la fuerza sobre la daga, sin ceder ventaja a la espada larga de la mujer, mientras le hablaba con calma.
—Suelta la espada o la cabeza de ese gordo se convertirá en el alimento de mi tigresa.
Jeanne, la mujer de la armadura pesada, no sabía qué hacer.
No era la clase de persona que se rendía fácilmente en una batalla, pero le había prometido a los padres de Mason que cuidaría bien de él, su sobrino.
Tampoco podía simplemente entregarle el arquero a aquel hombre extraño para que hiciera con él lo que quisiera.
No pudo evitar maldecir a Mason por haberse metido en problemas con alguien tan fuerte que ni siquiera ella, una de las aventureras de Rango-A más poderosas, podía derrotar con facilidad.
Pero la enorme tigresa solo esperaba una señal de aquel hombre para devorar la cabeza de Mason.
Jeanne tenía que pensar primero en su familia e intentar negociar.
—¿Vas a matar al arquero?
El grupo de aventureros quería ayudar a Jeanne y a Mason, pero se encontraban en una situación peligrosa.
Cualquier movimiento por su parte podría provocar que el pelirrojo o la enorme tigresa mataran a sus compañeros, por lo que solo podían observar la escena aterrorizados.
Marie y Anne estaban muy nerviosas.
Conocían a ese grupo porque tenían fama de ser buena gente.
Marie quería suplicarle a Lucien que se detuviera, pero sabía que él no se dejaba influenciar fácilmente.
Y, en ese momento, su relación con él no era buena.
Lucien no iba a mentir sin una buena razón, y ya había decidido que cualquiera que intentara algo en contra de sus mujeres no acabaría bien.
—El arquero intentó herir a mi mujer.
¿Qué clase de hombre sería si no hiciera nada al respecto?
Jeanne comprendió que aquel hombre debía de amar mucho a la mujer encapuchada.
Solo podía culparse a sí misma por haber permitido que Mason realizara un ataque por sorpresa antes de descubrir que su enemigo no era alguien con quien pudieran permitirse un conflicto.
—Lo entiendo.
Lamento mucho haberlos atacado, a usted y a su esposa.
Le entregaré al arquero, pero tiene que ordenar a su tigresa que deje en paz a mi sobrino.
Lucien sabía que alguien le había dado la orden al arquero, pero quería empezar el castigo por el dueño de la mano que había atentado contra su adorable Mia.
—Quiero ver quién es el arquero.
O los mataré a todos.
Jeanne pudo sentir tanto la frialdad como la seriedad en el tono de Lucien.
Ya no podía soportar los quejidos de dolor de Mason mientras las garras de la tigresa se clavaban en su pecho.
Entonces, gritó el nombre del arquero.
Todos los aventureros estaban aterrorizados por la situación.
Sobre todo, los dos arqueros.
Estaban muertos de miedo y sopesaron la idea de intentar dispararle a Lucien mientras Jeanne lo mantenía inmovilizado.
Pero si la alcanzaban a ella o algo salía mal, estarían más que muertos.
Así que esperaban que ella o Mason pudieran controlar la situación.
Sin embargo, el arquero que le había disparado a Mia no tuvo suerte.
Cuando Jeanne gritó su nombre, supo que estaba completamente jodido.
El pobre hombre empezó a sudar frío y su cuerpo se movió de forma involuntaria.
Salió corriendo, movido por el miedo, en un intento de salvar su vida.
Lucien vio huir al arquero y no pudo evitar sonreír.
—¡Oya!
Tráemelo vivo.
*¡Rugido!*
La mamá tigresa comprendió la orden de Lucien.
Se bajó de un salto de encima de Mason y persiguió velozmente al arquero.
Su velocidad era muy elevada y el pobre hombre fue incapaz de correr durante mucho tiempo.
Oya le mordió la pierna y lo arrastró hasta Lucien mientras el hombre gritaba y se retorcía en vano.
—¡AHHHHH!
POR FAVOR, ORDÉNALE QUE PAREEEE.
—POR FAVORRRRR…
¡AAAAAAAH!
Lucien se sintió muy complacido al oír los gritos del arquero y retiró su daga, permitiendo que Jeanne respirara.
Ella había tenido que usar toda su fuerza para seguir conteniendo su ataque.
Pero Lucien parecía estar muy tranquilo, como si no le supusiera ningún esfuerzo.
Jeanne retrocedió para atender las heridas de Mason mientras Lucien se acercaba a Oya y al pobre arquero.
Cuando los aventureros vieron a Jeanne y a Mason lejos de Lucien, creyeron que era el momento de atacar y se prepararon.
Los arqueros apuntaron con sus flechas.
Los magos prepararon sus hechizos.
Y los guerreros, sus escudos.
Jeanne era una de las aventureras más poderosas de Portgreen y muchos ya la consideraban incluso de Rango S, pero sabía que Lucien era tan fuerte como ella, y además más rápido.
Además, a su lado estaban la enorme tigresa y la mujer encapuchada.
Por eso no pudo evitar enfurecerse cuando su grupo se disponía a atacar a Lucien.
—¡Idiotas!
¡¿Es que tienen mierda en lugar de cerebro?!
¡Bajen sus armas y déjenme encargarme de la situación!
Los aventureros seguían las órdenes de Mason, pero todos sabían que Jeanne era su tía y la aventurera más fuerte del grupo, por lo que no se opondrían a sus mandatos.
Todos bajaron las armas, lo que provocó que el arquero perdiera toda esperanza.
Marie ya había perdido la cuenta de cuántas veces le había suplicado a Lucien que se detuviera, pero era inútil.
Sabía que aquel extraño espectáculo no terminaría con el arquero y no pudo evitar echarse a llorar.
Anne intentó consolarla, pensando a su vez que la situación no acabaría tan deprisa.
Mia no quería que Lucien se ganara la enemistad de todos aquellos aventureros, así que intentó pedirle que no llegara demasiado lejos.
—Lucien, estamos bien, no tienes por qué matarlo.
Lucien miró a Mia con una sonrisa adorable y tierna, confundiendo a todos sobre qué clase de Diablo era.
—Cuando conozca a tu madre y se entere de que te han atacado y yo no he hecho nada, ¿cómo va a dejar que seas mía?
Mia no pudo contener los agradables sentimientos que la invadieron cuando Lucien habló de conocer a su madre para pedirle que fuera suya.
Así que asintió mientras emitía sonidos de «mm» y dejó que Lucien hiciera lo que quisiera.
El arquero no había sentido tanto dolor en su vida mientras Oya seguía mordiéndole la pierna, pero lo peor aún estaba por llegar.
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