Caballero de la Lujuria - Capítulo 33
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
33: ¡¿Sparring?
33: ¡¿Sparring?
Nadie pudo convencer a Lucien de pelear en una arena, así que él y Voraz fueron a una sala de entrenamiento cerrada para el combate de práctica.
Mucha gente dudaba de que fuera capaz de vencer a Voraz como supuestamente venció a un capitán del Imperio de la Luz.
Pero todos estaban seguros de que, aunque ganara el combate, no saldría bien parado…
A la mayoría de los aventureros les entristecía ver que un tipo que parecía tan genial fuera a sufrir un final tan cruel.
Pero también había gente que se alegraba.
Mason y el arquero de élite que le había disparado a Lucien esperaban que Voraz lo destrozara de todas las formas posibles.
A Lucien no le importaba lo que los demás pensaran y solo podía mirar el hermoso trasero de Voraz mientras ella marcaba el camino hacia la sala de entrenamiento.
Oya y Ko también seguían a Lucien como una sombra, sin alejarse nunca más de dos metros de él.
Voraz no pudo evitar preguntarle a Lucien: —¿Por qué esas tigresas no se apartan de tu lado?
¿Has olvidado darles de comer?
Lucien se encogió de hombros: —Les gusta estar cerca de mí, y a mí también.
No interferirán en nuestro combate de práctica ni le dirán nada a nadie de lo que ocurra allí…
Voraz no tenía nada en contra de las tigresas.
De hecho, le gustaban mucho y quería encontrar la forma de que Lucien se las diera o vendiera: —Si me las vendes, puedo ser blanda contigo…
Lucien sonrió mientras seguía mirando el trasero de Voraz: —Si consigues que te dejen ponerles la mano encima, te las daré.
Voraz se detuvo bruscamente e intentó ponerles la mano encima a Oya y a Ko.
*Rugido*
Ko se escondió detrás de Lucien mientras Oya rugía con fuerza, mostrándole todos sus colmillos a Voraz.
No podía creer que las tigresas prefirieran a un humano antes que a una semi-humana con características felinas como ella.
—¿Qué clase de encantamiento les has echado?
Lucien cogió a la pequeña Ko y la puso en su hombro mientras acariciaba a Oya en la cabeza: —Yo cuido de ellas, y ellas cuidan de mí.
Sin trucos ni magia.
Voraz no hizo más preguntas y continuó caminando hacia la sala, pero en su mente bullían los pensamientos sobre lo diferente que era Lucien…
Tras caminar unos cinco minutos, llegaron frente a una puerta doble de madera.
Voraz la abrió con violencia, haciendo tanto ruido que todos los que estaban en la sala se giraron a mirarlos.
—Vamos a usar la sala.
Pueden marcharse ya.
Todos los que estaban en la sala dejaron sus armas en una caja grande y se marcharon sin decir nada.
Todos conocían a Voraz y nadie quería cabrearla.
Voraz se dirigió a las cajas mientras Lucien examinaba la sala.
Era un espacio amplio, con más de cien metros cuadrados y diez metros de altura.
Había espacio de sobra para cualquier tipo de movimiento y técnica.
Sacó un par de guanteletes de cuero de la caja y se giró para preguntarle a Lucien: —Usaremos armas no letales.
¿Qué clase prefieres?
Lucien había entrenado durante años con armas no letales y, como sabía que ella sería una oponente dura, pidió su favorita: —Un bastón, por favor.
Voraz le lanzó un bastón de entrenamiento a Lucien y empezó a equiparse los guanteletes: —El propósito de este examen es evaluar tus capacidades físicas, como la fuerza, la velocidad, la resistencia y los sentidos.
Si tienes habilidades mágicas, tendrá que evaluarte otro veterano especializado en magia.
Lucien hizo algunos movimientos con el bastón, dio una voltereta y apuntó a Voraz con él: —No tengo habilidades secretas.
No te preocupes…
Voraz seguía pensando que algo no cuadraba en que Jeanne la obligara a luchar contra Lucien, y él podía notarlo en la expresión de confusión que ella le dedicaba.
No sabía qué iba a pasar, pero lucharía con todo lo que tenía.
No solo desconfiaba de Lucien, sino que tampoco le gustaba la confianza que mostraba.
Voraz corrió rápidamente hacia Lucien.
Él la estaba esperando, así que no lo pilló desprevenido y esquivó el puñetazo que ella intentó asestarle en el pecho.
Lucien dio un paso a un lado, pero Voraz reaccionó aún más rápido y lanzó el otro puño hacia su cabeza.
Lucien se agachó y, sujetando el bastón con ambas manos, intentó golpearla en el vientre con la parte central del arma, en horizontal.
Le sorprendió la gran velocidad de él, pero ella no era más lenta y pateó el bastón para impulsarse hacia atrás.
—¡Eres rápido, chico!
Pero solo con eso no será suficiente.
Lucien no se detuvo a hablar y corrió hacia Voraz, lanzando ataques con el bastón.
—Acabamos de empezar.
Así que no he usado ni la mitad…
Lucien ya no sentía la mejora en su cuerpo.
Dejó de sentirla unas horas después de su divertido encuentro nocturno con Mia y, desde entonces, su fuerza y su velocidad se habían estabilizado.
Aun así, no estaba usando todo su poder para luchar contra Voraz, y ella también parecía estarse conteniendo.
Voraz empezó a esquivar los ataques de Lucien.
Él era veloz, pero ella no tenía ninguna dificultad para lidiar con los golpes…
Parecía que no quería acertarle…
Era incapaz de comprender a Lucien.
Lucien sabía que se estaba conteniendo, y se molestó porque parecía que no lo tomaba en serio.
Aumentó la velocidad de sus ataques y le asestó un bastonazo en el hombro.
El golpe fue lo bastante fuerte como para provocar un sonido sordo.
Voraz retrocedió y Lucien dejó de atacar para encararla: —¿Vas a luchar en serio o tengo que pegarte en el culo?
Las palabras de Lucien no irritaron a Voraz.
Se estaba conteniendo y solo podía culparse a sí misma por ello.
Entonces, se quitó un brazalete del antebrazo y lo arrojó al suelo, en una esquina de la sala.
*Bum*
El brazalete rompió el suelo, haciendo un gran estruendo en la sala.
Era una herramienta de entrenamiento mágica que pesaba una enormidad y reducía la fuerza y la velocidad de quien la llevaba.
Cuando Voraz se lo quitó, se volvió mucho más rápida y ya podía usar toda su fuerza.
Lucien estaba muy interesado en el brazalete, ya que cualquiera que entrenara con él obtendría mejores resultados, pero ahora que estaba con Lujuria, ese tipo de entrenamiento ya no era adecuado para él.
Voraz hizo algunos estiramientos para acostumbrar su cuerpo a no llevar el pesado brazalete mientras miraba fijamente a Lucien: —Gracias por esperar, pero, aun así, voy a darte una paliza que no olvidarás jamás.
Lucien le sonrió a Voraz mientras seguía haciendo girar el bastón: —Puedes venir cuando quieras, que yo siempre estaré listo para que me pegues…
No le gustó esa sonrisa hermosa y confiada de Lucien, así que corrió hacia él, esta vez casi el doble de rápido que antes.
Voraz pensaba que Lucien no podría seguir su velocidad real, pero se sorprendió al ver que se movían a la par.
Voraz no podía negar que Lucien era muy fuerte y rápido.
Tendría que luchar con todo su poder si quería darle una paliza.
Empezó a atacar con los puños cada vez más rápido.
Lanzaba puñetazos y patadas sin ton ni son, pero él seguía esquivándolos todos.
«Desde luego, merece estar en el Rango-A…
Si todavía se está conteniendo, quizá incluso en el Rango S…
Pero yo siempre puedo tener algunas ventajas»
Voraz dejó de luchar como si estuviera examinando a un novato y empezó a pelear con todo su potencial, deseando borrarle esa sonrisa de confianza a Lucien, que seguía esquivándolo todo como si bailara.
Lucien sentía que sus sentidos eran superiores a su velocidad, ya que podía ver todos los movimientos de Voraz casi a cámara lenta y tenía que usar nueve décimas partes de su velocidad máxima para esquivar.
Por lo tanto, si se esforzaba un poco más, tendría ventaja de velocidad sobre ella.
Dejó de esquivar sus golpes y pasó a bloquearlos con el bastón.
Lucien sentía que la fuerza de Voraz era muy similar a la suya, por lo que empezaron a intercambiar golpes rápidos.
Sus guanteletes chocaban contra el bastón de él en una veloz danza que duró más de cinco minutos.
Voraz dio una voltereta hacia atrás cuando Lucien bloqueó su guantelete por lo que pareció la centésima vez.
Aterrizó a una buena distancia de él, y Lucien no avanzó, dándoles tiempo para tomar aliento.
Se miraron fijamente sin decir nada, pero a Voraz le enfadaba cada vez más la sonrisa que no desaparecía del rostro de Lucien.
No le gustaba que él disfrutara del combate mientras ella se frustraba por no poder acertarle un solo golpe.
—¿Por qué no dejas de sonreír?
¿Qué tiene de bueno luchar conmigo?
A Lucien le gustaba ver a Voraz enfadada.
La encontraba tan adorable que no pudo evitar provocarla: —Me gusta tu olor…
Es como el de una leona virgen…
—¡¿Qué?!
Voraz estaba en shock.
¿Por qué había usado esas palabras para provocarla?
¿Qué quería decir con eso?
Se enfureció aún más con Lucien y corrió hacia él, intentando con todas sus fuerzas estamparle un puñetazo en la cara.
Lucien se aprovechó de que estaba irritada y menos concentrada en el combate.
Concentró toda su velocidad y empezó a tocarle el cuerpo tras esquivar sus golpes: —Eres taaan adorable, Voraz…
Voraz se sonrojaba más y más a medida que él continuaba tocándole el cuerpo.
Aunque eran toques rápidos cuando bajaba la guardia tras atacar, él seguía aprovechándose de ella.
—¡Ah!
¡Si no paras, te mataré!
¡Ahhh!
¡¡¡Lucien!!!
Lucien no tenía ningún problema para esquivar sus golpes.
Dejó de usar el bastón y se concentró únicamente en tocar cada parte de su cuerpo: —¡Eres aún más adorable cuando te enfadas!
¡No puedo controlarme, quiero tomarte el pelo todavía más!
Voraz lanzaba patadas y puñetazos en todas direcciones.
Entró en un estado berserker por la ira y la vergüenza mientras seguía intentando golpear a Lucien.
—¡Te odio!
¡Estás acabado en cuanto te atrape!
Lucien solo tenía una pequeña ventaja de velocidad, así que debía tener mucho cuidado con cada movimiento o ella acabaría con él.
Continuó esquivando sus golpes enfurecidos, pero entonces tuvo una idea que era tan buena como fatal.
Voraz intentó darle un golpe horizontal en la cabeza a Lucien, pero él se agachó.
Ella pensó que se haría a un lado, como ya había hecho varias veces, y empezó a girar el cuerpo, intentando predecir sus movimientos.
Lucien se esperaba ese movimiento y no se apartó, para pillarla con la guardia baja.
Se irguió rápidamente tras esquivar el puñetazo y acortó la distancia entre ellos, acercando su cabeza a la de ella.
Voraz ya había empezado a lanzar sus puños hacia el lado y, como la velocidad de Lucien era superior, no pudo impedir que acortara la distancia entre sus cuerpos.
Vio el hermoso rostro de él acercándose al suyo y se sonrojó aún más.
Asustada por lo que él pudiera hacer, cerró los ojos justo cuando Lucien le robaba su primer beso.
—Mmm…
Lucien besó los hermosos labios rojos de Voraz y no pudo evitar maravillarse de su increíble sabor y aroma.
Intentó introducir su lengua en la boca de ella, pero entonces sintió un dolor agudo en el vientre.
—¡AAAAHHH!
¡¡Voy a matarte, LUCIEN!!!!
Voraz sintió un torrente de emociones que sacudió todo su mundo.
Parecía sentir de todo.
Y, por supuesto, también mucha ira.
Aprovechó el segundo en que Lucien disfrutaba de sus labios y consiguió golpearle en el vientre con ambos puños y con toda su fuerza.
Lucien salió despedido más de veinte metros y se estrelló contra la pared de la sala, escupiendo un poco de sangre.
Miró a la sonrojada Voraz, que ni siquiera podía moverse de la vergüenza, y no pudo evitar reírse.
—Eres taaan adorable, Voraz.
Sin duda serás una buena hermana para Mia.
Voraz no tenía que ser un genio para entender lo que Lucien quería decir.
Se enfureció todavía más y corrió hacia él con los puños en alto: —Ya no me importa nada.
¡Si no te mato a golpes hoy, no me quedaré satisfecha!
Oya y Ko observaban con entusiasmo el combate desde la esquina de la sala.
Oya no pudo evitar sentir que sus instintos le advertían de que la mujer Manticora se uniría pronto a su manada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com