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Caballero de la Lujuria - Capítulo 82

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  3. Capítulo 82 - 82 Dama Roja vs el Diablo parte 2
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82: Dama Roja vs el Diablo (parte 2) 82: Dama Roja vs el Diablo (parte 2) Cálido; húmedo; dulce.

Esas fueron las sensaciones que la Dama Roja sintió cuando los labios de Lucien tocaron los suyos.

—N…

—intentó apartar la cabeza, pero Lucien se la sujetó y le mordió la lengua con suavidad.

Aquel sabor dulce entró en su boca, más intenso que antes…

Ese maldito sabor celestial.

La Dama Roja pensó que habían pasado varios minutos, pero en realidad, a su cuerpo solo le bastó un segundo para rendirse por completo ante Lucien.

Después de todo, él sabía a droga, una que podía volver adicta fácilmente a cualquier mujer.

¡¿…?!

Tan pronto como la Dama Roja olvidó dónde estaba o qué estaba haciendo, despertó de su «sueño húmedo» cuando Lucien rodó dos veces más para esquivar la gran hacha, que golpeó con fuerza el suelo donde habían estado un segundo antes.

La Dama Roja se percató de lo que había ocurrido y no pudo evitar maldecir al mercenario.

—¿¡Es que también quieres matarme a mí, idiota!?

Los otros mercenarios empezaron a atacar a Lucien en el suelo, sin que les importara la Dama Roja.

No querían morir, y como el muro de llamas les impedía escapar, matar a ese Diablo era su mejor opción.

Lucien rodó unas cuantas veces más por el suelo, sin soltar a la Dama Roja.

No podía negar que la encontraba hermosa…

Esas lindas orejas, tan asombrosas como las de Anne, pero que a la vez tenían algunas diferencias.

Aquel deseo posesivo empezó a crecer en su corazón…

Un deseo de conquistar a aquella belleza, que no solo era increíble sino también una poderosa guerrera; una excelente adición a sus esposas.

Por supuesto, su mente le decía que ella podría ser un problema, no solo porque podría volverse contra él en el futuro, sino también por todo el daño que había causado, incluso a su amada Cassidy…

Aun así, quería conquistarla…

Hacerla completamente suya, en cuerpo, mente y corazón.

Aquella no solo era la naturaleza de Lucien, sino también la influencia de Lujuria.

No solo sentiría placer con el sexo, sino que lo sentiría en muchas otras cosas…

Como el placer de derrotar a sus enemigos…

En el poder…

Y, sobre todo, en dominar a cualquier mujer increíble.

No por la fuerza, sino con afecto…

Y podía ver que la Dama Roja estaba muy afectada por un solo beso.

Lucien no pudo evitar sentirse muy excitado…

a pesar de estar siendo atacado en un campo de batalla.

Lujuria podía sentir la intensidad de los sentimientos de Lucien.

Su conexión estaba a un nivel que ella no comprendía.

La relación de un demonio con su anfitrión era increíble, pero Lujuria sentía que Lucien parecía hecho solo para ser su otra mitad, mientras que ella solo existía para estar con él.

Todos los sentimientos lujuriosos que ella quería hacerle sentir, él ya los estaba experimentando y actuaba de una forma que los haría cada vez más fuertes…

Pero su influencia sobre él era mínima, lo que hacía que Lujuria se sintiera feliz y sorprendida al mismo tiempo.

Mientras Lujuria reflexionaba sobre los actos lujuriosos de Lucien, él rodó unas cuantas veces más hasta detenerse en una posición sobre la Dama Roja.

La conocida líder mercenaria, una mujer poderosa y temida, estaba ahora sonrojada y su cuerpo no podía evitar excitarse, sintiéndose de maravilla con el sabor de Lucien en su boca y al oler su agradable aroma.

En algún momento, mientras rodaban por el suelo, la Dama Roja había soltado su sable para aferrarse a Lucien…

Aquello era increíble, y de verdad quería matarlo…

pero una parte de ella quería más besos…

«¿En qué demonios estoy pensando?

¡Debe de haberme drogado!

¡¡Maldito Diablo!!

Voy a matarte…, espe…, no…».

La Dama Roja intentó luchar contra el deseo de besar a Lucien y trató de encontrar una forma de atacarlo…, pero él le sujetaba los brazos contra el suelo mientras acercaba su boca a la de ella.

El tiempo pareció detenerse mientras la Dama Roja veía cómo la boca de Lucien se acercaba lentamente a la suya.

Sintió que el agarre en sus brazos se aflojaba y también podría haberlo pateado, pero…

No quería apartarlo.

¿Por qué no quería alejar a un hombre?

A su enemigo…

No.

Algo andaba mal en su cuerpo, que no era capaz de sentir aversión alguna por Lucien…

Al contrario.

Parecía desearlo.

La Dama Roja perdió parte de sus sentidos mientras la excitación dominaba su cuerpo.

A pesar de no oír, estaba segura de haber visto los labios de Lucien moverse como si dijera: «qué linda».

Dejó de luchar y cerró los ojos…

El tiempo pareció ralentizarse aún más, y podría haber pensado en mil cosas, pero solo una pregunta rondaba su mente: «¡¿Por qué se siente tan bien?!».

Al igual que su primer beso, el segundo también fue rápido, dejándola con ganas de más.

La Dama Roja se sintió muy avergonzada y no abrió los ojos ni siquiera después de sentir que la boca de Lucien se apartaba de la suya.

Lucien quería seguir besando a la mujer que se suponía que era su enemiga, pero aún estaba en medio de una pelea.

Después de que su katana reapareciera en su mano, Lucien alzó la hoja para bloquear las espadas de dos mercenarios.

¡Clang!

El ruido del metal despertó a la Dama Roja de sus extraños pensamientos.

Abrió los ojos y vio a Lucien todavía sobre ella.

Estaba bloqueando dos espadas con una mano mientras la otra descansaba en el suelo, junto a su cabeza.

Lo más impresionante era que no miraba a los dos mercenarios, sino a ella, con una amplia sonrisa en el rostro.

*Pum*
La Dama Roja podría haber jurado que escuchó los latidos de su corazón más fuertes que nunca mientras la sonrisa de Lucien la hechizaba.

¡Fiu!

Lucien hizo retroceder a los dos mercenarios y, usando la mano que tenía en el suelo para impulsarse, saltó para ponerse de pie, listo para seguir luchando.

Todo fue rapidísimo, y la Dama Roja solo oyó el sonido de los veloces movimientos de Lucien sin poder comprender aún lo que había sucedido.

¡Grrr!

Corrió a atacar al mercenario más cercano mientras Oya seguía atacando a los demás.

Ella rugió con fuerza, y Lucien pudo sentir que quería mostrar su frustración por el beso.

A la mamá tigresa le resultaba muy emocionante luchar junto a su amo, pero no pudo evitar disgustarse al ver que besaba a otra hembra cuando debería estar luchando.

Lucien sonrió ante la adorable reacción de Oya mientras esquivaba los ataques de los mercenarios y continuaba con la masacre.

La energía demoníaca debía fortalecer rápidamente a los anfitriones, pero Lujuria no podía evitar sorprenderse de lo rápido que se fortalecía Lucien.

Por supuesto, el hecho de que antes fuera muy débil hacía que el aumento de fuerza fuera mucho más evidente.

Aun así, la energía demoníaca de Lujuria había vuelto a Lucien mucho más rápido y fuerte.

Ya superaba el Rango S en varios atributos y sería considerado un guerrero de Rango-SS en lugares como la Alianza o el Imperio de la Luz.

Los mercenarios de Rango Oro eran incapaces de hacerle nada.

Aunque usaban escudos bendecidos y equipo de alta calidad, y además trabajaban en equipo, la katana de Lucien los partía por la mitad con facilidad.

Aquellos trece mercenarios habían empezado a luchar contra Lucien hacía menos de un minuto, pero ahora solo quedaba uno en pie.

—D-Dia…

Diablo…

T-tú no eres humano…

—empezó a tartamudear el hombre mientras miraba a Lucien.

Podía oír los gritos de su compañero, al que los afilados dientes de Oya le estaban poniendo fin…, pero Lucien mantenía esa extraña sonrisa en el rostro, como si disfrutara de la pelea.

El mercenario sabía que iba a morir, pero al acercarse el final, no pudo evitar entrar en pánico.

Soltó la espada y cayó de rodillas, llorando.

—Por fav…

—el hombre no pudo terminar su súplica.

Vio el cielo mientras su cabeza giraba por los aires.

Lucien no podía negar que la adrenalina del combate y la sensación de poder eran placenteras, pero no disfrutaba matando y solo quería terminar la batalla rápidamente para volver con sus mujeres.

Oya acabó con el último mercenario en el suelo y luego se acercó a Lucien para frotar la cabeza contra su pierna, pidiendo claramente un halago.

—Buena chica —Lucien le dio una palmadita en la cabeza a Oya, haciéndola ronronear al instante.

La escena le parecería extraña a cualquiera.

Después de todo, acababan de masacrar a un montón de gente, pero ahora estaban «jugando» en el campo de batalla.

La Dama Roja seguía tendida en el suelo.

Tras el beso de Lucien, tenía los ojos cerrados y permanecía inmóvil.

Cualquiera pensaría que intentaba hacerse la muerta, pero en realidad, la poderosa semi-humana estaba demasiado confundida como para moverse.

Incluso después de tomar la píldora negra y experimentar un enorme aumento de poder, la Dama Roja fue incapaz de competir con Lucien en velocidad o fuerza.

Pero lo más sorprendente fue que él había logrado sembrar el caos en su cuerpo con solo unos besos.

No podía correr, luchar ni resistírsele.

La Dama Roja había perdido el combate en menos de un minuto.

Era ridículamente increíble, y Lucien la había marcado de una forma que nadie más podría hacerlo jamás.

La Dama Roja abrió los ojos y vio el cielo azul…

No tenía ni idea de lo que ocurriría a continuación, pues estaba totalmente a merced de Lucien.

Entonces vio su sable girar en el aire mientras caía hacia ella.

«¿Así que va a matarme?» Podía esquivarlo fácilmente, pero no serviría de nada, porque Lucien podía hacer con ella lo que quisiera.

*Zas*
El sable no golpeó a la Dama Roja como ella esperaba, sino que se clavó en el suelo, a su lado.

Ni siquiera intentó pensar en lo que él quería, pues solo la confundiría más.

—¿Ya no quieres pelear?

—Lucien vio que la Dama Roja no se movía, así que intentó confirmar si se había rendido.

La Dama Roja no quería rendirse…, pero sabía que si intentaba enfrentarse a Lucien, las cosas podrían terminar peor que la muerte…

o mejor que cualquier cosa que pudiera imaginar.

Aquello la asustaba muchísimo, lo que la hizo quedarse quieta mientras hablaba con un tono inestable.

—¿Q-qué demonios q-quieres de mí?

La Dama Roja intentó parecer valiente, pero Lucien le vio temblar las manos.

Se preguntó si había ido demasiado lejos con el beso, pero seguía pareciéndole algo sencillo y no un tipo de violencia extrema.

—¿Me tienes miedo?

—Lucien no dejó de acariciar la cabeza de Oya mientras hablaba con calma, haciendo que la Dama Roja se preguntara qué clase de Diablo era en realidad.

—N…

—intentó decir que no, pero Lucien se movió rápidamente hacia ella.

Pensó en intentar algo, pero eso podría hacer que Lucien la lastimara, así que la Dama Roja se quedó paralizada y cerró los ojos.

Lucien se movió rápidamente detrás de la Dama Roja.

Le rodeó la cintura con una mano y usó la otra para acariciarle el brazo.

Empezó a susurrarle cerca del cuello, haciéndola estremecerse al sentir su cálido aliento.

—¿Qué ibas a decir?

Lucien estaba cerca de ella y con la guardia baja, así que nada impedía que la Dama Roja lo atacara.

Apretó la empuñadura del sable mientras intentaba encontrar la resolución para luchar…

Nada.

La Dama Roja no sentía ningún deseo de atacarlo.

Su mente estaba segura de que no podría herir a Lucien, dada la enorme diferencia de velocidad entre ambos.

Y su cuerpo no tenía ganas de oponer resistencia.

—¡¿Qué quieres de mí?!

—Sentir el contacto de Lucien mientras la provocaba puso muy nerviosa a la Dama Roja, así que volvió a preguntarle, aunque le importaba más la proximidad de sus cuerpos que los misteriosos objetivos de él.

Lucien tampoco sabía muy bien qué hacer.

Su objetivo era simple: impedir que ella muriera o que matara a Olivia para que los mercenarios y los aventureros siguieran en conflicto, facilitando así que él y Cassidy reconquistaran Portgreen.

Pero ahora no podía evitar pensar que podría conquistar a la Dama Roja, convertirla en su mujer y, de ese modo, manipular a los mercenarios.

Quizá fuera su lado posesivo o Lujuria susurrándole en la mente que la Dama Roja era una mujer con excelentes talentos latentes, pero aun así, le parecía la mejor idea.

Le dio un suave beso en el cuello, lo que hizo que el cuerpo de la Dama Roja se estremeciera.

—Quiero muchas cosas de ti, pero lo primero es tu nombre.

La Dama Roja se consideraba a sí misma una persona capaz de soportar cualquier interrogatorio, incluso bajo tortura.

Sin embargo, le dijo la verdad a Lucien de inmediato, pues su cuerpo era incapaz de resistirse a sus placenteras provocaciones, lo que hizo que su mente se rindiera con facilidad.

—Scarlett.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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