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CADENAS - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - Capítulo 25: Ruinas, parte 2
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Capítulo 25: Ruinas, parte 2

El sonido de las pisadas era lo único constante en aquel laberinto de escombros.

Eran rápidas e irregulares, volviéndose más pesadas con cada zancada. Nezu corría entre los restos de edificios derrumbados, saltando sobre montañas de ladrillos y atravesando calles que se abrían como heridas supurantes en la ciudad. No miraba atrás; no hacía falta. Lo sentía en la nuca. El aire cambiaba de densidad cuando Kael se acercaba, volviéndose una presión física que le erizaba la piel.

Un silbido cortó el viento.

Nezu giró el torso por puro instinto. La hoja de Kael pasó rozando su costado, tan cerca que el frío del acero le quemó la tela de la ropa. Kael ya estaba allí. No hubo palabras, solo un segundo de quietud absoluta antes del siguiente movimiento. El rey avanzó con un corte horizontal. Nezu desvió el filo con el suyo y, sin intentar el contraataque, aprovechó el impacto para abrir un espacio y volver a correr.

No era una pelea. Era mas parecido a una cacería.

El ritmo se repetía como un ciclo infinito: pasos, presión y el choque metálico del acero. Cada vez que Kael lo alcanzaba, Nezu desviaba el golpe justo lo necesario para no morir y retomaba la huida. Kael no parecía molesto ni apurado. Avanzaba con una constancia aterradora, como si la persecución fuera una simple lección de esgrima.

En una calle abierta, Kael apareció de repente frente a él. Estaba demasiado cerca. La espada descendió en un arco dirigido al abdomen. Nezu no bloqueó; saltó. Su cuerpo pasó por encima del hombro de Kael y, en el aire, giró las caderas para lanzar un tajo hacia su espalda.

Kael se movió con gran velocidad . Su postura se recompuso en un latido y la hoja interceptó el ataque con un choque seco. El impacto no buscaba ventaja, solo tiempo. Nezu cayó, giró sobre su pie y se lanzó hacia el interior de un edificio en ruinas: un antiguo teatro.

Las butacas estaban sepultadas bajo el polvo. El techo, colapsado en varios tramos, permitía que la luz grisácea del exterior iluminara el escenario, que se mantenía en pie como una estructura que se negaba a morir. Nezu avanzó por los pasillos laterales, controlando su respiración.

— Es mucho más fuerte que cuando peleaba con Nox…

Murmuró. Se detuvo tras un muro caído, intentando estabilizar su pulso. La duda lo asaltaba. ¿Decía la verdad Kael cuando afirmó que esta vez iría en serio?

El peligro llegó antes que la respuesta. Nezu se apartó justo cuando la espada de Kael atravesaba el concreto del muro como si fuera papel. Volvió a correr, subiendo los escalones hacia el escenario.

— No… es un mentiroso. Todavía no va en serio.

Saltó sobre las tablas. Kael llegó un segundo después, cerrando la distancia de inmediato. Atacó con una cadena de tajos cortos y precisos que no daban respiro. Nezu retrocedía, absorbiendo la presión, desviando cada golpe sin buscar el intercambio de fuerzas.

— Tienes buena visión — dijo Kael con calma mientras presionaba —. Pero tus movimientos son muy torpes.

Un puño apareció entre las guardias. El golpe impactó de lleno en el rostro de Nezu, enviándolo varios pasos atrás sobre la madera crujiente.

— Así no te movías en la muralla.

Nezu recuperó la guardia. Sabía que Kael tenía razón. La espada de dotación que empuñaba —un arma de equilibrio estándar y peso genérico— No era la suya. Exhaló largo, bajó su centro de gravedad y cerró los hombros. Se hizo pequeño, estable y absolutamente silencioso.

Kael silbó, impresionado.

— Esto podría ser un problema. Una postura defensiva de este nivel es impresionante.—Dijo caminando al rededor de Nezu — Pero… aún está incompleta.

Kael desapareció en un desplante. El filo buscó la garganta de Nezu, quien reaccionó antes del contacto. Con un desvío mínimo, rompió la línea del corte y empujó la empuñadura de Kael hacia afuera. El arma del rey perdió el control por un instante.

Nezu devolvió el tajo, pero Kael se agachó con elegancia. El acero pasó sobre su cabeza. Antes de que Nezu pudiera recuperarse, la mano libre de Kael atrapó su tobillo. Sin esfuerzo aparente, lo levantó y lo arrojó. El cuerpo de Nezu atravesó dos filas de asientos antes de quedar sepultado entre madera rota.

Cuando Kael se acercó a los escombros, no encontró a nadie. El sonido de pasos alejándose ya resonaba en la salida lateral del teatro. Nezu seguía huyendo. Kael sonrió levemente y retomó el paso.

El aire le quemaba los pulmones. Nezu corría por callejones rotos, buscando una forma de frenar al rey. Su mente buscaba algo, cualquier cosa.

—¿Cómo se supone que venza a alguien mucho más fuerte que yo…?

En medio del agotamiento, su mente viajó a un lugar que ya no pertenecia.

El castillo de Luxoria se alzaba sobre la ciudad como una promesa de eternidad, con torres blancas que parecían hechas de cristal puro. En uno de los jardines de las terrazas, el sonido del acero de entrenamiento marcaba el ritmo de la tarde.

Golpe. Caída. Nezu estaba en el suelo. Se levantó solo para volver a caer un segundo después. Kaia ni siquiera parecía esforzarse.

— Ponle más ánimo — dijo ella.

Nezu se quedó mirando el cielo, sin intención de moverse.

— No quiero más.

— Vamos. Solo unas veces más.

— No quiero. La maestra solo me quiere pegar.

Kaia frunció el ceño.

— ¿Eso crees que estamos haciendo? Te estoy entrenando. Si no vences a Orion, nunca podrás enfrentarte a Neexa. Y si no vences a Neexa, no podrás enfrentarte a Radin.

— Yo no me quiero enfrentar a Radin — respondió Nezu sentándose —. Da miedo.

Kaia inclinó la cabeza, observando su rostro inexpresivo.

— ¿Tú siquiera puedes tener miedo? Tienes cara de papa todo el rato.

— Eso fue grosero.

Nezu se levantó y adoptó su postura, aunque con dudas.

— Esto no tiene sentido. Si me entrenas para vencerlos, pero también eres su maestra… ¿no estás obligada a entrenarlos para vencerme?

Kaia se quedó en silencio un instante antes de propinarle un golpe juguetón.

— No me respondas, mocoso.

Nezu volvió a caer. El impacto contra el césped fue seco.

— Ellos son muy fuertes. Mucho más que yo. No hay forma de ganar.

Un dedo golpeó su frente con una fuerza desproporcionada.

— ¡¿Por qué?! — gritó Nezu llevándose las manos a la cabeza.

— Ser más débil no es una excusa para perder — sentenció Kaia con seriedad —. Debes encontrar formas de ganar siempre. Antes que un guerrero, eres un soldado. Recuérdalo.

Kaia relajó la postura y juntó las palmas. Ondas de energía recorrieron su cuerpo como pequeños ríos bajo la piel.

— Mira. Por ejemplo, yo nunca fui muy fuerte, pero tengo un par de técnicas para vencer oponentes mucho más poderosos.

Nezu frunció el ceño.

—Eso es trampa. Mi afinidad no sirve.

Kaia suspiró.

—Sí, tienes un poco de razón… pero también tengo estrategias sin afinidad. Me han servido incluso para vencer a Marcus.

Nezu levantó la cabeza, asombrado.

— ¿Lograste vencer al señor Marcus?

Kaia se tocó el pecho, orgullosa.

—¿Verdad que soy increíble?

—¿Me enseñas esas estretegias?

— Claro. Presta atención. Primero tienes que entender que cuando alguien es más fuerte que tú—

— ¡Kaia! ¡La reunión va a empezar! — gritó una voz desde el castillo.

Kaia se quedó congelada y le revolvió el cabello a Nezu.

— Será mañana.

Nunca llegó ese día. Esa misma noche, Nezu huyó llevando consigo la espada del rey.

De vuelta en las ruinas, Nezu se golpeó la frente con la palma de la mano.

— ¿Por qué no me quedé un día más…?

Kael ya estaba cerca. Demasiado cerca. Sus pasos eran seguros, los pasos de alguien que ya ha escrito el final de la historia. Nezu exhaló.

— Antes que un guerrero… soy un soldado.

Se dio la vuelta y, para sorpresa del rey, corrió directamente hacia él. Kael alzó las cejas.

— Entonces al fin vendrás de frente.

Cuando la distancia se cerró, Nezu saltó. Su cuerpo se comprimió en una postura baja y compacta. Kael movió su espada para interceptarlo, pero el ángulo fue inesperado. El choque desvió la muñeca del rey y su arma salió despedida.

Nezu aterrizó frente a él. Kael se preparó para el golpe, pero en lugar de atacar, Nezu estrelló su espada contra el suelo. Una nube densa de polvo y fragmentos nubló la visión. Kael agudizó los sentidos, buscando su espada y anticipando el ataque. Entre la bruma, vio un destello metálico. Su arma.

Cuando el polvo se asentó, Nezu estaba frente a él. No atacaba. Estaba extendiendo la mano, entregándole la espada de dotación que llevaba consigo. El gesto fue absurdo, inesperado. Kael dudó. Ese milisegundo de confusión fue todo lo que Nezu necesitaba.

Nezu saltó y su pierna giró con precisión. La patada impactó de lleno en la mandíbula de Kael, derribándolo contra el suelo. Nezu cayó jadeando. Había funcionado. Se giró para escapar, pero una presión brutal se cerró alrededor de su tobillo. Kael, aún en el suelo, lo había atrapado con un agarre inamovible.

— Eres muy inteligente, niño.

Kael se levantó de un tirón y estrelló a Nezu contra el suelo. El impacto sacudió el aire. Lo repitió una y otra vez con una violencia fría, hasta que la cabeza de Nezu golpeó la madera de un establecimiento con un sonido seco. El chico quedó inmóvil.

Kael recuperó su espada y apuntó la punta al pecho de Nezu. Todo estaba a punto de terminar cuando se detuvo. Su mirada se desplazó hacia las sombras. Había otra presencia.

— ¿Otro extranjero? — preguntó Kael con calma.

Zen salió de entre las ruinas con las manos en los bolsillos y su habitual expresión de aburrimiento.

— Me parece una ofensa — dijo Zen con voz plana — que fueras tú mismo por Nezu… mientras que a mí me mandaste tipos comunes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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