Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

CADENAS - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. CADENAS
  4. Capítulo 26 - Capítulo 26: Ruinas, parte 3
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 26: Ruinas, parte 3

Las alcantarillas respiraban como un animal enfermo.

El agua oscura corría en hilos densos entre los ladrillos húmedos, arrastrando los restos de una ciudad que se negaba a morir. El eco multiplicaba cada golpe, cada respiración y cada crujido del metal. Allí abajo no existía el cielo, ni banderas, ni discursos heroicos. Solo había piedra, humedad y una violencia sorda que lo llenaba todo.

Sol apenas tocaba el suelo cuando su propio cuerpo volvía a desaparecer de su eje.

Ion lo había lanzado contra el muro con una facilidad insultante. El impacto retumbó por el túnel en una lluvia de polvo y agua sucia. Sol intentó convertir su gemido en silencio, pero antes de que pudiera incorporarse, una sombra cruzó su campo visual.

Parpadeo. El mundo giró violentamente.

Su espalda chocó contra la pared opuesta. El aire escapó de sus pulmones como si le hubieran arrancado el pecho por dentro. Ion no caminaba ni corría; se desplazaba como un error en la realidad, una distorsión que ignoraba las reglas del espacio a los ojos de Sol el cual intentaba seguirlo, pero solo distinguía estelas y vacíos. Cada vez que lograba ponerse de rodillas, el siguiente golpe lo convertía de nuevo en un muñeco de trapo.

Ion apareció frente a él, ladeando la cabeza con una curiosidad casi inocente.

— ¿No eres demasiado patético para ser el capitán de una división del Ejército de Liberación?

Sol apretó los dientes. La sangre descendía por su sien, mezclándose con el fango del suelo. Forzó a sus piernas a obedecer.

Parpadeo. El golpe lo estampó contra otra pared. El ladrillo cedió en grietas finas que recorrieron la bóveda como telarañas.

— No estás capacitado para tu puesto. Y aun así tienes uno más alto… capitán del Ejército de Liberación.

Sol alzó la mirada. El dolor pasó a un segundo plano. Aquella información no era pública.

— ¿Cómo…? — tosió sangre antes de completar la frase —. ¿Cómo supiste eso?

Ion sonrió con una dulzura educada, impropia de un verdugo.

— La señorita Lara sabe muchas cosas.

Su tono era encantador, pero de pronto, la expresión se quebró. Los ojos se ensancharon y la voz descendió a un pozo de amargura.

— ¡Dolió! — escupió de repente —. ¡Dolió mucho! No me dejaba cerrar los ojos… hablaba y hablaba… como si no estuviera deseando morir.

Sol sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la humedad. Ion se llevó una mano al rostro, como si intentara reacomodarse la piel, y la dulzura regresó en un suspiro.

— Lo siento. No debería hablar así a un capitán. Después de todo… tiene un rango más alto que el mío.

Sol comprendió entonces que Ion no solo lo estaba superando; lo estaba desarmando psicológicamente. Dejó escapar una risa cansada.

— En la revolución no hay jerarquías. Exijo resultados y doy órdenes, pero no me escondo tras un escritorio. Estoy aquí, en la primera línea, para sanar la herida.

— No actúes como si fueras un mesías — replicó Ion, y la electricidad comenzó a chisporretear en sus hombros —. Tu grupo no son más que terroristas alborotadores.

Un trueno seco resonó en el túnel. Ion apareció frente a él. Rostro, hígado, clavícula; los golpes llegaban desde ángulos imposibles. Sol intentó anticipar, pero por cada predicción acertada recibía tres impactos más. Ion lo tomó por el cuello y lo lanzó contra el muro con tal violencia que Sol atravesó el ladrillo, aterrizando en un túnel más estrecho y oscuro.

— ¿Sanar la herida? ¡Esas son estupideces! Hoy cavaré tu tumba… y seguro que te la mereces.

Sol se puso de pie. Algo en el ambiente había cambiado. Lo que poseía Sol no provenía de un linaje ni de una droga; era su cerebro. Había aprendido a entrar en un estado de superconcentración donde el mundo se reducía a vectores y trayectorias. En la práctica, casi nadie lo hacía. Y si lo lograban, ni siquiera eran conscientes de ello. Excepto Sol. Era un prodigio del combate que abría esa puerta a voluntad durante siete minutos.

Ion lo notó antes de que Sol levantara la mirada.

—Ahora sí vas en serio… —murmuró, fascinado—. Tu habilidad es aterradora. Incluso Azazel advirtió lo peligroso que eres.

Avanzaron. Chocaron. Ion era más rápido, pero Sol compensaba con una lectura anticipada. Golpe, bloqueo, desvío. Ion emitía más electricidad, transformando las chispas en potencia bruta.

— ¿De dónde viene esa técnica? — preguntó Ion, maravillado —. Una fuerza patética, pero una técnica capaz de ocultar ese defecto.

Sol le asestó un golpe de palma en el pecho que lo hizo retroceder.

— ¿Hablas de fuerza? ¿Cuántas veces me has golpeado ya? Y aun así, me siento como nuevo.

Señaló a Ion.

—Eres débil porque no tienes una fuente para tu fuerza.

Ion frunció el ceño.

—¿Q-qué?

—Mi fuente será toda la gente de este país.—Termino Sol.

Ion sintió una presencia nueva: más pesada, más oscuro. Más peligroso. ¿No eran siete minutos su límite?

era lo unico que sabia.

Sol cerró los ojos un instante.

—Me he equivocado una y otra vez… todo para construir un reino firme para la siguiente generación.

Siete minutos era el equilibrio perfecto entre cuerpo y mente. Más tiempo implicaba sacrificar fuerza para conservar estabilidad. Menos tiempo significaba forzar el cuerpo… desgarrarlo desde dentro.

Sol redujo todo a un minuto.

Ion sintió una presencia monstruosa. No era un aumento gradual. Fue una irrupción.

— Aunque muera —dijo Sol— pienso llevarte conmigo.

Se movieron. El aire estallaba entre ellos en un fragor de hueso contra hueso. Ion aumentaba la potencia, liberando descargas que iluminaban el túnel.

— ¡Puedo ser más fuerte! ¡Mucho más!

Sujetó a Sol y lo estampó contra el techo de concreto, agrietando la bóveda. Intentó atravesarlo, pero Sol ya no estaba allí. Ion rompió el techo y emergió a la superficie en una explosión de escombros. Sol salió tras él, golpeándolo sin tregua: rostro, costillas, cuello. No le permitió reorganizar su mente.

Desesperado, Ion explotó en una descarga masiva que los separó. Comenzó a correr en círculos, ganando una velocidad donde su figura simplemente desapareció a los ojos de Sol.Entendió algo con claridad fría: con esa aceleración, el siguiente golpe sería mortal. Incluso si lo bloqueaba.

El ataque llegó directo al abdomen. El sonido de las costillas rompiéndose fue un crujido húmedo y seco. Sol escupió sangre, pero su mano se cerró sobre la muñeca de Ion con toda su fuerza.

— Si no puedo seguirte los pasos… te atraparé.

Ion intentó liberarse, pero Sol ya le había sujetado el cuello con la otra mano. Los dedos se hundieron en la carne. Ion descargó electricidad directamente sobre él, quemándole la piel hasta que el olor a carne chamuscada llenó el aire, pero Sol no soltó. Apretó.

Los tendones del cuello de Ion se marcaron bajo la presión. Sus ojos se abrieron en un miedo primario que nunca antes había sentido. Sol empujó hacia abajo. Los pulgares presionaron la tráquea.

Primer crujido.

La electricidad explotó sin control, desgarrando el suelo.

Segundo crujido.

Sol rugió con un sonido animal. Vasos sanguíneos estallaron en sus ojos y sus músculos se desgarraron internamente bajo la tensión del “minuto”. Dio un giro violento.

El cuello cedió con un chasquido irreversible.

Ion quedó inmóvil. La electricidad murió en chispas débiles. Sol sostuvo el cuerpo unos segundos más, temblando por el esfuerzo y por el precio que su propio cuerpo acababa de pagar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo