CADENAS - Capítulo 3
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3: “Como cualquier otro” 3: “Como cualquier otro” La luz se derramaba sobre los campos como miel tibia, convirtiendo el agua en espejos fragmentados donde el verde joven de las plantas se reflejaba y temblaba.
Una brisa ligera movía las espigas con el susurro de algo que no quería ser escuchado.
En la entrada de los campos, Somi estaba de pie junto a su abuelo, observando a lo lejos cómo Rina y Nezu trabajaban, dos figuras doblándose y levantandose ante al trabajo.
—¿No cree que deberíamos decirle que su deuda ya está saldada?
—preguntó Somi, cruzándose de brazos mientras sus ojos seguían la figura de Nezu.
El abuelo, con las manos apoyadas en el mango de su bastón, negó lentamente.
—Déjalo estar.
Alguien como él ya se habrá dado cuenta de eso.
Somi frunció los labios.
—Me siento mal que esté trabajando gratis.
—Para él no es así —replicó el anciano— Llegó hace unos meses y apenas habla, pero siento que no le molesta trabajar en el campo.
Somi suspiró y, alzando una cesta de comida, trató de cambiar el tema.
—Al menos no ha pasado nada malo con los hombres de Zuko.
El abuelo volvió a mirar hacia donde estaban Nezu y Rina, luego a su nieta.
—Tú también te ves diferente desde que el chico llegó.
Ella se encogió de hombros, evitando la mirada de su abuelo.
—Es solo porque es alguien nuevo.
No tardará en aburrirme.
Sin darle más vueltas, Somi se despidió y comenzó a caminar hacia los dos trabajadores.
El sonido del agua chapoteando bajo sus pies se mezclaba con el canto lejano de los pájaros.
—¡Almuerzo!
—anunció con una sonrisa.
Rina se irguió, apoyándose en el mango de su azada.
—Ya me estaba entrando hambre —dijo con un brillo en los ojos.
Nezu, más reservado, simplemente tomó la cesta y murmuró un agradecimiento.
Los tres se dirigieron a la sombra de un árbol cercano, donde la hierba crecía alta y salvaje, y el aire llevaba el perfume húmedo de la tierra removida.
Se sentaron formando un círculo imperfecto, el aroma del arroz recién cocido y el pan tibio llenando los espacios entre las palabras no dichas.
Mientras comían, el murmullo tranquilo de Somi y Rina se perdía entre las hojas.
Nezu permanecía en silencio, concentrado en la comida, pero su mirada estaba fija en algún punto del suelo, como si leyera señales que solo él podía ver.
De pronto, rompió su silencio con una voz baja, casi un susurro: —Rina… escóndeme.
Ella lo miró, arqueando una ceja.
—¿Por qué?
—Lo puedo escuchar… —respondió Nezu sin levantar la vista.
Antes de que Rina pudiera decir algo más, un fuerte grito atravesó los campos como una piedra rompiendo vidrio: —¡Forasteroooo!
Los tres giraron la cabeza y vieron a Stefan corriendo hacia ellos, salpicando agua a su paso.
El chico gritaba el mismo apodo con una insistencia que rayaba en lo obsesivo, y Rina, instintivamente, se puso delante de Nezu.
Cuando por fin llegó a donde estaban, Stefan se inclinó, jadeando como un perro sediento.
—Forastero… duelo… adelante… Rina se levantó un poco, con el ceño fruncido.
—Deja de ser tan pesado.
Estamos descansando.
Somi rió por lo bajo.
—¿No te cansas de perder?
—Cállate —le espetó Stefan, avanzando un paso y esquivando la mirada de Somi.
Rina lo bloqueó con el brazo.
—Dije que dejes de molestar.
—No se puede negar —replicó él, insistente.
Nezu, que hasta ese momento observaba, habló con calma y aburrimiento: —Entonces acepto… y me rindo.
—¡Así no funciona!
—protestó Stefan con frustración.
Somi, divertida, intervino: —¿Y cuál es la urgencia de querer vencer a Nezu?
Es como el tipico personaje de historias que no es vencido pero con apariencia de cachorro.
Nezu giró la cabeza hacia ella.
—¿En serio me veo así?
—No —respondió Rina, apartando a Stefan unos pasos hacia atrás.
El chico dio un resoplido, pero no se movió más.
—Nezu es fuerte.
Y yo me haré más fuerte venciendo a los más fuertes.
—Estoy muy lejos de que me consideren el “más fuerte” —contestó Nezu con frialdad.
—Pues al menos en este lugar lo eres.
Así que hagámoslo —insistió Stefan, apretando los puños.
Nezu dejó escapar un suspiro que parecía cargar el peso de muchas decisiones similares.
—Bien.
Ambos se pusieron frente a frente, con Somi y Rina al lado como espectadoras de un ritual que se repetía en pueblos de todo el mundo.
—¿Qué crees que pase?
—preguntó Rina, cruzándose de brazos.
—Nezu hará un movimiento sorprendente —respondió Somi con una media sonrisa.
Stefan se plegó sobre sí mismo como un animal acorralado, con las manos alzadas y el cuerpo inclinado hacia adelante, mientras que Nezu permanecía completamente relajado, sin mostrar guardia alguna, como si fuera a dar un paseo.
—¿Qué movimiento harás?
—murmuró Stefan, y sin esperar respuesta, avanzó con rapidez.
El golpe impactó de lleno en el rostro de Nezu, enviándolo al suelo en un instante.
El polvo se levantó alrededor como una pequeña tormenta de arena mientras él permanecía tumbado, con una expresión que rozaba el aburrimiento.
—Qué mal… al parecer perdí —dijo con voz plana.
Todos lo miraron sorprendidos, y Somi fue la primera en romper el silencio.
—Entonces eso acaba con todo esto, ¿no, Stefan?
—Claro que no —contestó él sin apartar la mirada de Nezu.
El forastero levantó un poco la cabeza, extrañado, y vio cómo Stefan se arrodillaba, inclinándose profundamente hacia él.
—Por favor… lucha conmigo en serio.
De verdad quiero hacerme más fuerte.
Nezu lo observó en silencio por unos segundos que se sintieron eternos, y luego asintió con una seriedad que no había mostrado antes.
—Está bien.
Stefan abrió los ojos sorprendido mientras Nezu se ponía de pie y caminaba hacia un árbol cercano.
Con un salto ligero, partió una rama gruesa de un solo golpe, el chasquido resonando como un hueso quebrado.
—No tienes que hacerlo si no quieres —le advirtió Rina.
—Está bien.
Esta vez lo haré en serio —dijo él, ajustando la rama en su mano como una espada.
—¿En serio?
—preguntó Stefan, algo nervioso mientras retomaba su postura.
Esta vez, fue Nezu quien tomó la delantera.
Avanzó con gran velocidad, cerrando la distancia en un par de pasos.
Stefan reaccionó, lanzando un golpe directo, pero Nezu se agachó, esquivándolo facilmente por lo bajo.
Sin detenerse, elevó la rama en un movimiento ascendente, impactando con precisión en el mentón de Stefan.
El golpe lo levantó ligeramente del suelo antes de que cayera hacia atrás, aturdido.
Rina soltó un suspiro y sacudió la cabeza.
—Entonces eso lo resuelve.
Volteó hacia Somi, esperando una respuesta, pero notó que su hermana menor lo miraba en silencio… con un brillo distinto en los ojos.
Somi frunció el ceño y cruzó los brazos.
—¿Eso no fue trampa?
—preguntó— Tenías un arma, te daba más alcance que Stefan.
Nezu lanzó la rama a un lado sin darle importancia.
—Nunca existe algo como una lucha justa —respondió con calma— En un duelo, cada parte se apoyará en lo que tenga para resaltar sobre la otra.
Somi lo observó en silencio mientras Stefan, todavía aturdido, comenzaba a incorporarse.
—¿Como cuáles?
—preguntó él, limpiándose el polvo de la ropa.
Nezu enumeró con paciencia: —Armas que son superiores a otras.
Afinidades más fuertes que otras.
Técnicas más completas que otras.
Experiencia en combate.
Inteligencia.
Complexión corporal.
Enfermedades.
Lesiones.
Estilo de vida.
Talento… —lo miró directamente— Todas esas cosas definen el resultado de un combate.
Somi, todavía mirando a Nezu, dijo con una ligera sonrisa: —El abuelo siempre dice que las afinidades manejan el mundo.
Nezu guardó silencio unos segundos, como si estuviera evaluando esas palabras contra algo que había aprendido de otra forma.
—No lo vería tanto de esa forma —respondió al fin—.
Para mí, el conocimiento y el poder son lo que controlan el mundo.
Stefan frunció el ceño.
—¿No sería solo el poder?
El conocimiento es importante, sí… pero comparado con el poder… —El conocimiento está ligado al poder —lo interrumpió Nezu— Si hubieras tenido el conocimiento básico de un guerrero, tal vez habrías ganado el duelo.
Stefan lo miró con curiosidad.
—¿Y cuál sería ese conocimiento básico?
Nezu se sentó en la hierba, como si se preparara para contar una historia que había vivido en carne propia: —Entender tu propio estilo de combate, saber qué arma se adapta mejor a ti, si tu afinidad se usa de forma correcta… y, lo más importante, entender el estilo de combate del rival, si tiene afinidad o no y qué tan peligroso puede ser.
—¿Tú haces todo eso antes de enfrentarte a alguien?
—preguntó Somi, impresionada.
—Algo asi, aunque lo que te dije solo es una idea general —respondió Nezu, encogiéndose de hombros— Se dice que, si cumples todo eso, serás capaz de ir más alto… como subir un escalón.
Stefan lo miró con renovada curiosidad.
—Entonces… ¿tú ya llegaste a ese siguiente escalón?
Nezu negó con calma.
—No.
Logré cumplir de buena forma la segunda parte… pero la primera aún me falta.
Somi se inclinó hacia adelante, como si no quisiera perderse una palabra: —¿Y cómo funcionan exactamente las afinidades?
Nezu hizo un gesto como si no quisiera extenderse.
—Es algo complicado de explicar ahora mismo… y creo que debería volver a trabajar.
—Tranquilo, puedes continuar —intervino Rina, sonriendo—.
No pasa nada.
Nezu miró a Stefan, quien seguía en el suelo pero prestando atención, luego a las dos hermanas.
Suspiró y comenzó a hablar, pero esta vez con la cadencia de quien recuerda más que enseña: —Mi maestra solía decir que una afinidad es como…
un músculo extra que no todos tienen.
Algunos nacen con músculos más fuertes en las piernas y corren rápido.
Otros en los brazos y levantan mucho peso.
Las afinidades son similares, solo que no las puedes ver.
Se quedó callado un momento, observando cómo Stefan se incorporaba completamente.
—Hay quienes pueden hacer que su cuerpo sea más resistente, más fuerte, más rápido —continuó, y Stefan instintivamente tocó sus propios músculos—.
Otros pueden…materializar y usar los elementos, el fuego,.el agua, el aire…
Y luego están los que pueden hacer cosas que…
bueno, que no tienen nombre fácil.
—¿Como qué?
—preguntó Somi.
—Una vez conocí a alguien que podía hacer que la gente olvidara su nombre por unos minutos —respondió Nezu — Y a otro que hacía que las plantas crecieran al doble de velocidad con solo tocarlas.
Stefan se acercó, ya completamente recuperado: —Eso es maravilloso… Es como ser bendecido por el cielo.
Quien tenga una buena afinidad será más fuerte.
La expresión de Nezu se ensombreció ligeramente.
—Las afinidades ayudan pero no lo son todo—dijo con voz queda— he visto verdaderos monstruos sin afinidades.
Eso hizo que Stefan guardara silencio.
Entonces, Somi volvió a preguntar, con una curiosidad que parecía quemarle desde adentro: —¿Y cuál es tu afinidad?
Nezu desvió la mirada, algo incómodo.
—Es… difícil de explicar.
—Muéstrala —insistió Somi.
Nezu levantó un dedo con la lentitud de quien teme lo que va a hacer.
En la punta, comenzó a materializarse un pequeño trébol de tres hojas, verde y brillante, como si su textura estuviera hecha de vidrio líquido que atrapara la luz y la devolviera multiplicada.
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