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CADENAS - Capítulo 4

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4: Trato 4: Trato La noche se había extendido como una manta pesada sobre el pueblo, sin viento que perturbara su quietud.

Las hojas de los árboles del patio colgaban inmóviles.

La luna flotaba alta y clara, un ojo plateado que observaba los tejados oscuros sin parpadear.

En medio del terreno, Nezu permanecía de pie como una figura tallada en piedra.

La espada desenvainada se alzaba en sus manos, el filo apuntando en una sola dirección con la precisión de una brújula.

No daba un paso, no tensaba los músculos más de lo necesario; su cuerpo había encontrado ese equilibrio perfecto entre la relajación y la alerta.

El tiempo se deslizó sin prisa.

Los grillos guardaban silencio, las sombras no se movían, y solo el brillo tenue de la hoja cortaba la oscuridad del patio.

Finalmente, exhaló con suavidad.

El aire escapó de sus pulmios como un suspiro que había estado reteniendo durante horas.

Guardó el acero en la vaina con un movimiento lento y preciso.

Sin girar del todo, habló al vacío que lo rodeaba.

—Llegaste temprano —dijo, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.

Los pasos sobre la hierba seca le confirmaron lo que ya sabía.

Somi se acercaba con paso firme, y en su mano derecha llevaba una espada de madera que parecía haber tomado de la tienda.

Sus ojos brillaban con esa mezcla particular de nervios y emoción.

Somi levantó el arma y la apuntó juguetonamente hacia el pecho de Nezu.

—Me emocioné con lo que explicaste ayer… sobre cómo mover el cuerpo y leer al rival.

Suena complicado, pero quiero intentarlo.

Nezu suspiró, encogiéndose de hombros con aburrimiento.

—No es nada especial.

Solo son cosas técnicas, no vale la pena que lo pienses demasiado.

Ella dio un paso más hacia él, levantando la espada de madera con ambas manos y adoptando lo que creía que era una postura de combate.

Los músculos de sus brazos se tensaron ligeramente, preparándose para el duelo que había venido a buscar.

—Hoy sí voy a darte un golpe, ya verás.

Y tendrás que enseñarme todo lo que sabes.

Somi se adelantó sin más advertencia, la espada de madera cortando el aire nocturno en un arco torpe pero decidido.

Nezu apenas movió el pie izquierdo, dejando que el golpe pasara a su costado.

Ella giró sobre sí misma, intentando un segundo ataque desde otro ángulo.

Él se inclinó ligeramente hacia atrás, como si esquivara una rama baja.

Una y otra vez, Somi atacaba con desesperación, sus movimientos se volvían más erráticos, más forzados.

El sudor comenzó a acumularse en su frente mientras Nezu se limitaba a dar pasos mínimos, economizando cada movimiento.

Finalmente, cuando Somi levantó la espada para un tajo vertical, Nezu extendió la mano y atrapó su muñeca.

El movimiento se detuvo en seco.

Ella intentó hacer más fuerza, tensando todos los músculos del brazo, pero la mano de él no se lo permitia.

—¿Qué estás haciendo?

—preguntó Nezu con calma— Nunca dije que el golpe que me debías dar era con la espada.

Somi entendió al instante.

Con su mano libre, intentó darle un puñetazo directo al rostro.

Nezu se apartó apenas lo suficiente, soltando su muñeca en el proceso.

Ella tropezó ligeramente hacia adelante, recuperando el equilibrio con torpeza.

—Si de verdad quieres irte lejos del pueblo y conocer el mundo —dijo él, observándola mientras se recomponía— debes saber ganar cualquier batalla.

Incluso una sin armas.

—¿Hablando?

—preguntó Somi, confundida.

Nezu detuvo con una mano el siguiente ataque de la espada, sin esfuerzo aparente.

—Eso pasa antes de la batalla.

Cualquier batalla evitada es una ganada.

—Lo entiendo —respondió ella, respirando con dificultad— Hablar primero, atacar después.

Lo has dicho muchas veces.

Nezu soltó la espada y retrocedió un paso.

—Hay otras formas de conocer el mundo.

—Quiero hacerlo de esta forma—insistió Somi, con una obstinación que le temblaba en la voz— Crear mi propio camino, mi propia historia.

—Estar viva ya es tu propia historia.

—No me refiero a eso —dijo ella, buscando las palabras correctas— Es más como…

vivir la vida al máximo, al filo de la muerte…

y al final del camino entender si valió la pena o no.

Nezu la observó en silencio por unos segundos.

—¿Cuándo fue la última vez que te sentiste en peligro de muerte?

Somi pensó, frunciendo el ceño.

—Supongo que algunas veces de niña…

pero realmente no estaba en peligro.

—¿Te contienes al atacarme?

—¡Claro que no!

—negó ella con vehemencia— De verdad quiero golpearte.

¿Por qué crees que me contengo?

—Varias veces, cuando me vas a atacar, siento peligro por varios ángulos diferentes —explicó Nezu— Pero luego haces el ataque más simple.

—No, yo no soy simple —protestó Somi— De verdad me esfuerzo.

Nezu pensó un momento, ladeando ligeramente la cabeza.

—Tal vez es porque tienes el cerebro apagado.

Somi lo miró con los ojos entrecerrados.

—¿Me estás llamando tonta?

—Todo lo contrario.

Puede que seas una especie de genio, solo que por ahora estás apagada.

—¿Cómo es que puedo ser una genio si no tengo talento para esto?

—No tener talento y tenerlo apagado es muy diferente —respondió Nezu, señalando su cabeza— Como dije, tienes el cerebro apagado.

Se acercó a ella y la ayudó a adoptar una posición adecuada para defenderse, ajustando la posición de sus pies y la forma en que sostenía la espada.

—El cerebro es un canal que permite sacar el talento o evolucionarlo —continuó— Pero si está apagado, apenas mostrara indicios de ese talento.

Indicios tan sutiles que ni tú los puedes notar.

Somi se quedó mirando la espada en sus manos, procesando las palabras.

—¿Cómo puedo despertar mi cerebro?

Nezu se apartó unos pasos, alejándose de ella.

—Ahora cambiemos el trato.

Si logras bloquear dos de mis golpes, tú ganas.

—Bien —respondió Somi, poniéndose inmediatamente en postura defensiva.

Nezu se alejó un poco más y la observó con ojo crítico.

—Esa postura está mal.

Vuelve a la anterior.

Somi se concentró en adoptar la posición correcta, ajustando los pies y la forma de sostener la espada tal como él le había enseñado momentos antes.

—Listo.

Nezu se puso en una postura baja, las rodillas flexionadas, y se impulsó hacia ella con una rapidez que cortó el aire nocturno.

Somi se concentró en bloquear el ataque, tensando todos los músculos del cuerpo, pero Nezu no golpeó.

Cambió de dirección en el último momento y desapareció de su vista.

Somi volteó la mirada a todos lados, viendo cómo Nezu rodeaba su posición desde diferentes ángulos, manteniéndose a cierta distancia.

Era como ser perseguida por sombras que se movían demasiado rápido para seguir.

Comenzó a sentir algo extraño dentro de ella: miedo, frío, vacío, peligro.

Sin entenderlo bien, sintió todas esas sensaciones juntas y apuntando en una sola dirección, así que alzó la espada de madera al lado derecho de su cabeza.

Justo en ese momento, bloqueó una patada de Nezu.

Aunque lo bloqueó, el golpe fue tan fuerte que la hizo retroceder varios pasos y perder la postura por unos segundos.

Se recompuso con dificultad, pero nuevamente no vio a Nezu.

Ese sentimiento de peligro aún continuaba, se hacía cada vez más fuerte, más específico.

Incluso pudo visualizar una silueta atravesándole el pecho.

A pesar del sudor frío y el miedo que le corría por las venas, puso su espada frente a ella en una postura baja.

El puño de Nezu chocó contra la madera con tal fuerza que la rompió en pedazos.

Su mano se llenó de su propia sangre, pero se detuvo a centímetros de la cara de Somi, quien se quedó completamente perpleja.

Nezu se alejó lentamente, sacudiendo la mano herida.

—Felicidades.

Ganaste.

—¿Estás bien?

—preguntó Somi, preocupada.

—Sí, apenas es superficial —respondió él, moviendo la mano para que la sangre cayera sobre el césped.

La observó con curiosidad.

—¿Qué sentiste?

—Peligro…

y mucha emoción.

Nezu se le quedó viendo, algo sorprendido por la respuesta.

Luego se apartó para irse.

—Después hablaremos para lo del entrenamiento.

Pero al dar unos pasos, logró ver a lo lejos una figura familiar.

El abuelo Wan emergía de entre las sombras del patio.

Somi apenas se dio cuenta y lo llamó: —¿Abuelo?

¿Qué haces aquí?

El señor Wan se acercó con tranquilidad.

—Solo estaba vigilando.

Nezu se volvió hacia él.

—¿Desde hace cuántos días nos ha estado observando?

El señor Wan se sorprendió un poco ante la pregunta directa.

—Desde el comienzo.

—Es verdaderamente sorprendente —admitió Nezu— Apenas me di cuenta.

—¿Por qué lo hacías?

—preguntó Somi.

El anciano los miró a ambos, con una expresión que mezclaba la cautela con algo parecido a la fascinación.

—Al principio solo estaba preocupado.

Pero ahora estoy interesado.

—¿En qué estás interesado?

—preguntó Somi.

El señor Wan se acercó un poco, con los ojos fijos en ambos jóvenes.

—A qué quieren llegar: ¿un poder capaz de rivalizar con los dioses, o una técnica capaz de lastimar a un dios?

Somi pensó un momento, frunciendo el ceño mientras procesaba la pregunta.

—Si es posible, quisiera llegar a tener mucho poder.

Además, si tengo mucho poder, llegaría a tener los ataques y las técnicas para derrotar a los dioses.

—Me bastaría una sola técnica —respondió Nezu sin dudar.

—¿Por qué?

—preguntó Somi, volteando hacia él.

—No tengo el talento para llegar a tener gran poder.

No tengo mucho talento y mi afinidad no es muy útil —explicó con tranquilidad — Pero si puedo juntar todo lo que soy para afilarlo y apuntarlo en una sola dirección, podré protegerme de cualquier persona de este mundo.

—Entonces eso es lo que has estado entrenando —concluyó Somi.

Nezu asintió.

El señor Wan se acercó más, con una sonrisa que parecía mezclar respeto y curiosidad.

—Es verdaderamente interesante.

Nunca logré conocer a una persona con ese pensamiento que esté tan cerca de llegar a completar la técnica.

—¿Cerca?

—preguntó Nezu, arqueando una ceja.

El señor Wan rió un poco.

—Al parecer no has tenido en cuenta ni tu propio avance.

¿Por qué no me dejas probarla?

Nezu lo miró con seriedad.

—Para probarla, debe ser más fuerte que yo.

—No se preocupe por eso —respondió el anciano con confianza.

Nezu observó al abuelo de Somi por unos segundos, evaluándolo.

—Está bien, entonces.

Somi se les quedó viendo a ambos.

—¿Van a pelear?

El abuelo Wan le sonrió.

—Trae otras dos espadas.

Somi asintió y caminó hacia un árbol cercano donde colgaban varias espadas de madera de entrenamiento.

Tomó dos de ellas y regresó, entregándoselas a ambos combatientes.

El señor Wan tomó la espada y dejó caer su bastón a un lado.

Por un momento, usó la espada como apoyo mientras se estiraba la espalda, soltando un suspiro prolongado.

—Hace mucho que no hacía esto.

Nezu lo miraba con expresión aburrida.

—Abuelo, ya no tienes edad para eso —dijo Somi, preocupada.

—Confía —respondió el señor Wan.

Se irguió gradualmente, adoptando una postura más recta, y tomó la espada con seguridad creciente.

Cuando por fin apuntó la hoja hacia Nezu, algo cambió en el aire.

Nezu sintió peligro, real y tangible, corriendo por sus venas como electricidad.

Rápidamente se puso en postura defensiva.

El señor Wan se movió a una velocidad igual a la de Nezu.

Las espadas de madera chocaron con un estrépito seco que resonó en la noche.

Somi se quedó con la boca abierta.

—¿Desde cuándo te puedes mover así?

El señor Wan hizo más fuerza contra la guardia de Nezu.

Este retrocedió cuando sintió que iba a ceder, susurrando entre dientes: —Es fuerte…

Volvió a bloquear el siguiente ataque, pero este fue tan potente que lo hizo retroceder varios pasos, con los pies apenas tocando el suelo.

Cuando finalmente recuperó el equilibrio, el señor Wan ya estaba arremetiendo contra él, dando un fuerte espadazo hacia abajo.

Nezu esquivó por milímetros, haciendo que el polvo se alborote alrededor.

En ese mismo instante, el señor Wan ejecutó un tajo horizontal que Nezu pudo evitar por poco, murmurando de nuevo: —También es rápido…

En el siguiente ataque del señor Wan, Nezu se adelantó y golpeó el pomo de la espada, haciendo que se soltara de las manos del anciano.

En ese mismo movimiento, intentó golpearlo, pero el señor Wan detuvo el espadazo en seco con su brazo libre.

El anciano sonrió mientras la espada, que había saltado hacia arriba tras el golpe al pomo, caía perfectamente de vuelta en su mano.

—Soy bastante suertudo —comentó con diversión.

Con la espada firmemente en sus manos, el señor Wan intentó darle una estocada a Nezu.

Este se las arregló para hacerse ligeramente hacia atrás, reduciendo el impacto, se tocó el abdomen en la zona de impacto y murmuró: —También es resistente…

Cuando vio que el señor Wan volvía a tomar impulso, Nezu soltó su espada y se preparó, agachándose un poco.

—Lo voy a tratar como a un verdadero guerrero.

Paró la estocada del señor Wan haciéndose al lado, tomó su mano y, apoyándose en el pecho del señor Wan lo alzo por encima suyo y lo azotó contra el suelo.

El señor Wan cayó pesadamente contra el suelo, levantando una pequeña nube de polvo que se dispersó lentamente en el aire nocturno.

Por un momento, todo quedó en silencio.

—¡Abuelo!

—gritó Somi, alarmada.

Nezu dio un paso hacia adelante para verificar el estado del anciano, pero algo cambió en el aire.

Una sensación fría y penetrante le recorrió la columna vertebral como una advertencia silenciosa.

Se apartó rápidamente hacia un lado, justo cuando una espada de madera cortó el espacio donde había estado su cara.

El filo le rozó la mejilla, dejando una línea roja y fina que comenzó a sangrar lentamente.

Nezu se tocó la herida con los dedos, observando las gotas carmesí que se acumularon en sus yemas.

—Superficial —murmuró.

El señor Wan se incorporó con una agilidad que desmentía su edad, sacudiéndose el polvo de la ropa mientras recuperaba su espada.

—Tienes varios trucos —comentó el anciano, con una sonrisa que mezclaba respeto y diversión.

—Usted es un anciano aterrador —respondió Nezu, retrocediendo varios pasos con cautela.

Se agachó en una postura baja, las rodillas casi tocando el suelo, y tomó su espada con ambas manos.

Se quedó completamente inmóvil, como si fuera a dar un espadazo devastador, pero ni un solo músculo se movió.

Era como si hubiera quedado suspendido en ese instante previo al ataque, congelado en el tiempo.

Somi observaba la escena cuando comenzó a percibir algo extraño.

Una niebla sutil y translúcida parecía emanar de la figura agachada de Nezu, pero no era niebla común.

Era algo que no sabía describir con palabras, algo que solo podía sentir.

Peligro puro se desprendía de esa bruma invisible, como si la muerte misma hubiera decidido materializarse en el patio.

Volteó hacia su abuelo y lo vio contemplando esa misma niebla con una sonrisa de profunda admiración.

—¿Tú también la puedes ver?

—preguntó Somi, con la voz apenas audible.

—La veo a la perfección —respondió el señor Wan, sin apartar los ojos de Nezu— Realmente tienes talento por lograr ver indicios de esa técnica sin haber experimentado varias peleas.

Una técnica que, si no hubiera estado en varias batallas, nunca habría podido notar.

Mi nieta es tan increíble.

El anciano comenzó a caminar lentamente dentro de esa niebla etérea, acercándose a Nezu con pasos medidos.

—Puedo verlo a la perfeccion, increible e inconpleto —le dijo a Nezu— Puedo ver tu reino de la muerte.

Se detuvo justo al lado de la figura inmóvil y alzó su espada con decisión.

—Muéstrame tu técnica.

Embistió la espada hacia abajo, directo hacia donde estaba Nezu.

Pero su arma rebotó violentamente, como si hubiera golpeado una superficie de acero templado.

El movimiento fue tan rápido que Somi apenas logró verlo.

El señor Wan sonrió con genuina fascinación.

—Entonces una técnica súper defensiva.

Siguió embistiendo desde todos los ángulos: diagonal, horizontal, vertical, en arcos amplios y estocadas directas.

Cada uno de sus ataques rebotaba con la misma fuerza.

Cada vez que el señor Wan atacaba a Nezu, este respondía con un contragolpe exacto al punto preciso, impidiendo que el anciano pudiera usar toda su fuerza y haciendo que el ataque rebotara por la fuerza del contraataque de Nezu.

El señor Wan incrementó la velocidad, atacando desde todas las direcciones cada vez más rápido, pero no era suficiente.

Sin embargo, gradualmente comenzó a notar algo: el sudor que se acumulaba en la frente de Nezu, la respiración que se volvía más laboriosa con cada intercambio.

—Una gran técnica requiere una gran capacidad corporal —dijo el señor Wan, jadeando ligeramente— Capacidad que no tienes.

Volvió a atacar, pero esta vez Nezu se deslizó hacia un lado, esquivando el golpe completamente.

Intentó contraatacar, pero el señor Wan paró el espadazo en seco con su brazo libre e inmediatamente intentó darle un tajo que Nezu esquivó deslizándose por debajo.

Estando bajo la guardia del señor Wan, Nezu intentó atacar nuevamente.

El anciano se volteó rápidamente, bloqueando el ataque con otro ataque directo.

El choque fue tan violento que la espada de Nezu se partió por la mitad, y la mitad superior salió volando por los aires.

La punta de la espada del señor Wan se detuvo contra el cuello de Nezu, quien permanecía inmóvil.

El silencio se extendió por unos segundos hasta que el anciano se dio cuenta de algo y comenzó a reír suavemente.

La mitad inferior de la espada partida aún la estaba empuñando Nezu, y su filo roto presionaba contrasu propio cuello.

—Al parecer es un empate —concluyó el anciano, con una sonrisa de genuina satisfacción.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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