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CADENAS - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Tributo
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5: Tributo 5: Tributo Ese día volvía cada ciertos meses, el día en que los hombres de Zuko entraban al pueblo para recoger el tributo.

Dependía de la condición de cada familia: algunos pagaban con dinero, otros con materiales, y los que no tenían nada, con trabajo.

No eran más de veinte hombres, pero bastaban para llenar de silencio cada calle, repartiéndose por el pueblo como si fueran dueños de él.

Somi y Stefan cargaban una cesta hacia la tienda.

—Me sorprende que me estés ayudando —dijo Stefan, ladeando la cabeza.

—Solo estaba aburrida —respondió Somi con fastidio.

—¿Y esto no cuenta como repetitivo?

—Ya no.

Stefan sonrió y dejó de mirarla.

—¿El señor Wan ya dio el tributo?

—Sí —contestó Somi, molesta—.

Aunque no entiendo por qué lo acepta.

Mi abuelo es fuerte, podría vencer a Zuko.

—El mismo señor Wan dijo que Zuko es más fuerte.

—Tal vez… pero con el abuelo, Nezu y tú podrían vencerlo.

Incluso yo podría ayudar.

Stefan rió.

—¿Y en qué ayudarías?

¿En quejarte?

—He mejorado mucho desde que Nezu me enseña.

—No lo dudo.

Quizá funcione… podríamos intentarlo en el siguiente tributo.

Los ojos de Somi brillaron.

—En unos meses sere tan buena que ni necesitare de su ayuda En ese momento, su hombro chocó por accidente con el de uno de los hombres de Zuko que pasaba cargando un saco.

El soldado se giró, furioso, y la sujetó con brusquedad.

—Aprende a caminar —gruñó, apretándole el hombro.

Stefan dio un paso al frente, listo para intervenir, pero Somi reaccionó antes.

Se giró con fuerza y lanzó un golpe directo al rostro del hombre.

El soldado cayó hacia atrás, levantando polvo, mientras Somi se llevaba la mano al puño, que le ardía.

—¡Duele!

—se quejó.

Stefan la miró incrédulo.

—¿Qué crees que haces?

—No lo sé… —balbuceó ella— Mi cuerpo se movió solo.

El muchacho no tuvo tiempo de replicar.

Vio cómo Tolen, acompañado por cuatro hombres más, se acercaba entre la multitud.

La sonrisa de Stefan se torció.

—No podías esperar al siguiente tributo, ¿eh?

Está bien… —alzó la voz mientras se adelantaba un paso—.

Déjame encargarme.

Yo también me he hecho más fuerte.

Tolen se abrió paso entre la multitud con tres hombres detrás.

Su sombra se plantó frente a Stefan.

—¿Qué está pasando aquí?

—espetó, encarándolo.

Stefan giró un poco la cabeza hacia Somi.

—Observa bien.

Tolen lo tomó del cuello de la camisa, acercando su rostro.

—¿Acaso se están rebelando contra Zuko?

Esto les costará el triple de tributo como compensación.

Stefan no respondió.

El puño salió directo, seco.

El golpe en la cara hizo que Tolen retrocediera varios metros, cayendo contra el polvo.

Los hombres que lo acompañaban apenas intentaron desenvainar, pero dos no alcanzaron.

Stefan los sujetó del rostro y los estrelló contra el suelo en un mismo movimiento.

Los otros dos lograron sacar las espadas, pero Stefan atrapó la muñeca de uno y le estampó un cabezazo en la nariz.

El último lanzó una estocada torpe que Stefan esquivó con facilidad, devolviéndole un puñetazo en la mandíbula que lo dejó inconsciente.

Stefan volteó hacia Somi con una media sonrisa.

—Así se dan golpes.

Ella sonrió de vuelta, apenas un instante, antes de cambiar de expresión.

—¡Cuidado!

Stefan giró de inmediato.

Un tajo pasó rozando su pecho.

Tolen, de pie otra vez, lo miraba con los ojos encendidos de odio.

—¿Sabes lo que acabas de hacer?

—gruñó—.

Espero que estés listo para las consecuencias.

El filo de su espada brilló con fuerza.

A diferencia de los demás, sus movimientos eran veloces y certeros.

Stefan apenas lograba esquivarlos, recordando los enfrentamientos con Nezu.

Podía ver los ángulos, leer las trayectorias… pero no encontraba cómo devolver un golpe.

Tolen golpeó sus pies y Stefan cayó de espaldas.

El acero bajó con precisión.

—Este es tu castigo.

Pero antes de que el golpe lo alcanzara, otro filo desvió el de Tolen.

Somi, con el pecho agitado, empuñaba la espada de uno de los soldados caídos.

Se plantó frente a Stefan.

—¡Apártate!

—rugió él desde el suelo.

—Ahora no El choque de las espadas estalló con un chispazo.

Tolen empujaba con fuerza, intentando hundir la hoja, pero Somi resistía con todo el cuerpo.

Sus brazos temblaban, pero no cedían.

—¡Desgraciada!

—escupió Tolen.

Soltó la empuñadura con una mano y la sujetó del brazo, debilitando su defensa.

El filo comenzó a inclinarse hacia ella.

Somi apretó los dientes.

Entonces, un puñetazo de Stefan lo impactó de lado, haciéndolo caer otra vez contra el suelo.

Antes de que Tolen pudiera levantarse, Somi ya lo apuntaba con la espada en el pecho.

Somi mantenía la espada firme contra el pecho de Tolen.

Él, respirando con dificultad, escupió las palabras con rabia contenida.

—Absténganse a las consecuencias.

Stefan soltó una risa burlona.

—Ya lo escuchamos varias veces, deja de repetir lo mismo.

Pero una voz profunda sonó detrás de ellos.

—Tolen, ¿qué haces en el suelo?

Levántate.

El rostro de Tolen se tensó.

Reconoció esa voz al instante.

—¿Jefe?

—preguntó nervioso.

Somi y Stefan giraron la cabeza.

Por primera vez vieron a Zuko.

Un hombre alto, de piel oscura y cuerpo fornido, cubierto con una cota de hierro pintada de negro que parecía absorber la luz.

—Levántate —repitió Zuko con calma—.

Si eres mi segundo al mando, deberías brillar un poco más.

Tolen se incorporó con torpeza.

—¿Qué hace aquí?

—balbuceó—.

No se suponía que vendría.

Zuko avanzó unos pasos, con una media sonrisa.

—Estaba aburrido.

Decidí ver cómo iban los tributos… pero no pensé encontrarte en esta situación.

—Lo siento, me tomaron desprevenido —se apresuró a decir Tolen.

—No pasa nada —repuso Zuko, sin cambiar el tono—.

Si mis hombres son lastimados, es mi deber hacer pagar al responsable.

Stefan dio un paso al frente.

—El responsable soy yo.

—¡Stefan!

—Somi lo tomó del brazo, intentando detenerlo.

Él sonrió con nerviosismo.

—No te preocupes.

No dejes que ese tipo escape.

Déjame encargarme.

Zuko lo observó con un brillo en los ojos.

—Ojalá sirvas, al menos, para entretenerme.

Mientras tanto, en los campos de arroz, Rina y Nezu descansaban bajo la sombra de un árbol.

Rina levantó la mano, señalando al cielo.

—Mira, esa nube parece un jinete cabalgando en una montaña.

Nezu entrecerró los ojos.

—No se parece en nada.

Ambos guardaron silencio cuando cuatro hombres de Zuko comenzaron a internarse entre los cultivos, caminando directo hacia ellos.

—Mierda… —murmuró Rina, poniéndose de pie.

Avanzó unos pasos, Nezu detrás de ella.

—¿Qué quieren?

—preguntó con frialdad al detenerse frente a ellos.

Uno de los soldados sonrió.

—Zuko ha puesto su interés en ustedes, junto con el tal Stefan.

Quiere ver si son dignos de unirse a sus filas.

Rina arqueó las cejas, sorprendida por un instante.

—No estoy interesada.

—No es una sugerencia —respondió el hombre, tomándola del brazo.

Rina se soltó de un tirón y lo empujó con rabia.

—No me toques.

El soldado desenfundó su espada.

—Zuko vino desde muy lejos solo para esto.

No hagas que pierda el tiempo.

Rina retrocedió unos pasos, observando el filo.

El hombre avanzó hacia ella.

Entonces, Nezu se adelantó en silencio.

De un solo movimiento, su pierna impactó la mandíbula del soldado, dejándolo inconsciente al instante.

Los otros tres apenas alcanzaron a tocar las empuñaduras cuando Nezu ya estaba sobre ellos.

Sus golpes, certeros, reventaron sus mandíbulas una tras otra.

Los cuatro cuerpos quedaron tendidos en la tierra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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