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CADENAS - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Levantate
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6: Levantate 6: Levantate El sudor corría por el rostro de Stefan.

Estaba tirado en la tierra, jadeando, mientras Nezu permanecía de pie a su lado, apenas despeinado.

—No sirve de nada… —murmuró Stefan, golpeando el suelo con el puño—.

No puedo siquiera tocarte, no tengo el talento para hacerlo.

Nezu lo observó en silencio.

Luego habló, sin levantar la voz.

—Eso no está mal, tal vez sea tu virtud.

Stefan lo miró confundido, con el ceño fruncido.

—¿Virtud?

—Sí.

El sudor, la pasión, la frustración que sientes… hay guerreros que nunca conocerán eso.

Tú lo vives en cada golpe.

Eso es fuerza, aunque aún no lo entiendas.

Stefan bajó la cabeza, apretando los dientes.

—¿Entonces cómo puedo usar esa fuerza?

¿Cómo puedo llegar a ser fuerte?

Nezu inclinó la cabeza.

—¿Por qué quieres serlo?

Hubo un silencio largo.

Stefan se sentó, la respiración aún pesada, con las manos temblando por el esfuerzo.

—Mi padre fue un guerrero asombroso… un héroe de guerra.

Lo perdí por ese mismo ideal, se apartó de mi lado solo para ponerlo en práctica.

Apretó los puños hasta que los nudillos le crujieron.

—Pero no le guardo rencor.

Sé que murió con una sonrisa en el rostro.

Se puso de pie, erguido, con la mirada fija en el horizonte.

—Quiero ser como él.

Quiero ser el héroe que los demás necesitan, así como él fue mi héroe.

Nezu lo observó en silencio, luego asintió apenas.

—Stefan… deslumbras demasiado.

Stefan sonrió, sudado y exhausto.

—¿Eso es bueno?

Nezu no respondió a su pregunta.

En su lugar, avanzó un paso y le soltó un golpe seco en la mandíbula.

Stefan apenas alcanzó a abrir los ojos antes de sentir el impacto.

Su cuerpo cayó hacia atrás y, por un instante, todo se apagó.

Cuando su espalda tocó la tierra, la conciencia regresó de golpe.

Jadeó, mirando a Nezu con sorpresa.

—¿Qué…?

—Levántate —ordenó Nezu.

Stefan seguía confundido, pero la voz era tan firme que lo obligó a moverse.

Se incorporó, aún tambaleando, y antes de darse cuenta ya estaba otra vez en el suelo.

Nezu lo había lanzado sin que alcanzara a reaccionar.

—Levántate.

Stefan escupió al lado, respirando fuerte.

—¿Qué te pasa?

—gruñó, poniéndose de pie de nuevo y alzando los puños en guardia.

Nezu lo miraba sin emoción.

—Tienes razón.

No tienes talento.

No eres un genio, no eres un prodigio, y no tienes afinidad.

Se inclinó apenas hacia él.

—Así que cuando recibas un golpe… nunca dejes de levantarte.

Mientras sigas pensando que vale la pena hacerlo.

El aire quedó pesado entre ellos, con Stefan temblando de rabia, cansancio y una chispa nueva que no había sentido antes.

Los pasos de Zuko retumbaron en la plaza, como si la tierra entera respondiera a su peso.

Su sombra lo cubrió.

—He conocido a varios tontos como tú —dijo con calma, pero con un filo en la voz—.

Gente que quiso rebelarse contra mí.

Algunos no eran malos luchadores… pero el resultado siempre fue el mismo.

Espero que sepas a lo que te estás enfrentando.

—Stefan… —Somi se adelantó medio paso—.

Déjame apoyarte.

Él negó con la cabeza, apretando los puños.

—Quiero hacerlo solo.

Debo poder enfrentar esto yo mismo.

Por eso me he esforzado tanto.

Zuko lo observó con interés.

—Eso se nota —sonrió levemente—.

Reconozco el esfuerzo.

Puedo ver el largo camino que recorriste para tener ese cuerpo.

Dio un par de pasos al frente, hasta quedar cara a cara con él.

—Ahora te mostraré la diferencia entre esfuerzo… y talento natural.

El golpe llegó sin aviso.

Un puñetazo directo a la cara.

Stefan se agachó a tiempo, esquivando por lo bajo, y contraatacó con un gancho al abdomen, pero Zuko se inclinó hacia atrás y lo esquivó sin dificultad.

Stefan retrocedió unos pasos, levantando la guardia.

Zuko silbó, divertido.

—Bien, bien… sigue así.

Intenta golpearme.

Stefan cargó hacia él con una lluvia de puñetazos, buscando los costados, abriendo ángulos, forzando cualquier hueco.

Pero Zuko esquivaba con calma, apenas moviendo la cabeza, como si jugara con él.

Somi contenía la respiración al ver cómo los golpes nunca llegaban.

Entonces, en medio de la ráfaga, Stefan dejó una abertura mínima.

Apenas un instante.

Fue suficiente.

El puño de Zuko entró como un relámpago a los ojos de Stefan, quien solo sintió el impacto cuando ya estaba en el aire, su cuerpo girando antes de estrellarse contra el suelo.

Un murmullo recorrió la plaza.

Zuko rió, sacudiendo la mano como si nada.

—Al parecer solo duró un golpe… y nada más.

Stefan no se detuvo.

Se lanzó otra vez, con todo lo que le quedaba: piernas que empujaban, torso que giraba, puños que buscaban un hueco.

Cada ataque era más salvaje que el anterior.

Más cercano.

Más desesperado.

Golpeó al aire.

Rozó la mejilla de Zuko.

Sintió la resistencia de la nada, como si su mano hubiera chocado contra un muro invisible.

Volvió a atacar: directos, ganchos, uppercuts, combinaciones cortas.

Zuko apenas movía la cabeza.

Esquivaba.

Bailaba alrededor, y cuando algo parecía asomar, cuando Stefan creía que al fin la guardia se cerraba y la mano se le deslizaba por encima.

Cayó.

Se golpeó la espalda contra la piedra.

La boca llenándose de polvo.

Se volvió a incorporar de inmediato, las piernas temblando, la rabia fresca como ácido.

Corrió, lanzó un gancho izquierdo que rozó la sien de Zuko como un soplo.

Volvió a caer.

Otra vez.

Otra vez.

Otra vez.

Otra vez.

La plaza se volvió un latido único: respiraciones, golpes secos contra la tierra, el crujir de la madera en sus tobillos, el murmullo que se hacía silencio.

Somi gritaba, pero sus palabras se perdían entre el estruendo de los pasos.

Stefan veía líneas, sombras, la figura de Zuko cada vez más borrosa, cada vez más lejana en cuanto a su posibilidad de alcanzarlo.

Intentó fintar.

Inventó movimientos nuevos en el instante, enganchó codos, bajó la cintura, subió los hombros, atacó por las costillas.

Zuko se apartaba como si hubiera leído el golpe antes de pensar en él.

Cada vez que Stefan creía que el contacto era inevitable, algo lo abortaba: un giro, un esquive mínimo, un roce que dolía en orgullo pero no en carne.

Se levantó tantas veces que ya no supo contar las veces que había caído.

Se preguntó por un segundo por qué seguía levantándose.

No había respuesta clara.

Solo la garganta ardiendo, su cara destrozada, la memoria de su padre en la nuca como un latigazo.

Se levantó porque levantarse era lo único que sabía hacer.

Porque, quizá, aun cuando todo mostrara lo imposible, había una chispa que lo empujaba.

Zuko apenas mostraba cansancio.

A veces sonreía.

A veces hablaba con voz baja como quien comenta el clima.

—Anda, hombre, inténtalo otra vez.

—Y Stefan volvía a lanzarse, lleno, consumiéndose en cada intento.

Una vez, dos, cinco, diez veces: la misma coreografía.

Caer.

Levantarse.

Lanzar.

Quedar a un dedo.

Volar por el aire.

Chocar contra la piedra.

Levantarse.

Ya no sabía si lo hacía por orgullo, por memoria, por esperanza, o por puro instinto.

Solo sabía que seguía, aunque el cuerpo le pidiera renunciar.

La sangre en la nariz se mezclaba con el polvo.

Sus ojos ardían.

Sus piernas eran barro.

Aun así, empujó el último golpe de la serie, un gancho torcido y salvaje que llegó a rozar la mandíbula de Zuko.

El ruido del impacto fue pequeño, pero distinto: Zuko clavó los pies.

Parpadeó.

La sonrisa cedió un milímetro.

Zuko le dio un golpe seco en la cabeza y dijo, con aburrimiento en la voz: —Ya me cansé.

El cuerpo de Stefan se dobló.

Por un segundo pareció ceder.

Pero no cayó.

Con una explosión contenida de fuerza volvió a ponerse firme y, con todo lo que le quedaba, lanzó un puñetazo directo a la cara de Zuko.

Lo impactó con tal violencia que lo mandó rodando varios metros, chocando contra una de las casas.

Zuko escupió sangre y se levantó entre risas.

—Así se pelea de verdad —dijo—.

¡Vamos!

Muéstrame más.

Corrió hacia Stefan y le soltó un puñetazo en la cara, pero esta vez su propio golpe fue devuelto; Zuko sintió el impacto.

Era distinto: más pesado, más lleno.

Stefan, clavado en su postura, aguantó el impacto como una roca.

Zuko retrocedió dos pasos, sorprendido por el cambio.

No tuvo tiempo de pensar.

Los golpes empezaron a lloverle.

Stefan ya no era un chico; era una bestia que no entendía pausas ni cautelas.

Se movía con una única intención: cerrar la distancia y seguir golpeando.

Zuko, que hasta entonces había jugado, ahora se encontró esquivando para no ser alcanzado.

Por primera vez fue él quien se vio acorralado.

En un error en sus pasos, Zuko falló un esquive y recibió un gancho directo en el abdomen.

Gimió, dio un paso atrás con el aire cortado, pero la sonrisa no le abandonó.

—Eres fuerte.

Demasiado fuerte —tosió—.

Un maldito monstruo.

Qué lástima que tuve que llevarte hasta tan lejos para que lo mostraras.

Y pena que yo apenas empiezo.

Antes de que Stefan pudiera respirar y avanzar, Zuko cambió.

Por primera vez en la contienda tomó una postura diferente: rígida, precisa.

Golpeó el aire con la palma.

El impacto vino como un puño de aire que partió el silencio y estalló contra el pecho de Stefan.

Stefan escupió sangre.

La tierra lo reclamó.

Esta vez la caída parecía definitiva.

Somi corrió y lo agarró antes de que su cuerpo besara el suelo.

Lo sostuvo entre sus brazos, con las manos temblando, y le sonrió con ternura: —Descansa.

Lo hiciste muy bien.

Se puso en pie frente a Zuko, la espada apuntando al hombre oscuro.

Su voz sonó corta, decidida.

—Adelante.

Zuko la miró con desdén.

—¿Tú quieres jugar, niña?

—se burló—.

Una voz detrás de él cortó la burla.

—Déjamelo a mí, Somi —dijo Nezu, tranquilo—.

Aún no es tu momento.

Somi dudó un instante.

Bajó la espada.

Con un gesto rápido y sin pensar demasiado, lanzó su arma hacia Nezu.

Él la atrapó al vuelo.

—No pierdas —murmuró Somi antes de dar un paso atrás.

Zuko sonrió al ver la espada en manos de Nezu y, sin esperar más, cogió la hoja de uno de sus hombres inconscientes.

Se la calzó en la mano y la alzó con aire despreocupado.

—¿Espadachín?

—dijo, saboreando la novedad mientras tomaba la espada de uno de sus hombres inconscientes—.

Entonces será una pelea de espadas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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