Camino a Convertirse en el Mejor Mercenario Espacial - Capítulo 389
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Capítulo 389: Capítulo 389: El poder dentro de la madre de Avery
—Q-qué… N-no… imposible.
Incapaz de comprender lo que estaba pasando, el ayudante de Rook empezó a balbucear y a retroceder, alejándose de Serena.
Su mente no podía aceptar lo que estaba viendo, pero el miedo que lo atenazaba sumía sus pensamientos en el caos.
Se sabía que algunas especies poseían ciertos poderes especiales, como los Vensianos, que tenían la capacidad de comunicarse psíquicamente con las plantas.
Sin embargo, hasta donde sabía el ayudante de Rook, no existía ninguna especie conocida con poderes como los que Serena estaba demostrando.
«Tiene que ser un truco. Un holoproyector que tiene escondido debe de estar creando esa luz roja a su alrededor, y tiene que haber alguien aquí con una armadura de poder con un sigilo avanzado superior al mío que ha aplastado mi rifle láser».
Idear ese escenario absurdo fue la única forma que el hombre encontró para racionalizar lo que estaba sucediendo.
Claro que, si de verdad hubiera alguien acechando en las sombras para proteger a los padres de Avery, no tendría ningún sentido que se hubiera quedado mirando sin hacer nada hasta ahora. Además, si esa persona imaginaria poseyera una armadura de poder tan avanzada como el ayudante de Rook imaginaba, lo habría matado directamente en lugar de aplastar su arma.
Aun así, como era incapaz de aceptar la realidad que tenía ante sí, el hombre de la armadura de poder actuó como si lo que creía fuera un hecho.
Saltó hacia atrás precipitadamente y empezó a moverse en zigzag.
Luego sacó su pistola láser y empezó a disparar a diestro y siniestro para intentar alcanzar al enemigo que creía oculto por el camuflaje activo.
Como era de esperar, algunas de esas ráfagas salieron disparadas hacia Serena, pero, de forma anómala, los láseres se curvaron a su alrededor y continuaron su trayectoria una vez que la habían sobrepasado.
Esa fue la gota que colmó el vaso para el ayudante de Rook.
Independientemente de si lo que estaba viendo era algún tipo de truco o no, sabía que era incapaz de detener lo que estaba sucediendo.
Sin pararse a pensar en las consecuencias que le aguardarían por fracasar en su misión, el hombre se dio la vuelta y echó a correr tan rápido como se lo permitían sus piernas.
Con la armadura de poder, podía correr mucho más rápido que una persona normal y estaba seguro de que podría escapar.
Sin embargo, tras solo un par de pasos, sus pies dejaron de tocar el suelo.
Unos látigos de energía roja lo habían rodeado y, de algún modo, ahora estaba flotando en el aire.
Antes de que pudiera asimilar su nueva situación, un dolor abrasador le recorrió el brazo derecho.
La pistola láser que empuñaba se le cayó de la mano al serle aplastado el antebrazo.
Un aullido de agonía brotó de su boca, pues no solo se le habían roto los huesos, sino que una sección entera de su brazo acababa de ser aplastada.
La sangre empezó a manar por las grietas de la zona donde la armadura de poder se había deformado junto con su brazo.
Era una herida espantosa, y la forma anómala en que se había producido no hizo más que agravar el dolor y el terror del hombre.
Sin embargo, ni siquiera tuvo tiempo de procesar el ataque, pues, apenas un par de segundos después, le retorcieron el tobillo izquierdo ciento ochenta grados.
Se oyó el espantoso chasquido del hueso al romperse y una nueva oleada de dolor invadió al hombre, haciéndolo gritar de nuevo.
De haber sido capaz de formular pensamientos coherentes, el ayudante de Rook se habría dado cuenta de que eran las mismas heridas que le había infligido al padre de Avery. Sin embargo, la angustia extrema que experimentaba no le permitió considerarlo. Estaba demasiado ocupado gritando a pleno pulmón.
Unos instantes después, sintió otra fuerza sobre su cuerpo y lo hicieron girar en el aire hasta que quedó de cara a Serena.
Ahora podía verla bien de nuevo.
Su mirada se clavó en los ojos de ella.
Antes habían sido de un color verde brillante, algo bastante común en un ser humano corriente.
Ahora, sin embargo, ardían en un rojo oscuro y bullían de ira.
En toda su vida, el hombre suspendido en el aire jamás había sentido un miedo tan intenso como el que sentía en ese momento.
Aunque no quisiera creer lo que veía y no pudiera comprender la verdadera gravedad de la situación, en el fondo sabía que había hecho enfadar a algo a lo que nunca debería haberse enfrentado. Fuese lo que fuese Serena, no era humana.
—Nunca quise volver a despertar. Se suponía que iba a vivir el resto de mi vida como la Serena Asteria normal y corriente. Todo iba a la perfección. Pero tuvieron que venir ustedes y arruinarlo —dijo Serena, con una voz mucho más fría de lo que jamás había sido.
Había ira, pero también angustia en su expresión.
Dirigió una breve mirada a su marido, que yacía en el suelo.
Él había caído inconsciente debido al primer estallido de poder de ella, pero probablemente fuera lo mejor. Así no sería testigo de lo que Serena estaba a punto de hacer.
Las lágrimas empezaban a formarse en sus ojos por el torbellino de emociones que estaba experimentando.
Puede que en la superficie pareciera mayormente tranquila, pero por dentro era un caos.
Una parte de sí misma que había encerrado bajo llave y que nunca quiso que resurgiera había sido despertada a la fuerza.
Cuando vio que estaban a punto de matar a Roberto, el poder que había sellado y olvidado se abrió paso de nuevo hasta la superficie.
Había deseado una forma de salvar a su marido, y esta había aparecido.
Pero con él llegaron el arrepentimiento y los recuerdos que había desterrado hacía mucho tiempo.
No obstante, a pesar de la agitación de su interior, había un objetivo que estaba decidida a cumplir.
—Me aseguraré de que te arrepientas de haberte metido con nosotros hasta en tu próxima vida.
Extendiendo la mano, Serena cerró lentamente los dedos hasta formar un puño.
A medida que lo hacía, la armadura de poder que llevaba el hombre empezó a contraerse sobre sí misma, aplastando el cuerpo que tenía atrapado en su interior.
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