Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Campione AU! - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Campione AU!
  4. Capítulo 11 - 11 Universidad
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: Universidad 11: Universidad El cielo de la Ciudad de México amaneció despejado y brillante, como si celebrara el regreso de los estudiantes a la universidad tras semanas de suspensión.

Mateo, Ingrid y Kasumi se encontraban en la entrada principal del campus, los tres vestidos con el uniforme reglamentario, aunque era imposible pasar desapercibidos por el aura de confianza que emitían.

Kasumi tomó con delicadeza la mano izquierda de Mateo, mientras Ingrid entrelazaba la derecha con una sonrisa satisfecha.

A cada paso que daban por los pasillos, las miradas se posaban inevitablemente sobre ellos.

—Oye, ¿no es ese Mateo?

—susurraban algunos estudiantes—.

El mismo que salía con media facultad…

—Y ahora viene con dos…

—¿Quién es ese tipo?

¿Un ídolo de K-dramas?

Mateo sintió los murmullos a su alrededor como agujas en la espalda, pero mantuvo la calma.

Fue entonces que notó cómo tanto Ingrid como Kasumi lo miraban de reojo, con una ceja levantada y una expresión entre curiosa y juguetona.

—¿Qué fue eso de “salía con varias chicas”?

—preguntó Ingrid con una sonrisa peligrosa.

—¿Te gustan las colecciones, Mateo?

—añadió Kasumi dulcemente…

aunque el brillo en sus ojos delataba que esperaba una buena explicación.

Mateo suspiró resignado y levantó las manos en señal de paz.

—Lo explicaré todo con calma después de clases, lo prometo.

Ambas asintieron, aceptando su promesa…

por ahora.

Cuando Mateo entró a su salón habitual, fue recibido por el bullicio amistoso de sus compañeros.

Un par de amigos lo saludaron con entusiasmo, pero la mirada de todos se desviaba inevitablemente hacia las dos chicas que lo acompañaban.

—¿Bro…

esas son tus primas o qué?

—No manches…

dime que no son tus primas.

Mateo apenas abrió la boca para responder cuando el profesor entró al aula, imponiendo silencio con su sola presencia.

—Buenos días a todos.

Antes de comenzar la clase, tenemos a dos nuevas compañeras que se unirán al grupo.

Pasen, por favor.

Todos voltearon hacia la puerta justo cuando Ingrid y Kasumi entraban con gracia.

El ambiente se volvió repentinamente más silencioso, como si todo el aire se hubiera contenido.

Los murmullos comenzaron a surgir de nuevo en segundos.

—Me llamo Ingrid —dijo con elegancia—.

Es un gusto estudiar con ustedes.

—Mi nombre es Kasumi —añadió con una sonrisa educada—.

Espero llevarme bien con todos.

El profesor sonrió, complacido con las presentaciones.

—Muy bien, ¿alguien tiene alguna pregunta para las nuevas compañeras?

Una mano se alzó tímidamente desde el fondo del salón.

Una chica, con una mezcla de curiosidad y picardía, se animó a preguntar: —¿Qué relación tienen con…

Mateo?

Toda la clase giró el cuello hacia el pobre Mateo, quien ya se estaba hundiendo en su asiento.

Ingrid fue la primera en contestar, con una voz serena pero segura.

—Soy su novia.

Kasumi, con las mejillas levemente sonrojadas pero sin titubear, también respondió: —Y yo también.

Por un instante, el silencio reinó en el salón…

hasta que explotó en un caos absoluto.

—¡¿¡QUÉ!?!?

—¡¿DOS NOVIAS!?!

¡¡EN LA MISMA CLASE!!

—¡ESO ES ILEGAL EN AL MENOS 49 ANIMES!

—¡Yo apenas si le hablo a mi crush desde el primer semestre!

Mientras el profesor trataba de calmar la clase con un suspiro resignado, Mateo simplemente se hundía en su silla, tapándose el rostro con la mano.

—Y así comienza el semestre…

—murmuró.

Ingrid e Kasumi, por su parte, intercambiaron una sonrisa cómplice.

Para ellas, eso era solo el inicio de una vida universitaria divertida y romántica a lado de su amado Campione.

Luego del caos de las presentaciones en clase, Mateo, Ingrid y Kasumi se retiraron al patio central de la universidad.

El cielo brillaba con claridad, y los árboles daban una sombra reconfortante.

Se sentaron en una banca al costado de un sendero tranquilo, esperando que el bullicio del campus bajara un poco.

Ingrid se recostó con la cabeza sobre el hombro de Mateo, mientras Kasumi bebía agua con lentitud, visiblemente agotada.

—¿Siempre es así tu vida amorosa…?

—preguntó Ingrid sin levantar la cabeza, con un tono más intrigado que molesto.

—Varias chicas me preguntaron cómo logré…

“amarrarte”.

Fue una conversación bastante incómoda —añadió Kasumi, aún sorprendida.

Mateo suspiró profundamente y bajó la mirada, rascándose la nuca con resignación.

—Supongo que se lo merecen…

No fue mi intención, pero desde la prepa tuve varias citas.

Algunas fueron casuales, otras un poco más serias, pero…

ninguna se consolidó.

Al final, la mayoría terminaba diciéndome que no sabían qué querían realmente, así que…

yo no las forcé.

Kasumi lo miró con sorpresa, mientras Ingrid fruncía un poco el ceño, no con enojo, sino con una mezcla de curiosidad y compasión.

—Y ahora que estás comprometido conmigo…

y con Kasumi —dijo Ingrid con una sonrisa suave—, esas mismas chicas quieren una segunda oportunidad, ¿cierto?

Mateo asintió despacio.

—Sí…

pero si antes no funcionó, dudo que ahora sea distinto.

Ustedes son diferentes.

No fue algo fugaz, ni un capricho.

Con ustedes dos siento que…

tengo algo real.

Algo que vale la pena cuidar.

Kasumi se acercó lentamente a Mateo, hasta tomar su otra mano con delicadeza.

—Entonces…

no te soltaremos —dijo con una dulzura firme—.

No serás alguien pasajero para mí, Mateo.

Me esforzaré todos los días por estar contigo y amarte de verdad.

Ingrid levantó la cabeza con una sonrisa decidida y envolvió a Mateo en un abrazo.

—No te librarás de nosotras tan fácilmente.

No somos como las demás.

El corazón de Mateo se aceleró un poco.

Rodeó a ambas con sus brazos, sin decir una palabra por unos segundos, dejando que el momento hablara por sí mismo.

Finalmente, sonrió con ternura.

—Yo también les prometo eso.

Nunca serán un segundo plano.

Están en mi vida…

y pienso protegerlas, amarlas y estar para ustedes, sin importar lo que venga.

El silencio reinó por un instante, uno cálido y lleno de paz.

El viento sopló suavemente entre los árboles mientras los tres se quedaban abrazados bajo la sombra, olvidándose del mundo por un rato.

Era una escena simple, pero también el inicio de una promesa real.

El murmullo del salón aún no había bajado del todo desde el caos inicial.

El regreso de Mateo había causado revuelo, pero la verdadera tormenta estaba por llegar.

Ingrid y Kasumi se encontraban hablando con Mateo en su banca cuando, de pronto, un grupo de chicas se acercó, lideradas por varias de sus antiguas “ex citas”.

Todas lo observaban con miradas llenas de molestia, pero también de frustración y un toque de celos.

—¿Así que ahora te crees mejor que nosotras, Mateo?

—dijo una de ellas con el ceño fruncido—.

¿Te olvidaste de todas con las que saliste?

¿Crees que puedes simplemente reemplazarnos con estas dos?

Ingrid y Kasumi se miraron entre sí…

y luego se echaron a reír.

La líder del grupo frunció el ceño aún más.

—¿Qué es tan gracioso?

Ingrid dio un paso al frente, cruzándose de brazos con altivez.

—Lo gracioso es que se atrevan a hablar de reemplazo cuando ninguna de ustedes valoró a Mateo en su momento.

Lo tuvieron, lo ignoraron, jugaron con sus sentimientos…

y ahora que lo ven feliz, quieren arruinarlo.

Kasumi, por su parte, se colocó al lado opuesto de Ingrid, tan serena como cortante.

—Mateo fue bueno con ustedes.

Siempre buscó algo real, pero solo recibía indecisión y juegos.

Ahora que por fin es feliz…

¿creen tener derecho de exigirle algo?

El salón quedó en silencio.

Nadie se atrevía a intervenir.

Algunas personas empezaron incluso a grabar discretamente con sus celulares.

Ingrid avanzó otro paso.

—Si tienen un problema con nosotras, háganse un favor: supérenlo.

Porque no vamos a dejar a Mateo.

Nos ama, lo amamos.

Fin de la historia.

Kasumi alzó la mirada, decidida.

—Y por si aún no queda claro…

Ella se giró hacia Mateo y, sin vacilar, lo tomó del rostro y lo besó.

Un beso apasionado, sincero, lleno de todo lo que sentía.

Mateo quedó paralizado por un segundo…

solo para que Ingrid lo atrajera hacia sí después, repitiendo el gesto con la misma intensidad, sin dejar lugar a dudas de lo que sentía por él.

Cuando ambas se separaron de él, lo miraron con una sonrisa dulce y orgullosa.

—Mateo Vargas, eres el amor de mi vida —dijeron casi al unísono.

El grupo de chicas quedó sin palabras.

Algunas bajaron la mirada, otras se dieron la vuelta con frustración…

pero todas se alejaron sin decir una palabra más.

El salón estalló en murmullos, asombros y alguna que otra ovación contenida.

Mateo, aún sonrojado y sorprendido, respiró hondo y miró a sus dos novias.

Sus ojos brillaban con sinceridad.

—Gracias…

De verdad, gracias por defenderme.

Ingrid le guiñó un ojo mientras le tomaba la mano.

—Para eso estamos.

No solo para amarte, sino para protegerte también.

Kasumi asintió con una sonrisa tierna.

—No estás solo, Mateo.

Y en ese instante, por primera vez en mucho tiempo, Mateo sintió que su vida, aunque caótica, tenía el equilibrio perfecto.

Mientras en México, la universidad de Mateo era un hervidero de rumores, pasiones y momentos dulces entre él, Ingrid y Kasumi, en otro rincón del mundo, un nuevo capítulo de caos se escribía lentamente.

Al norte de Europa, en los vastos y helados territorios de Rusia, las organizaciones mágicas especializadas en vigilancia elemental y energética empezaron a detectar algo fuera de lo común: una alteración constante en el flujo mágico natural.

Al principio, fue catalogada como una anomalía pasajera —quizá una distorsión atmosférica mágica provocada por algún ritual antiguo despertado por accidente—, pero con el paso de los días, esa fluctuación aumentó en intensidad.

Los Caballeros de la Estepa, una orden mágica reconocida por su orgullo militar y su rechazo a depender de Campiones, activaron sus protocolos de defensa espiritual.

Reunieron tropas, armaron escuadrones de magos de combate, trajeron reliquias antiguas de los archivos imperiales, y hasta movilizaron a su división secreta de alquimistas bélicos.

Rusia, confiando en su propia fuerza y experiencia mágica milenaria, se negó a pedir ayuda.

Las palabras “Campione” o “intervención externa” eran un tabú dentro de sus muros.

Uno de los generales mágicos, Viktor Romanovich, se dirigió a su escuadra: —No necesitamos un Campione.

Nosotros somos los protectores de estas tierras.

No dejaremos que un dios salvaje nos humille.

¡Demostraremos que Rusia puede valerse por sí sola!

Esa decisión, tomada con orgullo y fe en su poder…

marcaría el mayor error de juicio en la historia mágica reciente.

Porque lo que se acercaba…

no era un dios cualquiera.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo