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Campione AU! - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Desastre mundial
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12: Desastre mundial 12: Desastre mundial Varios días de tranquilidad pasaron en México.

Mateo, Ingrid y Kasumi habían encontrado una rutina agradable en la universidad.

Las clases, los paseos, las salidas secretas como pareja y tríada romántica, e incluso las largas tardes de estudio, se habían vuelto parte de su vida diaria.

Ingrid fortalecía su vínculo con Mateo a través de dulces gestos y compañía constante.

Kasumi, por su parte, conmovía a Mateo con su dulzura tímida y entrega silenciosa.

El equilibrio entre las tres partes se afianzaba con ternura y sinceridad.

Sin embargo, el mundo no permanecía en calma.

Rusia – Frontera de lo Profano En la profundidad del bosque siberiano, entre montañas y ruinas congeladas por el tiempo, descendió la oscuridad.

Un antiguo dios de la mitología eslava, un ser temido en historias y canciones prohibidas —Czernobog, el dios de la oscuridad, la muerte y la calamidad— emergió con una nube de sombras tan espesa que bloqueaba la luz del sol.

Su cuerpo, cubierto por una armadura formada de huesos antiguos y oscuridad viva, se alzaba como un titán en el mundo humano.

Las organizaciones mágicas rusas habían esperado esta aparición.

Las fuerzas estaban reunidas.

Caballeros místicos, alquimistas, invocadores y arcanistas lanzaron la ofensiva con todo el poder de su nación.

Pero fue inútil.

Czernobog no era un dios común, era una fuerza incontrolable, un avatar de destrucción inevitable.

Las reliquias se rompían.

Los escudos mágicos se desgarraban.

Los conjuros eran tragados por una sombra que consumía todo a su paso.

Uno por uno, los escuadrones desaparecieron.

Gritos apagados.

Ráfagas de magia silenciadas por una noche eterna que caminaba entre ellos.

Y cuando la resistencia fue extinguida, Czernobog no se detuvo.

Dejó atrás el lugar de su descenso y comenzó su marcha hacia las ciudades civiles.

Moscú, San Petersburgo, Novosibirsk…

se veían en peligro.

La primera vez en décadas que el orgullo ruso cedía ante el miedo.

Rusia, una nación de poder, historia y orgullo…

Ahora temblaba.

Tras la aniquilación de sus organizaciones mágicas, el gobierno ruso se negó rotundamente a solicitar ayuda externa.

No tolerarían que un extranjero, ni siquiera un Campione, interfiriera en sus asuntos internos.

La arrogancia disfrazada de soberanía fue su condena.

Los altos mandos del Kremlin declararon que la amenaza sería tratada como un conflicto militar de alto nivel.

En su terquedad, comenzaron a bombardear zonas afectadas por Czernobog, intentando contenerlo como si fuera un enemigo convencional.

Pero Czernobog no era un enemigo común.

Era un dios de la oscuridad absoluta, un ser que se alimentaba de la muerte, del caos, del colapso del orden.

Cada bomba que caía solo extendía su sombra.

Cada ataque militar era devorado por la niebla negra que lo rodeaba.

Las ciudades comenzaron a caer, una a una.

Vorónezh, Rostov, Perm, Tver…

Calles enteras quedaron sepultadas bajo los escombros.

Los ríos se tiñeron de rojo.

Las estaciones de tren colapsaron.

Los hospitales eran inútiles.

Las comunicaciones comenzaron a fallar.

Czernobog caminaba.

Donde él pasaba, la vida moría.

Donde se detenía, la noche duraba más de lo natural.

Ni los niños fueron perdonados.

Ni los inocentes.

Ni los soldados que luchaban con honor.

Mientras tanto, el mundo observaba con horror.

Las transmisiones satelitales mostraban imágenes borrosas de una entidad gigantesca envuelta en sombras moviéndose por el mapa ruso.

Los expertos en todo el mundo estaban perplejos.

Las comunidades mágicas debatían entre ayudar y no provocar un conflicto político internacional.

Pero los que más sabían, guardaban silencio.

Porque sabían lo que significaba que un dios como Czernobog hubiera descendido.

Y sabían…

Que no se detendría.

La nieve de Moscú ya no era blanca.

Era gris.

Negra.

Roja.

Una mezcla de cenizas, polvo y sangre.

El país más extenso del mundo…

estaba de rodillas.

Czernobog no había sido contenido.

No había sido frenado.

Solo avanzaba, lentamente, como una peste viva.

Como la personificación misma del fin.

Dentro de los búnkeres subterráneos del Kremlin, entre mapas manchados de sangre y pantallas llenas de estática, los líderes de las fuerzas armadas discutían con desesperación.

Los informes eran apocalípticos: “La base de Novosibirsk fue arrasada.” “Ya no hay respuesta de Kazán.” “Se perdió comunicación con los Urales.” “La población de Ekaterimburgo fue…

erradicada.” Algunos aún querían pelear.

Otros…

solo querían sobrevivir.

Y entre esos últimos, las voces sensatas —aunque tardías— se alzaron.

—¡No es una amenaza humana!

¡Es una deidad!

—gritó un general veterano golpeando la mesa—.

¡Estamos enfrentando al mismísimo Czernobog, el dios de la ruina y la muerte!

¡Necesitamos un Campione!

El presidente de Rusia, un hombre que había basado su mandato en fuerza, control y nacionalismo, finalmente se quebró en silencio.

Su país estaba muriendo.

—…Entonces…

envíen la señal —dijo, con la voz apagada por la vergüenza—.

Que el mundo sepa que Rusia…

pide ayuda.

La comunidad mágica, que ya había dado por perdida a Rusia, reaccionó con escepticismo.

Muchos creyeron que era una trampa.

Otros, que era una súplica real pero demasiado tardía.

Unos pocos…

consideraron que aún había esperanza.

Los emisarios comenzaron a moverse.

Y uno de los nombres más mencionados en las discusiones fue Mateo Vargas, el Campione mexicano que había derrotado a tres dioses herejes.

En una villa tranquila al sur de Ciudad de México, un mensaje codificado llegó a manos de Ingrid.

Ella lo leyó en silencio…

y su rostro palideció.

Corrió hasta el patio donde Mateo estaba entrenando con Kasumi, y sin decir palabra le entregó el mensaje.

Mateo, sudoroso, con su autoridad de conocimiento activa, sintió un escalofrío recorrer su espalda al leer cada línea.

Czernobog.

Rusia.

Destrucción.

Petición de ayuda.

Lo miró todo en silencio.

Y luego alzó la vista con una expresión seria.

—Ingrid…

Kasumi…

empiecen a preparar todo.

Nos vamos a Rusia.

La noche estaba más oscura de lo normal.

Incluso desde México, desde los salones de la comunidad mágica, los pronósticos que llegaban desde Europa eran escalofriantes.

El descenso de Czernobog no solo había arrasado la infraestructura mágica rusa.

Había diezmado ciudades enteras, y con ellas, sus poblaciones.

Ingrid cerró la carpeta con fuerza, los labios tensos y la mirada cargada de rabia e impotencia.

Kasumi, siempre serena, no lograba disimular el estremecimiento en su espalda.

Mateo, por su parte, observaba los mapas digitales con un rostro neutral…

pero con los puños cerrados.

—El pronóstico más optimista —dijo un representante de la comunidad mágica internacional— nos dice que si no actuamos en 48 horas, Rusia perderá al menos el 85% de su población.

—¿Y el pesimista?

—preguntó Mateo con tono seco.

—Que no quedará nada.

Ni país, ni civilización, ni siquiera magia residual.

Czernobog lo devorará todo.

El silencio pesó como plomo.

—¿Qué pasa si muero allá?

—preguntó Mateo, cruzando los brazos.

Ingrid y Kasumi lo miraron con alarma, pero Mateo no hablaba con miedo, sino con frialdad.

Realismo.

—Sería la caída de la última línea de defensa mágica organizada —dijo el representante—.

Pero…

al menos el mundo sabría que alguien intentó salvarlo.

—Tsk…

ni una maldita garantía.

A pesar de eso, Mateo no dudó.

Se giró hacia sus dos compañeras, sus dos pilares.

—Prepárense.

Vamos a salir en cuanto terminen los círculos de teleportación.

No vamos a Rusia por ellos.

Vamos por los inocentes que no tienen culpa del orgullo de sus líderes.

Ingrid se acercó con una sonrisa amarga y puso su frente contra la de Mateo.

—¿Estás seguro?

—Lo estoy.

No soy un héroe, Ingrid…

pero no puedo ver cómo muere un país entero sin hacer nada.

Kasumi, a su lado, puso su mano sobre la de Mateo.

—Entonces te seguiremos.

Hasta el fin del mundo, si es necesario.

Mateo sonrió…

apenas.

—Esperemos que no sea el fin del mundo…

aún.

Las comunidades mágicas se movilizaban como nunca.

Portales, apoyos tácticos, evacuaciones.

Pero todo parecía una operación demasiado tardía.

Czernobog no solo había destruido ciudades…

Estaba destruyendo el concepto mismo de esperanza.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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