Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Campione AU! - Capítulo 15

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Campione AU!
  4. Capítulo 15 - 15 Hogar
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

15: Hogar 15: Hogar El avión cruzaba los cielos entre China y México, su interior bañado por una luz suave.

Los asientos de primera clase ofrecían privacidad, pero eso no impidió que Mateo aprovechara el tiempo para conocer mejor a su nueva compañera, Mei Lin, sentada a su lado.

—¿Tienes algún pasatiempo fuera del combate?

—preguntó Mateo con una sonrisa sincera.

Mei, aún un poco rígida por la formalidad, ladeó la cabeza con ligera sorpresa ante el interés.

—Me gusta leer novelas históricas y cultivar bonsáis…

también practico danza tradicional china, aunque ya no tengo tanto tiempo.

—¿Danza?

Eso no lo esperaba —dijo Mateo, interesado—.

Debe ser una vista impresionante.

Mei lo miró de reojo, el rubor asomando apenas en sus mejillas.

—N-no es la gran cosa.

Solo una afición de la infancia.

Mientras tanto, Ingrid e Kasumi, sentadas detrás, observaban todo con sonrisas cómplices.

—¿Cuánto le das antes de que caiga rendida por Mateo?

—susurró Ingrid en voz baja.

—¿Una semana?

—contestó Kasumi mientras ocultaba una risita.

—Pff, optimista.

Yo digo tres días.

Como máximo.

Ambas se chocaron los meñiques a modo de apuesta secreta.

— Cuando aterrizaron en México, el ambiente se volvió familiar y reconfortante.

El calor del hogar no era solo climático, sino emocional.

La puerta de la casa familiar de Mateo se abrió de par en par, y sus padres recibieron a Ingrid y Kasumi con sonrisas y brazos abiertos.

—¡Bienvenidas de nuevo, hijas!

—exclamó su madre con alegría—.

¿Cómo les fue en China?

Ambas respondieron con naturalidad, Kasumi un poco más tímida, pero igual de cordial.

Entonces, los ojos de los padres se posaron en Mei Lin, aún con postura firme, aunque ligeramente nerviosa.

Antes de que Mateo pudiera abrir la boca para explicarlo, Ingrid, con su típica picardía, se adelantó.

—Y esta preciosa señorita es Mei Lin…

la futura pareja número tres de Mateo.

—¡¿Q-qué estás diciendo?!

—exclamó Mei, sonrojada, dando un paso atrás con los brazos cruzados—.

¡N-no digas cosas sin sentido, Ingrid-san!

¡T-todavía no pasa nada de eso!

El padre de Mateo se rió entre dientes, y la madre suspiró como si ya lo hubiese visto venir.

Mateo, rojo como tomate, levantó las manos.

—¡Solo estamos conociéndonos!

¡No empiecen ustedes también!

Kasumi, por su parte, solo se acercó a Mei y le susurró en tono travieso: —Bienvenida a la familia.

Mei, aún sonrojada, no respondió, pero el ligero brillo en sus ojos traicionaba una chispa de emoción.

La luz de la mañana se filtraba por la ventana del cuarto de Mateo, anunciando el inicio de un nuevo día.

El reloj marcaba las 6:30 a.m., y como buen estudiante universitario (y Campione responsable), ya estaba preparándose para su regreso a clases.

El uniforme, peinado presentable y la mochila lista…

todo en orden.

Mientras tanto, en otra habitación, Ingrid y Kasumi se encontraban frente a una mesa con varios documentos esparcidos.

Kasumi llenaba formularios con una caligrafía precisa mientras Ingrid revisaba con el celular en mano los requisitos que faltaban.

Al fondo, Mei Lin observaba en silencio con los brazos cruzados, aunque con un dejo de nerviosismo sutil.

—¿Estás segura de que quieres inscribirte?

—preguntó Ingrid sin apartar la mirada de la pantalla—.

No es como si necesitáramos un tercer informe de la clase de historia mágica moderna.

Mei asintió con firmeza.

—Como caballero de Mateo, es mi deber estar cerca de él.

Si un dios hereje aparece, debo estar en posición para actuar de inmediato.

No puedo protegerlo si estoy lejos.

Kasumi sonrió con calidez.

—Entonces, bienvenida a la vida universitaria.

Más tarde, en la entrada de la casa, Mateo esperaba tranquilamente mientras tomaba su bebida energética matutina.

Kasumi salió primero y se aferró con cariño a su brazo izquierdo.

Luego, Ingrid apareció y tomó el derecho con su típica sonrisa juguetona.

—Listo, nuestro rey está flanqueado —dijo Ingrid entre risas.

Mateo solo suspiró, resignado pero con una sonrisa inevitable.

Entonces apareció Mei, quien los observó por un segundo y caminó al lado del grupo, aunque manteniéndose a una distancia prudente.

—¿Vienes con nosotros?

—preguntó Mateo, curioso por verla lista también.

—Sí.

Me inscribiré hoy.

Seré parte de la misma universidad —respondió ella con tranquilidad.

Mateo alzó una ceja.

—¿Fue idea de Ingrid?

—No.

Fue mía —aclaró Mei, con tono firme—.

Necesito estar cerca en todo momento.

Es lo más lógico.

Mateo, genuinamente impresionado, sonrió con respeto.

—Entendido.

Gracias, Mei.

Ella desvió la mirada con un leve rubor, pero sin perder la compostura.

Mientras tanto, Kasumi e Ingrid intercambiaban una mirada cómplice.

—¿Cuánto crees que tarde en caer rendida?

—susurró Kasumi.

—Ya estamos contando los días —murmuró Ingrid con una sonrisa.

Y así, el grupo de cuatro emprendió su caminata hacia la universidad, una imagen pintoresca: Mateo atrapado entre dos amores y seguido por una tercera presencia que, poco a poco, comenzaba a formar parte del corazón del grupo.

El cielo despejado acompañaba la caminata del grupo rumbo a la universidad.

El aire era fresco, y las calles ya estaban llenas de estudiantes apresurados y vendedores ambulantes.

Mateo caminaba al centro, con Kasumi y Ingrid pegadas a él, cada una tomada de un brazo con toda naturalidad.

Mei, por su parte, caminaba unos pasos detrás, con los brazos cruzados y el ceño ligeramente fruncido.

—¿Todo bien, Mei?

—preguntó Mateo volteando un poco hacia ella.

—Sí…

solo estoy…

observando —respondió con una ligera tos fingida, claramente evitando decir que se sentía algo incómoda al ver las muestras de afecto tan abiertas de Ingrid y Kasumi.

Ingrid, con su característico aire bromista, volteó a verla de reojo.

—¿Te incomoda que seamos tan…

amorosas con nuestro novio?

—¡No!

No es eso —contestó Mei, algo sonrojada—.

Solo…

no estoy acostumbrada.

Es demasiado empalagoso en público.

Kasumi rió suavemente, con esa ternura natural que la caracterizaba.

—Solo espera, pronto te parecerá normal.

Mei desvió la mirada, pero no pudo evitar sonreír un poco.

Cuando por fin llegaron al campus, los murmullos comenzaron a llenar el aire como un enjambre de abejas.

Todos volteaban a verlos pasar, con expresiones que iban desde la sorpresa hasta la absoluta incredulidad.

—¿¡Ya son tres!?

—¡Ese tipo no pierde el tiempo!

—Primero dos…

¡¿y ahora tres?!

—¿¡Cómo lo hace!?

—Es como un personaje de anime, ¡es injusto!

Mateo solo suspiró, sabiendo que los rumores no se detendrían pronto.

Ingrid, sin perder la oportunidad, levantó la barbilla con orgullo.

—Oh, vamos, al menos admitan que tenemos buen gusto.

Kasumi simplemente se limitó a caminar con una sonrisa cálida, mientras Mei comenzaba a ponerse visiblemente roja por los comentarios.

—Esto…

es peor de lo que esperaba —murmuró en voz baja.

Cuando llegaron al edificio principal, varios estudiantes comenzaron a seguirlos con la mirada, y uno que otro incluso les sacó fotos discretamente.

Justo antes de separarse para ir a clases, Mateo se detuvo y se giró hacia Mei.

—Hoy te asignan aula, ¿verdad?

—Sí…

supuestamente después de entregar los documentos —respondió aún incómoda.

—Si necesitas ayuda para ubicarte, me mandas un mensaje, ¿sí?

Ella asintió en silencio.

Ingrid y Kasumi también se despidieron con un par de besos en las mejillas de Mateo, provocando más suspiros y gritos ahogados entre los estudiantes que pasaban por ahí.

Cuando se fueron, Mateo se quedó unos segundos viendo cómo Mei evitaba el contacto visual con todos y se alejaba rápidamente al edificio de administración.

—Esto va a ser otra aventura, ¿eh?

—murmuró para sí mismo con una media sonrisa, mientras se dirigía a su clase.

Y así, con la llegada de una nueva integrante a su equipo (y tal vez a su corazón), la leyenda de Mateo en la universidad seguía creciendo…

El día avanzaba con relativa normalidad.

El bullicio inicial por la llegada de Mateo con tres chicas se había calmado un poco, aunque seguía habiendo susurros entre compañeros y miradas furtivas.

Ingrid y Kasumi ya se habían adaptado al ambiente universitario, saludando de forma amable a quienes se les acercaban, pero sin separarse mucho de Mateo durante los descansos.

La sorpresa del día no llegaría hasta la tercera clase.

—Muy bien —anunció el profesor, ajustándose las gafas—.

Antes de iniciar la materia, tenemos una nueva alumna transferida al grupo.

Señorita Mei Lin, por favor, pase al frente.

Mei se levantó de su lugar con porte firme, aunque cualquiera que la conociera notaría que estaba ligeramente tensa.

Caminó con paso seguro hacia el frente del aula, mientras algunas miradas la escaneaban con interés: su postura marcial, su mirada directa y ese aura de disciplina que la envolvía la hacían destacar aún entre las chicas ya deslumbrantes que rodeaban a Mateo.

—Mi nombre es Mei Lin —dijo con voz clara y seria—.

Vengo de China y me he unido a esta universidad por una razón muy específica: seguir a Mateo, a quien he decidido servir con toda mi fuerza como su caballero personal.

La frase generó una ola de murmullos entre los presentes, mientras algunos se inclinaban hacia sus amigos, asombrados.

—Otra…

¿caballero?

¿Qué es esto, un isekai?

—¡¿Mateo es un príncipe o qué?!

Mei continuó sin inmutarse, su mirada recorriendo el aula.

—Aunque todavía no comparto un lazo romántico con él como otras personas cercanas, mi lealtad es absoluta.

No aceptaré a nadie que no considere digno de estar a su lado.

Si alguien pretende acercarse a él con intenciones frívolas…

mejor absténgase.

El aula entera quedó en silencio.

Solo se escuchaban los murmullos apagados, y uno que otro suspiro impresionado.

Mateo, desde su asiento, no sabía si sentirse halagado o intimidado.

Aunque había notado la determinación de Mei, no esperaba una declaración tan directa.

Desde el fondo del aula, Ingrid y Kasumi compartieron una sonrisa cómplice.

Ingrid murmuró: —Lo supuse…

estaba más metida de lo que aparentaba.

Kasumi asintió suavemente.

—Ella ya lo protege como si fuera suyo…

incluso sin amor aún.

Cuando Mei regresó a su asiento, Mateo le susurró en tono amable: —No tenías que ser tan intensa, pero…

gracias.

Me honra tener a alguien como tú a mi lado.

Ella desvió la mirada, cruzando los brazos.

—No lo hice por halagos.

Solo dejé en claro mi postura —respondió con ese tono seco y tsundere que ya empezaba a hacerse característico.

Pero aun así, el leve sonrojo en sus mejillas no pasó desapercibido.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo